Enlazan comunidades, arman proyectos, defienden derechos: estos son los jóvenes de La Escuelita del Vitoria
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Enlazan comunidades, arman proyectos, defienden derechos: estos son los jóvenes de La Escuelita del Vitoria

Cada sábado, de marzo a octubre, jóvenes de entre 18 y 29 años se reúnen para dialogar sobre las realidades que los vulneran y la realidad que quieren generar, en La Escuela para Defensoras y Defensores Jóvenes de Derechos Humanos del Centro Fray Francisco de Vitoria.
CDH Vitoria
Por Andrea Vega
15 de enero, 2018
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 Celeste Cruz Avilés no quiere ser la mujer que llega de fuera a decirle a las comunidades indígenas cómo deben pensar, qué tienen que hacer o cuáles son sus opciones para alcanzar el desarrollo y ser felices. La activista de 28 años quiere ser sólo un pretexto, un vehículo para que las mujeres de los pueblos originarios se reúnan y, entre bordado y bordado, encuentren sus formas de afrontar el mundo.

En noviembre pasado comprobó que es posible hacerlo. La organización a la que pertenece, Sohuame Tlatzonkime (mujeres bordadoras), ayuda a indígenas nahuas de cuatro comunidades (Cuetzalan, Pahuatlán, Hueyapan y San Gabriel Chilac) de la Sierra Norte de Puebla a comercializar sus bordados a través de las redes sociales. Desde hace tres años, el colectivo viaja una vez al mes para recoger las prendas y dejar el dinero de la venta a las artesanas.

Ya habían hecho reuniones entre mujeres bordadoras y tejedoras de una misma comunidad, pero entonces los activistas cayeron en cuenta que no se conocían las de un poblado y otro. Así que organizaron la presentación. Fue a mediados de noviembre –recuerda Celeste– en la escuela primaria de Pahuatlán. Hasta allí llegaron unas 35 mujeres, vestidas con sus nahuas tradicionales: unas blancas, otras negras. Bordaron juntas y platicaron.

Las de Cuetzalan, que tienen una organización de mujeres indígenas llamada Masehual Sijuamej Mosenyolchicauani y son dueñas de un hotel, les contaron a las de las otras comunidades su experiencia para lograr tener dicha propiedad y el ingreso que les permite ser independientes económicamente.

Les platicaron –narra Celeste– que ellas iniciaron su organización, de ahora 100 mujeres, con la finalidad de vender sus artesanías a precios justos, para mejorar su calidad de vida y generar empleos para sus familias. “Contaron cómo al principio sus maridos no las querían dejar ir a vender, pero ellas lucharon y salieron”.

La organización ha sido para estas mujeres como una escuela donde han aprendido unas de otras, y se han involucrado en talleres para luego dar forma a diferentes proyectos productivos y educativos, que revalorizan sus costumbres y prácticas como grupo indígena. Organizadas, colaborando y aprendiendo unas de otras, estas mujeres lograron incluso abrir el hotel, que ahora administran como colectivo.

“De repente a unas de las mujeres que escuchaban la narración de las compañeras se les salían las lagrimas –recuerda Celeste– porque muchas han vivido violencia por parte de su pareja y saben lo difícil que es lograr que las dejen trabajar y tener un ingreso. Otras intercambiaban miradas o gestos. Se notó que resonaba en todas el relato de cómo deben apoyarse para hacer frente a esas violencias que atraviesan en el día a día”.

Y resuena con mayor significado porque la experiencia viene de sus pares, con contextos muy parecidos, desde la misma lengua y cultura semejante. “No es que vayamos un grupo de feministas a dar un taller, que eso también ayuda pero no siempre debe ser así, porque otra vez es la visión de un externo yendo a iniciar el proceso de liberación; es que son ellas mismas compartiendo sus experiencias, su visión del mundo”.

Visión de juventudes

Lo anterior es uno de los aspectos medulares que Celeste terminó de entender participando en La Escuela para Defensoras y Defensores Jóvenes de Derechos Humanos (EDJDH) del Centro Fray Francisco de Vitoria. La activista es parte de la última generación de muchachos de entre 18 y 29 años que desde hace 15 se forman en este centro, donde la educación popular (entre pares, horizontal, vivencial, adaptada a las necesidades de los grupos, no hegemónica ni adultocéntrica), la educación para la paz y en derechos humanos son los ejes transversales.

