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Andrea Vega

Autorizan con irregularidades granja de 49 mil cerdos en reserva de cenotes en Yucatán

De acuerdo con un estudio técnico pedido por los pobladores, la Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto “no tiene sustento bibliográfico ni científico” y la granja porcícola tiene el potencial de contaminar las fuentes de agua de la Reserva Estatal Geohidrológica del Anillo de Cenotes.
Andrea Vega
Por Andrea Vega
6 de febrero, 2018
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El gobierno de Yucatán aprobó la construcción y operación de una mega granja de 49 mil cerdos en el municipio de Homún, ubicado en la Reserva Geohidrológica Anillo de Cenotes, a pesar de presentar una serie de irregularidades que van desde el otorgamiento de la licencia de uso de suelo y construcción sin consultar al Cabildo, y la autorización para iniciar el proyecto sin que estuviera constituida la empresa que lo encabeza, hasta la falta de sustento bibliográfico y científico en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).

El Cabildo revocó la licencia otorgada a la empresa para la edificación de la granja, la cual le fue devuelta por el Tribunal de Justicia Fiscal y Administrativa del Poder Judicial del Estado de Yucatán por considerar que no representaba perjuicio a un interés social ni contravenía disposiciones de orden público.

Lo anterior, no obstante que el proyecto fue iniciado tres meses antes de que estuviera constituida la empresa Producción Alimentaria y Porcícola (PAPO), “irregularidad administrativa y legal” que pasó por alto la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente del estado.

A estas irregularidades se suma la opinión técnica solicitada al doctor en Ingeniería Opción Ambiental, Virgilio Góngora, quien sostiene que la MIA “no tiene sustento bibliográfico ni científico, y sólo deja en evidencia el potencial contaminante del proyecto en la Reserva Geohidrológica”. El estudio fue elaborado por una cirujana dentista sin conocimientos técnicos en materia ambiental y aprobado por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de Yucatán, pues rechazarlo hubiera sido “discriminatorio” a decir de su titular, Eduardo Batllori.

Una irregularidad más se encuentra en la negativa a reconocer a Homún como pueblo originario y, en consecuencia, consultar a los pobladores su parecer sobre el proyecto. Los afectados denuncian que la mega granja tiene el potencial de contaminar las fuentes de agua de los cenotes de Homún y cancelar cientos de empleos provenientes del turismo.

De pedir fiado a prosperar con el turismo

La maraña de comensales en el puesto de tortas, tacos y sopes de Lorena Chan empieza a bajar hacia el mediodía. Es cuando tiene un respiro después del ajetreo de la vendimia matutina de antojitos de lechón y puede sentarse a platicar. Ojos grandes, cara redonda, hablar amable, con el clásico acento yucateco. Cuenta que desde hace cuatro años ella y su esposo tienen este negocio de comida, al que no le faltan clientes, en el municipio de Homún, en Yucatán.

“En fines de semana y temporada alta de vacaciones me ayudan cinco señoras, porque no nos damos abasto: dos despachan asados, dos están con las tortas y una para la mesa. De ellas, cuatro están separadas de sus esposos y con el trabajo se ayudan”. Hace diez años, Lorena no habría podido sostener este puesto. La gente en Homún, Yucatán (con alrededor de 7 mil habitantes), no tenía para comprar. No había negocios de comida corrida, ni de antojitos. “Yo tenía dos tendejones –dice Pedro Cabrera Carbajal, empresario de Homún– y a las 8 de la noche le decía a mi primo ‘vamos a cerrar’, porque ya sabía que iba a llegar la gente a pedir fiado”.

Todo eso cambió, asegura Cabrera, “ahora las tiendas tienen letreros de fío, pero ya nadie pide prestado en la comunidad”. Lorena confirma que sí, que hace una década los negocios no prosperaban acá. Por eso su esposo se iba a trabajar a Mérida, en un equipo de luz y sonido, que tampoco prosperó. Él se quedó sin trabajo y ella lo animó a poner el puesto de antojitos de lechón. “No tenemos en abundancia dinero, pero nos va bien. La gente de acá viene y come. Además, llegan muchos visitantes de fuera por el recorrido de los cenotes”.

