Recobrar su vida sin estigmas, la meta de exreclusos después de cumplir sentencia en las cárceles
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Cuartoscuro Archivo

Recobrar su vida sin estigmas, la meta de exreclusos después de cumplir sentencia en las cárceles

La sociedad y las empresas deben dar a exreclusos una oportunidad para tener un trabajo, dinero y recuperar su vida.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán
2 de enero, 2018
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Después de pasar años en prisión, para un exrecluso lidiar con la libertar es difícil. Retomar la vida, sin trabajo y, en casos extremos, sin familia, es un reto para quienes han pasado una parte de su vida en una cárcel. La meta es poder reinsertarse en la sociedad y no reincidir.

Uno de los obstáculos más grandes a los que se enfrentan los exreclusos es que aunque hayan cumplido una sentencia, siempre tendrán ese registro en su historial. Por eso es que incumplen con el requisito de tener una carta de no antecedentes penales que solicitan casi en cualquier empleo.

Precisamente por eso es que es importante generar las condiciones para que las personas liberadas recuperen derechos y eso les permita retomar su vida laboral y social, afirma Paola Zavala, directora del Instituto de Reinserción Social de la Ciudad de México.

“Imagina a una persona que está fuera de un reclusorio, vestido de beige, que sale después de 10 años y no tiene a dónde ir, que no tiene lo necesario para comer, dormir o buscar un empleo y empezar a formar parte de la sociedad”, ese es el panorama para cientos de personas, explica.

Por eso es que la prioridad de una persona que sale de reclusión es “reinsertarse en sociedad, ser queridos, aceptados, restablecer los vínculos. Tener un ingreso y que la sociedad no los estigmatice”.

El Instituto presta servicio precisamente para que puedan “arrancar”, a través del derecho a la identidad, con el trámite de la credencial de elector o un seguro de desempleo, uno de los programas de la Secretaría del Trabajo de la Ciudad de México, porque aunque sea poco económicamente “puede ser muy significativo al momento de salir”.

Uno de los proyectos piloto del Instituto es establecer un vínculo con el sector laboral, pagando tres meses de salario a las personas que salieron de reclusión para estar a prueba durante tres meses en alguna empresa y que, después de ese tiempo, el empleador puede contratarlos de manera permanente.  

Para poder concretarlo se requiere de más empresas que acepten dar una oportunidad a quienes han salido de reclusión y a que el presupuesto del Instituto permita solventar el salario de más personas.

Otro de los proyectos es la capacitación para emprender microempresas de productos alimentarios, herbolaria, entre otros, y la prestación de microcréditos de 5 mil pesos y que de pagarlo, pueden acceder a 10 mil pesos y así sucesivamente hasta llegar a 25 mil pesos.

Pero el trabajo, dice Zavala, debe ser transversal en el gobierno porque el tema de reinserción y prevención “no puede ser tarea sólo de un instituto aislado”, por eso es que la Secretaría del Trabajo otorga seguros de desempleo, el Fondo para el Desarrollo Social de la Ciudad de México, microcréditos o el Instituto de las Mujeres, capacitaciones. Se requiere que “todas las instancias de gobierno inviertan en ello”.

Para “generar una convivencia social pacífica” se requiere de todos. “No sólo es la persona que tiene que regresar a la sociedad, sino también la sociedad tiene que abrirle un espacio para que regrese. No sólo es tarea de ellos, que claro que la tienen: conseguir un trabajo, mejorar sus relaciones familiares, pero también de la sociedad en apoyarlos cuando ellos quien regresar”, dice Zavala.

Algunas personas que salen de prisión delinquen, pero no todas y éstas son las “personas con las que tenemos que trabajar para que no regresen a círculos de violencia o a cometer otros delitos”.

Prevención, la tarea pendiente

Seis de cada 10 personas que atiende el Instituto, cumplieron una pena por robo agravado y eso es un indicador social, sostiene Paola Zavala. “Muchos de estos delitos son con enojo. No sólo te asaltan, lo hacen con violencia”. Por eso, una de las labores del Instituto es “llamar la atención sobre la inequidad social, los temas profundos que hacen que las personas estén delinquiendo y cómo podemos hacer que no lo hagan”.

La prevención es uno de los temas pendientes para combatir las causas de la violencia y no sólo los efectos. No sólo se trata de un programa, sino de “tomar decisiones macroeconómicas en temas de equidad, educación, que nos va a llevar un tiempo”.

