Sóstenes migró ‘sin papeles’ a EU, regresó para construir su casa; el sismo se la arrebató
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Archivo Cuartoscuro

Sóstenes migró ‘sin papeles’ a EU, regresó para construir su casa; el sismo se la arrebató

En la sierra de Puebla, habitantes de comunidades afectadas por el sismo del 19S denuncian que ante el ‘olvido’ de las autoridades han tenido que endeudarse para iniciar la reconstrucción de sus viviendas dañadas.
Archivo Cuartoscuro
Por Manu Ureste
1 de enero, 2018
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Sóstenes Aparicio habla apoyado contra la carrocería oxidada de una vieja pick up Cherokee amarilla. Con los brazos cruzados sobre el abdomen y el gesto serio, adusto, el campesino de 39 años observa en silencio los pilares agrietados, las paredes llenas de boquetes, y las escaleras destrozadas de su casa; una vivienda de fachada amplia y dos pisos, que fue construyendo tras una década lavando platos y aceptando todo tipo de trabajos mal remunerados en pizzerías y bares de Filadelfia.

-El sismo me dejó igual que estaba antes de irme de indocumentado a Estados Unidos –lamenta con el ceño fruncido-. Es como si hubiera regresado de golpe a 1997.

Aunque a decir verdad, añade rascándose la coronilla por la que le brota abundante pelo negro azabache, la situación es más complicada ahora que cuando decidió migrar para el Norte: hace dos décadas no tenía los cuatro hijos que ahora corretean entre escombros y varillas de hierro, ni una deuda que pone en riesgo el único sustento de la familia.

4 mil kilómetros hacinados en una vieja pick up

Para llegar a San Mateo Ozolco, en las faldas del volcán Popocatépetl, en el estado de Puebla, hay que transitar por caminos de terracería y por tramos de carreteras estrechas que serpentean hasta llegar a la plaza del pueblo.

En la explanada del maltrecho Palacio Municipal, a un costado de la iglesia estilo colonial que sufrió fuertes daños por el terremoto del 19S, cualquiera puede corroborar a simple vista lo que evidencian las cifras del Coneval: que San Mateo es una remota localidad pobre de apenas 700 casas, en un municipio pobre, Calpan; donde 8 de cada 10 habitantes enfrenta graves carencias por falta de acceso a la salud, o porque su vivienda no cuenta con luz, drenaje, o excusado.

Precisamente, por la pobreza y la falta de oportunidades, buena parte de la población de hombres y de jóvenes emigró hace años. Y lo sigue haciendo, hasta el punto de que los pocos pobladores que aún pasean por las calles semivacías de San Mateo comentan, como si se tratara de un chiste local, que la otra mitad del pueblo se encuentra en los suburbios de Filadelfia.

Hasta esa ciudad, la más importante del estado de Pensilvania, se propuso migrar Sóstenes cuando apenas tenía 19 años. Era 1997 y “brincarse pal Norte” era igual de caro –mil 800 dólares para el ‘coyote’ del pueblo que se dispararon hasta los 2 mil 500 tras varios intentos fallidos-, pero menos peligroso que ahora. Los cárteles de la droga ya existían, claro, pero no habían descubierto aún que controlar las rutas del tráfico de personas es otro negocio delictivo que deja jugosas ganancias.

En realidad, en aquella época la parte más dura de irse de ‘mojado’ era salir victorioso del clásico juego del gato y el ratón tratando de burlar a la Patrulla Fronteriza, y luego no morir en el desierto.

En su caso, narra el campesino mientras se mesa la barba de candado que le rodea el bigote y la comisura de los labios gruesos, dedicó un mes en los que visitó varias veces las prisiones migratorias de EU, para colarse finalmente por el cruce de Mexicali. Aunque eso fue solo el inicio. Por delante aún le quedaban dos días con sus dos noches para cruzar de costa a costa todo el país –de Los Ángeles a Filadelfia, más de 4 mil kilómetros- a bordo de una destartalada pick up en la que, desde luego, él no era el único migrante en busca del manido sueño americano.

-Imagina, íbamos 17 personas hacinadas en una camioneta vieja como esta –dice tras darle una palmada seca a la chapa corroída de la Cherokee amarilla-. Ahí es cuando de verdad le sufrí al camino.

