Mexicano que trabajaba como chofer de Uber en California es acusado de violar y robar a 4 pasajeras
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Mexicano que trabajaba como chofer de Uber en California es acusado de violar y robar a 4 pasajeras

El mexicano, de 39 años, llevaba a las mujeres hasta sus casas, las agredía sexualmente y robaba sus pertenencias; trabajaba como conductor de Uber.
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Por Redacción Animal Político
23 de enero, 2018
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Un mexicano, que vive en Estados Unidos de manera ilegal, aprovechó su trabajo como conductor de Uber para violar, agredir y robar a cuatro jóvenes de entre 19 y 22 años, de acuerdo con las autoridades de California, en Estados Unidos.

Reportes de la agencia Asociated Press señalan que Alfonso Alarcón Nuñez, de 39 años, llevaba a las mujeres hasta sus casas, las atacaba sexualmente y robaba sus pertenencias como celulares, computadoras y joyería, aprovechándose del estado de ebriedad de las jóvenes.

Las autoridades explicaron que Alarcón cobraba a las mujeres que llevaba a sus casas mediante la aplicación Venmo, para disfrazar su identidad y su historial en Uber.

Una prueba de ADN condujo a los investigadores hasta el acusado, quien fue arrestado la semana pasada en su domicilio, en Santa María, informó el fiscal de distrito del condado San Luis Obispo, Dan Dow, en conferencia de prensa.

Lee: Uber modifica sus términos y se deslinda de la seguridad del usuario al utilizar el servicio.

Alarcón enfrenta 10 cargos penales, entre ellos violación de una víctima intoxicada y robo en primer grado, por delitos que ocurrieron en el transcurso de cuatro semanas, desde mediados de diciembre. De acuerdo con las autoridades, tres de sus víctimas estaban ebrias cuando se cometieron las agresiones y asaltos.

El mexicano se declaró inocente de todos los cargos durante la audiencia en la que fue encausado y quedó detenido en la cárcel del condado San Luis Obispo, bajo fianza de 1.47 millones de dólares. Su próxima comparecencia ante la corte está prevista para el 29 de enero.

El fiscal Dow dijo que busca a posibles testigos e intentan determinar si hay más víctimas en los condados de San Luis Obispo y Santa Bárbara, en Los Ángeles, donde Alarcón daba servicio de Uber desde el pasado mes de septiembre.

Alarcón también utilizaba el nombre de “Bruno Díaz”, y su nombre de usuario con Venmo era “Brush Bat”, según las autoridades.

El fiscal señaló que los delitos denunciados muestran que la empresa debe mejorar el proceso de investigación de sus conductores, y pidió a los usuarios de Uber que se aseguren de subir al vehículo del conductor correcto, pues a veces otros conductores estacionados afuera de bares o restaurantes “se adelantan al verdadero conductor y llevan a personas confiadas hasta sus casas”.

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De acuerdo con Associated Press, Alarcón regresó a los Estados Unidos de forma ilegal luego de haber aceptado ser deportado de Nuevo México en 2005.

Dow afirmó que la condición migratoria del acusado no influirá en el juicio. Podría ser sentenciado a prisión perpetua si es declarado culpable de todos los cargos.

Sobre este caso, Uber expresó condena todo tipo de violencia y que ha trabajado con las autoridades para brindar información que contribuya en las investigaciones. Además, confirmó que el conductor ha sido dado de baja de manera permanente de la app.

Con información de Associated Press.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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