Tarjetas de Bansefi para damnificados fueron hackeadas para sacar el dinero
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Tarjetas de Bansefi para damnificados fueron hackeadas para sacar el dinero

Además de ser clonadas, las tarjetas para los afectados fueron hackeadas. Para extraer el dinero se utilizaron terminales bancarias de un supermercado, dos pizzerías y una tienda de telefonía celular ubicadas en Veracruz, Jalisco y Quintana Roo.
Cuartoscuro
Por Miriam Castillo y Thelma Gómez / Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad
16 de enero, 2018
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A unas siete cuadras de la playa de Boca del Río, en Veracruz, está la tienda Chedraui en donde, durante once días —del 23 de octubre y hasta el dos de noviembre de 2017— se hicieron cargos a 82 tarjetas entregadas a los afectados por los sismos de septiembre pasado. El supermercado se localiza a unos 570 kilómetros de distancia de Cintalapa, Chiapas, lugar en donde viven los damnificados a los que se les clonaron esas tarjetas.

El supermercado de Boca del Río es uno de los cuatro establecimientos comerciales que, en una investigación de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) se mencionan como los sitios desde donde se realizaron cargos a las tarjetas de débito clonadas a damnificados de Chiapas y Oaxaca. Los otros tres comercios son una pizzería de Guadalajara, Jalisco; otra del Puerto de Veracruz; así como una tienda de celulares en Cancún, Quintana Roo.

La investigación realizada por la CNBV, a la cual Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) tuvo acceso, detectó los mecanismos que se utilizaron para robar dinero de las tarjetas de débito que el Banco Nacional de Servicios Financieros (Bansefi) distribuyó entre los damnificados de los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017.

Buena parte de los cargos se realizaron, incluso, antes de que se entregaran las tarjetas a los afectados por los terremotos. Y esto ocurrió porque Bansefi, instancia responsable de depositar el dinero del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) a las tarjetas y de repartirlas, carece de mecanismos que permitan prevenir fraudes en los plásticos que emite, de acuerdo con la investigación de la CNBV.

Hasta el pasado 22 de noviembre, 258 damnificados habían denunciado que las tarjetas entregadas por Bansefi registraban cargos que ellos no reconocían. La CNBV confirmó que 96.5% de esas tarjetas sí fueron hackeadas y se extrajeron a través de ellas, de manera ilegal, dos millones de pesos.

El fraude, sin embargo, podría ser mayor: la CNBV encontró que el mismo modus operandi se utilizó para realizar transacciones irregulares en cientos de tarjetas más, de las cuales no se tenía denuncia hasta el 22 de noviembre.

La CNBV comenzó, el 16 de noviembre pasado, la investigación a Bansefi por las tarjetas con recursos del Fonden que se repartieron entre damnificados de Oaxaca y Chiapas. Lo hizo dos días después de que el propio banco presentó una denuncia, ante la Procuraduría General de la República (PGR), por la presunta clonación de 57 tarjetas entregadas a los afectados por los sismos.

Para el 22 de noviembre ya se tenían 258 tarjetas con reclamaciones, fue en ellas que la CNBV centró parte de su investigación, cuya primera etapa concluyó el pasado 20 de diciembre.

Consultadas al respecto, tanto la CNBV como Bansefi respondieron que no podían hacer comentarios sobre la investigación por ser aún un proceso abierto. En el caso específico de Bansefi, informaron que el próximo 2 de febrero es la fecha límite para responder a las observaciones de la autoridad bancaria.

El lunes 15 de enero MCCI dio a conocer que la investigación de la CNBV encontró que Bansefi emitió multiples tarjetas a nombre de 1,495 damnificados y que en esos plásticos se depositaron 68.8 millones de pesos. Cuando MCCI contactó a personas cuyos nombres aparecen con 34, 26, 18, 16 y hasta 14 tarjetas, se encontró que algunas de esas personas ni siquiera habían recibido una tarjeta.