En Filadelfia, a pesar de contar con “una cadenita” de amigos y familiares que le echaron la mano, la odisea tampoco daba señales de que hubiera terminado: sin prácticamente formación escolar, sin hablar ni una palabra de inglés, y habiendo trabajado únicamente arando los campos de San Mateo, el único empleo al que pudo acceder fue el de lavaplatos en fondas de poca monta.

Con los primeros sueldos, de unos cinco dólares la hora, se compró ropa de abrigo para soportar el crudo invierno de Pensilvania y buscó un cuarto compartido donde establecerse. A partir de ahí, con las necesidades más básicas cubiertas, “cada dólar” que ganó en los primeros seis meses los invirtió en pagar la deuda de 2 mil 800 dólares que le costó el viaje.

Luego, muy lentamente, las remesas comenzaron a aumentar al ritmo que Sóstenes aprendía el idioma y encontraba otros trabajos mejor remunerados, como el de ayudante de cocina en un restaurante italiano, o de cantinero en un bar. Así hasta que tras 10 años de odisea en el extranjero, el migrante vio cumplida su meta: construir una casa para formar una familia, comprar un buen tractor John Deere para labrar la tierra, y hacerse de unas cuantas cabezas de ganado para ir tirando cuando no hubiera cosecha.

Sóstenes lo tenía todo bien planeado para reiniciar su vida en México.

Pero nunca imaginó que un temblor de intensidad 7.1 lo iba a desbaratar todo. 

“Nadie nos ayuda”

En silencio y con el gesto serio, grave, como si estuviera guiando a unos reporteros de guerra por los restos de un bombardeo que acaba de ocurrir, Sóstenes camina despacio por entre hierros retorcidos y pedazos de bloque desperdigados por el suelo de tierra donde gallinas, perros y gatos conviven a sus anchas.

Su casa, balbucea aún incrédulo, su “palacio” que tanto le costó levantar, tiene fracturas y grietas en los cimientos, y puede colapsar ante una réplica fuerte o un nuevo temblor si no se actúa de inmediato reforzando con nuevas columnas de carga toda la primera planta.

Así se lo advirtieron “varios ingenieros” y diversas autoridades que llegaron a San Mateo Ozolco para darle el diagnóstico fatídico y ninguna ayuda, ni alternativas para la reconstrucción.

-A San Mateo nada más vienen, ven y ya no regresan –dice el campesino con el ceño fruncido-. Sé que un temblor no es culpa del gobierno, pero también sé que sí nos podrían ayudar a reconstruir y no lo hace. Esa es mi inconformidad.

Ante la falta de apoyo de los tres niveles de gobierno, Sóstenes explica que no lo quedó más remedio que pedirle prestado al banco, para lo cual tuvo que hipotecar el tractor.

-Ahora tengo un año para pagar esa deuda. Y si no puedo… -dice encogiendo los hombros y alargando varios segundos los puntos suspensivos-, entonces se puede decir que perderé mi fuente de trabajo y el principal sustento de mi familia.

Además, para al menos iniciar con las reparaciones más básicas –un par de albañiles han comenzado a levantar algunas de las paredes derruidas-, Sóstenes tuvo que vender casi todo su ganado, por lo que prácticamente está “en ceros” y viviendo con su esposa y cuatro hijos en el “galerón” donde antes guardaba el tractor y los útiles de labranza.

Es una medida improvisada, dice resignado Sóstenes al amparo de una olla humeante donde se cuecen frijoles negros a fuego lento. Una medida de emergencia que no sabe hasta cuándo durará, porque los troncos de madera de las paredes no los protegen lo suficiente del “frío espantoso” que baja del volcán en invierno.

-Cuando regresé de Estados Unidos yo vivía bien con mi familia –recuerda Sóstenes con una sonrisa cansada mientras observa a su ‘palacio’ al borde del colapso.

-A mis hijos no les faltaba un cuarto donde dormir sin pasar frío y ahora es como si de la noche a la mañana nos hubieran desalojado a la fuerza de nuestro hogar. Por eso –insiste el campesino con los puños cerrados- lo único que pedimos es que el gobierno nos volteé a ver; que nos ayude a regresar a nuestra vida antes del temblor.

