#LaEstafaMaestra: empresa que desapareció 683 mdp de Sedesol es fantasma, declara el SAT
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Especial

#LaEstafaMaestra: empresa que desapareció 683 mdp de Sedesol es fantasma, declara el SAT

Entre 2013 y 2014, ESGER Servicios y Construcciones recibió 683 millones del erario sin firmar un solo contrato, ni realizar ningún servicio, gracias al esquema de fraude documentado en La Estafa Maestra.
Especial
Por Manu Ureste y Nayeli Roldán
30 de enero, 2018
Comparte

El Servicio de Administración Tributaria (SAT) incluyó en su lista de sociedades fantasma a ESGER Servicios y Construcciones SA de CV, la empresa que desvió el mayor monto de recursos públicos documentado en La estafa maestra: desapareció 683 de millones de pesos de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), entre 2013 y 2014.

ESGER fue catalogada como fantasma definitiva en el último corte del 26 de enero, publicado por el SAT, pese a que desde hace cinco años la Auditoría Superior de la Federación (ASF) había señalado a la empresa como beneficiaria de cientos de millones de Sedesol, a través de un esquema de fraude, según los informes de la Cuenta Pública de 2013 y 2014.

La inclusión de ESGER en la lista negra del SAT llegó cuatro meses después de que Animal Político y Mexicanos contra la Corrupción publicaron la investigación La Estafa Maestra, en la  que se documenta el desvío de recursos públicos, a través de un esquema que involucró a 11 dependencias federales y ocho universidades públicas.

La empresa había pasado desapercibida para la autoridad hacendaria desde 2011, cuando se constituyó. Pero a partir de enero, el SAT confirmó que ESGER es una empresa fachada, o una empresa de papel. Es decir, una sociedad sin instalaciones reales, activos, ni personal, que simulaba operaciones comerciales para cometer probables delitos como el desvío de recursos y la evasión de impuestos.

El SAT no había investigado a ESGER, ni atendió las advertencias de los peritos de la ASF, ni siquiera la auditó por una posible evasión de impuestos, ya que en su declaración anual ante Hacienda esta compañía no reportó la totalidad de los recursos públicos que recibió en 2013.

Además, en la dirección registrada en su acta constitutiva, en la colonia Nápoles en la Ciudad de México, aún hay personal que si bien niega conocer a la empresa, sí admite que los accionistas de la firma –Gerardo Casas y Esteban Cervantes- trabajan ahí, y en la oficina funciona un despacho de contadores y de “varias empresas”. Es decir, la sede aún sigue operando pese a la advertencia del SAT.

Con esta actualización, el SAT ha boletinado como empresas fantasma a 17 compañías que participaron en La Estafa Maestra, las cuales desaparecieron mil 190 millones de pesos de dependencias como Pemex, la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAGARPA), o la propia Sedesol. También investiga como presuntas fantasma a 48 empresas más de la trama, que desaparecieron otros mil 685 millones del erario.

De estas 65 empresas fantasma, o investigadas como tal, ESGER es la empresa reina de todas. La compañía fraudulenta que, gracias a La Estafa Maestra, desapareció más dinero de los impuestos de todos los mexicanos.

Así acabaron 683 mdp para combatir la pobreza en una empresa fantasma

¿Cómo 683 millones acabaron enriqueciendo a una compañía fantasma? El proceso se desarrolló durante los años 2013 y 2014, cuando 2 mil 224 millones de pesos de la Sedesol que estaban destinados a la Cruzada Nacional contra el Hambre, la ‘estrategia estrella’ del presidente Enrique Peña Nieto para combatir la pobreza en el país, desaparecieron en un entramado de empresas fraudulentas.

La Sedesol, entonces a cargo de Rosario Robles, firmó convenios con la Universidad Autónoma de Morelos y la Autónoma del Estado de México. Estas universidades debían cumplir con diversos servicios relacionados con la Cruzada contra el Hambre, como “sensibilizar” a las comunidades pobres sobre la alimentación sana, distribuir material en zonas marginadas, o instalar ventanillas de atención para jornaleros.

Pero en lugar de realizar dichos servicios, las universidades violaron la ley de adquisiciones y subcontrataron con el dinero de Sedesol y el combate a la pobreza a 11 empresas, mismas que tejieron una compleja red de corrupción para beneficiar a una sola compañía: ESGER, Servicios y Construcciones SA de CV, que sin firmar ni un documento, ni realizar servicio alguno, acabó ganando 683 millones del erario.

Las 11 empresas de la red que triangularon el dinero a ESGER son fraudulentas: cuatro ya son fantasma oficialmente, tres están siendo investigadas por el SAT por este mismo motivo, y las otras cuatro presentan diferentes irregularidades, como no tener antecedentes registrales ante la Secretaría de Economía, o no existir en su domicilio.

Además de darle dinero a ESGER, estas 11 compañías fraudulentas también se quedaron con 390 millones de Sedesol, a pesar de que no tenían el perfil para cumplir con los servicios relacionados con el combate a la pobreza.

Por ejemplo, Dumago Systems vende computadoras pero fue contratada para repartir despensas; o Consolidación de Servicios y Sistemas Administrativos repara maquinaria, pero fue elegida para la “orientación, promoción y apoyo” del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social. Mientras que Grupo Comercializador Cónclave, que se quedó con 185 millones de dinero público, tiene como representante legal a David Dávila Córdova, quien fue operador del cártel de Juárez y detenido por lavado de dinero, según reveló una investigación de Aristegui Noticias.

Accionista de ESGER sigue operando en el mismo despacho

A pesar de recibir una fortuna, ESGER no tiene sus instalaciones en ninguna torre fastuosa de Santa Fe, o de Reforma, el corazón financiero de la Ciudad de México. Su dirección lleva hasta un edificio oscuro de la colonia Nápoles, cuya entrada sin recepcionista lleva hasta un despacho de apenas tres metros cuadrados.

Tras la inclusión de ESGER en la lista definitiva de empresas fantasma, este equipo de investigación fue a visitarla ayer lunes 29 de enero, para comprobar si continúa operando.

A través de un interfón, un empleado dijo desconocer a ESGER, aunque admitió que en esa misma dirección sigue operando el Despacho Casas, dedicado a la contabilidad, cuyo dueño es Gerardo Casas, accionista que fundó la empresa ESGER junto a su socio Esteban Cervantes.

Se preguntó también por los señores Gerardo Casas y Esteban Cervantes, y el empleado respondió que sí trabajan en el despacho donde, según su acta constitutiva, ESGER tiene reportada su dirección, aunque aseguró que en ese momento ninguno de los dos se encontraba.

Esta no es la primera vez que se visita a esta compañía. Previo a esta nota, Animal Político visitó entre mayo y junio su sede otras tres veces, y en ninguna se encontró a los accionistas, el representante legal, ni a más empleados que supuestos recepcionistas.

Los accionistas Esteban Cervantes, que tenía 25 años cuando fundó la empresa en 2011, y el contador público Gerardo Casas, tampoco fueron localizados en sus domicilios particulares, en la colonia Navidad y en la delegación Cuajimalpa, respectivamente, ni regresaron las llamadas a este equipo de reporteros.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
Comparte

Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=C-3aYnhF6Io

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.