Es un gastadero: La corrupción reina en las prisiones mexicanas
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Es un gastadero: La corrupción reina en las prisiones mexicanas

Una mujer narra que en cada visita a su esposo en el Reclusorio Oriente llega a gastar 800 pesos, por los sobornos y otros pagos que le exigen guardias y reclusos. Su historia es una muestra de la corrupción que hay en las prisiones mexicanas.
Global Press Journal
Por Mayela Sánchez / Global Press Journal
8 de diciembre, 2017
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Cuando A.M. visitó a su esposo en la cárcel por primera vez, no sabía que estaba prohibido visitar con sostén con varillas.

Esas débiles piezas en forma de “u” no están permitidas dentro del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, una de las 10 cárceles de Ciudad de México.

Un guardia la revisó y lo encontró. Pero no le dijo que se lo quitara o se fuera de la prisión, dice A.M.

“Pues cáele”, recuerda A.M. que le dijo la guardia.

A.M. le dio 10 pesos mexicanos (unos 50 centavos de dólar), dice, y la guardia la dejó entrar. (A.M. pidió que sólo se publicaran sus iniciales para proteger la identidad de su esposo).

Ese día, A.M. también le pagó 10 pesos a un guardia que revisó la comida que llevaba y 20 pesos (alrededor de un dólar) a un guardia que le entregó un pase de visitante. Pagó por sentarse en una mesa y pagó por calentar la comida que le llevó a su marido. Incluso le pagó a otros reclusos para que le avisaran a su esposo que ella había llegado.

“La necesidad de querer verlo te hace pagar. Esa es la realidad”, dice A.M. “Del querer verlo, querer abrazarlo, decirle ‘aquí estoy, no tengas miedo. Voy a estar contigo hasta el final’, pues ya, lo pagas”.

A.M. dice que les paga a los guardias e internos por lo menos 150 pesos (8.08 dólares) en cada una de sus visitas.

Su esposo también tiene que pagar sobornos, así que A.M. lleva 300 pesos (16,16 dólares) o más para darle cada vez que lo visita. Él, a su vez, les entrega 5 pesos (25 centavos) a los guardias en cada uno de sus tres llamados de lista diarios y paga 50 pesos (2,70 dólares) cada semana, principalmente para mantener la electricidad en su celda, y otros 50 pesos para tener acceso a agua (ambos pagos van para otro recluso que controla la celda. Si su esposo no paga, podría enfrentar violencia u otras consecuencias, dice A.M.).

A fin de cuentas, A.M. dice que a veces ella gasta hasta 800 pesos (unos 43 dólares) en cada visita, incluyendo el transporte hacia y desde la prisión, y todo el dinero que ella tiene que gastar mientras está allí. Cuando no puede visitar, envía el dinero para que su esposo pueda pagar los sobornos que le exigen.

“Como dice mi papá, ‘vamos a la feria’, porque es un gastadero”, dice A.M.

Hay avisos fijados en las paredes que dicen que los sobornos no están permitidos. Pero los guardias de la prisión dejan en claro que nadie puede pasarlos sin pagar un precio, dice A.M.

El sistema penitenciario de México es notablemente corrupto. Cuando el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo, se escapó dos veces (en 2001 y 2015) de cárceles de máxima seguridad, los guardias y los administradores penitenciarios de esos lugares fueron acusados por muchos de haber sido cómplices. En Coahuila, un estado al norte de México, el cartel narcotraficante de Los Zetas controlaba una prisión y la usaba para torturar y matar a sus enemigos y a sus víctimas de secuestro.

Esos son los tipos de historias que se vuelven famosas alrededor del mundo, haciendo que muchos extranjeros vean a México como un país podrido hasta la raíz.

Los mexicanos del común tienen poco que ver con esas cosas.

Pero cuando un amigo o un familiar va a la cárcel, esos mexicanos comunes, aunque sean inocentes, se ven forzados a entrar a un sistema que los obliga a cometer actos de corrupción.

“Tú ahorita me preguntas: ¿eres corrupta? Hoy te lo puedo decir: Juego en el juego de la corrupción, y no porque yo quiera, sino porque la vida así nos lo está haciendo jugar”, dice A.M.