Ahora, MCCI revela otra parte de la investigación de la CNBV, la cual corresponde a los casos de clonación de tarjetas para los damnificados, caso que trascendió en noviembre pasado. En la observación número 11 de la pesquisa, que forma parte del expediente 122.11.12(001597)”2017”<6>, se señala que el Banco “registró deficiencias” para identificar este tipo de fraudes, realizados a través de medios electrónicos, ya que “carece de mecanismos o sistemas para prevenir y detectar” estas operaciones.

La CNBV también resalta que por “la falta de capacidad para detectar y bloquear transacciones de tipo fraudulentas, esa entidad (Bansefi) habría sido objeto de clonación del 96.5% de las tarjetas que entregó a los 258 beneficiarios que presentaron quejas por transacciones no reconocidas, al 22 de noviembre de 2017, pertenecientes a los estados de Oaxaca y Chiapas”.

De peso en peso

Al analizar todas las transacciones realizadas en las 258 tarjetas que presentaron una reclamación, la CNBV identificó cuatro mecanismos utilizados para extraer el dinero de ellas en forma ilegal. En 129, por ejemplo, se detectaron compras en lugares alejados en periodos cortos que “no son coherentes con el tiempo requerido de traslado”. Un millón 107 mil 944 pesos se retiraron de esta forma.

También se documentó que en 59 tarjetas se realizaron compras antes de que el plástico se entregara al beneficiario. Con este mecanismo se extrajeron 357 mil 76 pesos.

En 34 tarjetas se registraron muchos cargos por un solo peso, fue así como se retiraron 362 mil 23 pesos. Y en 27 plásticos más se identificaron operaciones en establecimientos o lugares en donde se concentraron las transacciones anómalas, por una suma de178 mil 798 pesos.

Solo en nueve tarjetas se encontró que fueron los mismos beneficiarios quienes retiraron el dinero; en estos casos el monto total es de 60 mil 535 pesos.

Al analizar los movimientos de retiro de las 249 tarjetas en donde se corroboró el hackeo, la CNBV identificó que 199 de esos plásticos presentan, por lo menos, una transacción en cuatro establecimientos comerciales ubicados en lugares diferentes y distantes a las comunidades donde viven los afectados por el sismo.

Además del Chedraui de Boca del Río, también se identificó que las terminales bancarias desde donde se extrajo el dinero de los daminifcados se encuentran en un local de Pizza Hut, ubicado en la colonia Loma Bonita de Guadalajara, Jalisco; en un Dominos Pizza de la colonia Los Pinitos, en el puerto de Veracruz, y en un local que la tienda de telefonía celular Evol Móvil tiene en Cancún, Quintana Roo.

Cuando se detectaron los patrones de compra en los plásticos reclamados, la CNBV solicitó todos los movimientos de cualquier tarjeta de Fonden registrados en esos establecimientos comerciales. Fue así que encontró que había movimientos, en esos mismos comercios y con patrones idénticos, realizados a otros cientos de tarjetas del programa y que aún no habían sido denunciadas.

En su informe, la autoridad bancaria no señala probables responsables de los fraudes a las tarjetas para damnificados.

Arranca clonación antes que el programa

En la denuncia ante la PGR, y en la investigación que siguió después por parte de la CNBV, hay una comunidad que destaca: Asunción Ixtaltepec, Oaxaca. Fue ahí donde el 2 de octubre pasado comenzó la entrega de tarjetas a los damnificados de los sismos.

El nombre y la imagen de María Elena Jiménez Vega se conoció entonces en una publicación del diario El País, realizada el 9 de noviembre de 2017. María Elena fue la primera en recibir su tarjeta en la comunidad —se la entregó el presidente Enrique Peña Nieto—, el plástico resultó saqueado. Días después, la mujer tuvo que acudir a la única sucursal de Bansefi en Ixtaltepec, para presentar una reclamación porque su tarjeta no tenía fondos.