Homún ha prosperado con el turismo, después de tener dos grandes fracasos. En Yucatán hubo bonanza, durante casi un siglo, para la clase alta y trabajo para los pobres gracias al henequén, que se volvió famoso en la década de 1870, cuando empezó a usarse en la agricultura, en las engavilladoras de cereales.

Pero la International Harvester Co monopolizó las compras de este material e hizo descender los precios; además, se empezaron a producir híbridos que daban una fibra más resistente y flexible. La producción de henequén se fue a pique y la carencia empezó a instalarse en el estado. En el municipio de Homún todavía se ven plantas de henequén a la orilla de los caminos, pero ya nadie las corta.

En un intento por remediar la escasez, en 1969, el gobierno del Estado de Yucatán seleccionó a un grupo de campesinos que deseaban dedicarse a la crianza de cerdos y entregó, a grupos familiares, veintitrés sementales. Fue la primera fase de la porcicultura familiar, que se vio favorecida con créditos y entrega de uno a cuatro vientres por familia. Las granjas tuvieron sus caídas, pero se volvieron un buen negocio en la región.

Solo que en esto tampoco habría final feliz. Las presiones de la apertura comercial y el encarecimiento de los insumos pusieron en aprietos a la mayoría de sus dueños. Eso y otra cuestión: el fortalecimiento de la empresa Kekén, a quien los productores locales acusan de convertirse en un monopolio, que acabó por aspirar a pequeños, medianos y grandes porcicultores (a algunos bajo la figura de aparceros: dueños de la infraestructura a los que la empresa les da los lechones y el alimento para su engorda).

El empresario porcicultor Carlos Castillo Solís ha dicho en diversos medios locales que el monopolio de Kekén presiona a los productores a entrar en su esquema, y que compite deslealmente al dominar el 90 % del mercado.

Sin henequén y sin cerdos

Ahora, además del henequén, hay otra cosa abandonada en Homún: muchas granjas pequeñas y medianas. Los cascarones se pueden ver en los traspatios de las casas. Pedro Cabrera, el de los dos tendejones, tenía la suya pero la dejó justo por la presión de Kekén.

Sin henequén y sin cerdos, se instaló la era de pedir fiado, de las calles desiertas de puestos de comida, de los hombres yendo a Mérida a trabajar de albañiles o de obreros.

Así estaba Rudi Balam. Trabajaba de ayudante de albañil en Mérida. Ganaba mil doscientos pesos a la semana, pero la mitad se le iba en pasajes y comida. Ahora tiene un trabajo mejor. Desde hace cuatro años es guía de turistas en la ruta de cenotes en Homún. “Acá gano 250 pesos por cuatro personas en un recorrido de cuatro a cinco cenotes, pero además me dan propina y también me dan algo los de los restaurantes por llevar turistas. Gano 600 o 700 en un día. En temporada baja hago dos tours a la semana. Pero ya no gasto en pasaje. Y en temporada alta (cuando llegan hasta 4 mil 800 turistas por día) hacemos un tour diario, a veces hasta dos”.

Además, ahora hace un trabajo muy distinto. Hace unos minutos Rudi se dio un buen chapuzón en uno de los cenotes, mientras los turistas extranjeros que hoy acompaña hacían lo mismo. Aquí lo normal es ver a los mototaxistas y a los guías riendo entre ellos, platicando con los turistas, compartiendo orgullosos lo que saben de estos lugares donde nacieron y hasta se les ve desestresados: con el cuerpo flotando cual largos son en el agua azul trasparente.

“Gracias al turismo tenemos trabajo y el pueblo fue engrandeciendo. Ya ahorita en cualquier lado pasas y venden comida y la gente sí compra. Otros venden artesanías, otros andan en los mototaxis o de guías o rentando chalecos salvavidas. El turismo ha generado aquí unos 700 empleos. Ya son muy pocas las personas que se van a Mérida a trabajar. Antes era la mayoría, ahora solo 30 %”, afirma Rudi.