Los sobornos en el sistema penitenciario son generalizados y crónicos, según datos reunidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Tan solo el año pasado, cerca del 21 por ciento de los casi 211.000 prisioneros dijeron que sus visitantes habían tenido que sobornar a por lo menos una persona. Esos datos, con estadísticas detalladas sobre el alcance de la corrupción en el sistema penitenciario, son los primeros de este tipo.

La mayoría de pagos fueron hechos para entrar a la cárcel, para notificar a las personas dentro de la cárcel que alguien había llegado, o para permitir el ingreso de comida, ropa, o artículos personales a la cárcel. Cerca del 85 por ciento de esos pagos fueron hechos a guardias, según el informe.

Unos 22.000 prisioneros dijeron que habían sido forzados a pagar dinero por servicios básicos como el acceso al agua potable, a electrodomésticos, o salir a un patio.

Casi todos los prisioneros (el 94 por ciento) de los prisioneros que dijeron que habían visto corrupción también dijeron que no la habían denunciado, usualmente porque temían represalias, creían que sería inútil, o veían el soborno como una práctica común.

La Ciudad de México tiene el número más alto de prisioneros de cualquier área del país y los prisioneros allí ven casi el doble de corrupción que los prisioneros en el resto de México. Los datos, publicados en julio del año pasado, son parte del primer informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía en incluir información sobre corrupción en las cárceles.

Antonio Hazael Ruiz Ortega, subsecretario del Sistema Penitenciario del Distrito Federal, deja de lado los reclamos de corrupción.

“Los señalamientos existen, lo que no quiere decir que se den”, dice.

Los prisioneros que denuncian la corrupción no enfrentan represalias, dice.

“Nunca”, dice. “No, no es posible”.

Ruiz Ortega dice que su contraloría interna es notificada cada vez que un prisionero o un visitante denuncia sobornos y añade que él mismo responde a todos los señalamientos que se reportan en las noticias o que se presentan frente a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

El despacho de Ruiz Ortega no le respondió a la petición de GPJ de enviar el número total de señalamientos que han atendido él o la contraloría interna. Según datos que le fueron suministrados a GPJ tras enviar un derecho de petición, la Contraloría General de Ciudad de México documentó 13 señalamientos y denuncias, entre 2007 y 2015, con relación a la corrupción en el sistema penitenciario.

Todos ellos fueron investigados y 12 de ellos fueron declarados “improcedentes”, es decir infundados. Una sanción fue impuesta en el otro caso de esos nueve años.

Hay evidencias amplias de que la corrupción en el sistema penitenciario está mucho más generalizada de lo que sugiere el pequeño número de casos que manejó la Contraloría.

En enero, un canal nacional de televisión transmitió una serie de videos grabados secretamente dentro del Reclusorio Preventivo Varonil Norte, otra cárcel en Ciudad de México que está bajo la supervisión de la subsecretaría. Los videos mostraban a guardias cobrándoles sobornos a los prisioneros en el llamado de lista, golpeando a los reclusos que no pagaban y cobrando por la venta de drogas. También se veían algunos prisioneros confabulando con los guardias, vendiendo drogas y haciendo otras actividades ilegales.

Después de la transmisión de esos videos, Patricia Mercado Castro, la secretaria de gobierno de Ciudad de México, encargada de la división que está a cargo del sistema penitenciario, anunció una investigación y dijo que los servidores públicos implicados serían despedidos. Finalmente, tres servidores públicos fueron despedidos y el director de la prisión renunció.

La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México abrió tres investigaciones sobre este asunto, según información que GPJ obtuvo con un derecho de petición. Esas investigaciones involucraban a un director, un subdirector de seguridad y vigilancia, un director de área y siete guardias. Las investigaciones estaban todavía abiertas en junio, cuando la Procuraduría le respondió a GPJ.

Las cárceles “son un reflejo de cómo funciona el sistema en general en México”, dice Karen Silva Mora, una investigadora de México Evalúa y de CIDAC, un par de think tanks que trabajan investigando el sistema de justicia mexicano, entre otros temas.