El caso de María Elena no fue el único. La investigación de la CNBV documentó que, al menos, 81 tarjetas de esa comunidad fueron clonadas. Algunas transacciones para retirar dinero de ellas se realizaron en el Pizza Hut ubicado en la colonia Loma Bonita, en Guadalajara, Jalisco; es decir, a 1,265 kilómetros de Asunción Ixtaltepec, Oaxaca.

A otras 48 tarjetas entregadas en esa misma comunidad se les hizo cargos desde un lugar ubicado a 450 kilómetros: el local de Domino´s Pizza que se encuentra en la calle de Cuauhtémoc, en Los Pinitos, Veracruz.

En el caso de la tarjeta con terminación 2272, entregada también en Asunción Ixtaltepec, se le realizaron cargos de una tienda que vende teléfonos celulares en Cancún, Quintana Roo, y que se ubica a 1,275 kilómetros de distancia de la comunidad damnificada por el terremoto.

En la tienda de telefonía de Cancún, de acuerdo con los documentos analizados por la CNBV, se realizaron transacciones de las tarjetas de Fonden de otros 20 usuarios; nueve de ellas se hicieron antes de que los damnificados recibieran el plástico. En total, la CNBV ubicó transacciones en 128 tarjetas diferentes realizadas entre el 31 de octubre y el dos de noviembre en ese local, de las cuales sólo 16 han sido reportadas.

En la investigación de la CNBV también se ubica que, al menos, se realizaron 37 transacciones antes de que se entregaran las tarjetas.

La autoridad bancaria identificó que los usuarios afectados por el hackeo de sus tarjetas se concentran en tres comunidades de Oaxaca —Asunción Ixtaltepec, Magdalena Tlacotepec y Juchitán— y en otras tres de Chiapas: Tonalá, Cintalapa y Pijijiapan.

Las transacciones fraudulentas en los cuatro comercios se realizaron entre el 22 de octubre y el 2 de noviembre de 2017. La CNBV destaca que buena parte de las operaciones se ejecutaron con una diferencia de tan solo cinco minutos.

Sin barreras para detener clonación

La investigación de la CNBV dedica varias observaciones sobre la forma en que se dispersaron los recursos y se distribuyeron las tarjetas.

En la observación 8, por ejemplo, señala que Bansefi “registró deficiencias en la distribución, resguardo y custodia de las tarjetas del programa Fonden en los estados de Oaxaca y Chiapas, que ocasionaron una inadecuada ejecución de dichos procesos”.

Tan sólo en las 258 tarjetas que analizó, la autoridad bancaria detectó que el plazo promedio entre la dispersión de los recursos y la entrega de la tarjeta fue de 19 días. Incluso, encontró un caso en el que al plástico se le depósito el dinero 44 días antes de ser entregado. “Lo anterior es relevante debido a que las tarjetas se encuentran con recursos, activas y desbloqueadas por varios días, lo que podría ocasionar un mal uso de las mismas”.

En la observación 11, dedicada al análisis de la clonación de tarjetas, se insiste en varios párrafos que Bansefi carece de “mecanismos y procedimientos” para prevenir operaciones irregulares, lo que “podría ocasionar que no se detecten con oportunidad posibles casos de fraude y con ello afectar el patrimonio de los clientes”.

Incluso, la CNBV cita una explicación que Bansefi le entregó por escrito cuando la autoridad bancaria le solicitó documentos e información para realizar su investigación:

“…al día de hoy en esta contraloría (Gerencia de Prevención de Fraudes) no cuenta con procesos, herramientas, infraestructura tecnológica y controles para la vigilancia; sin embargo, se estima que durante el mes de diciembre conjuntamente con la Dirección General Adjunta de Tecnología y Operación se libere en producción la Herramienta Antifraude para Medios de Pago MEBONE. Cabe mencionar, que el personal ya se encuentra en la etapa de capacitación.”

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El daño que sufren de por vida quienes comienzan a trabajar en tiempos de crisis

Pobreza, muertes prematuras, rupturas sentimentales… Los efectos de una crisis no acaban cuando éstas pasan de largo. Y ahora dos generaciones están amenazadas.
14 de diciembre, 2020
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“No hables más sobre ello, no lo pienses más: la crisis de hoy es el chiste de mañana”. Cuando el presente es sombrío, el futuro es siempre un lugar tentador donde ir a calmar las ansiedades, una promesa de consuelo para muchos, como la invocada por el escritor H.G. Wells en labios de uno de sus personajes.