Rudi Balam, guía de turistas en Homún. Foto: Andrea Vega.

Fue en 2010 cuando empezaron a habilitarse la mayoría de los 16 cenotes que hoy conforman la ruta turística en Homún. Este municipio no aparecía antes en el mapa de los visitantes nacionales o foráneos. Todos se iban a visitar los cenotes de Cuzamá. Pero problemas entre los ejidatarios y la comisaría dividieron los tours. Un bando se quedó con un cenote y otro con dos, sin tener la opción de visitar los tres, los turistas empezaron a buscar mejores opciones. Y ahí estaba Homún.

Todo parecía hacerse alineado. El gobierno del estado publicó el decreto en el que se reconocía al Anillo de Cenotes, donde está este municipio, como una reserva geohidrológica. En este lugar el agua de la lluvia se infiltra y tiende a irse por los conductos preferenciales hacia la costa y, al llegar al anillo, éste funciona como un vertedero, explica el secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de Yucatán, Eduardo Batllori. “Por eso se dice que es la mayor zona de recarga hídrica que hay en la península”. El área se establece como una reserva con la finalidad de promover su mayor saneamiento, agrega el funcionario.

Con la zona decretada como reserva y Cuzamá fuera del mapa de los visitantes, pequeños empresarios y dueños de cenotes se lanzaron a aprovechar la oportunidad. José Clemente May, expresidente municipal por el PAN de Homún, y el restaurantero Gabriel Pech consiguieron créditos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) para habilitar sus dos cenotes al turismo en estas tierras mayas.

Al principio solo había ocho guías. Hoy hay más de 200. Uno de los más entusiastas es Leandro Chan. Hace cuatro años trabajaba en una maquiladora, en Mérida. Entraba a las 7 de la mañana y salía a las 7 de la noche. 12 horas de pie, ejecutando la misma tarea en una fábrica textil, por 700 pesos a la semana.

“¿Ha visto los pajaritos que están en jaulas? Pues así estaba yo en la maquiladora. Estuve diez años así, de los 20 a los 30 años. Acá no le voy a decir que gano mucho, pero sale para tortilla y pan y vivo feliz, como rey, conozco gente de muchos lugares y les cuento las cosas que mi padre me contaba a mí. Trabajo de 11 am a 5 pm y ganó 500 o 600 pesos por un recorrido”.

El entusiasmo de Leandro se esfuma cuando se le menciona la mega granja porcícola de más 49 mil cerdos que una nueva empresa abrirá en este anillo de cenotes, en la reserva geohidrológica de Yucatán, y que generará apenas 45 empleos permanentes. “Van a acabar con nuestra fuente de trabajo y con nuestro ambiente. Con la llegada de los cerdos, los turistas se van a ir, por el mal olor y la contaminación del agua”.

El daño ambiental de los cerdos en los cenotes

Batllori, quien junto con el gobernador Rolando Zapata firmó en 2013 el decreto 117 que establece el área natural protegida denominada Reserva Estatal Geohidrológica del Anillo de Cenotes, donde está Homún, es el mismo funcionario que después autorizó el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto para abrir en la zona una granja de 49 mil cerdos, propiedad de Producción Alimentaria y Porcícola (PAPO).

Ésta es la nueva empresa de los dueños de Grupo Sipse, un conglomerado de medios que agrupa a periódicos y estaciones de radio y televisión en el estado. De acuerdo con el acta constitutiva de PAPO, de la que Animal Político tiene copia, la sociedad se conformó el 23 de mayo de 2016 con 14 socios, la mayoría de ellos relacionados por parentesco. No obstante, el proyecto de construcción y operación de la granja porcícola fue iniciado el 19 de febrero de 2016, tres meses antes de constituida la empresa, irregularidad administrativa y legal pasada por alto por la Seduma.

