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Medias Rosas.
A falta de liga femenil, las Medias Rosas se enfrentan a varones...y al machismo deportivo
Lo que inició como un sueño de formar un equipo de béisbol femenil en Chihuahua, se convirtió en una realidad y motivo de inspiración para otras mujeres que buscan superar la exclusión en el deporte.
Medias Rosas.
Por Paris Martínez
23 de enero, 2018
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Hace cinco años, en 2012, un grupo de ocho niñas y adolescentes decidieron emprender algo que, a ojos de la mayoría, parecía un proyecto no sólo imposible de cristalizar, sino absurdo: crear el primer equipo de béisbol femenil de la ciudad de Chihuahua, un lugar en el que este deporte es ampliamente apreciado por la población, aunque sólo en su versión varonil.

Las razones por las que esta idea parecía impracticable eran diversas: en primera, que el béisbol es un “juego para hombres”, demasiado rudo e incluso peligroso para las mujeres, ya que un pelotazo, un golpe de bate, una embestida, puede causar lesiones fuertes.

La segunda razón era que, con sus ocho integrantes, este equipo de niñas ni siquiera alcanzaba a reunir una escuadra completa para repartirse en el diamante de juego (ya que ésta debe conformarse por nueve beisbolistas).

Y la tercera razón era que, antes que voluntad, para jugar al béisbol se necesita un equipo rival, y al ser éste el único equipo femenil de ciudad Chihuahua, ¿con quién podrían enfrentarse?

“Un día, cuando mi hija tenía 13 años –recuerda el coach Jaime Cervantes–, ella me preguntó por qué no hacía yo un equipo de niñas, si yo me dedicaba al béisbol profesionalmente. Yo le dije ‘no mija, cómo voy a hacer yo un equipo de niñas’, pero, para desanimarla, le dije que se juntara a nueve niñas, incluyéndose, y arrancábamos con el proyecto.”
Eso fue en 2012, recuerda el entrenador, con simpatía y algo de vergüenza.

“Yo no creía que fuera a juntar a las niñas, pero el primer día de entrenamiento, llegaron ocho. Y yo me dije: ‘les voy a dar una santa friega, para que ya no vuelvan’. Y sí: les di un carrillón tremendo, y luego las cité para la siguiente semana.”

La idea, reconoce, era que ninguna quedara con ganas de regresar, ni siquiera su hija.

–¿Y qué pasó? –se le pregunta.

–Pasó que a la semana siguiente no llegaron ocho niñas. Llegaron quince. Y así empezó todo: cada semana llegaban más, hasta que hubo un momento en que éramos más de 40 niñas y seguían llegando, todas interesadas en aprender el deporte, y en ese momento tuvimos que decirles, con pena, que ya no podíamos inscribir más niñas en el equipo, porque sólo somos dos personas las que las entrenamos: yo, y como asistente tengo a uno de mis hijos, de 16 años.

El entrenador Jaime Cervantes, en práctica con las Medias Rosas.

Con algo de coraje en su timbre de voz, el coach reconoce que “bien se sabe que no hay apoyo para la mujer, en especial deportivamente, y más en un deporte que se supone que es para hombres. Eso vuelve muy difícil emprender un proyecto: no hay apoyo, navegamos contra la corriente. Ni siquiera teníamos dónde practicar, no teníamos nada”.
No obstante, subraya, tenían “las ganas de las niñas”, y era, en realidad, lo único necesario para que naciera el equipo Pink Sox, o Medias Rosas de Chihuahua.

Primera entrada

La Asociación de Ligas Infantiles y Juveniles de Béisbol de la República Mexicana está conformada por 31 escuelas en las que se enseña este deporte, ubicadas en distintos puntos del país, cada una de las cuales concentra a diversos equipos, divididos en categorías de edad.

De esas 31 escuelas, nueve están en Chihuahua, lo que lo convierte en el estado con más arraigo y desarrollo de este deporte, en sus ramas infantil y juvenil.

El problema es que en ninguna de esas escuelas de Chihuahua se aceptaba a niñas para jugar béisbol.