El objetivo de La Escuelita, como se le conoce, es generar un espacio en el que los jóvenes puedan encontrarse, dialogar, discutir sobre las realidades que los están vulnerando y sobre qué realidad quieren generar. El propósito es que las y los participantes digan: “nosotros somos esto, somos estos y a partir de eso tengo derecho a ocupar el mundo bajo estos principios”.

Diana López Santiago, coordinadora del área de Educación, Promoción y Difusión del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, explica que La Escuelita surgió como una respuesta a la falta de espacios donde las inquietudes de los jóvenes y sus propuestas en derechos humanos fueran escuchadas. “Lo que hacemos es acompañar ese proceso de construcción de sujetas y sujetos en exigibilidad de derechos, pero sin ser un espacio tutelado, con una visión adultocéntrica o asistencialista”.

Cada sábado, de marzo a octubre, los participantes se reúnen de 10 de la mañana a 3 de la tarde. El curso se compone de bloques, en los que se abordan las metodologías y los enfoques de la educación popular, la educación para la paz y la educación para los derechos humanos, y cómo esos tres modelos se complementan entre sí.

Además, se abordan los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, así como los sexuales y reproductivos, los de la diversidad sexual, de las mujeres, las infancias, juventudes, personas adultas mayores, de quienes viven con alguna discapacidad o en situación de movilidad. Mientras que en un tercer bloque se aborda la seguridad para personas defensoras y otras herramientas como la no violencia activa. Después, los participantes deben presentar un proyecto de incidencia comunitaria.

Jóvenes de décimo quinta generación de La Escuelita. Foto: CDH Vitoria.

Los proyectos por venir

Christian Hernández, por ejemplo, es de la última generación, de la quinceava, tiene 25 años y es de Jalapa, Veracruz. Él ingresó a La Escuelita porque estaba participando en el movimiento social-estudiantil de su entidad y resintió tanto la violencia del régimen de Javier Duarte contra los jóvenes que decidió salirse rumbo a la Ciudad de México.

“Ya en la última parte del periodo de Duarte, si eras estudiante y eras joven resultabas incómodo. Era peligroso para los jóvenes transitar por las calles, si te veía con una mochila, la policía te paraba. A mí varias veces me detuvieron, me hacían sacar todo lo que tenía en la mochila, me revisaban mis libretas, me pedían mi identificación, y me preguntaban qué era cada cosa, buscando cualquier excusa para poderme levantar”.

Ahora todo se pondrá peor con la Ley de Seguridad Interior, teme Christian, así que su proyecto final fue hacer una réplica en Jalapa del curso que La Escuelita hace en la Ciudad de México. Será de febrero a mayo, también los sábados. “Vamos a tratar feminismos, tierra y territorio, personas de la diversidad sexual, personas que viven con VIH, pero también lo de la Ley de Seguridad Interior, procesos de lesa humanidad y temas sobre lo que pasa con los periodistas y la libertad de expresión. Los participantes también harán un proyecto al final”.

El objetivo, dice, es que los jóvenes se empoderen frente a la Ley de Seguridad Interior, que conozcan sus derechos y sepan cómo actuar ante ciertas situaciones que los vulneren. “Vamos a estar muy al pendiente de cómo se lleva todo esto, de qué pasará si los militares van a estar en las calles y dependiendo de eso es cómo vamos a actuar, en colectivo. Vamos a estar formándonos para hacer exigibles nuestros derechos y vamos a monitorear si con esta ley se violentan, para hacer un plan de manejo en Veracruz”.

Otra integrante de esta última generación de La Escuelita es Dira Plancarte, pedagoga de 25 años, que hace tres empezó a trabajar en una organización que lleva un proyecto de alfabetización y regularización con niños y niñas indígenas migrantes, hijos de los artesanos que venden en la zona de Coyoacán.

Cada jueves y viernes, por las tardes, durante dos horas, Dira y sus compañeras y compañeros trabajan con estos niños que o no van a la escuela o van retrasados en su aprendizaje porque no entienden bien el español. “Con los que van a escuela, les ayudamos a hacer sus tareas, les explicamos lo que no entienden y con los niños y niñas que no van al colegio, empezamos a aprender las letras, a ver cómo suenan”.