La Manifestación de Impacto Ambiental que PAPO presentó para la construcción y operación de una granja porcícola en Homún, y que tiene la firma de autorización de Batllori, está elaborado por la cirujana dentista Gladis del Rosario Alamilla Sanguino, de acuerdo a su cédula profesional. No hay registros académicos que acrediten conocimientos en materia ambiental. Cuando se le pregunta a Batllori si una dentista puede realizar una MIA, responde que rechazarla sería un acto discriminatorio.

“No hay por ley un padrón (de profesiones); de hecho cualquier persona puede presentar su Manifestación de Impacto Ambiental. Es discriminatorio decir que una dentista no puede o ¿qué, los ingenieros, los arquitectos tampoco?”.

– Pero, ¿tiene los conocimientos para hacerlo?

– Puede ser una dentista que se dedica o no a ser dentista pero obviamente tiene un grupo de trabajo. Tú no puedes hacer solito una MIA, necesitas a alguien que vaya y haga una evaluación de la vegetación. Lo contratas y le pagas. Hay de varios, claro, hay consultoras muy especializadas, pero hay personas físicas que presentan y hacen sus estudios. Hay arquitectos, urbanistas, ingenieros y hay esta dentista. Yo no puedo decirle: ah, eres dentista, no, no te la acepto, porque sería un acto discriminatorio.

Batllori asegura que la mega granja en Homún no causará un impacto negativo al ambiente. “Como está en una zona de reserva, le hemos pedido que ponga no sólo biodigestores (como se hace en la mayoría de las granjas) sino una planta de tratamiento de agua”. Pero los dueños de cenotes y pobladores de Homún organizados en la agrupación civil Ka´anan Ts´onot (Los Guardianes de los Cenotes) no están convencidos de que la mega granja no contaminará, algo que confirma el contra informe técnico de la MIA de PAPO, elaborado por el doctor en Ingeniería Opción Ambiental, Virgilio René Góngora Echeverría.

De acuerdo con este documento, la misma manifestación ambiental de la mega granja destaca que el acuífero de la Península de Yucatán es altamente vulnerable a la contaminación, debido a la gran densidad de fisuras y conductos de disolución que se encuentran en el subsuelo y que permiten la infiltración de todo tipo de aguas con mucha facilidad.

Las medidas de mitigación presentadas en la MIA respecto a la contaminación de las aguas y suelos son dudosas, afirma Góngora Echeverría en su contra informe técnico. “No tienen sustento bibliográfico ni científico, y sólo deja en evidencia el potencial contaminante del proyecto en la Reserva Geohidrológica”.

El especialista asienta también que, en la actualidad, no hay ningún sistema de tratamiento que pueda abatir los coliformes fecales de los cerdos a los límites que exigen las normas. Y agrega que en la MIA no se considera la emisión de olores por la operación de la granja.

Otra irregularidad de la Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO (de la que Animal Político tiene copia) es que niega que en la zona de Homún haya pueblos originarios, cuando en los Indicadores Socioeconómicos de 2015 de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), Homún está reconocido como tal. El mismo Batllori reconoce que éste es un pueblo maya; pero aun así, incluso con ese dato falso asentado en el documento, el funcionario firmó su autorización. La negativa sobre la existencia de pueblos originarios exime a la empresa de consultar a la comunidad indígena su parecer sobre el proyecto.

Los integrantes de la agrupación civil Ka´anan Ts´onot interpusieron un amparo con el acompañamiento del Equipo Indignación, por las irregularidades en la Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO. El pasado viernes 2 de febrero el juez Rogelio Eduardo Leal Mota, del juzgado segundo de distrito de Yucatán, emitió resolución sobre el caso y determinó no concederlo. El juez argumentó que no se acreditó que la MIA fuera irregular, porque si bien la elaboró una dentista, al final fue aprobada por la Seduma y lo que prevalece es la presunción de legalidad dado que esta secretaría avaló el documento. Ahora, la organización interpondrá un recurso de revisión sobre este fallo ante el Tribunal Colegiado de Circuito.

Animal Político buscó al presidente del consejo de administración de PAPO, Gerardo García Gamboa, y al representante legal de la empresa, Enrique Ortiz, para conocer su versión del proyecto, pero no atendieron las llamadas.