Sin embargo, saltar de la literatura a la vida puede ser difícil, especialmente cuando azota una crisis económica y tienes que comenzar tu andadura laboral.

Cuando la economía se enferma, los periódicos y las televisiones se llenan de gráficos de curvas y barras. El resumen que nos hacemos casi todos es inmediato: cuando esas líneas rojas van hacia abajo, es que vienen años duros; cuando suben con colores verdes, lo peor ha pasado. Y por el medio, el que más o el que menos se habrá dejado algunos pelos en la gatera. Pero la vida sigue, pensamos.

Pero la vida no sigue. Al menos, no igual para todos: no para los jóvenes. Las generaciones que comienzan a trabajar en tiempos de recesión quedan dañadas incluso cuando la crisis termina, algunos de por vida, advierten los expertos.

Es como el dolor de un miembro amputado, que permanece y hormiguea durante años pese a que lo que lo provocó ya no está ahí. Dolor fantasma, lo llaman los médicos. Histéresis, dicen los economistas.

Y pronto los televisores van a volverse a llenar de líneas y barras. Rojas. La crisis sanitaria incuba (y manifiesta ya) una nueva crisis mundial. La segunda en una década para una generación atrapada entre ellas (los millennials, nacidos entre 1981 y 1993) y otra que va a recoger su testigo: la generación Z (de 1994 a 2010), que ya teme ser conocida como la Generación Covid.

Joven despedido.

Getty Images
Algunas generaciones quedan atrapadas en sus comienzos laborales: acaban siendo demasiado inexpertos y demasiado mayores.

La trampa vital

“Muchas de las personas que entran en el mercado de trabajo durante una crisis no sólo sufren un mayor riesgo de desempleo e infraempleo durante ese periodo, sino que se ven lastradas en su porvenir. Esa caída transitoria de ingresos tiene una alta probabilidad de tener efectos permanentes”, advierte Ignacio González, investigador y profesor de Economía de la American University (Washington D.C, EE.UU).

González le explica a BBC Mundo cómo es esa trampa vital.

Primero llega el daño: la crisis económica, y la competencia por los escasos puestos de trabajo es feroz, especialmente si se genera mucho desempleo persistente.

Y los jóvenes comienzan a escuchar argumentos repetidos.

Primero es: “No te contrato porque no tienes experiencia suficiente”.

Con el paso del tiempo eso se convierte en: “No te contrato porque tienes espacios en blanco en tu CV”.

Y cuando acaba la recesión, pasa a ser: “No te contrato porque, en realidad, puedo tener a alguien más joven con la misma experiencia“.

De alguna manera, ya están marcados: acaban de convertirse en perfiles inexpertos para puestos acordes a los de su edad y candidatos demasiado mayores para competir con los nuevos jóvenes por esos puestos iniciáticos y de escaso salario.

Y como toda maldición, va acompañada de su profecía.

“A partir de ahí, es muy probable que sus carreras laborales acaben caracterizándose por trabajos intermitentes o de escasa calidad, sufriendo una caída de ingresos que condiciona toda su vida”, sentencia González.

“Estas personas acumulan menos riqueza (ahorros), tienen dificultades para acceder a la vivienda en propiedad (su escaso ahorro se va en el alquiler y tampoco les van a dar un crédito por su discontinuo historial laboral) y, en general, ven truncados sus planes de vida y de formación de familia, con todos los problemas psicológicos que van asociados a ello”, explica el economista de la American University.

Puerta.

Getty Images
Si se te cierra la puerta al mercado laboral al principio, los planes de vida quedan condicionados para siempre porque es un momento clave, advierten los expertos.

Pobreza, divorcios y vidas sin hijos: la generación que ya estuvo allí

“¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).

