Descubierto el misterio del "cocoliztli", el mal que los españoles llevaron a México y mató a millones de aztecas
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AFP

Descubierto el misterio del "cocoliztli", el mal que los españoles llevaron a México y mató a millones de aztecas

A mediados del siglo XVI, la población de indígenas de los territorios que hoy forman parte de Guatemala y México se redujo en 15 millones en un periodo de 5 años.
AFP
Por BBC Mundo
16 de enero, 2018
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A mediados del siglo XVI, la población de indígenas de los territorios que hoy forman parte de Guatemala y México se redujo en 15 millones en un periodo de 5 años.

Además de los estragos que causaron las guerras y la explotación de los españoles, una enfermedad desconocida acabó con la vida de entre un 50 y 80% de los habitantes autóctonos en dos grandes epidemias surgidas en 1545 y 1576.

Los brotes de esta dolencia se denominaron cocoliztli, una palabra en náhuatl (el idioma que hablaban los antepasados aztecas que fundaron la Ciudad de México antes de la conquista española en el siglo XVI) que puede traducirse como enfermedad o mal.

Ahora, un equipo internacional de científicos estima que ese misterioso mal fue en realidad la salmonela.

templo azteca

Getty Images
La población azteca se redujo hasta en un 80% por un mal que no podían explicar.

Enigma

La investigación, publicada el lunes en el diario científico Nature, Ecology and Evolution, identificó el agente patógeno de los restos mortales de decenas de personas enterradas bajo el yacimiento de Yucundaa-Teposcolula, en Oaxaca.

Los científicos a cargo del texto son del Instituto para la Ciencia de la Historia Humana Max Planck (MPI-SHH, por sus siglas en alemán), en Alemania, de la Universidad de Harvard (EE.UU.) y del Instituto Nacional Mexicano de Antropología e Historia (INAH).

En los dientes de los cadáveres de hace más de 500 años se pudieron identificar restos de la bacteria salmonella enterica.

La de Yacundaa-Teposcolula es la única fosa de la que se tenía constancia histórica de que estaban enterrados indios muertos por causa del cocoliztli.

Es la primera vez que este tipo de bacteria se considera como causa de una epidemia de estas magnitudes.

Grupo de cráneos

Reuters
Un método innovador de análisis de ADN antiguo permitió identificar el patógeno en los dientes de cadáveres de más de 500 años.

Considerada como una de las primeras plagas del mundo, los escritos de la época dicen que la enfermedad provocaba fiebres altas, dolores en el estómago, diarreas y hasta sangrado, lo que provocaba que sus víctimas fallecieran en cuestión de días.

Ninguno de los síntomas se correspondían con las enfermedades conocidas en la época como el sarampión o la malaria.

¿Culpa de los españoles?

La salmonela se descubrió en Europa en la Edad Media, tiempo antes de la llegada de los españoles al territorio americano.

El patógeno se contagia normalmente a través de agua y comida contaminada y los científicos creen que podría haber llegado a México con los animales que traían los españoles en sus barcos, aunque no pueden asegurarlo.

Pintura del Instituto nacional de Cultura

BBC
No se tiene la certeza de que hayan sido los españoles quienes hayan llevado el patógeno a América. (Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historia).

“Con los datos que tenemos ahora no podemos saber genéticamente si nuestra S. enterica Paratyphi C vino de Europa o si ya existía en México antes de la llegada de los europeos”, dice la principal autora del estudio, Åshild Vågene.

Sí existen pruebas circunstanciales, señala, porque no se han encontrado restos de esta bacteria en los indios fallecidos antes de la llegada de los colonizadores.

Lo cierto es que las cartas y documentos del siglo XVI que se conservan hablan incluso de una especie de maldición divina, ya que los indígenas eran los únicos que morían por cocoliztli pero no los españoles.


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Cuartoscuro

Tras el contagio, la culpa: la otra secuela que deja la COVID en los mexicanos

Además de los contagios y las pérdidas, el dolor y la culpa se han convertido en algunas de las secuelas más comunes entre los mexicanos.
Cuartoscuro
Por AFP
15 de febrero, 2021
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¿Cómo se infectó? ¿Por imprudencia? ¿Hicimos lo correcto? Entre las secuelas de la COVID-19, una menos visible mortifica a enfermos y familiares: la culpa, que se ha hecho más patente en México con el repunte dramático de las muertes.