Por eso, aunque es importante el debate sobre el nuevo sistema de justicia penal, el presupuesto para tener jueces, ministerios públicos preparados y suficientes, “si no empezamos a trabajar en temas de prevención social, en los círculos de violencia, en las colonias con problemas de consumo de drogas, no vamos a lograr resultados diferentes por muy nuevo sistema de justicia que tengamos”, afirma la directora del Instituto.

La mayoría de quienes están ocupando las cárceles en la Ciudad de México en este momento son hombres en edad productiva, de escasos recursos y que cometen delitos como robo agravado. Le sigue delitos contra la salud (5.3%) y homicidio 5.2%. Eso te da la idea de personas que fueron excluidas porque tomaron una mala decisión en algún momento, por eso se necesita pensar en temas de prevención.

Sobre todo en los lugares que pueden tener un contexto adverso, de violencia o carencia de oportunidades. Por ejemplo, de los 2 mil 726 usuarios atendidos en el Instituto entre enero y octubre de 2017, tienen entre 31 y 45 años de edad y provienen principalmente de tres delegaciones: Iztapalapa (21%), Cuauhtémoc (12%) y Gustavo A. Madero (11%).

Aunque el Programa Nacional para la Prevención del Delito y la Delincuencia inició con la ubicación de polígonos territoriales para detectar  el número de delitos por zonas y las acciones de prevención, desapareció. Más allá de si era efectivo, no hubo otra estrategia que lo sustituyera para tratar ese punto.

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Morgues móviles y presos transportando cadáveres: cómo El Paso es una de las zonas más golpeadas por COVID

Las imágenes de presos ayudando en el traslado de cadáveres han despertado críticas y preocupación por la situación en la que se encuentra el condado de El Paso, en Texas, desbordado por el número de enfermos y muertos por coronavirus.
21 de noviembre, 2020
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Estados Unidos tenía algo más de 9 millones de casos confirmados de covid-19 cuando empezó el mes de noviembre. Solo unas semanas después, el país supera los 11 millones.

Y un condado de Texas emerge como el último epicentro de la pandemia.

En el El Paso, situado justo en la frontera con México y conocido por su paisaje desértico y sus complejos militares, los pacientes de covid-19 suponen más de la mitad de los ingresos hospitalarios, y el recuento continúa al alza.

Te presentamos cinco elementos que explican esta alarmante crisis.

Atención: alguna de las imágenes de esta nota pueden herir la sensibilidad de los lectores.

1. Hospitales desbordados

Con un aumento de casos de más de 1.000 al día en El Paso, la cifra de contagios superó los 76.000. Es aproximadamente el mismo número de casos confirmados para todo Grecia o Libia.

Los datos muestran que 1.120 residentes de El Paso están actualmente hospitalizados con el virus y se prevé que el número suba.

Esto significa que de todos los pacientes hospitalizados por covid-19 en todo el estado de Texas, uno de cada seis está en El Paso, según las últimas cifras.

Un total de 782 personas habían muerto en ese condado por la pandemia a fecha de 18 de noviembre.

Una furgoneta roja con carteles de "quédate en casa" y "apoyo a los enfermeros"

Reuters
Los habitantes de El Paso organizaron una caravana de vehículos para mostrar su solidaridad con el personal sanitario.

Tanto los hospitales como el personal sanitario están luchando para intentar hacer frente a esta situación.

Un portavoz del Centro Médico de la Universidad de El Paso dijo que el hospital reconoce la factura “física y emocional” que la pandemia les está pasando a los trabajadores de la salud.

En la carrera de las autoridades para hacer frente al creciente número de enfermos, el centro de convenciones de la ciudad de El Paso fue recientemente transformado en un hospital temporal para poder ofrecer camas adicionales.

Algunas instalaciones están tan desbordadas que los pacientes están siendo trasladados por vía aérea a otras ciudades de Texas.

El pasado lunes, el juez Ricardo Samaniego anunció que en el condado de El Paso se añadieron 500 camas de hospital adicionales, pero al ritmo de propagación del virus, esas camas estarán ocupadas para la semana que viene.

2. Morgues móviles

Al tiempo que los hospitales lidian con la gran cantidad de pacientes, la morgue de El Paso no ha podido hacer frente al aumento de muertes en el condado.

Como resultado, las autoridades tuvieron que recurrir a tráileres refrigerados. Diez de estas morgues fueron solicitadas en las últimas semanas.

Las instalaciones móviles están situadas a las puertas de la oficina del forense del condado, que ha tenido que gestionar más de 150 cuerpos en la última semana.