Integrantes de la organización Guardianes de los cenotes. Foto: Andrea Vega.

Nada qué preguntar

Los abogados de Equipo Indignación reclaman que tampoco se hizo la debida consulta a la comunidad indígena para saber si estaban de acuerdo con el proyecto. “Como pueblo maya, los habitantes de Homún debieron ser informados y consultados sobre la mega granja, pero las autoridades no les preguntaron”, reclama Lourdes Medina, abogada de Indignación. Al no preguntarle a la comunidad, los gobiernos estatal y municipal pasaron por alto la debida consulta que establece el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, en cuanto a megaproyectos en su territorio.

También ignoraron la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos sobre el derecho a la consulta previa de los pueblos y comunidades indígenas de la República Mexicana, publicada en el Diario Oficial de la Federación, entre cuyos derechos se reconoce el de decidir las prioridades para su desarrollo.

Ante la omisión del Estado, los integrantes de Ka´anan Ts´onot promovieron una auto consulta en la comunidad de Homún: 772 habitantes dijeron no a la mega granja, frente a 52 que dijeron que sí. Ahora la organización está en espera de respuesta respecto a si el gobierno estatal avalará la auto consulta.

El escenario ante la autoridad es complicado. La comunidad acusa al presidente municipal Enrique Echevarría Chan de viciar el proceso desde el origen al otorgar la licencia de uso de suelo y construcción a PAPO de manera unilateral, sin consultar a su cabildo. Cuando los pobladores empezaron a inquietarse por las primeras obras en la zona, se les dijo que se estaba construyendo una carretera.

Después descubrieron que era una mega granja porcícola y el presidente municipal tuvo que reconocer el arranque del proyecto bajo su aval. El cabildo le exigió entonces convocar a una reunión extraordinaria en la que se revocó la licencia otorgada a la empresa para la edificación de la granja.

La empresa Producción Alimentaria Porcícola promovió ante el Tribunal de Justicia Fiscal y Administrativa del Poder Judicial del Estado de Yucatán un juicio contencioso administrativo en contra del ayuntamiento y del presidente municipal de Homún, demanda que quedó radicada con el número de expediente 91/2017.

El 18 de julio de 2017, el magistrado Miguel Diego Barbosa Lara otorgó a la empresa la suspensión de los actos que reclamaron al considerar que continuar con la construcción de la granja no representaba perjuicio a un interés social ni contravenía disposiciones de orden público.

Los pobladores de Homún alegaron ser terceros perjudicados, pero el Tribunal les negó esa petición por lo que interpusieron un recurso de reclamación, que sigue en curso. También interpusieron un amparo en contra de la autorización, por parte de Seduma, de la Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO. En ese amparo se solicitó la suspensión de la obra, pero el juez la negó, aduciendo que la granja proveería de empleos al pueblo, informa Indignación. Por esa negativa se interpuso una queja, juicio que sigue en litigio.

De acuerdo con la misma Manifestación de Impacto Ambiental de PAPO, su mega granja creará 45 empleos permanentes. “De esos, la mitad serán para personal técnico que vendrá de fuera, a la gente de Homún se le ofrecerán apenas unos 20, de obreros, apretando botones, contra los 700 empleos que ya ha generado el ecoturismo en la zona”, señala José Clemente May, dueño de un restaurante y un pequeño cenote en Homún e integrante de Ka´anan Ts´onot.

¿Por qué una granja en esta zona? José Clemente May dice que escogieron esta zona porque quieren ser aparceros de Kekén, que necesitará mucha carne por sus planes de exportación a China y para lograrlo debe cumplir ciertas reglas. “No debe haber otra granja de cerdos en 10 kilómetros a la redonda, por cuestión de sanidad. Además, aquí están cerca de Mérida y, como en todo Yucatán, hay suficiente disponibilidad de agua”.