Cerca del 51 por ciento de mexicanos encuestados dijo que habían pagado sobornos para recibir un servicio público en los últimos 12 meses, según una encuesta publicada en octubre por Transparencia Internacional, una organización no gubernamental global que lucha contra la corrupción. El porcentaje era el más alto de los 20 países latinoamericanos en los que se realizó la encuesta.

Pero las cárceles son más propensas a la corrupción, según Silva Mora, a causa del hacinamiento y de otros indicadores de malas condiciones de vida. Las cárceles suelen contar con condiciones poco higiénicas en las habitaciones, las cocinas y los comedores, entre otros problemas, según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

“Como el gobierno no está siendo capaz de proveer estas condiciones básicas, las autoridades  aprovechan para ofrecerlo como un privilegio dentro de las prisiones”, dice Silva Mora.

Los activistas de los derechos de las personas presas tienen sus esperanzas puestas en una ley de junio de 2016, conocida oficialmente como la Ley Nacional de Ejecución Penal, que crea lineamientos para el encarcelamiento, como el trato humano de los internos, y creen que puede ser una manera en la que los presos denuncien la corrupción de forma segura. La ley no ha sido implementada del todo, pero una vez que esto suceda, las organizaciones sociales y los grupos de derechos humanos podrán tener la capacidad de solicitarles a las autoridades que actúen sobre las condiciones de las prisiones a nombre de los prisioneros.

Con esta ley, la identidad de un prisionero que quiera denunciar actos de corrupción puede ser protegida, dice Layda Negrete, una investigadora del sistema de justicia criminal.

La ley prevé un periodo de hasta cuatro años para su implementación. Hasta ahora, prácticamente no ha habido movimiento para hacerla progresar, dice Silva Mora, la investigadora de México Evalúa.

Para A.M., no hay más opción que seguirle llevando dinero a su esposo, dice. Teme que otros reclusos y que los guardias lo puedan herir si no les paga, dice.

Su esposo fue arrestado en agosto de 2015 y luego condenado por robo. Está pagando una condena de siete años.

A.M. quiere que su esposo consiga un trabajo en la cárcel (hay quienes hacen artesanías para vender, mientras que algunos trabajan limpiando o en la cocina), pero él le dijo que tendría que pagar un soborno de hasta 5000 pesos (270 dólares) para conseguir un trabajo. En cambio, les lava la ropa a otros prisioneros, quienes le pagan 1 peso (5 centavos de dólar) por prenda.

La única solución es que la sociedad mexicana rechace ampliamente la corrupción, dice A.M.

“Necesitaríamos todos decir no. Pero todos, que no hubiera ni uno que pagara un peso. Ni uno, ni uno, ni uno”, dice. “Ahí se acabaría la corrupción”.

Pero para A.M. no es una opción dejar de pagar sobornos y dejar de ver a su esposo, así como tampoco es una opción dejar de enviarle dinero y dejarlo solo lidiando con sus corruptos tormentos.

Al principio, A.M. visitaba tres veces a la semana. Luego una vez a la semana, después una vez cada dos semanas. Ahora intenta visitar una vez al mes, pero eso ocurre con menos frecuencia. A.M. seguirá visitando a su esposo (y pagando sobornos) hasta que no le quede nada.

“Lo poco que teníamos ahorrado, lo poco que nos ayudó la familia, pues ya se acabó”, dice.

Pablo Medina Uribe, GPJ, adaptó esta historia de su versión en inglés.

Esta historia fue publicada originalmente en Global Press Journal

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Delta: las 5 mutaciones que hacen a esta variante del COVID más contagiosa y preocupante

Los datos preliminares apuntan que la variante delta es más transmisible, genera mayor riesgo de hospitalización y provoca síntomas diferentes de otras variantes.
10 de julio, 2021
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La variante delta del coronavirus fue detectada en India en octubre de 2020 y hasta ahora ha llegado al menos a 96 países.

En algunos de estos países se ha vuelto la variante dominante, como en el caso de Singapur, Reino Unido y Portugal.

