Auditoría presenta 7 denuncias nuevas por desvíos de Javier Duarte en Salud y Seguridad
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Cuartoscuro Archivo

Auditoría presenta 7 denuncias nuevas por desvíos de Javier Duarte en Salud y Seguridad

El monto de los malos manejos del gobierno de Javier Duarte, tan solo en estas nuevas denuncias, supera los 4 mil millones de pesos.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel
18 de enero, 2018
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) presentó siete nuevas denuncias penales en la Procuraduría General de la República (PGR) en contra de la administración del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, por el presunto mal manejo y desvío de poco más de cuatro mil 300 millones de pesos, mismos que el gobierno federal transfirió al estado, y que debieron destinarse principalmente a acciones para mejorar la salud y seguridad en la entidad.

Las irregularidades encontradas, que no pudieron ser justificadas por la administración estatal, corresponden a los ejercicios de los años 2013, 2014 y 2015. Los auditores dieron un plazo al gobierno estatal para justiciar el destino de los recursos en muchos casos desaparecidos, pero al no haber explicación se presentaron las denuncias correspondientes.

La primera de este paquete de nuevas denuncias se presentó el pasado 18 de diciembre en la PGR. Los auditores reportaron que, de acuerdo con la auditoría 1423, la Secretaría de Finanzas de Veracruz (SEFIPLAN) se apoderó de 160 millones de pesos que recibió en 2013 como parte del Subsidio para la Seguridad Municipal (Subsemun).

El referido dinero debió haberse transferido a 16 municipios y estaba destinado para acciones de seguridad pero la Secretaría de Finanzas nunca los canalizó ni tampoco los devolvió a la Secretaría de Hacienda, sin que exista justificación para ello.

Luego, el 20 de diciembre la ASF presentó seis denuncias penales más. Uno de los casos corresponde a la desaparición de 139 millones de pesos que fueron transferidos a Veracruz como parte del denominado Programa de Apoyo para Fortalecer la Calidad de los Servicios de Salud en 2014. De acuerdo con la auditoría 785, el dinero debió ser transferido por SEFIPLAN a la Secretaria de Salud local, pero esto nunca sucedió.

En otra denuncia la ASF reportó que en 2014 el gobierno federal transfirió a SEFIPLAN cuatro mil 671 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud FASSA 2014. Pero Finanzas solo canalizó a los servicios de salud tres mil 669 millones de pesos, por lo que hay mil millones de pesos que no se entregaron ni se devolvieron.

De forma similar, en ese mismo año, la SEFIPLAN tampoco transfirió casi 216 millones de pesos que se le canalizaron como parte del componente de Salud del programa federal PROSPERA, y que debió entregar al Régimen de Salud estatal. Además 19 millones de pesos de este mismo fondo fueron triangulados a una cuenta distinta sin justificación para ello. Por este motivo se presentó otra de las nuevas denuncias en la PGR.

La ASF también denunció que en 2014 el gobierno de Duarte se apropió de 957 mil pesos del subsidio para la implementación del nuevo sistema penal, los cuales ni se ejercieron ni se devolvieron.

Las otras dos denuncias presentadas el pasado 20 de noviembre corresponden a irregularidades detectadas en la cuenta pública del año 2015, penúltimo de la administración de Duarte.

Un caso corresponde a la auditoría 1478-DS-GF que puso en evidencia que el cien por ciento del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas que recibió Veracruz en 2015, unos dos mil 109 millones de pesos, no fueron usados para proyectos de infraestructura o para fortalecer servicios de salud o educación.

En cambio, el gobierno de Duarte los utilizó para pagar la nómina de maestros de la entidad, lo cual no podía haberse hecho con este fondo pues para ello había otras partidas.

El otro caso corresponde a 645 millones de pesos del Fondo de Infraestructura Social para las Entidades FISE, que el gobierno de Duarte a través de la SEFIPLAN transfirió a cuentas ajenas donde no hay documentos que avalen en que se usaron. Es el 88 por ciento del monto total de este fondo.

En la revisión de este fondo, cuyas conclusiones se encuentran en el informe de resultados de la auditoría 1482-DF-GF, también se descubrió que Veracruz tenía un adeudo de unos 30 millones de pesos con distintos contratistas que simplemente no se pagaron.

Más de 70 denuncias, ni una sola resuelta

Con los nuevos casos descritos en los párrafos anteriores, la Auditoría Superior de la Federación ya suma 71 denuncias penales interpuestas ante la PGR por presuntos malos manejos y posibles simulaciones en el ejercicio de recursos cometidos por la administración del exgobernador Javier Duarte.

La PGR en consecuencia ha iniciado igual número de averiguaciones previas y carpetas de investigación. El monto de los recursos federales posiblemente desviados, tan solo de estas denuncias, alcanza ya los 25 mil millones de pesos.

Hasta ahora la Procuraduría no ha concluido ninguna de las investigaciones iniciadas y en consecuencia, no se ha consignado ante un juez federal ningún caso. Los funcionarios que podrían ser responsables de estos hechos continúan sin recibir sanciones, es decir, en la impunidad. El dinero reportado no ha aparecido.

A esto hay que sumar más de 22 mil millones de pesos de recursos locales que la auditoría local de Veracruz (ORFIS) ya también denunció penalmente ante la Fiscalía de Veracruz, casos que siguen bajo investigación.

En total los recursos presuntamente desviados y ya denunciados penalmente tanto a nivel federal como local en la administración de Duarte, se acercan a los 50 mil millones de pesos. Se espera que esta cifra crezca conforme se presenten más denuncias, toda vez que hay por lo menos 10 mil millones de pesos más que continúan bajo revisión por su presunto mal manejo.

Cabe recordar que el exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, permanece preso de forma preventiva en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México por una acusación que la PGR le imputa, relacionada con operaciones de lavado de dinero y delincuencia organizada, y en la que intervinieron prestanombres y empresas fantasma. Dicho caso no corresponde a las denuncias presentadas por la Auditoría Superior de la Federación.

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

Getty Images
El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

Getty Images
B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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