Damnificados por el sismo denuncian casos de vandalismo: “Los rateros se adueñaron de nuestras casas”
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Imagen de archivo.

Damnificados por el sismo denuncian casos de vandalismo: “Los rateros se adueñaron de nuestras casas”

Vecinos del inmueble Viaducto Miguel Alemán 67, en la delegación Cuauhtémoc, exigen mayor presencia policial durante las noches, pues los ladrones se meten a ocupar sus viviendas con total impunidad.
Imagen de archivo.
Por Manu Ureste
12 de enero, 2018
Comparte

Vecinos del inmueble ubicado en el número 67 del viaducto Miguel Alemán, en la colonia Roma Sur de la delegación Cuauhtémoc, denuncian que su edificio dañado por el sismo del 19 de septiembre ha sido objeto de constantes saqueos debido a que en las noches no hay presencia policial en la zona.

“La vigilancia es solo durante el día, hasta las seis de la tarde –comenta el señor Enrique Gabriel, quien es dueño de un departamento en el lugar desde hace 37 años-. Pero al caer la noche, los rateros son los amos y señores de nuestro edificio”.

El inmueble, que hace esquina con la calle Tonalá, es una estructura angosta de seis plantas y una cochera en al que se acumulan restos de escombro. De acuerdo con el último reporte de Protección Civil de la delegación, se trata de uno de los 56 edificios que, aun cuando no están en peligro de colapso inminente, sí fueron catalogados de “alto riesgo” para sus moradores, ya que tienen elementos a punto de desplomarse, tales como muros, acabados, cornisas, ventanales, o tuberías, por lo que deben ser “intervenidos” para garantizar la seguridad de las personas.

Sin embargo, ni las aparatosas grietas, ni las fracturas en columnas –en la parte que da a la calle Tonalá, el sismo tumbó paredes completas dejando a plena vista los dormitorios- no han amedrentado a los ladrones. Al contrario, denuncian los vecinos. En los últimos tres meses, la presencia de extraños ocupando los departamentos se ha incrementado, sobre todo en las noches.

-Los rateros llevan meses saqueando nuestro edificio y las autoridades no hacen nada. Se llevaron el motor de la puerta del garaje, la bomba de agua, que pesa 40 kilos, y hasta los polines de madera que sostenían el inmueble por el riesgo de colapso”, denuncia Enrique Gabriel, que ante la ausencia de elementos policiacos accedió a su departamento, y comprobó que le habían sustraído una televisión de plasma, entre otras pertenencias.

El edificio dañado se encuentra en Viaducto Miguel Alemán 67, esquina con calle Tonalá, en los límites de la delegación Cuauhtémoc.

“Los ladrones entran a nuestros hogares como si fuera su casa”

La señora Virginia Nájera, dueña de un departamento en el quinto nivel, cuenta indignada que los ladrones también hicieron boquetes en las paredes del edificio para robar y ocupar las viviendas. Incluso, añade, los ladrones “se pasean” con tal “desfachatez e impunidad”, que hasta abren las botellas de licor que se quedaron en los departamentos desalojados y luego pasan la noche en los dormitorios, “como si estuvieran en su casa”.

-Es indignante que a nuestro edificio solo puedan pasar los rateros. Mientras que a nosotros, que somos los dueños, la policía no nos deja acceder porque dicen que estamos en riesgo –subraya la vecina.

El señor Juan González, dueño de otro de los departamentos desde hace 22 años, teme que si la Secretaría de Seguridad Pública capitalina no incrementa los turnos de vigilancia en la noche, los saqueos van a continuar hasta “vaciar por completo” su edificio.

De hecho, dice mientras señala una extraña letrada pintada con spray negro junto a una de las entradas de la edificación, sospecha que los delincuentes se están comunicando a través de ese tipo de señales.

-Eso no es un grafiti cualquiera, porque no estaba ahí antes del sismo. Creemos que se trata de una señal para decirse que el edificio está inhabitado, sin vigilancia, y que aún quedan cosas en el edificio por robar –apunta el señor González.

Esta es una de las señales dibujadas en la fachada del inmueble. Los vecinos creen que es una forma de comunicarse entre los ladrones.

Ante esta situación, un grupo de vecinos acudió el jueves 11 a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia capitalina para interponer una denuncia por los saqueos más recientes. Y además, estudian realizar otro tipo de medidas en protesta por la falta de vigilancia durante las noches, como cortes  al tránsito en el Viaducto Miguel Alemán, una de las arterias más concurridas de la Ciudad de México.

Además de los robos, otra situación que afecta a los vecinos es que, más de 100 días después del temblor, sobre las puertas del inmueble aún cuelgan carteles anunciando que todavía están a la espera del dictamen de daños de un Director Responsable de Obras (DRO), el cual es de vital importancia para saber si el edificio será demolido, o si puede ser reconstruido.

-Han pasado casi 4 meses, pero aquí no pasa nada –lamenta de nuevo Enrique Gabriel-. La delegación nos manda con la Seduvi (Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda), y la Seduvi nos manda con otra secretaría, y así una y otra vez. Estamos hartos de pasárnosla de un lado para otro, como si fuéramos pelotas de pimpón.

En la incertidumbre

Quienes sí cortaron parcialmente los laterales de Viaducto fueron los damnificados de la delegación limítrofe, la Benito Juárez. Ayer jueves, un grupo de vecinos se manifestó en esta vialidad para protestar también por la falta de seguridad en sus edificios dañados, así como por el abandono de las autoridades.

Los damnificados denunciaron que las autoridades capitalinas les dejaron la responsabilidad de la reconstrucción de los inmuebles dañados, por lo que, a casi cuatro meses del sismo, miles de personas afectadas por el temblor viven en una situación de permanente incertidumbre.

Esta no es la primera vez que damnificados por el sismo protestan por su situación. El pasado 13 de noviembre, Animal Político publicó un reportaje en el que vecinos de varios inmuebles en riesgo de colapso denunciaron que ellos tenían que asumir la vigilancia y el resguardo de las zonas dañadas para evitar los asaltos y para proteger a transeúntes y automovilistas.

Uno de los casos reportados fue el del edificio Osa Mayor, en la colonia Doctores, de la delegación Cuauhtémoc, donde los vecinos se turnan en guardias bajo una carpa para vigilar que nadie termine de saquear lo poco que les resta de patrimonio tras el temblor.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
Comparte
Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarganuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=6ekpZ0RCrs4&t=8s

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.