Los datos preliminares muestran que es más transmisible que otras variantes, conlleva un mayor riesgo de hospitalización y reinfección, y genera un cuadro de síntomas ligeramente diferentes (más dolor de cabeza y menos tos, por ejemplo).

Se estima que la variante delta es entre 30% y 60% más transmisible que otras variantes del coronavirus.

En Reino Unido, ya se ha vuelto dominante y representa el 90% de los casos nuevos.

Esta variante ha suscitado preocupaciones sobre la posibilidad de evadir la protección de las vacunas, pero no hay confirmación de esta hipótesis.

En otras palabras, los estudios hasta ahora muestran que las vacunas siguen siendo eficaces contra la delta.

En Brasil, la ciudad de São Paulo ya admitió que la delta se está extendiendo en la ciudad, pero no se sabe en qué medida o si llegará a ser dominante.

Pero ¿qué hace que esta variante delta sea más preocupante?

En términos generales, es un conjunto de “mejoras” genéticas que facilitan la propagación e invasión del cuerpo humano.

Pero no debemos ignorar la problemática ambiental involucrada, es decir, cómo el comportamiento de la sociedad sin medidas de control y prevención también influye en la transmisión de estas variantes.

Mutaciones ‘ventajosas’ para el coronavirus

El Sars-CoV-2, el coronavirus que causa la enfermedad de covid-19, no tiene tanta capacidad para mutar como el virus de la gripe, por ejemplo.

Pero cuando surgen nuevas variantes, necesitan tener características “ventajosas” que las hagan viables en un entorno de tanta competencia y selección para invadir los cuerpos humanos.

En una presentación sobre la variante delta al gobierno sudafricano, el bioinformático Tulio de Oliveira, director del laboratorio Krisp de la Universidad KwaZulu-Natal (Sudáfrica), enumeró las principales características de la variante delta.

Coronavirus

BSIP
La variante delta tiene mutaciones que facilitan la invasión y escape del sistema inmune.

Es más transmisible y es más probable que reinfecte a las personas que ya se han enfermado con otras cepas, pero aún no hay pruebas claras de si la delta causa una enfermedad más grave o si escapa a la protección que brindan las vacunas.

Oliveira también enumera tres grupos de mutaciones relevantes de la variante delta:

  1. Dos sustituciones en el dominio de unión al receptor celular (L452R y T478K)
  2. Sustitución cerca del sitio de clivaje S1 / S2 a través de la furina (P681R)
  3. Sustitución (T19R) y deleción (157-158del) en el dominio antigénico NTD.

Pero ¿qué representa todo esto? Vayamos a cada uno de ellos.

1. Invasión celular más eficiente

Una parte importante de estos cambios “ventajosos” se han producido en la forma en que el virus se conecta a nuestras células.

Más específicamente, el vínculo entre la espiga del virus (también conocida como proteína S) y el receptor ACE2, una enzima que se encuentra en la superficie de nuestras células.

Esta espiga actúa como si fuera la llave que abre la cerradura de nuestra célula y permite la invasión del coronavirus.

Una vez dentro, utiliza la estructura celular para multiplicarse.

En el caso de la variante delta, existen dos mutaciones relevantes en la espiga, que se conocen por los códigos L452R y T478K.

Pero, ¿qué significan estos números y letras? La primera letra es el tipo de aminoácido que existía antes del cambio (L, símbolo de lisina), el número corresponde a la ubicación (452º de 1273 aminoácidos) y la última letra es el aminoácido que entró en su lugar (R, símbolo de arginina).

En términos generales, un virus es un ácido nucleico (ADN o ARN) rodeado por conjuntos de aminoácidos (proteínas).

La capa externa sirve para adherirse e invadir la célula humana, por ejemplo, y la capa interna sirve como un manual de instrucciones que se utilizará para producir nuevos virus dentro de la célula invadida.

laboratorio

Getty Images
Han surgido miles de mutaciones del coronavirus desde que fue identificado.

Durante este proceso de producción de virus, los aminoácidos circundantes pueden sufrir tres tipos de mutación: eliminación (deleción), aparición (inserción) o cambio (sustitución).

Estas mutaciones no ocurren por ningún motivo específico y, a menudo, se pierden en el camino.

