Gobierno francés y activistas critican a grupo de mujeres que defienden la libertad de importunar
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Gobierno francés y activistas critican a grupo de mujeres que defienden la libertad de importunar

La secretaria de Estado para la Igualdad de Francia, Marlene Schiappa, juzgó de "peligroso" que, según ella, se minimizara en el texto las agresiones sexuales contra mujeres bajo la idea de la "libertad de importunar".
AFP
Por AFP
10 de enero, 2018
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Las críticas a la tribuna en defensa de la “libertad de importunar” de los hombres, firmada entre otras mujeres por la actriz Catherine Deneuve, llovieron este miércoles en Francia, desde el gobierno hasta en las redes sociales.

Hay elementos “profundamente chocantes, incluso falsos” en esta tribuna publicada la víspera en el diario Le Monde, dijo la secretaria de Estado para la Igualdad, Marlene Schiappa, juzgando “peligroso” que según ella se minimizara en el texto las agresiones sexuales.

“La violación es un crimen. Pero cortejar de forma insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”, escribieron un centenar de intérpretes -entre ellas Deneuve-, escritoras, investigadoras y periodistas.

Aseguraron defender “una libertad de importunar, indispensable a la libertad sexual” y denunciaron un regreso del “puritanismo”, surgido según ellas tras la ola de acusaciones contra el productor estadounidense Harvey Weinstein.

A raíz de ese escándalo, nacieron campañas como #Metoo y #Balancetonporc (“Delata a tu cerdo”, en francés), en las que decenas de miles de mujeres denunciaron haber sido víctimas de acoso o agresión sexual.

Sin embargo, para este colectivo, “esta fiebre de enviar a los ‘cerdos’ al matadero, lejos de ayudar a las mujeres a ser autónomas, sirve en realidad a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, a los extremistas religiosos, a los peores reaccionarios”.

Defendieron además que una mujer no tiene porqué “sentirse traumatizada por siempre jamás por un hombre que se frota contra ella en el metro, aunque esto esté considerado un delito”.

“Ya nos cuesta trabajo que las jóvenes comprendan que frotarse contra ellas, frotar el sexo de un hombre contra una mujer en el metro sin su consentimiento, es una agresión sexual”, lamentó Schiappa.

La exministra Laurence Rossignol calificó por su lado la tribuna de “bofetada contra todas las mujeres que denuncian la depredación sexual”.

“Desprecio” a las víctimas

“No creo que las mujeres puedan acceder a la igualdad mientras sean vistas como objetos sexuales”, dijo Rossignol.

Una contratribuna publicada por un grupo de feministas denunció por su parte el “desprecio” a las víctimas de violencia sexual.

“Cada vez que se avanza hacia la igualdad, aunque sea medio milímetro, hay almas buenas que nos advierten inmediatamente de que podríamos caer en el exceso”, afirmaron estas mujeres firmantes de un texto publicado en el sitio francetvinfo.

“En Francia, cada día, centenares de miles de mujeres son víctimas de acoso. Decenas de miles de agresiones sexuales. Y centenares, de violaciones”, recordaron.

Para estas firmantes, las mujeres que rubricaron la primera tribuna “mezclan deliberadamente una relación de seducción basada en el respeto y el placer, con la violencia”.

“Qué pena que nuestra gran Catherine Deneuve se sume a un texto tan deplorable”, tuiteó la ex ministra Segolène Royal.

Muchos internautas criticaron la tribuna, en particular el fragmento en que se invoca el derecho de una mujer a “velar por que su salario sea igual al de un hombre, pero a no sentirse traumatizada por siempre jamás por un hombre que se frota contra ella en el metro”.

“Propongo que Deneuve empiece por meterse en el metro en hora punta”, lanzó un internauta.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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