Por ahora, los integrantes de Ka´anan Ts´onot le darán seguimiento a los recursos legales que tienen disponibles, bajo la asesoría de Indignación. “La balanza está inclinada hacia la empresa, como no somos unos ricos empresarios, todas las autoridades nos han bateado, los jueces, Seduma, Semarnat, Conagua, el INAH, todos alegan no tener competencia o que el proceso es legal. Pero si esa granja se abre, Homún volverá a los tiempos de pedir fiado y de ir a Mérida a trabajar”, afirma José Clemente May.

Karla Garrido, quien se dedica a rentar chalecos salvavidas a los turistas y vender recuerdos y golosinas, es contundente. “Si la empresa y las autoridades estuvieran pensando en el bienestar del pueblo, no abrirían esa granja que va a acabar con el turismo. Están viendo que ya tenemos una fuente de trabajo y una vida mejor y nos quieren venir a fregar. Yo tendré que regresar a juntar botellas y latas en el monte para vender, a lavar ropa y hacer mandados para tener que comer”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Por qué el idioma que hablamos hace que veamos el futuro de forma diferente

Algunos estudios vinculan la manera en que las lenguas se refieren al futuro, al pasado o al presente y la forma en que sus hablantes interpretan el paso del tiempo e incluso la visión que tienen sobre cuestiones como el respeto por su entorno.
19 de abril, 2019
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¿Qué pasa si el idioma que hablas te hace percibir el tiempo de manera diferente?

¿Suena como realismo mágico? Casi: es Economía.

Algunos trabajos de investigación recientes sostienen que los idiomas que distinguen gramaticalmente el futuro del presente hacen que sus hablantes planifiquen menos, ahorren menos, e, incluso se preocupen menos por el medio ambiente.

Pero ¿de dónde viene este supuesto y cuáles son sus antecedentes?

El vacío

Bejamin Lee Whorf era inspector de una compañía de seguros contra incendios y notó que el lenguaje podía causar problemas de seguridad.

Se dio cuenta que la gente actuaba de forma descuidada cerca de los bidones de gasolina vacíos porque estaban “vacíos”, aunque en la práctica están llenos de vapor de gasolina, por lo que pueden explotar.

Esto lo estimuló a estudiar y escribir sobre el lenguaje.

cuadro

Edouard Taufenbach/Gallery Binome
El paso del tiempo ha sido motivo de inspiración para el arte.

Whorf pasó tiempo con la comunidad indígena Hopi del noreste de Arizona.

Observó que no tenían distinciones gramaticales para el futuro y el pasado y que no tenían forma de contar períodos de tiempo.

Observó sus prácticas culturales y llegó a la conclusión de que los Hopi ven el tiempo de manera bastante diferente a nosotros y que conceptos que nos parecen obvios, como “mañana será otro día”, no tenían ningún significado para ellos.

Su publicación de estas ideas en 1939 cambió la filosofía del lenguaje.

De las propuestas de Whorf y las de su maestro, un profesor de Yale llamado Edward Sapir, surgió lo que se denominó la Hipótesis de Relatividad Lingüística, comúnmente conocida como la hipótesis de Sapir-Whorf.

Su explicación abreviada es que el lenguaje puede afectar nuestra forma de pensar; su implicación más fuerte es que no podemos pensar en cosas de las que nuestro lenguaje no nos permite hablar.

Con el tiempo, las explosivas ideas y gran parte de los postulados de Whorf fueron descalificados.

En 1983, un investigador llamado Ekkehart Malotki publicó Hopi Time, un voluminoso libro que detallaba su investigación sobre los Hopi y su lenguaje, que atacó la teoría de Whorf y generó desconfianza hacia cualquier idea sobre la relatividad lingüística.

Recuperación

En realidad, Whorf no estaba equivocado del todo sobre el efecto de ciertas palabras que trasmiten el paso del tiempo.

Cualquier persona que tenga conocimiento sobre ventas o marketing conoce la diferencia que causa llamar a algo “usado”, “clásico” o “antiguo”.

En los últimos años, algunos lingüistas han demostrado cuánto puede afectar el vocabulario que usamos nuestra forma de pensar sobre las cosas.