Para ellas, la única oferta era el softbol, una versión menos “intensa”, con lanzamientos de pelota por debajo del brazo, que se practica en canchas más reducidas.

“Pero las Medias Rosas no querían jugar softbol, ellas son beisbolistas  –explica el coach–. Entonces, después de tocar muchas puertas, al final, les dieron chance a las niñas de practicar béisbol en las instalaciones de la Escuela Tarahumara. Y entonces a eso nos dedicamos: a practicar y a practicar y a practicar, porque no había contra quién enfrentarnos… y finalmente las niñas se hartaron de practicar, y me dijeron ‘coach, nosotras queremos jugar’.”

Las Medias Rosas debieron esperar tres años para ser aceptadas en una liga infantil.

Tres años tuvieron que esperar las Medias Rosas para que, en 2015, la Escuela Tarahumara aceptara que este equipo de niñas participara en su liga infantil, enfrentándose con equipos varoniles, al ser los únicos disponibles.

“Batallamos mucho –afirma el coach Jimmy Cervantes–, porque los demás instructores se negaban a que sus equipos de niños jugaran contra el mío, de niñas, ponían muchas trabas, pero finalmente nos dieron la oportunidad hace dos años, y así empezamos: primero recibiendo unas santas palizas, porque los niños de los otros equipos llevan jugando en la liga cinco, ocho, diez años, y mis niñas apenas empezaban.”

Sin embargo, ese proceso de adaptación no duró mucho. Un año después, en 2016, las Medias Rosas impusieron un récord de cuadrangulares: 17 en una sola temporada, más que todos los cuadrangulares de todos los equipos de niños de la Escuela Tarahumara juntos.

“Las niñas empezaron a trabajar muy duro –destaca el coach–, damos la pelea a los niños que tienen jugando desde los 4 años, y que ahorita ya son adolescentes. Y hemos ganado juegos contra niños, porque aquí no hay más equipos de niñas que el nuestro, entonces, a gritos y sombrerazos hemos salido adelante, porque no tenemos apoyo para nada, sólo el de los papás y mamás, que están al pie del cañón”.

La realidad, lamenta, es que por el momento no hay autoridades, ni promotores privados deportivos, interesados en acompañar a estas niñas en la batalla.

“Yo he hablado mucho sobre esto con mi directiva y con muchas otras personas, de que tenemos que apoyar al béisbol femenil –explica el entrenador de las Medias Rosas–. Y al principio mucha gente me decía que no tenían futuro. Pero ellas sólo quieren jugar, divertirse, ni siquiera piensan en llegar más arriba porque, desgraciadamente, no hay más arriba para dónde desarrollarse, en términos del deporte femenil… Yo he hablado con mucha gente del ramo, y como que no, se niegan, sólo los que tienen una hija me entienden.”

Y, a veces, ni siquiera los que tienen una hija. El mismo coach se pone como ejemplo.

“Yo fui beisbolista profesional toda mi vida. Ahora tengo 49 años, y me retiré de mi juego para dedicarme a mi negocio, que es la ebanistería, y porque quería tener tiempo para impulsar a mis hijos varones en este deporte, y no hice lo mismo con mi hija: para llevarlos a ellos a sus prácticas sí tenía tiempo, pero para llevarla a ella a las actividades que le interesaban, siempre me faltaba tiempo, la llevaba a las primeras prácticas y luego, por algo, yo ya no podía. Hasta que un día me reclamó, cuando tenía 13 años, que a ella no le ponía yo la misma atención, y tenía toda la razón.”

Desde entonces, señala con orgullo, “estamos trabajando en eso, a pesar de que está muy marcado en el béisbol la falta de apoyo para las mujeres, porque se ve como un deporte nada más para los hombres. Y ahora yo digo que si lo pueden jugar los hombres, también lo pueden jugar las mujeres, y lo que ha hecho mi equipo lo demuestra: si damos la pelea contra niños, qué sería si mis niñas jugaran contra otras niñas. ¡Darían un juego espectacular! Eso es lo que yo les digo a mis compañeros… pero se quedan todos muy serios.”