Una morgue móvil

Reuters
En el Paso se ha tenido que recurrir a morgues móviles para hacer frente al creciente número de muertos.

Previamente este mes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos desplegó equipos médicos para ayudar a los trabajadores sanitarios locales.

Incluso las funerarias del condado están sintiendo la presión. El director de una de ellas, Jorge Ortiz, le dijo a la emisora local KERA News que tuvo que convertir la capilla de la funeraria en un refrigerador improvisado.

Ortiz advirtió que el punto álgido de la crisis del pasado verano boreal fue “nada” en comparación con lo que se está viviendo ahora.

3. Presos que trasladan cadáveres

La ciudad continúa haciendo frente a la falta de personal y las autoridades han sido criticadas por recurrir a las prisiones locales para obtener ayuda.

Se han visto imágenes de presos que transportan cadáveres de víctimas de covid-19 de la oficina del forense y ayudan a subirlos a las morgues móviles.

Un portavoz de la oficina del alguacil dijo que a los presos, convictos por delitos menores en prisiones de mínima seguridad, se les paga US$2 la hora. El trabajo es voluntario y se les suministra equipamiento de protección. Aun así, la medida ha sorprendido a muchos.

Un trío de presos entre las morgues móviles de El Paso

Reuters
Presos voluntarios están ayudando a transportar cadáveres en El Paso.

El juez Samaniego opinó que el uso de presos debe ser un último recurso.

“Si no hay personal, nadie que pueda ayudar, y hay voluntarios, aunque sean presos, entonces eso es con lo que contamos”, dijo, citado por la emisora local KFOX14 News.

El juez añadió que las autoridades esperaban que la Guardia Nacional de Texas ayudara con esos trabajos, pero el ejército no ha confirmado que pueda gestionar la demanda.

4. Seis meses, seis familiares muertos

En los últimos seis meses, una mujer de El Paso perdió a seis de sus familiares por el virus.

Bonnie Soria Nájera relató en el popular programa de televisión Good Morning America que su tío fue el último en morir el pasado domingo. También ha tenido que enterrar a sus padres, dos tías y un primo.

Todos estaban siendo muy cuidadosos“, dijo. “Hacían solo las cosas que tenían que hacer: ir al supermercado, ir a las citas médicas”.

La madre de Nájera dio positivo en mayo. En tres días, le tuvieron que poner un respirador. Su padre se enfermó poco después con el virus y terminó en otro hospital.

Un cementerio al lado de la oficina del forense de El Paso

Reuters
Hay familias que han perdido a varios miembros a causa del coronavirus.

Una semana después de ingresar en el hospital, la madre murió. Una hora después, Nájera supo que a su papá le habían puesto también un respirador. Murió tres semanas después.

Nájera contrajo también la enfermedad, pero se recuperó. Cuando empezó a sentirse mejor, se enteró de que su primo y su tía habían muerto tras contagiarse del virus. Y la semana pasada, otra tía murió de covid-19 en el hospital

Ahora, Nájera pide a los residentes de Texas que respeten la distancia social, como su familia intentó hacer.

“Ustedes no quieren estar en nuestro lugar“, subrayó.

5. No hay cierre para El Paso

Pese a las preocupaciones de muchos habitantes de El Paso, no se prevé que se vaya a imponer un cierre en este condado del oeste de Texas.

El pasado viernes, un tribunal de apelaciones revocó una orden de quedarse en casa después de que dueños de restaurantes y el fiscal general del estado demandaran al juez Samaniego por cerrar la ciudad.

Un panel de jueces falló 2 a 1 que la orden de cerrar negocios no esenciales hasta diciembre era contraria a las directrices de reapertura aprobadas por el gobernador de Texas, Greg Abbott, el 7 de octubre.

Varias personas con mascarilla a las afueras de un local en El Paso

Reuters
Pese a la preocupante situación, no hay una orden de cierre en el condado de El Paso.

Algunos locales reanudaron sus actividades casi de inmediato, según medios locales.

El fiscal general de Texas, Ken Paxton, tildó al juez Samaniego de “tirano” por el mandato.

El juez del condado respondió que era “desafortunado” que el fiscal general buscara “regodearse” t en lugar de visitar El Paso para caminar con él entre las morgues móviles.

Samaniego añadió que estaba decepcionado por la decisión judicial, pero añadió que los residentes y visitantes de El Paso todavía tienen que respetar ciertas restricciones sobre las mascarillas, los negocios y los encuentros sociales.


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