El país está pagando una cuenta letal alimentada, entre otras causas, por una docena de celebraciones de fin y comienzo de año.

Enero fue el mes más mortífero en casi un año de pandemia, con 32 mil 729 fallecidos. Las autoridades aseguran que el 60% de los contagios ocurrieron en reuniones caseras.

México, de 126 millones de habitantes, acumula casi 174 mil decesos, una espiral que sigue creciendo en febrero con cerca de 15 mil víctimas.

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Aunque dolorida por la muerte de su hermana, una maestra jubilada intenta que la familia olvide los resentimientos.  

Creen que fue contagiada por una persona que se arriesgó a ir a una fiesta de Año Nuevo mientras esperaba los resultados de una prueba. 

“Eran pocos, pero una (de las invitadas) era caso sospechoso, se hizo la prueba y esperaba los resultados para enero. Pero por no quedarse sola, no dijo nada. Contagió a todos”, relató la mujer a la AFP bajo anonimato.

“Yo le digo a mi sobrina (adolescente) que olvide rencores, que nada le devolverá a su madre, que mire hacia adelante“, añade.

Caso Manzanero 

En su consulta, Francesca Caregnato, psicoterapeuta y tanatóloga, ha encontrado que la culpa a veces se convierte en una agobiante carga.

Con el contagio o la muerte se abre un abanico de cuestionamientos, reproches y búsqueda de responsables. ¿Quién trajo el virus? ¿Era necesario que saliera? 

“Cuando hay una pérdida es complicado para la familia no señalar o señalarse. Es una culpa muy pesada, pero señalar no ayuda en el proceso de duelo”, asegura.

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El pasado 28 de diciembre, el afamado bolerista mexicano Armando Manzanero murió tras contagiarse en su fiesta de cumpleaños. Su edad, 86 años, y la diabetes agravaron la enfermedad.

“Veo la foto con 30 personas, sin cubrebocas y digo: ¡’Qué cosa tan irresponsable’! (…) A todos ahí les dio COVID”, contó Juan Pablo Manzanero, hijo del artista, al diario Reforma.

Caregnato sugiere no perder la perspectiva en casos donde el virus solo es un “detonante” de muertes por avanzada edad o males crónicos. 

El desahogo 

El remordimiento también acosa fuera del ámbito familiar.

“Me voy muy triste porque siento que tuve la culpa”, dice la nota que dejó en la madrugada una empleada doméstica, tras enterarse que los cinco miembros de la familia para la que trabajaba se habían contagiado.

Ella se había infectado tras visitar en Año Nuevo a su padre, enfermo por el virus.

“Sé que no fue intencional, que a veces no sabes ni cómo te contagias, pero sí, me dio coraje, esto del COVID lo hablé mucho con ella”, dice Penélope Gutiérrez, abogada de 36 años para la que trabajaba esa empleada doméstica. 

“Le pagaba extra para que no usara transporte público, le dije que si ella o alguien de su familia se sentían mal, no viniera, que le seguía pagando”, recuerda Gutiérrez, quien pasó una semana hospitalizada con su mamá.

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Otra familia, que perdió al abuelo y a una mujer, y en la que resultaron contagiadas cinco personas más, aún se pregunta si fue correcto llevarla a ella a un hospital público, desbordado de pacientes.

El anciano falleció un día después de presentar síntomas. “No sufrió”, dice un hijo. 

Pero la mujer pasó un mes intubada hasta que el corazón no resistió. “Se agravó por una infección intrahospitalaria. Mi hermano (viudo) se pregunta: ‘¿Y si hubiera ido con su doctor de siempre?'”, añade. 

Hablar de la pérdida ayuda a sanar la culpa, bien con personas cercanas o en una terapia, explica Caregnato. 

“Es un desahogo, permite conectar con las emociones y las acciones que se han tomado. Y en terapia, a través de las preguntas que hago, la idea es que el otro pueda encontrar respuestas”, señala.

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