Además de esta labor, Dira empezará un proyecto, salido de La Escuelita, con otros profesionales de la educación. “Queremos hacer un observatorio de educaciones alternativas. La idea es crear una plataforma digital donde puedan conectarse personas que hacen trabajo como en mi organización y poder compartir experiencias de procesos que estén basados en educación popular, intercultural, para la diversidad, para la educación sexual. Esperamos sacar pronto esa plataforma”.

Después de 15 años de actividad, más de medio millar de jóvenes han salido de los cursos de La Escuelita. “Cada año el interés por participar es mayor. Antes teníamos que salir a pegar carteles para anunciar la convocatoria, ahora ya sólo hacemos difusión por redes y muchos de los participantes llegan por recomendación de boca en boca”, dice la coordinadora de Educación, Promoción y Difusión del Centro Vitoria.

En marzo próximo, otros 45 jóvenes iniciarán su proceso para formarse como defensores de derechos humanos y, desde sus intereses y perspectiva, salir después a trabajar por los temas que les inquietan.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellog.

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¿Cómo puedes volver a hacer ejercicio después de haber tenido COVID-19?

Independientemente de la gravedad del cuadro, un 16% de los pacientes con covid-19 sufre complicaciones cardíacos. Esto es algo crucial a tener en cuenta al retomar el ejercicio.
4 de diciembre, 2020
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Encuestas realizadas en todo el mundo estiman que hasta un 16% de los pacientes con covid-19 tienen algún tipo de complicación cardíaca.

El daño al corazón no depende del grado de la enfermedad: incluso los cuadros más leves pueden dañar el sistema cardiovascular.

El problema es que, muchas veces, esta secuela en el pecho no da ningún síntoma y la persona solo sentirá sus consecuencias cuando exija un trabajo extra al sistema cardiovascular.

Esto sucede, por ejemplo, durante la actividad física: el corazón necesita latir más para bombear sangre a los músculos y, si tiene algún daño causado por el coronavirus, puede funcionar mal e incluso descomponerse.

Por esta razón, lo más recomendable es consultar con un médico, quién puede ordenar una serie de exámenes cardiológicos antes de que volvamos a hacer ejercicio de más intensidad.

Pero, ¿cómo afecta el coronavirus al corazón?

Atrás quedó la época en que el covid-19 se veía solo como una enfermedad respiratoria.

Hoy en día se sabe que no se limita a los pulmones y tiene varias repercusiones en el organismo, con consecuencias para el intestino, los riñones, el cerebro y, por supuesto, el corazón.

En el músculo cardíaco, el Sars-CoV-2, el virus responsable de la pandemia actual, tiene una acción directa e indirecta. En primer lugar, el patógeno puede alojarse allí y devastar las células del órgano.

Corazón

Getty Images
El covid-19 puede afectar al corazón de manera directa e indirecta.

En segundo lugar, la infección genera una inmensa respuesta del sistema inmunológico. Esto, a su vez, lleva a un estado de inflamación que afecta el funcionamiento de varias partes del cuerpo (incluido el propio sistema cardiovascular).

“Estos procesos pueden derivar en miocarditis, con la aparición de áreas con cicatrices y fibrosis que se relacionan con arritmias”, señala Marcelo Leitão, expresidente de la Sociedad Brasileña de Medicina del Ejercicio y el Deporte, que elaboró en colaboración con la Sociedad Brasileña de Cardiología una guía sobre cómo volver a hacer ejercicio de forma segura después del covid-19.

La arritmia no es más que un desajuste en los latidos que permiten que el corazón se contraiga para bombear sangre a través de las arterias.

En un momento de esfuerzo, el órgano necesita funcionar de forma rápida y eficiente, dado que aumenta la demanda de oxígeno y nutrientes de todo el cuerpo.

Médica y paciente

Getty Images
El desequilibrio cardíaco puede ocurrir hasta 60 días después del diagnóstico y recuperación del covid-19.

Y es exactamente en una situación como esta donde puede aparecer este desequilibrio cardíaco. “La miocarditis es una de las causas más frecuentes de muerte súbita”, señala Colombo.

Se estima que esto puede ocurrir hasta 60 días después del diagnóstico y recuperación del covid-19.

Los estudios realizados durante la pandemia muestran que las complicaciones cardiovasculares relacionadas con el coronavirus aparecen incluso en las condiciones más leves.