A su manera, la ciencia económica sigue la misma lógica que ese proverbio bíblico. Cuando un economista te habla de lo que va a pasar en el futuro, suele tener su cabeza en el pasado: en la evidencia acumulada.

Para conformar parte de esa evidencia, los académicos Hannes Schwandt y Till M. von Wachter (Northwestern University y Universidad de UCLA, EEUU) bucearon, en un estudio reciente, por los registros estadísticos de EEUU para seguir la vida de cuatro millones de estadounidenses que saltaron al mercado laboral durante la crisis de 1982.

Como si fueran fantasmas de Cuento de Navidad de Dickens, los agarraron de la mano y revisitaron los nervios de sus primeras experiencias laborales, anotaron sus salarios, se colaron en sus momentos felices (compra de vivienda, bodas, niños) y pasaron por sus días aciagos (divorcios y alcohol, enfermedades, depresiones, etc.) hasta llegar con ellos a la vejez e, incluso, al final de sus vidas.

Y entonces compararon sus trayectorias con las generaciones colindantes a ellos cuya andadura comenzó en tiempos mejores.

Poco más de un año de recesión -comenzó en julio de 1981 y terminó en noviembre de 1982, según la Reserva Federal- provocó que aquellos desafortunados jóvenes acumularan unas pérdidas de ingresos media de un 9% solo en los primeros 10 o 15 años, según los cálculos de von Wachter, siendo peor para los trabajadores con menos formación.

boda

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La generación de 1982 tuvo menos matrimonios, más divorcios y menos hijos.

Esto significa que sus pérdidas en ese periodo de más de una década pudieron oscilar entre los 19 mil y los 36 mil dólares (a precios actuales), según su investigación.

Pero no solo eso, al llegar al corte de edad de 50-55 años habían tenido menos matrimonios y, al mismo tiempo, sufrido más divorcios. Y sus posibilidades de tener un hijo también fueron inferiores a las de las otras generaciones.

Muertes por desesperación

El deterioro de su vida también llegó a su salud, desgrana la investigación.

Su esperanza de vida se había recortado de seis a nueve meses respecto a la media esperada. El efecto que tuvo la crisis fue de “una muerte adicional cada 10 mil personas por cada punto porcentual de aumento en la tasa de desempleo” en sus inicios laborales.

“Estos aumentos de la mortalidad derivaban principalmente de enfermedades relacionadas con conductas poco saludables como fumar, beber y mala alimentación. En particular, descubrimos un riesgo significativamente mayor de muerte por sobredosis de drogas y otras conocidas como ‘muertes por desesperación’ (suicidios y deterioro por adicciones)”, explica Schwandt.

La crisis desaparece y los daños permanecen. 16 meses sobre toda una vida. La histéresis de nuevo, en todo su esplendor.

Depresivo.

Getty Images
El desempleo influye negativamente en la salud, sobre todo en la mental.

Estos hallazgos no le sorprenden a Rosa M. Urbanos-Garrido, profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, quien estudió los efectos que tuvo sobre la salud de los españoles la Gran Recesión de 2008.

“El desempleo suele asociarse con problemas relacionados con la salud mental”, le explica a BBC Mundo.

“Depresión, ansiedad… el miedo a no poder ganarse la vida influye, pero no solo: el trabajo es una plataforma de contactos sociales y de autoestima”, reflexiona.

Urbanos-Garrido cuenta como al principio de encontrarse en una situación de desempleo, la salud general puede incluso mejorar, pero poco a poco la sensación de angustia va creciendo y, para muchos, la falta de empleo acaba siendo una obsesión que va quitándole color e importancia al resto de la vida, incluida la salud.

“Al principio, el estrés desciende al tener más tiempo libre y se benefician de no sufrir enfermedades relacionadas con el trabajo -como los accidentes-; pero a medida que la situación de desempleo se alarga su estado se va deteriorando en forma de ansiedad, consumo de alcohol, de tabaco, obesidad y mala alimentación en general… se va descuidando, pero el individuo sigue reportando que su salud es buena. Sus pensamientos están en su situación laboral y lo demás no lo considera un problema”, explica.

