No vamos a perdonar lo que le hicieron: tías de Calcetitas Rojas narran maltratos que sufrió
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No vamos a perdonar lo que le hicieron: tías de Calcetitas Rojas narran maltratos que sufrió

Las tías de Lupita, la niña asesinada a golpes que nadie reclamó durante nueve meses, piden castigo para su hermana por permitir que la mataran. Activistas exigen poner foco a los crímenes contra menores.
Cuartoscuro
Por Claudia Altamirano
11 de enero, 2018
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Antes de ser asesinada a golpes, presuntamente por su padrastro, la vida de la pequeña Lupita, cuyo cadáver fue encontrado el pasado 18 de marzo en las inmediaciones del Bordo de Xochiaca, no fue mucho mejor. A los nueve meses de nacida, su madre fue detenida por robo y estuvo presa dos años. La niña vivió en casa de su abuela, de una amiga de la familia y en la calle. Padeció hambre, pobreza, violencia y abandono. Ni siquiera tuvo una identidad jurídica porque nunca fue registrada. “Anduvo de aquí para allá”, dicen Marina y Luz María Medina, quienes aseguran ser sus tías y buscan justicia para su sobrina.

El cuerpo de Lupita (como fue identificada por sus familiares), de aproximadamente 4 años, fue hallado semidesnudo hace ya 10 meses con golpes y quemaduras en el municipio de Netzahualcóyotl, Estado de México. Sólo llevaba puesta una sudadera, una cobija en la cabeza y una calcetas, motivo por el cual su caso fue conocido como ‘calcetitas rojas’.

Pasó mucho tiempo antes de que sus restos fueran identificados. Fue hasta diciembre pasado que la Fiscalía del Estado de México inició un proceso contra su madre y su padrastro (Yadira y Pablo) identificados como los supuestos asesinos, esto gracias a las investigaciones y denuncias de organizaciones civiles.

Este miércoles, las tías de la pequeña, Marina y Luz Marina Medina, ofrecieron una conferencia de prensa acompañadas por la activista Frida Guerrera y el sacerdote Alejandro Solalinde, quienes siguieron el casos desde un inicio. En ésta dieron detalles sobre la menor; la vida de Lupita no fue nada fácil.

Un año antes de su asesinato, en 2016, la pequeña buscó una familia tocando puertas. “Llegué yo solita”, dice en un video presentado este miércoles por sus tías. En enero de 2017 pasó su último día de Reyes en una casa, donde le tomaron fotografías que presentaron como evidencia de su relación con ella. De la misma forma, en esta conferencia sus familiares confirmaron la identidad de la menor: su nombre era Lupita, el próximo 16 de enero iba a cumplir cinco años y este era su rostro.

De acuerdo con las autoridades mexiquenses, la niña fue reconocida por sus prendas. Por su parte, la activista Frida Guerrera, en noviembre pasado divulgó un retrato de la niña hecho por una artista forense, junto con un nombre tentativo: Lupita. Gracias a esta imagen, Marina Medina se enteró y contactó a Frida, confirmaron que se trataba de su sobrina y este miércoles revelaron su identidad y su historia.

Según con las tías de Lupita; Yadira, madre de la menor, tiene 30 años y cuatro hijos, la mayor de 14 años y la menor de cuatro, Lupita. Relatan que Yadira se fue de su casa desde los 12 años y desde entonces ha vivido en la calle y temporalmente con alguna vecina, de vuelta con su madre y más recientemente, con su pareja, Pablo.

Yadira y Pablo, están detenidos en el penal de Nezahualcóyotl por el delito de feminicidio desde finales de diciembre pasado, ya que según la primera versión surgida de sus declaraciones, reprendieron a la niña por no avisar que necesitaba ir al baño y porque no dejaba de llorar, y fue Pablo quien la golpeó hasta matarla.

Yadira es adicta a los inhalantes desde hace muchos años, pero según sus hermanas, empezó a robar hasta que se relacionó con Pablo, y vendían lo que robaban en la estación Pantitlán del Metro. “Antes le trabajábamos a una señora, vendíamos verdura en la calle”, cuenta Luz María Medina a Animal Político. Las hermanas de Yadira, a quien su familia llama “Montse”, afirman que sus padres no tuvieron una relación estable sino intermitente, mientras que su situación económica siempre fue precaria.

Marina también vive aparte de la familia y no tenía contacto frecuente con Yadira, razón por la cual tardó meses en notar la ausencia de Lupita. “Yo sí la veía en la calle y nos saludábamos como lo que somos, como hermanas, a veces iba a la casa pero no hablábamos mucho. Luego la volvía a ver a lo mejor hasta el otro año”, asegura.