La infección puede ser un factor que empeore una enfermedad cardíaca preexistente, pero también es el desencadenante de la aparición de una enfermedad torácica en aproximadamente el 12% de los pacientes.

¿Cómo protegerse?

Según el documento de las dos sociedades médicas brasileñas, antes de volver a practicar cualquier deporte, todas las personas que hayan tenido covid-19 deben someterse a una evaluación médica.

“El profesional analizará la condición de acuerdo con la gravedad de la infección, hará un examen físico en el consultorio y solicitará algunas pruebas adicionales”, describe Leitão.

Electrocardiograma

Getty Images
Los médicos brasileños recomiendan en todos los casos un electrocardiograma.

Los expertos sugieren que todas las personas recuperadas se hagan al menos un electrocardiograma, una prueba sencilla que mide la actividad eléctrica del corazón -que se encarga de regular el latido de este músculo.

Ahora, para los casos más graves o para deportistas profesionales y o personas que hacen deportes competitivos, el chequeo posterior al covid-19 debe ser más completo.

Además del electrocardiograma, la guía brasileña enumera otras pruebas, como la dosificación en sangre de troponina (una proteína que se altera cuando el corazón no está bien), la prueba de esfuerzo (la que se hace en una cinta para medir la resistencia física, cardíaca y pulmonar), el holter (que mide la presión arterial durante 24 horas) e incluso una resonancia magnética.

Si los resultados son correctos, la persona puede reanudar el entrenamiento. En caso de cualquier alteración o diagnóstico de miocarditis, es importante esperar un poco más.

“Por lo general, el paciente necesita entre tres y seis meses de descanso y hacer algunas reevaluaciones mientras tanto para ver cómo evoluciona la situación”, dice Colombo.

Reinicio y cuidados básicos

Para aquellos que han recibido luz verde para volver al gimnasio, es importante que se lo tomen con calma al principio.

Gimnasio

Getty Images
Es importante no olvidarse de continuar con las medidas para evitar el contagio como por ejemplo limpiar con gel todo lo que tocas en el gimnasio.

No se puede seguir el mismo ritmo que antes de la pandemia, porque el cuerpo no está acostumbrado y ha perdido el acondicionamiento en los últimos meses.

“El retorno debe ser gradual y vale la pena hacer un fortalecimiento muscular antes de iniciar un entrenamiento aeróbico, como correr o andar en bicicleta”, sugiere Colombo.

Contar con la orientación de un profesional de educación física es aún más esencial en este punto.

También es bueno reforzar las medidas básicas de protección frente al coronavirus: trata de hacer ejercicio en casa o en lugares abiertos, como parques, plazas y clubes, con buena circulación de aire.

Usa mascarilla antes y después del entrenamiento. No te detengas a hablar con otras personas y mantén siempre una distancia mínima de 2 metros de otros deportistas.

Por último, lávate las manos con agua y jabón y desinfecta los objetos que utilizaste en el entrenamiento con gel de alcohol o alcohol al 70%.

Estas recomendaciones son válidas incluso si ya has tenido covid-19, ya que aún no se sabe cuánto dura la inmunidad y siempre existe el riesgo de contagiarte y transmitir el agente infeccioso a quienes te rodean.

¿Es necesaria una reevaluación?

“Si durante o después del ejercicio, te sientes muy cansado y tienes palpitaciones, dificultad para respirar o dolor en el pecho, consulta nuevamente con un profesional de la salud”, dice Leitão.

Hombre y mujer haciendo yoga

Getty Images
Después de dos o tres meses de comenzar a hacer ejercicio, es recomendable reevaluar el estado físico.

Estos pueden ser signos de que algo anda mal en el sistema cardiovascular.

Si todo está bien y el ritmo de las actividades evoluciona sin problemas, los expertos de las dos sociedades médicas piden que todos se sometan a una reevaluación dos o tres meses después de empezar a ejercitar, así la persona puede estar segura de que no han surgido nuevos problemas.

Después de todo, todavía hay mucho que no se sabe sobre el coronavirus y sus efectos a largo plazo.

Para evitar sorpresas desagradables en tu corazón, lo mejor es siempre tener mucho cuidado.


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https://www.youtube.com/watch?v=sNuAl-Lj8PI

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