Internar a personas con discapacidad mental no es la única opción; familiares muestran otras salidas
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Claudia Altamirano

Internar a personas con discapacidad mental no es la única opción; familiares muestran otras salidas

Organizaciones civiles exigen a México trascender hacia una nueva forma de rehabilitar a los pacientes con trastorno mental; familiares demuestran cómo.
Claudia Altamirano
Por Claudia Altamirano
4 de enero, 2018
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Cuando la pedagoga Elizabetha Consuegra, quien se dedicaba a investigar y desarrollar aplicaciones móviles para niños de preescolar, comenzó a creer que sus investigaciones no eran de ella sino de otra persona, empezó a preocuparse.

Desde niña supo que algo en ella no era común. Pero fue hasta el 2011 que comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y se le instaló en la mente la idea que estaba plagiando el trabajo de otros.

Producto de esa idea, Elizabetha decidió buscar ayuda psicológica. Los especialistas le diagnosticaron Trastorno Esquizofreniforme orgánico asociado a epilepsia.

Asustada por lo que le ocurría, pidió que la internaran en el hospital psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez.

“Decidí internarme porque no encontraba solución, no veía para dónde, me empecé a dar cuenta que hería a las personas que yo quería, primero pedí ayuda psicológica pero cuando vi que no funcionaba pasé a lo psiquiátrico”.

Su paso por el hospital fue temporal, en parte porque la institución es de atención transitoria y en parte porque ella y su madre decidieron que su mejor tratamiento sería en casa.

“Mi manera de reaccionar fue no hospitalizarla, si podemos trabajarlo juntas, es con amor, con paciencia, con constancia”, contó a Animal Político Arcelia Ríos, madre de Elizabetha.

Para atender a su hija, Arcelia dejó su trabajo, se puso a estudiar por su cuenta sobre la enfermedad, pero sobre todo ha recurrido a un tratamiento que no ofrecen en los hospitales: el hablar mucho con su hija.

Arcelia Ríos y Elizabetha Consuegra en el taller que instalaron en su casa

Arcelia Ríos y Elizabetha Consuegra en el taller que instalaron en su casa

Tratamientos obsoletos

En México, las personas con discapacidad psicosocial (trastornos mentales o afecciones intelectuales) han sido típicamente atendidas bajo un esquema de internamiento, al considerar que su enfermedad ya no tiene remedio.

Desde el Porfiriato hasta casi la década de los años 70, del Siglo XX, los pacientes con enfermedades mentales fueron recluidos en el hospital de La Castañeda, conocido tras su clausura por las torturas que ahí dentro se cometían contra personas a las que se consideraba “incapaces”.

Los abusos no terminaron con el cierre de La Castañeda, según han documentado organizaciones como Disability Rights International (DRI) que reveló, en 2016, la infrahumana condición en que vivían los internos del albergue ‘Casa Hogar Esperanza’, entre otros centros de reclusión de la CDMX -ya existen otros hospitales y villas para estas personas.

La visión para su tratamiento sigue siendo la institucionalización, lo que los segrega e impide su efectiva recuperación, advierten organizaciones defensoras de personas con discapacidad.

“Cuando hay una persona en crisis no hay servicios basados en la comunidad, para cualquier persona con discapacidad psicosocial, incluso sin crisis, no hay servicios en la comunidad y la única opción es la institucionalización, pública o privada”, advierte Lisbet Brizuela, directora para México de Disability Rights International.

“Estos espacios segregan a las personas y al ser segregacionistas estás violando su derecho a vivir en la comunidad por una discapacidad. No cometieron ningún delito y sin embargo son encerrados el resto de su vida por tener una discapacidad. La persona debe estar en posición de decidir si quiere o no un tratamiento y dónde lo quiere tomar”, agrega la activista.

“Son espacios donde suceden cosas muy graves, si las familias supieran antes lo que pasa, tal vez se podría generar una conciencia en ese sentido, pero la falta de alternativas es lo que te lleva a estas situaciones desesperadas”, señala Diana Sheinbaum, investigadora de la organización Documenta.