Pero algunas de ellas se establecen y comienzan a aparecer a partir de la replicación del virus.

Este es el caso de dos mutaciones delta clave: L452R y T478K.

El cambio de L a R en la posición 452 y el cambio de T a K en la posición 478 resultaron ser “ventajosos” para el virus porque ayudaron al invasor a adherirse mejor en la puerta de entrada (la enzima ACE2).

Esto explica por qué esta variante se ha vuelto más transmisible.

Además de una invasión más eficiente, hay una tendencia a que cuantos más virus invadan las células, más virus se replicarán, aumentando la carga viral.

Por lo tanto, habrá más virus que se propagarán al toser o estornudar, por ejemplo.

Un estudio dirigido por investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de China encontró que una persona infectada con la variante delta puede tener hasta 1.000 veces más virus en su cuerpo que alguien infectado con versiones tempranas del coronavirus al comienzo de la pandemia, a finales de 2019.

Esta carga viral más alta también puede estar asociada con una mayor gravedad de la enfermedad, ya que la variante tiende a afectar a más células respiratorias humanas.

2. Activación más eficiente y teoría de la creación de coronavirus en el laboratorio

Para invadir la célula humana, no es suficiente que un virus encuentre una puerta de entrada y se adhiera a ella: primero debe activarse.

En el caso de Sars-CoV-2, esta activación ocurre a través de una enzima en el cuerpo humano (llamada furina) que corta la espiga del coronavirus en dos: S1 y S2.

Después de este corte, llamado clivaje, una parte de la espiga (S1) se adhiere a la célula humana y la otra (S2) fusiona su membrana con la membrana de la célula humana, permitiendo la inserción de material genético e iniciando la producción de más virus.

Al cortar la espiga, la enzima hace que se abra y revele secuencias genéticas ocultas que lo ayudan a unirse más estrechamente a las células del tracto respiratorio humano, por ejemplo.

Una mutación cercana a esta ubicación puede alterar aún más este comportamiento.

Este es el caso de la variante delta, que porta una mutación (P681R) en esa región.

“Cuanto más sensible a la furina humana, más eficiente será la espiga del virus. Este proceso de fusión activado por furina está mediado por el área desde el aminoácido en la posición 618 hasta la posición del aminoácido 1273”, explica el virólogo José Eduardo Levi, coordinador de investigación y desarrollo de la red de laboratorios Dasa, e investigador del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad de São Paulo (USP).

“Una mutación en esta región, como P681R, hace que esta fusión sea más rápida. Esta mutación aparece tanto en las variantes delta como la alfa, descubierta en el Reino Unido, y en algunos casos en la gamma, descubierta en Brasil “, agrega.

Las mutaciones en esta región del coronavirus son tan relevantes que están en el centro de dos puntos centrales de la pandemia.

Primero, se cree que esta afinidad por la furina humana fue crucial para permitir que el virus saliera de otras especies animales y comenzara a infectar a los humanos a fines de 2019.

En segundo lugar, este mecanismo es tan eficiente y atípico entre los tipos de coronavirus que infectan a los humanos que se ha convertido en el principal argumento de quienes afirman sin evidencia que el Sars-CoV-2 se generó o modificó en el laboratorio.

Instituto de virología de Wuhan

Reuters
Hay teorías no comprobadas de que el virus fue creado en un laboratorio.

“Todos los coronavirus que infectan a los humanos tienen un dominio determinado, un área específica que reconoce la furina”, explica Levi.

“Pero el Sars-CoV-2 está muy humanizado. En otras palabras, es mucho más eficiente de lo que se ha visto en otros coronavirus, que tienen un reconocimiento razonable de la furina”.

“Y solo el Sars-CoV-2 tiene esta mutación, esta inserción de cuatro aminoácidos. Ese es el argumento más fuerte de que este coronavirus se creó en el laboratorio”.

“Porque hasta ahora, no se ha encontrado ningún coronavirus intermedio que apunte a que fue mejorando poco a poco. Este llegó listo para ser segmentado por la furina humana “, agrega el científico.