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Cómo puedes minimizar el riesgo de contagiarte de COVID-19 durante las fiestas decembrinas

Los expertos recomiendan no reunirse este año, pero si vas a juntarte con la familia te explicamos visualmente qué medidas puedes tomar.
18 de diciembre, 2020
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Una sala llena de amigos y familiares que no se han visto en mucho tiempo, se abrazan, se besan y celebran el reencuentro alrededor de una mesa llena de manjares.

Comparten horas juntos, se ríen, gritan, se pasan platos y cubiertos los unos a los otros, y se intercambian regalos.

Antes de 2020 esta podría ser una típica postal navideña.

Ahora es un escenario ideal para la propagación del coronavirus.

Por eso mismo, los expertos advierten que la única forma de evitar la transmisión del virus es renunciar a las celebraciones en persona.

En caso de que se hagan, todos los especialistas que BBC entrevistó recalcan que es imposible eliminar los riesgos de contagio, pero que hay medidas para mitigarlos.

Antes de salir de casa

Para empezar, hacer una cuarentena de dos semanas (o al menos una) y confirmar que estás libre del virus con un examen PCR (72 horas antes de la reunión) puede ayudar mucho a minimizar los riesgos.

Además de eso, es fundamental que prestes mucha atención a cualquier síntoma.

“Mucha gente dice ‘oh, solo tengo tos o son solo mocos’. Valora si es algo inusual en ti y evita ir porque será una exposición de alto riesgo”, dice Juliana Lapa, infectóloga y profesora de la Universidad de Brasilia (UnB).

Señor saluda virtualmente su familia

Getty Images
Los expertos recomiendan que los mayores y las personas que sufren obesidad, diabetes, hipertensión y problemas pulmonares eviten reuniones presenciales.

Aunque los expertos recomiendan evitar los viajes.

Si te vas a desplazar, mejor hacerlo en auto. Así evitas las aglomeraciones en los aeropuertos, aviones, buses, estaciones de bus y en las zonas comunes de los hoteles.

‘Petit comité’

Idealmente, la celebración debería ser solo entre las personas que conviven en la misma vivienda.

Si no es así, el primer consejo es reunir la menor cantidad de gente posible y tener en cuenta el número de grupos de convivencia que se mezclan.

“Por ejemplo, una reunión entre 10 personas tiende a ser menos riesgosa si se juntan solo dos grupos que conviven (cinco viven en una casa y las otras cinco en otra) que si las 10 personas viven en casas distintas”, explica Vitor Mori, miembro del grupo Observatorio Covid-19 BR e ingeniero biomédico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vermont (EE.UU.).

Aeropuerto en EE.UU. en el período del Día de Acción de Gracias

Reuters
Si te vas a desplazar durante estas fechas, lo mejor es evitar aglomeraciones en aeropuertos, estaciones de bus y hoteles.

Los expertos también piden especial atención con los grupos de riesgo.

“Si es posible, los mayores y las personas que sufren obesidad, diabetes, hipertensión y problemas pulmonares deben evitar las reuniones”, le dice a BBC Brasil el presidente de la Asociación de Infectología de Minas Gerais, Estevão Urbano.

“Por supuesto, también son las que han sufrido más el aislamiento durante la pandemia y deben ser las más necesitadas en este momento, pero lo ideal es que tomen más precauciones que el resto”.

Si una reunión con una persona del grupo de riesgo es inevitable, dice Juliana Lapa, una opción es “hacer una visita corta, sin cenar, sin quitarse la mascarilla”.

La ventilación es clave

Si van a reunirse, que sea en un lugar abierto, como un jardín, un patio trasero, una azotea o un balcón.

Si la única opción es dentro de una sala o departamento, deja todas las ventanas abiertas.

Gráfico sobre ventilación en la reunión de personas en las fiestas

BBC

Para recalcar la importancia de esta medida, Mori compara las pequeñas partículas líquidas que expulsamos con el humo de un cigarrillo.

“Si estás en un espacio abierto al lado de una persona que está fumando, sentirás poco el humo porque el aire lo dispersará. Pero si estás en un interior con las puertas y ventanas cerradas, aunque mantengas más de un metro y medio de distancia, podrás oler el cigarrillo e inhalar el humo”.

Si no es posible ventilar bien el espacio, es necesario reducir el número de personas, recomiendan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos.