Los experimentos de la psicóloga María Sera revelaron que las personas que hablan un idioma en el que algo (como una cuchara) es de género femenino, tienden a describir ese objeto con términos asociados a la mujer, mientras ocurre lo contrario con el género masculino.

Somos lo que decimos

Lera Boroditsky, de la Universidad de Stanford, ha acumulado datos interesantes sobre cómo las personas que hablan idiomas que usan la misma palabra para un par de colores necesitan más tiempo para distinguirlos que aquellos que tienen una palabra separada para cada uno.

Los expertos Caitlin Fausey y Teenie Matlock descubrieron que si decimos que un político “estaba recaudando donaciones”, creemos que ha recaudado más que si decimos que el político “recaudó donaciones”.

Otros lingüistas, como Manuel Carreiras, descubrieron que, al leer descripciones de personas, recordamos atributos que se dice que tienen en el presente más rápidamente de los que se dice que tuvieron en el pasado.

Como dijo el destacado lingüista Roman Jakobson, “los idiomas difieren esencialmente en lo que tienen que comunicar y no en lo que podrían comunicar“.

En su libro Through the Language Glass (“Tras el cristal de los idiomas”), Guy Deutscher estudia los Matses de Brasil, que codifican en sus verbos la forma en las que hablante tuvo conocimiento del evento: por experiencia, inferencia, conjetura o rumor.

Ni el ingles ni el español tienen esa característica pero, ¿significa eso que la evidencia es menos importante para los angloparlantes y los hispanoparlantes que para los Matses? Y si es así, ¿es consecuencia del lenguaje o éste simplemente refleja una prioridad?

El francés hablado no distingue entre “hice eso” y “lo he hecho”, pero ¿eso significa realmente que los francoparlantes tiene una idea distinta del pasado?

El realismo económico

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Edouard Taufenbach/Gallery Binome
“Los idiomas difieren esencialmente en lo que deben transmitir y no en lo que pueden transmitir”.

Empezamos diciendo que la cuestión era económica.

Estudios realizados desde ese punto de vista arrojaron resultados claros: los hablantes de idiomas en los que existe el tiempo futuro son un poco menos responsables con respecto al futuro.

No obstante, un análisis de 2015 encontró que una vez que se toma en cuenta la relación de las familias de idiomas, la correlación ya no es estadísticamente significativa.

Algunos idiomas -de “referencia de futuro fuerte”-exigen una construcción gramatical que haga referencia al futuro, en contraste con otros, de “referencia futura débil“-como el alemán, el finlandés o el mandarín-, en el que los hablantes suelen hablar del futuro utilizando formas de tiempo presente.

Y hay culturas como la Pirahã, de la Amazonía, y la Hadza, de África oriental, que no distinguen entre presente y futuro en las conjugaciones verbales, pero tampoco valoran el ahorro para el futuro.

Cuantos más contraejemplos encontremos, menos probable es la explicación lingüística.

Además, ¿por qué usar las mismas palabras para hablar del futuro como del presente estimula, en lugar de desalentar, la planificación?

Si un idioma no tiene un tiempo pasado, ¿significa eso que estará más preocupado por su historia que los hablantes de uno que sí lo tiene?

Las marcas del tiempo

Muchos idiomas, como el español, inglés, francés o el italiano requieren marcar el tiempo pasado, mientras que el mandarín y otras formas de chino no marcan el tiempo en absoluto.

¿Significa esto que China está más preocupada por su pasado que Francia o Italia o Inglaterra?

Cuando se requiere una distinción en un idioma, elegir una opción sobre otra afectará la forma en que pensamos en algo.

Hemos aprendido que cuando no se requiere una distinción, todavía se puede hacer, pero puede tomar más energía mental para hacerlo.

Es plausible que la forma en que nuestros idiomas nos hacen hablar sobre el tiempo pueda afectar nuestra forma de pensar y actuar en relación con el futuro y el pasado.

Pero yo aún no estoy del todo convencido.

Puedes leer la historia original en inglés aquí


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