Según el experto la falta de esta secuencia de cuatro aminoácidos en el coronavirus Sars-CoV puede explicar por qué causó una epidemia de Sars limitada a Asia en 2003, que no llegó a convertirse en una pandemia que se ha extendido por todo el mundo como Sars-CoV-2.

3. Escapar parcialmente de anticuerpos y vacunas

Fernando Spilki, profesor de la Universidad Feevale y coordinador de la Red Corona-Ômica, en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil, utiliza la analogía de las piezas de Lego para explicar el papel de las mutaciones en los eventuales escapes de las variantes del sistema inmunológico y las vacunas.

Al aprender a defenderse, las células de defensa, como los anticuerpos neutralizantes, utilizan partes de los invasores para saber cómo identificarlos y combatirlos.

Cuando se producen mutaciones en el coronavirus, por ejemplo, es como si las partes de los anticuerpos ya no encajaran bien con las del invasor, lo que facilita el escape.

Por lo tanto, el virus puede al mismo tiempo mutar para acoplarse de manera más eficiente a la puerta de entrada de la célula y escapar parcialmente del encaje con anticuerpos neutralizantes.

Para Spilki, “es como si el virus creara vías para escapar del sistema inmunológico y desarrollara formas más efectivas de transmisión”.

Explica que todos estos cambios fueron “previstos” en experimentos de laboratorio, que son capaces de analizar la influencia de cada intercambio, inserción o supresión de estas pequeñas piezas sobre el comportamiento del coronavirus.

En el caso de la variante delta, las mutaciones vinculadas a ella son la sustitución T19R y la deleción 157-158del.

Volviendo a la analogía de las piezas de Lego, la sustitución del aminoácido T (treonina) por el R (arginina) en la posición 19 dificulta que el sistema de defensa del cuerpo identifique al invasor para combatirlo.

Lo mismo ocurre con la “falta” de aminoácidos en las posiciones 157 y 158.

En general, las proteínas tienen dos extremos, uno llamado N-terminal y el otro C-terminal.

En el caso de los coronavirus, la región N-terminal (DTN) se considera más antigénica o inmunogénica.

Es decir, el sistema de defensa humano “percibe” mejor y produce más anticuerpos en su contra.

La espiga (proteína S) es la más antigénica de ellas, por lo que generalmente se producen vacunas dirigidas a esta estructura para enseñar al sistema de defensa del cuerpo a identificarla para combatir el coronavirus en su conjunto.

Aquí es donde entra en juego la mutación como una forma de obstaculizar la lucha contra el coronavirus.

Los cambios (deleciones y sustituciones) en la estructura de la variante delta en un área antigénica (DTN) dificultan la actuación del sistema de defensa del organismo.

“¿Por qué rayos comienza a eliminar partes de su genoma? Tiene que tener una razón poderosa para eso. ¿Cuál? La respuesta inmune humana, ya sea natural por infección o inducida por vacunas”, explica Levi.

“En general, la deleción es perjudicial, o sea, hace que el virus sea ineficaz y acabe siendo eliminado. Pero en el caso de las variantes del coronavirus, estas deleciones están siendo ventajosas porque eliminan regiones que provocan una respuesta inmune muy fuerte en el huésped y así logran escapar (del sistema de defensa humano) “, agrega.

Hasta ahora, hay evidencia de que la variante delta puede escapar de los anticuerpos de personas que ya han sido infectadas con la variante beta (descubierta en Sudáfrica).

Pero aún no hay evidencia de que sea capaz de escapar a la respuesta inmune generada por las vacunas.

Vale la pena recordar que ninguna de estas mutaciones es exclusiva de una u otra variante. Lo que las vuelve preocupantes es su conjunto.

Es decir, que al mismo tiempo tengan nuevas características que las hacen invadir mejor las células, ser más eficiente para activarse y escapar del sistema de defensa.

Según Levi, el contexto de varias variantes que tienen mutaciones aleatorias que son relativamente similares se llama convergencia evolutiva.

Esto se debe, entre otras razones, a que la presión evolutiva de la selección natural contra las formas más diversas de coronavirus en el mundo es prácticamente la misma: las personas están adquiriendo inmunidad, ya sea por la vacuna o porque se infectaron con el virus.


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