¿Cómo repercute el cáncer en el cuerpo, la familia y el trabajo? Lo cuenta una sobreviviente

Un diagnóstico de cáncer puede traer consigo una serie de infortunios para quien lo padece, desde pérdidas económicas hasta quedarse sin empleo o sin pareja. Este es el testimonio de una sobreviviente de todos ellos.

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Especial

El 14 de septiembre de 2011, Debora se practicó estudios para analizar la ‘bolita’ que se había encontrado días antes en un seno. Los médicos le dijeron que no era grave pero preferían operarla para no correr riesgos. Al día siguiente entró a cirugía para extirpar el granuloma, algo sencillo, casi ambulatorio. Sin embargo, dentro del quirófano los cirujanos detectaron que en realidad se trataba de un tumor canceroso, por lo que la mujer de 50 años salió de ahí con una mastectomía radical. Cuando abrió los ojos, ya no tenía el seno izquierdo.

“Sí sentí feo, me dio tristeza pero de inmediato me dije ‘voy a sanar’ y pedí a mi mamá que me ayudara a levantarme porque quería empezar a trabajar en mí”, recuerda Debora. El impacto de perder una parte de su cuerpo en un instante fue apenas el principio de su calvario: perdió su empleo y a su esposo; le fueron extirpados ambos senos y el cáncer, de cualquier modo, regresó. A propósito del Día Mundial contra el Cáncer, la sobreviviente contó su testimonio a Animal Político.

En las empresas “no cae bien un enfermo de cáncer”

El trabajo que ella realizaba en ese entonces era primordialmente en línea, por lo que pidió a sus empleadores autorización para trabajar a distancia, una vez que les avisó de su diagnóstico. Se lo dieron, pero su jefa directa se volvió mucho más demandante al no tenerla cerca, hasta que la vicepresidenta de la empresa –quien también vivía de cerca un caso de cáncer- le autorizó trabajar en casa “sin tanta supervisión”.

“Aunque tenía permiso y estaban avisados, mi jefa no dejó de presionarme mientras estaba en mi cita médica, me mandó mensajes de voz terribles y en los escritos preguntaba dónde andaba, que tenía tres horas desaparecida. Aunque trabajaba todo el día y estaba al pie del cañón, la jefa optó por moverme de mi posición, que porque ella ‘necesitaba ver’ a sus colaboradores”, relata.

La presión no disminuyó con ese movimiento. Durante su tratamiento, las urgencias o “situaciones especiales” le fueron asignadas a ella, con cambios drásticos de horario que llegaban al extremo de empezar su jornada a las 01:00 horas. Sin embargo, ella lejos de quejarse por ello, aprovechó las mañanas libres para acudir a sus sesiones de radioterapia sin pedir permiso para ‘ausentarse’. Cuando concluyó la terapia se dispuso a volver a la oficina pero sus jefes le pidieron que se quedara en casa para que “se fortaleciera”.

Al volver de las vacaciones de diciembre, Debora le dijo al jefe de su área –amigo suyo desde décadas atrás- que ya se sentía bien para reincorporarse al trabajo presencial. Al llegar, él la recibió con la noticia de que “el equipo” había decidido que ella ya no formara parte de él. Argumentó problemas financieros de la empresa que impedían seguir pagando un salario alto como el suyo, le pidió que “no guardara rencor” por esa decisión y llamó al personal de Recursos Humanos.

“Me dijo que podía pasar a la oficina a recoger mis cosas (si quería) o si no, que él daba instrucciones para que las tiraran. Se fue. Las personas de RH me pidieron que llorara, que dijera lo que sentía, y me comentaron de manera extraoficial que más que problemas financieros, lo que había pesado era la enfermedad. Yo les dije que ya estaba sana y que nunca dejé de trabajar. Ellos me dijeron ‘eso es cierto pero en las empresas no gusta, no cae bien que haya enfermos con cáncer’”, recuerda Debora sobre la casa editorial en la que trabajaba.