También advierte de que no es irrelevante el momento de sufrir el desempleo: “Si el problema no es individual, sino una situación general de crisis, los problemas mentales se agravan”, cuenta.

Como si se tratara de un contagio de desesperanza para el que no hay mascarillas.

¿Es ya el destino de la generación millenial y la generación covid?

Fernando tiene pareja y un niño de dos años. Fernando ha sido conductor de autobús, vigilante de seguridad y albañil, a veces (muchas) en la economía informal. Fernando y su familia se fueron a vivir hace un año con sus padres a Soria (España) porque perdió su trabajo y sus ahorros no eran suficientes. Fernando, 34 años, ni siquiera se llama Fernando porque no quiere que aparezca su verdadero nombre en este reportaje de BBC Mundo. Dice que siente vergüenza.

“Fíjate tú, vergüenza, con lo joven que empecé a trabajar. Pero me ocurre”, dice.

Marta Vegas García es también española. Más joven, 23 años. Es ingeniera biomédica y además tiene un máster. Hace una semana publicaba una llamada si no de auxilio, sí de incredulidad en su cuenta de Linkedin:

“Actualizo mi CV, no hay respuesta; adapto mi CV dependiendo de la posición a la que aplico: no hay respuesta; contacto con empresas y trato de ser proactiva […]. No hay respuesta. Me siento invisible”.

“No se nos valora”, le dice Vegas a BBC Mundo. “Vemos frustrados nuestros sueños y nuestro futuro”, se lamenta, y aunque asume que la crisis sanitaria influye, no parece muy convencida de que sea el único motivo.

“Coincidimos todos -dice refiriéndose a sus amigos-, vemos imposible la emancipación, acceder a una vivienda y no digamos ya formar algún día una familia”.

He ahí el hilo que une la Gran Recesión de 2008 y la crisis de la covid-19 en 2020. A dos desconocidos como Fernando y a Marta. Uno, millennial; la otra, de la generación Z.

No están solos. Parecen representar los sentimientos de muchos de sus coetáneos.

Eviction

Getty Images
Los jóvenes tienen muchos problemas para acceder a una vivienda en propiedad, según muestran los datos. Y la covid va a empeorar la situación.

Basta con escribir en el buscador de alguna red social “A mi edad, mis padres y los mensajes se repiten en varios idiomas:

“A mi edad, mis padres tenían trabajo y casa, yo solo tengo ansiedad”.

“A mi edad mi padre tenía dos hijos, casa, trabajo fijo, coche y varios años cotizados. Yo no tengo nada de eso”.

“A mi edad, mi padre tenía cotizados 10 años y yo vivo de trabajos precarios y en una habitación”.

Y algunos aún ni se imaginaban que llegaría la crisis del coronavirus.

El coronavirus, ¿la puntilla?

“Yo creo que el bicho este ha sido la puntilla para nuestra generación”, dice Fernando refiriéndose al coronavirus.

Su intuición es buena. “Hay un número notable de trabajadores que, como consecuencia de haber sufrido desempleo en la anterior crisis y no haberse consolidado en un puesto de trabajo, también lo están sufriendo en ésta”, observa Ignacio González, de la American University.

“Hay mercados laborales, como el español, que nunca llegaron a recuperarse completamente, por lo que iniciamos esta crisis con unos niveles de desempleo muy altos”, señala.

Es decir, está hablando de vidas con problemas desde hace una década.

Así, si la crisis de 1982 tuvo efectos en las vidas de aquellos jóvenes, ¿qué se puede esperar de la de 2008, definida por el Fondo Monetario Internacional como “el colapso económico y financiero más grave desde la Gran Depresión de la década de 1930”?

¿O en esta del coronavirus, que el Banco Mundial prevé que el PIB se contraiga más del doble que en la anterior?

Algunos expertos ya ven algunos daños en la vida de los millennials, que se pueden apreciar haciendo una especie de gira mundial por el desastre.