Falta de alternativas

La Ley General de Salud incluye la Salud Mental en su texto y las instituciones públicas reciben un presupuesto para su tratamiento de alrededor de 2% del destinado al sector, cuando la Organización Mundial de la Salud recomienda por lo menos un 10%, advierten organizaciones como DRI y Documenta, que apoyan a personas con discapacidad.      

Dicha legislación contempla el internamiento involuntario y permite que le sean impuestas “restricciones necesarias” al paciente, quedando a criterio de quienes lo internarán e incluso, de personas que no sean familiares del enfermo, lo que resulta violatorio de derechos humanos y perpetúa la visión institucionalista del tema.

“Será involuntario el internamiento, cuando por encontrarse la persona impedida para solicitarlo por sí misma (..) siempre que exista la intervención de un médico calificado, que determine la existencia de un trastorno mental y del comportamiento y que debido a dicho trastorno existe un peligro grave o inmediato para sí mismo o para terceros.  En todo caso, se deberá procurar que el internamiento sea lo menos restrictivo posible y a que el tratamiento a recibir sea lo menos alterador posible”, dictan los artículos 74bis y 75 de la Ley General de Salud.

Así, las personas con esta discapacidad y sus familias se enfrentan a una falta absoluta de alternativas: “o te institucionalizas o te tratas farmacológicamente”, señala Diana Sheinbaum.

“Este país tiene una deuda enorme en desarrollar servicios de salud comunitarios y respetuosos de los derechos humanos. Es de vital importancia empezar a desarrollar otra política pública y otro modelo de atención a la salud mental que sea garante del derecho a la vida independiente y la inclusión en la comunidad”, agrega la investigadora.

Actualmente existe otra iniciativa que ya fue presentada al Senado por la diputada panista Leticia Amparano, que pretende crear una Ley General de Salud Mental, alternativa a la general de Salud.

Brizuela advierte que el primer borrador de la iniciativa incluso contemplaba terapias de electroshock y lobotomías, “la terapia electroconvulsiva solo se aplicará con el consentimiento informado del paciente o en su caso, del representante legal o tutor, siempre y cuando se cumpla el protocolo de indicación correspondiente”, rezaba el texto. Aunque ya fue modificado, el segundo borrador sigue permitiendo internamientos involuntarios, lo que viola los derechos humanos de las personas con discapacidad psicosocial.

“Esto es algo muy preocupante, en primer lugar  los estándares internacionales dicen que no debe haber una ley específica de salud mental porque el modelo se vuelve médico. Esta ley está negando completamente la capacidad jurídica, no habla de un modelo de rehabilitación basado en la comunidad”, refiere la directora de DRI en México.

Compromiso de por vida  

Cuando un doctor dijo a Arcelia Ríos que su hija con esquizofrenia sería en adelante como una niña de cinco años, ella se negó a aceptar que esa fuera la única opción.

“Le dije al doctor ‘le voy a demostrar que no es así, mi hija es una persona preparada, tiene una carrera’. El doctor se cruzó de brazos, resbaló en la silla y eso fue como un reto para mí, se lo iba a demostrar”. Sin ninguna preparación académica previa, Arcelia se propuso estudiar Psiquiatría para entender a su hija y a otras personas con discapacidad psicosocial, a fin de poder ayudarlos.

“Estudié la primaria en seis meses, hice la secundaria en un año y estoy estudiando la prepa porque quiero ser psiquiatra, quiero estudiar para entender más esto que nos costó tanto trabajo”.

Con su hija internada en el Fray Bernardino, Arcelia se preguntó qué pasaría una vez que Elizabetha fuera dada de alta y el verdadero trabajo empezara en casa. Advirtió que los otros familiares que estaban allí iban a pasar por lo mismo y se reunieron para pensar en opciones. Así fundaron el grupo Proasame (Pro ayuda a la Salud Mental), dedicado a dar talleres a familiares de personas con discapacidad psicosocial, que les enseñen a acompañarlos en su nueva vida.