Fin a 21 años de matrimonio

A la mañana siguiente de que recibió la segunda quimioterapia, el esposo de Debora se fue. Después de 21 años de relación y dos hijos adolescentes, él tomó la decisión de irse cuando ella estaba empezando un largo y oscuro momento de su vida. “Sí fue doloroso para mí, pero también aprendí a manejar lo ocurrido”, recuerda ella, quien siete años después ya procesó su separación y no guarda rencor hacia su exmarido, por el contrario, hoy mantiene una relación cordial con él.

“No creo en buenos y malos sino en circunstancias que te llevan a tomar diferentes decisiones. En mi experiencia, lo que ocurrió fue motivado por el miedo. Siento que es la emoción más difícil de manejar y, por eso, muchos maridos se van. No saben qué ocurrirá y mejor se alejan.  Puede no ser lo mejor, del otro lado sí hay dolor, por supuesto, pero recordando que somos seres individuales, independientes, es más sencillo manejarlo”.

La fe de Debora y su inagotable optimismo la han llevado a superar estas desgracias y recuperarse anímicamente. Sin embargo, seis años después de este proceso -justo cuando los médicos pensaban darla de alta definitivamente- le detectaron otros dos nódulos, esta vez en el seno derecho. El cáncer volvió, por lo que le practicaron otra mastectomía radical. Actualmente se recupera de una nueva ronda de quimio y radioterapias que se practicó en el sector público, ya que su seguro de gastos médicos ya no le cubre el cáncer por ser una enfermedad preexistente.

A diferencia de sus expatrones, su actual jefa le dejó la opción de seguir trabajando si así lo deseaba, “pero si necesitas descanso, si necesitas ir a tratamiento, sólo avisa para cubrirte. Y no te preocupes, que tu salario no se toca”, le dijo.

Después de todas estas experiencias y sin saber qué pasará en el futuro próximo, Debora atesora los aprendizajes que le han quedado. “Uno de ellos es que en México nos falta prepararnos para el futuro, aunque no sepamos si llegará. Seas o no cabeza de familia, debes estar cubierta por si llega una experiencia fuerte. Es obvio que las empresas (la mayoría) no te apoyarán, y cuidar de mí es mi responsabilidad. Quizá a mí ya no me dé tiempo de hacer ese esquema de protección, pero mis dos hijos saben ahora que sí es importante que ahorren e inviertan por lo que pueda llegar”.

También considera que hace falta acompañamiento para los familiares de personas con cáncer, pues la enfermedad suele requerir mucho tiempo, recursos y toma de decisiones para lo cual la mayoría no está preparado. “A veces como pacientes sabemos de qué se trata, pero nuestra familia no y no sabe cómo apoyar o qué hacer”, lamenta la superviviente, quien impulsa la lucha contra el cáncer desde su blog ‘El cáncer de mama y yo’.

El cáncer es la tercera causa de muerte en México: 14 de cada 100 personas fallecen por esta enfermedad en el país, según cifras del Instituto Nacional de Cancerología (INCan). En el caso de las mujeres, el cáncer de mama es la primera causa de muerte en México y en el mundo, de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los tumores malignos más frecuentes en el país, de acuerdo con el INCan, son el cáncer de mama, con 20 mil casos, 14 mil de próstata y cervicouterino, y más de 8 mil casos de colon y pulmón. El director general del Instituto, Abelardo Meneses, admitió en un foro realizado en octubre pasado que México aún tiene retos por cumplir en el combate a esta enfermedad, como implementar el Plan Nacional de Prevención y Control del Cáncer y mejorar los programas de prevención, diagnóstico oportuno, tratamiento, cuidados paliativos y rehabilitación. Por estos retrasos en el diagnóstico es que la mayoría de las muertes por cáncer de mama en el mundo se producen en los países de ingresos bajos y medios –como México-, donde la mayoría de las mujeres con cáncer de mama se diagnostican en estadios avanzados, de acuerdo con la OMS.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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