En Chihuahua, detalla, el béisbol es un juego con amplio arraigo popular, pero “mucha gente no acepta el béisbol femenil, yo era uno de esos, pero luego de que vemos jugar a las niñas, uno se queda admirado. Y ahora, los papás y mamás de los equipos rivales las apoyan mucho en sus juegos, porque ellas hacen unas jugadas de repente que lo dejan a uno con la boca abierta.”

Las Medias Rosas empezaron siendo ocho adolescentes, hoy son 40.

Las 40 niñas de Medias Rosas, detalla, van de los 6 a los 19 años, y están divididas en dos categorías de edad: 6 a 12 años, y 13 a 19.

“Todas son estudiantes, y en vacaciones la mayoría trabaja para comprarse sus equipos, sus uniformes, son muy entusiastas y a mí me han tocado muy profundo en mi corazón, porque pues les gusta. Yo, por ejemplo, les doy una mala noticia, que se cancela alguna gira para un juego o algo así y, nombre, hasta lloran las pobrecitas, se ponen tristes. Pero luego se les quita cuando se ponen a jugar”.

Y ese entusiasmo, subraya, no es exclusivo de las beisbolistas de Chihuahua.

“Hace dos años se hizo un torneo femenil nacional: asistieron cinco equipos. Entonces, las autoridades de la federación nacional se dieron cuenta que hay que impulsar este ramo, y quedó establecido que ahora, cada liga debe tener al menos dos niñas por equipo, y esa es una regla que empieza a aplicar a parir de este año.”

Ahora, concluye, la meta es impulsar la participación, hacer saber a quién no le quede claro que nada le impide a una mujer jugar al béisbol.

Hit and run

Inspirada en el ejemplo de las Medias Rosas, y con apoyo financiero del Consulado de Estados Unidos en Chihuahua, la organización civil Mukira se tomó como propio el reto de romper las barreras de género en el béisbol. Y para ello han creado un plan de varios pasos, que inicia con un taller de sensibilización para entrenadores, que se llevará a cabo este 27 enero.

Inmediatamente después, se lanzará una convocatoria para conformar equipos mixtos en cuatro ciudades de Chihuahua, el único requisito es que al menos la mitad del equipo sean niñas.

A estos equipos se les proporcionarán clínicas de béisbol, impartidas por jugadoras y entrenadoras tanto mexicanas como estadounidenses.

Finalmente, a mediados de 2018, estos equipos se enfrentarán en un torneo estatal.

“Con el taller de género para coaches –explica Laura Aragón, directora de Mukira– tenemos el objetivo de crear conciencia entre los preparadores, para cuestionar las masculinidades, y ver cómo los medios de comunicación abordan y reportan la participación de las mujeres en deportes de forma sexista, y cómo ellos mismos, como entrenadores, de manera quizá inconsciente, sesgan la práctica deportiva, discriminando a las mujeres, o haciendo comentarios sexistas que limitan la participación de las mujeres.”

El taller, cabe destacar, no va dirigido sólo a entrenadores hombres, sino también a entrenadoras, que trabajen formalmente como tal, o de manera informal, o bien a estudiantes de la licenciatura de educación física (si te interesa participar en el taller, da click aquí.

Luego, a principios de febrero, será lanzada la convocatoria en las ciudades de Juárez, Chihuahua, Cuauhtémoc y Delicias. “Esta convocatoria va destinada a niños y niñas, con énfasis en las mujeres, para que se integren los equipos, y las ligas en cada ciudad, y entre marzo y mayo se va a dar la preparación, para que a mediados de año se realice el torneo, cuya final se va a jugar en la ciudad de Chihuahua”.

Este proyecto, subrayó Laura, “surge del ejemplo de las Medias Rosas, de esas niñas que no eran aceptadas en ningún equipo de béisbol, o con las que nadie quería jugar, por ser niñas. Y lo que creemos es que ésta es una manera en la que se pueden combatir los estereotipos de género, que en los deportes se expresa, entre otras formas, sesgando la práctica entre aquellos deportes que son para mujeres, y aquellos que son para hombres”.