“Cuando me puse a investigar -porque uno ignora- sobre lo que nos enseñaron en el Fray, sobre todo signos y síntomas, va uno entendiéndolos más y entendiéndose también. Eliza y yo estábamos solas y fue mucho trabajar, por eso formamos esta asociación nosotros,  juntando experiencias de personas ahí mismo para estar lo más cerca de ellos”, recuerda Arcelia, quien imparte varios de los talleres de Proasame e impartió clases de yoga por un año a pacientes del hospital Fray Bernardino.

Lo más difícil de tener un familiar con discapacidad psicosocial, refiere Arcelia Ríos, es aceptar que es una condición de por vida. “Es comprometernos a toda la vida, entenderlo y aceptarlo. Porque les dan de alta en el hospital y se van felices porque ya los dieron de alta, y no, es un trabajo de casa, es mucho trabajo en casa y le cuesta mucho trabajo a la gente, a nosotros nos ha costado mucho estar como estamos”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Georgia Meloni: qué es el neofascismo, por qué avanza en Italia y qué consecuencias puede tener para el resto de Europa

La posible llegada al poder por primera vez desde Benito Mussolini de un partido de ultraderecha en Italia preocupa a la comunidad internacional.
28 de septiembre, 2022
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El 28 de octubre de 1922, los “camisas negras” de Benito Mussolini marchaban sobre Roma e Italia inauguraba el régimen fascista.

Un siglo después, casi día por día, y por primera vez desde la Segunda Guerra mundial, el partido mas votado en Italia hunde sus raíces en el posfascismo, y ha recuperado un lema que popularizó “Il Duce”: “Dios, patria y familia”.

En apenas una década, Giorgia Meloni, la gran vencedora del los comicios que ha celebrado Italia, ha conseguido llevar a su partido, Hermanos de Italia, desde la marginalidad al centro político e, inexorablemente, al palacio Chigi, sede del Ejecutivo. Se prevé que el presidente de la república, Sergio Mattarella, le encargue formar gobierno en las próximas semanas.

¿Cómo ha sido esa progresión?

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania llevó a cabo un proceso de “desnazificacion” y un doloroso ajuste de cuentas con su pasado. En Italia, sin embargo, se decidio mirar para otro lado.

BEnito Mussolini y otros dirigentes fascistas marchan sobre Roma.

Getty Images
La Marcha sobre Roma dio paso a la dictadura fascista de Benito Mussolini.

Por aquel entonces, el Partido Comunista italiano era el mayor de toda Europa occidental y los aliados, inmersos en la dinámica de la Guerra Fría, tenían un objetivo principal: que los comunistas no llegaran al poder.

Por miedo a que las purgas de antiguos fascistas pudieran generar inestabilidad, las potencias aliadas hicieron la vista gorda ante la creación de nuevos partidos herederos de “Il Duce” y sus ideas. No solo eso, muchos símbolos y monumentos fascistas siguieron -y siguen- presentes en las calles italianas, como los fascios que adornan aún muchas de las tapas de alcantarilla de Roma.

Así surgió en 1946 Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por Giorgio Almirante, que había sido jefe de gabinete del último ministerio de Propaganda fascista.

Giorgia Meloni no ha escondido nunca su admiración por Almirante. En 2018, ella misma difundió un fotomontaje que tituló “De Giorgio a Giorgia”, en el que se presentan uno al lado del otro con idénticos eslóganes: “Podemos mirarte a los ojos”. En 2020, cuando se cumplían 32 años de su muerte, la ahora vencedora de los comicios en Italia homenajeó a Almirante en Twitter con estas palabras: “Un gran hombre, un gran político, un patriota”.

Con la caída del bloque comunista, surgieron nuevos partidos de derecha. Uno de ellos, Forza Italia, liderado por el multimillonario Silvio Berlusconi, incluyó en su coalición de gobierno en 1994 al MSI, liderado entonces por Gianfranco Fini. El posfascismo entró en el gobierno, y ante los ojos de los italianos, argumenta Luciano Cheles, de la Universidad de Grenoble, “le dio respetabilidad”.

Gianfranco Fini.

Getty Images
Gianfranco Fini fue el primer líder posfascista en entrar en un gobierno en Italia.