En Europa, su desempleo y precariedad laboral eran ya mayores antes de la crisis de la covid-19, que los sufridos por la generación que los precede cuando tenían su misma edad (véase gráfico superior), según un informe del centro de investigación CaixaBank Research.

En EEUU, la riqueza neta mediana (activos financieros e inmobiliarios menos las deudas) de los millennials de entre 25 y 34 años (en 2016) es un 60% inferior que la que disponía un joven de la generación X cuando se hallaba en la misma franja de edad, según el citado informe.

En España, los datos son aún más sangrantes: su riqueza mediana es de 3 mil euros, frente a los 63 mil 400 euros de los que disponían entonces sus homólogos de la generación anterior.

Y la vivienda, claro. El número de millennials con vivienda propia en EE.UU. es 8 puntos porcentuales menor, según el centro de investigación The Urban Institute. Peor en España: un 44% frente al 65% de la generación X (CaixaBank Research). Y en Reino Unido, un tercio de ellos nunca podrá permitirse una vivienda, según el think tank Resolution Foundation.

En América Latina la crisis de 2008 pasó de puntillas, pues la región se encontraba en un momento de creciente prosperidad. Y, sin embargo, el porcentaje de latinoamericanos que declararon no tener suficiente dinero para procurarse una vivienda creció en casi 20 puntos entre 2012 y 2019 hasta alcanzar un alarmante 40%”, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Además, esta vez la crisis no va a pasar de largo: tras los confinamientos, cerca del 65% de los hogares más pobres de la región había sufrido al menos una pérdida de empleo entre los miembros de la familia, de acuerdo al mismo organismo.

Y el BID señala: más de un millón de estudiantes dejarán los estudios debido a la pandemia, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo en el futuro.

Protesta en Chile

Getty Images
Es la primera generación desilusionada con la democracia a nivel mundial, según una encuesta de la Universidad de Cambridge.

Algunos estudios pronostican el daño para las nuevas generaciones en US$10 billones a nivel mundial por este motivo, como señala el instituto Brookings, con sede en Washington.

Y hasta el Foro Económico Mundial ve peligrar sus pensiones para el año 2050, cuando llegue la edad de retiro para ellos, debido a su escaso ahorro.

¿Se puede hacer algo?

Llegados a este punto, ¿se puede hacer algo para detener esa aparente cuesta abajo de la generación millennial y sus sucesores?

“Hay mucho margen para mejorar la respuesta”, afirma el economista Ignacio González desde Washington D.C.

“En este contexto de estrés financiero para muchas familias, es fundamental diseñar políticas públicas que garanticen el acceso a una vivienda asequible y establecer mecanismos de transferencias de rentas desvinculados del historial laboral, como las rentas mínimas.En materia laboral, el objetivo sería evitar que la precariedad laboral y la caída de ingresos que sufren muchas personas durante la crisis se cronifiquen y, por supuesto, que eso no condicione a la baja sus futuras pensiones”, explica.

“Los afectados en estas generaciones, con dos crisis consecutivas, lo van a tener difícil sino se habilitan mecanismos de redistribución, tanto intrageneracional (de ricos a pobres dentro de una misma generación) como intergeneracional”, zanja.

La profesora Urbanos-Garrido, de la Universidad Complutense, concuerda en las medidas de transferencias de rentas, y añade: “Los sistemas de salud también deberían adaptarse para atender los crecientes problemas mentales que, probablemente, se van a repetir en la presente crisis”.

No parece muy claro que estas generaciones tengan esperanza en recibir alguna ayuda.

Una reciente encuesta realizada por la Universidad de Cambridge a casi cinco millones de personas reveló que los jóvenes de 18 a 34 años son los más desilusionados con el funcionamiento de la democracia.

“Esta es la primera generación de la que se tiene memoria en la que una mayoría global se muestra insatisfecha con la forma en que funciona la democracia”, alerta Roberto Foa, autor principal del informe.

Una llamada de auxilio o quizá un grito de advertencia.


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