Además, detalló, una vez conformados los equipos, Mukira lanzará una campaña nacional e internacional para la donación de equipo nuevo y seminuevo, “porque este proyecto se va a trabajar en colonias populares, y uno de los obstáculos más grandes es, precisamente, el acceso al equipo, que es caro.”

Todo este esfuerzo, concluyó, va orientado a atender una problemática que si bien es nacional, en Chihuahua halla uno de sus ejemplos más conocido.

“En Chihuahua –lamentó Laura– hay una situación de violencia estructural muy fuerte contra las mujeres, y la cúspide de ese problema son los feminicidios. Pero creemos que esta violencia sólo es posible si se enmarca en un contexto de exclusión de las mujeres, y esa exclusión sucede en el día a día, en las actividades sociales, culturales, deportivas, económicas. Todavía hay ámbitos deportivos muy machistas, como el béisbol, donde las mujeres que quieren entrar son encasilladas y juzgadas en el mejor de los casos, y en el peor: totalmente excluidas. Entonces, lo que queremos es cuestionar los estereotipos y reafirmar que las mujeres pueden hacer los deportes, y todas las actividades, que ellas quieran. De eso se trata todo esto”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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BBC
El boliviano que dejó su trabajo como exitoso hombre de negocios para alimentar a perros callejeros
Durante más de 15 años dirigió campañas de mercadeo de marcas de lujo, pero ahora Fernando Kushner dedica su tiempo y talento a rescatar a los perros callejeros de La Paz.
BBC
18 de marzo, 2019
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Cada día, justo antes del amanecer, Fernando Kushner se sube a su viejo minibús y se adentra en las calles de La Paz para alimentar a los perros callejeros de esta ciudad boliviana.

Hace cuatro años, cuando era un hombre de negocios de alto vuelo, Ferchy, como lo llaman sus amigos, podía llegar a casa a esa misma hora después de una noche de fiesta.

He renunciado a todo por mis perros. Romances, familia, carrera, todo“, dice, con la pasión de un verdadero converso.

Ferchy atribuye a un perrito callejero llamado Choco este giro radical que le hizo renunciar a su exitosa carrera como ejecutivo de mercadotecnia en el mundo de la moda para dedicar su tiempo a los perros callejeros de La Paz.

Fernando Kushner con Choco.
BBC

Choco fue el perrito callejero que la cambió la vida a Kushner.

Kushner vio al perro después de salir de su clase de yoga y le dio un pedazo de su sándwich. El animal frotó su hocico con el cuello de Kushner y le lamió las manos, y ese simple acto de gratitud bastó para convencerlo de regresar y alimentar a Choco al día siguiente.

Antes de que se diera cuenta, estaba alimentando a cinco perros, luego a 10, luego a 20. Hoy, la cifra llega a centenares.

Haciendo rondas

Su rutina para alimentar a los animales es similar cada día; visita los mismos siete u ocho distritos y deja porciones de comida en los mismos lugares. Cada perro recibe 1 kg de pollo y huesos al día, y se agrega una porción de 250 g de galletas para perros.

Fernando Kushner recoge la comida que sobre en los restaurantes de comida rápida.

BBC
Ferchy ha convencido a varios locales de comida rápida de que le regalen las sobras para alimentar a los perros.
Fernando Kushner.

BBC
Kushner usa su camioneta para recorrer la ciudad y distribuir la comida.

Ferchy hace dos rondas cada día, una por la mañana y otra por la tarde. Entre una y otra, pasa otras tres o cuatro horas conduciendo por La Paz para recoger alimentos de varios donantes.

Las donaciones más generosas provienen de dos cadenas de comida rápida, Don Pollo y Pollos Copacabana.

En promedio, recolecta 15 contenedores del tamaño de un cubo de basura, cada uno de los cuales puede contener 50 litros. Rellena los cubos con galletas para perros. Cada mes gasta unos cincuenta sacos de 22 kilos durante el mes, a un costo de 9,000 bolivianos (1,300 dólares), que paga de su propio bolsillo.

Además de alimentar a “sus perros”, también es voluntario en diferentes organizaciones benéficas y refugios para perros en La Paz.