El partido pasó a llamarse Alianza Nacional y una joven Giorgia Meloni, que con 15 años había militado en el MSI, se convirtió en la líder de sus juventudes.

Hermanos de Italia nace de ese caldo de cultivo. “Han cambiado muchos postulados, han cambiado algunos aspectos, aunque son, por supuesto, un partido de derechas que tiene sus raíces en el movimiento posfascista”, analiza Lorenzo Pregliasco, profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Bolonia.

Los orígenes del partido, argumenta Cheles, están estrechamente conectados con los partidos neofascistas, pero Hermanos de Italia y Giorgia Meloni se encuentran con una disyuntiva: “por una parte, quieren presentar una imagen respetable, de moderación y modernidad, y por ello han dicho que han cortado el cordón umbilical con el fascismo. Pero, por otra parte, no quieren perder una parte del electorado que cree que una forma moderna del fascismo es aún válida y aceptable”.

Simbología fascista

Esas raíces están presentes en toda la simbología del partido.

La más evidente es la llama tricolor, el símbolo del Movimiento social Italiano que Hermanos de Italia ha mantenido. Una llama que, por cierto, también adoptó el Frente Nacional en Francia -aunque con los colores de la bandera gala- y que, más estilizada, conserva la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen.

“Pero en su propaganda hay muchísimas más referencias al fascismo, algunas más o menos escondidas porque están hechas para ser comprendidas por los fascistas y aquellos que están familiarizados con su simbología”, explica Cheles, experto en iconografía política.

Uno de los ejemplos que ha encontrado Cheles es el mismo himno de las juventudes de Alianza Nacional, que Meloni dirigió durante años: “se trata de ‘Mañana me pertenece’, que es una canción que canta un joven nazi en la película “Cabaret” de Bob Fosse (1972). Aún sigue siendo un eslogan que aparece en gran parte de la propaganda de Giorgia Meloni”.

El propio Giorgio Almirante, al que Meloni admira tanto, es otro de los ejemplos: cada nuevo número de la newsletter de Hermanos de Italia lleva su foto, que también está en la página web de la formación, revela el experto.

Giorgio Almirante.

Getty Images
Giorgio Almirante fundó Movimiento Social Italiano, el primer partido posfascista de Italia.

Cuáles son sus postulados

Hermanos de Italia hunde sus raíces en el posfascismo pero, ¿qué conserva de esa filosofía?

Umberto Eco consideraba que el fascismo “no tenía esencia” y que Mussolini no había tenido una filosofía particular: “solo tenía retórica”. El fascismo, aseguró el célebre semiólogo, filósofo y escritor italiano en un discurso en 1995, “era un totalitarismo confuso, un collage de distintas ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”.

No había, por lo tanto, una filosofía particular detrás del fascismo, pero “emocionalmente estaba firmemente fijado a ciertos cimientos arquetípicos”, como el culto a la tradición, el miedo a la diferencia, el populismo selectivo o el machismo.

Hermanos de Italia conserva algunas de estas raíces culturales, como detalla a BBC Mundo la periodista italiana Annalisa Camilli: “tienen un discurso fuerte contra la inmigración y contra los derechos de las mujeres, están en contra del aborto y quieren aumentar la tasa de natalidad en Italia, que es la más baja de Europa. En este sentido, son muy tradicionalistas, de ahí su lema, “Dios, patria, familia”.

Sin embargo, apunta Camilli, ” se han emancipado de ese pasado. Ahora son un partido moderno de ultraderecha, más parecido a otros partidos como la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, Vox en España o el partido de Victor Orban en Hungría. Buscan un consenso en torno a ciertos pilares como la lucha contra la inmigración ilegal, la promoción de una identidad nacional y las políticas de apoyo a la natalidad”.

Obelisco.

Getty Images
Aún quedan en Italia numerosos monumentos fascistas, como este obelisco dedicado a Benito Mussolini en Roma.