En algún momento la familia intentó recuperar a ‘Montse’, incluso ella pasó una temporada en un centro de rehabilitación, pero recayó al salir. Cuando intentó hacerse cargo de la niña no se lo permitieron, ya que sólo comparte con sus hermanas el primer apellido porque su padre la registró con los suyos. “Por eso luego tengo muchos problemas cuando las quiero ayudar porque Yadira no sabe escribir ni leer, no estudió. Cuando tienen algún papel que tienen que arreglar es cuando van y me buscan, pero a veces se complica por los apellidos”, explica Marina. Esta es una de las razones por las que la fiscalía mexiquense se niega a reconocerla como familiar de Lupita y otorgarle con ello la calidad de víctima, lo que les daría la protección de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

Sus tías se enteraban esporádicamente de su paradero por familiares o conocidos, y cuando le preguntaban a Yadira por ella les decía que estaba bien, por lo que en los meses que el cuerpo de Lupita permaneció en el forense, Marina y Luz María aseguran que no sabían que estaba muerta. “Yo una ocasión le pregunté por la niña, no recuerdo en qué mes, y me dijo que estaba con su cuñada”, refiere Marina. “Yo cuando la vi le dije ‘quiero ver a Lupita’, y me dijo que ya se la había llevado Chiquis”, agrega Luz María refiriéndose al padre biológico de la niña, quien nunca asumió su paternidad. “A través de mi hija le pregunté a su prima y dijo que no era cierto porque Chiquis está anexado. De ahí ya no supimos nada, creíamos que la niña estaba bien porque eso nos dijo mi hermana”.

No han tenido ningún contacto con ella desde que supieron del asesinato y la postura de toda la familia es no ayudarla sino al contrario: exigen castigo para ella y su pareja. “Yo no le voy a perdonar lo que hizo con la niña. Es mi sangre, sí, pero yo no perdono porque tengo una hija adolescente y no me gustaría que el día de mañana mi hija pasara por lo mismo. Yo ni quiero verla ni a ella ni a él. A lo mejor si ella hubiera hablado no hubiera pasado esto, ella tiene que pagar. Yo no quiero verla”, sentencia Luz María Medina.

Familiares habían alertado a las autoridades

Según relataron en la conferencia la familia y sus acompañantes legales -Frida Guerrera, la criminalista Cecilia Cruz y el Padre Alejandro Solalinde-, la madre de Pablo avisó al DIF local que la niña había recibido golpes muy fuertes desde el día de los hechos, pero nadie acudió. Un día después, el 18 de marzo de 2017, fue encontrado el cuerpo en el Bordo de Xochiaca con una cobija y las calcetas rojas con las que se le identificó en los medios. Esta desatención, advierten los activistas, no es un caso aislado. Los crímenes contra niños son cada vez más frecuentes, por lo que exigen atender el problema en su justa dimensión.

“El caso de Lupita debería ser un parteaguas en el tema de la niñez en el país, se dice muchísimo que hay un Sistema de protección a la niñez que lidera Ricardo Bucio a nivel nacional, que todos los DIF están vigilantes de los niños y eso es mentira. Nosotros por el caso de la niña estuvimos en Nezahualcóyotl y en Chimalhuacán y hay muchas niñas en esta situación. Todo el país es así, y el DIF no hace mucho, esto debe ser un parteaguas para ellos como instituciones y para nosotros como sociedad”, demandó Frida Guerrera durante la conferencia, en referencia al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y el SIPINNA (Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes).

Apenas en agosto de 2017, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong –quien renunció al cargo este miércoles– lanzó junto con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) la ‘Alianza por una Niñez sin Violencia’ para combatir el maltrato infantil en todas sus modalidades: abusos físicos, emocionales, la trata, la tortura, el castigo, el abuso escolar y virtual. En el evento, el funcionario dijo que el gobierno mexicano está comprometido a poner fin a este flagelo, del cual ofreció cifras concretas: en México el 60% de los menores de 14 años han recibido algún tipo de castigo físico o psicológico en su casa, y en ocho de cada 10 casos de maltrato infantil los padres son señalados como culpables. Sin embargo, después de este evento ha ocurrido por lo menos una decena de homicidios de menores de edad en varios estados del país.

“No es posible que estemos viendo cómo asesinan niños y no estemos haciendo nada”, advierte Frida Guerrera.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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