María Angulo Sandoval, quien trabaja en un refugio para perros en el municipio vecino de El Alto, dice que Ferchy ha actuado donde los funcionarios de la ciudad han fallado.

“Las autoridades de la ciudad son responsables de la salud y la seguridad públicas, lo que incluye mantener a la población de perros bajo control. Pero son absolutamente inexistentes”, dice.

Sacrificios en abundancia

Ferchy dice que dejar su lucrativo trabajo para dedicarse a los perros fue fácil y que la decisión de renunciar la tomó “de un día para otro”.

Ferchy junto a uno de los perros que alimenta.

Sergio Echazú
Ferchy junto a uno de los perros que alimenta.

Más difícil ha sido cumplir con los compromisos familiares. La primera vez que se perdió la celebración navideña de su familia porque estaba alimentando a los perros, sus familiares se pusieron furiosos.

Hoy, están un poco más resignados.

“Pensé que se aburriría de todo eso después de unos tres meses y lo dejaría”, dice su madre, Lolita Kushner. “Pero cada vez que lo veo, parece más preocupado que nunca por los perros y más comprometido con su misión”.

Ferchy espera emplear pronto a algunos ayudantes, pero por ahora la suya es más o menos una misión de un solo hombre. Ni siquiera tiene tiempo para citas amorosas, dice. Eso no le ha impedido considerar a una futura pareja, pero “tendría que amar a los animales, de lo contrario sería imposible”.

No todos son tan apasionados con los perros como Ferchy.

Raúl Alcázar, un residente local, piensa que al alimentar a los perros de la calle, Ferchy puede estar agravando el problema. “Los perros se quedan en la calle, hurgando en la basura y generalmente creando un problema”, dice.

Alcázar también se pregunta si los perros son los que más necesitan ayuda. “Lo que hace es bueno, pero ¿no sería mejor dar el dinero a un orfanato o a un anciano?”

Ferchy no niega que Bolivia, donde una de cada tres personas son pobres y una de cada seis es considerada como extremadamente pobre, tiene necesidades sociales agudas. Pero argumenta que hay “cientos de organizaciones benéficas” que cuidan a los pobres de Bolivia y que solo unos pocos cuidan a los animales.

Usando sus conexiones

Aun así, reconoce que sus esfuerzos no son más que una gota en el océano. Según sus propios cálculos, cerca de 250,000 perros callejeros viven en las calles de La Paz, con otros 350,000 en El Alto.

Uno de los animales a los que Ferchy lleva alimentos.

Fernando Kushner
Uno de los animales a los que Ferchy lleva alimentos.

En su opinión, la única solución a largo plazo para el problema de los perros callejeros de La Paz es la educación pública y la sensibilización.

Aquí es donde entra en juego su experiencia en marketing. Después de pasar más de 15 años ayudando a dirigir campañas de marcas de lujo, no tiene ningún reparo en aprovechar sus contactos sociales y profesionales para ayudar en su misión.

Hasta ahora, ha persuadido a decenas de compañías importantes en Bolivia para que publiquen su eslogan de “Adopte, no compre” y su mayor éxito hasta la fecha ha sido lograr que la aerolínea privada de Bolivia Amazonas acepte cubrir el costo total de enviar a los perros en avión de una ciudad a otra para su adopción.

En la actualidad, está ocupado tratando de recaudar dinero para construir un santuario para viejos perros callejeros, que se convertirá en un centro de esterilización. Ya convenció a Incerpaz, uno de los fabricantes de ladrillos más grandes de Bolivia, para que le diera ladrillos a precio de costo.

Ferchy y un niño dan de comer a un perro callejero.

BBC
Ferchy espera conseguir más ayuda pero, por lo pronto, se encarga de esta tarea casi solo.

La tenacidad de Ferchy en defensa de los perros callejeros de La Paz parece no tener límites. Incluso ha llegado a contactar a través de los canales diplomáticos a Jared Kushner, el yerno del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

“Aunque tenemos el mismo apellido, él no tiene ninguna relación. ¿Pero qué hay que perder?”, razona. “Si él quisiera, podría pagar para esterilizar a todos los perros en Bolivia”.


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