Como tantos otros líderes ultraderechistas, desde Orbán al republicanismo de Donald Trump en EE.UU., la ideología de Meloni arremete contra la “izquierda globalista”, contra los supuestos “lobbies LGTBI”, habla de cómo la “inmigración masiva” acabará sustituyendo a los italianos “de toda la vida”, es decir, a los blancos y cristianos, en línea con la teoría del “gran reemplazo” del polemista francés Renaud Camus.

“El neofascismo”, reflexiona Cheles, “no lleva necesariamente camisas negras. El fascismo hoy tiene una forma más sutil, es una forma de autoritarismo cuyos elementos se resumen en no respetar las diferencias ni a las minorías, y que mantiene actitudes intolerantes hacia ciertos grupos de personas”.

Dónde se alimenta el neofascismo

En un país como Italia, indica Camilli, “el fascismo es algo endémico. De alguna forma, 100 años después, los testigos han muerto y la memoria que queda no es lo suficientemente fuerte para evitarlo”.

La base electoral, además, se ha vuelto mucho más líquida. Y, si algo han demostrado los italianos en los últimos años, es que siempre votan por el cambio.

Los sucesivos gobiernos han generado una desafección entre los ciudadanos y el populismo parece haber llegado para quedarse. “El Movimiento 5 Estrellas ya preparó ese terreno asegurando que no había diferencias entre la izquierda y la derecha, que todo era corrupción”, señala la periodista del semanario “Internazionale”.

Ese discurso de indignados contra la casta y contra las élites, contra los partidos tradicionales y la política clientelar de la que muchos italianos están hartos, el mismo que abanderaban los populistas del Movimiento 5 Estrellas, ahora lo ha recogido Giorgia Meloni y Hermanos de Italia.

La coalición de ultraderecha se ha nutrido de “las clases trabajadoras que han perdido sus ahorros por la inflación, y de las clases medias que cada vez se empobrecen más y les ha prometido una ‘nueva era”, dice Camilli. Hace 100 años, el fascismo también prometió “una nueva era”, un nuevo comienzo.

Cómo afecta a Europa

El auge de partidos de ultraderecha en toda Europa, como recientemente el de los Demócratas de Suecia, Vox en España, Ley y Justicia en Polonia o la Hungría de Orbán, de la que recientemente el Parlamento Europeo declaró que no se puede considerar una democracia plena, tienen una misma raíz, según Cheles: el aumento de la inmigración.

Viktor Orbán y Giorgia Meloni.

Getty Images
Viktor Orbán es el gran referente europeo de Giorgia Meloni.

“Estas ideas neofascistas se han introducido a través de este tipo de argumentos, los que dicen que Italia u otros países no se pueden permitir tener tantos extranjeros”, indica el académico.

En Bruselas, aunque la Comisión Europea asegura que va a trabajar con cualquier gobierno que salga de las urnas, la preocupación es palpable.

Tanto Hermanos de Italia como La Liga, el partido de Matteo Salvini que forma parte de la coalición de ultraderecha, han llevado a cabo una fuerte retórica euroescéptica, aunque con diferencias.

En los últimos meses, Meloni ha moderado su discurso. Ha recalcado que no quiere que Italia salga ni de la Unión Europea ni de organizaciones como la OTAN. Durante la guerra de Ucrania, la líder apoyó la decisión del gobierno de Mario Draghi de mandar armas a Kiev.

La postura de sus socios de coalición, sin embargo, choca frontalmente con la de Bruselas. Salvini tiene una estrecha relación con Rusia y su partido está bajo sospecha de haber recibido financiación de Moscú. El tercer socio de la coalición, Silvio Berlusconi, también amigo íntimo de Putin, justificó recientemente la invasión rusa de Ucrania.

Pero, más allá del asunto de la guerra, lo que realmente preocupa en Bruselas es la posibilidad de que Italia, país fundador de la Unión Euroepa y su tercera economía, se convierta en otra Hungría o Polonia que ponga en peligro sus valores fundamentales.

“Existen preocupaciones a nivel internacional”, reconoce Pregliasco, que también dirige la revista digital de periodismo de datos “YouTrend”, “pero yo creo que la democracia italiana es más fuerte de lo que parece y, por supuesto, más fuerte de lo que lo era en 1922”.

Meloni

Reuters

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