Gráfico de transmisión de covid por microgotas o aire

BBC

¿Qué se puede hacer para aumentar la circulación del aire interior?

“Pon un ventilador cerca de la ventana y de frente. De esa manera, el ventilador funciona como un extractor de aire, aspirando aire y empujándolo fuera de la habitación. Eso genera presión negativa dentro de la sala y hace que entre aire fresco desde otra ventana”, explica el ingeniero biomédico.

El experto recomienda que si tienes más de una ventana y más de un ventilador, puedes colocar este extra en la ventana opuesta y en la posición contraria, es decir, mirando hacia dentro de la habitación.

Así, un ventilador aspira el aire y otro lo expulsa, generando una circulación e intercambio de aire constantes.

Los CDC advierten que las ventanas y puertas solo deben permanecer abiertas donde no haya riesgo de caídas o si esto no causa una crisis a personas con asma.

Añaden que para evitar la contaminación, los ventiladores no deben generar flujo de aire directamente de una persona a otra.

Esta medida no excluye las precauciones básicas de mantener las distancias, desinfectarse las manos y usar mascarillas.

Encuentros cortos, con mascarilla y distancia social

Cuanto más tiempo se está expuesto, más aumenta el riesgo.

Por eso los expertos sugieren hacer las reuniones cortas. “Las veladas prolongadas son el gran villano de la transmisión”, dice Urbano.

Gráfico sobre interacción de personas en las fiestas

BBC

Siempre que sea posible las personas que no conviven en la misma vivienda deben mantener la mayor distancia posible, usar mascarilla y moderar el volumen de voz para reducir la posibilidad de contagio.

“Cuanto más alto hablas o cantas, más partículas se expulsan al aire”, dice Urbano.

Rotación o mesas separadas a la hora de comer

La cena puede ser uno de los momento más críticos.

Es cuando las personas suelen estar más cerca y necesitan quitarse la mascarilla para comer y beber.

“Si alguien no lleva mascarilla se convierte en un posible diseminador. Todos podemos serlo, ya que hay personas asintomáticas, que ni siquiera saben que están enfermas.”, dice Jaques Sztajnbok, médico supervisor de UCI del Instituto de Infectología Emílio Ribas, en Sao Paulo.

La organización de las mesas puede ayudar. Si en la casa solo hay una mesa, la recomendación es hacer una rotación a la hora de comer, priorizando a los grupos que tienen gente mayor.

Por ejemplo, imagina que hay una pareja que vive en una casa y los padres de uno de ellos, que ya son mayores, viven en otra casa.

Recomiendan que los padres coman primero, mientras el resto espera alejado y con mascarilla.

Gráficos sobre cena de fiestas de fin de año

BBC

Para los que tienen más espacio (¡y más mesas!) pueden montarlas separadas por grupos que conviven. Siguiendo el ejemplo anterior, la pareja estaría en una mesa y los padres en otra.

Además recomiendan no compartir objetos como cubiertos o vasos, así que mejor no servirse de la misma ensaladera este año.

No bajar la guardia durante la fiesta

Han sido meses muy duros para todo el mundo y hay la posibilidad que cuando las familias y amigos se rejunten aflojen las precauciones.

Ahí es donde radica el peligro, dicen los médicos.

“Es un momento en que la gente toma alcohol o se relaja y puede bajar la guardia. Eso puede traducirse en muchos casos de covid-19 y en muertes evitables. Estamos avanzando hacia la adquisición de la vacuna. Así que hay que tener cuidado de no relajarse en este punto.”, dice Estevão Urbano.

Reunión navideña virtual

Getty Images
La recomendación de la OMS es que las reuniones sean virtuales este año.

La recomendación de la OMS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) refuerza la idea de que no hay “riesgo cero” durante las celebraciones navideñas.

Propone que las reuniones sean virtuales este año, ya que la mayor incidencia de transmisiones se da entre personas que pasan mucho tiempo juntas, en espacios cerrados y compartiendo comidas.

“Es increíblemente difícil porque, especialmente durante las fiestas, queremos estar con la familia. Pero en algunas situaciones, la difícil decisión de no tener una reunión familiar es la apuesta más segura”, dice Maria Van Kerkhove, líder técnica de covid-19 en la OMS.

*Gráficos por el equipo de Periodismo Visual de BBC Mundo y BBC Brasil


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