Quiero ir a la tumba de mis padres y estar con mis hijos: indígena encarcelado injustamente 8 años
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Quiero ir a la tumba de mis padres y estar con mis hijos: indígena encarcelado injustamente 8 años

Cuando lo detuvieron, Sergio tenía 33 años y cinco hijos, hoy de entre 11 y 17 años. Fue acusado de homicidio calificado y tentativa de robo calificado. Lo habían condenado a 27 años y 6 meses de prisión.
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Por Andrea Vega
3 de febrero, 2018
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Después de pasar casi ocho años en prisión, un tribunal colegiado reconoció la inocencia de Sergio Sánchez, quien recuperó su libertad, pues no se hallaron pruebas en su contra. Los familiares del indígena mazahua, abogados del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, (Centro Prodh) y Amnistía Internacional lo recibieron después de horas de espera.

Ya en su casa en Nezahualcóyotl, Estado de México, un día después de su liberación, Sergio no quiere pensar en demandar al Estado por lo que le hicieron. Solo quiere estar con sus hijos, a quienes dejó cuando eran niños y hoy son adolescentes. “Quiero ir mañana a dejarles una veladora a mis padres a su tumba. Mi madre murió mientras yo estaba en prisión y no me pude despedir de ella. Su sueño era verme caminar libre por la calle. Ella sabía que yo era inocente. Creo que apenas ayer que me soltaron debe haber descansado”, relata.

Sergio también piensa en volver a trabajar. Va a buscar un empleo, mientras quiere regresar al puesto de dulces que atendía cuando cuatro judiciales lo detuvieron, afuera de su casa. Lo amagaron, “me pusieron la camisa en el rostro —relata—, me patearon, me iban pisando”. Le exigían que les dijera quién era el homicida para soltarlo. Sergio no sabía de qué le hablaban.

Una mujer que iba con los policías, el día de su detención, lo señaló como el autor de un robo y un homicidio calificado, en el metro Tacuba, lejos de Nezahualcóyotl donde Sergio vivía y trabajaba. “Yo no conocía a la mujer. Los judiciales me enseñaron unos retratos hablados, de unas personas de entre 18 y 22 años, lo único parecido que tenía con ellos era mi corte de cabello, yo siempre me lo corto peloncito, y un judicial me decía: ¿A poco no eres éste? ¿Sí, tú eres éste?”.


A oídos de Sergio llegó lo que podría ser la verdad: la mujer que lo señaló como culpable era un testigo falso del hecho, comprado por los judiciales. Ella incriminaba por dinero a personas inocentes para que pudieran cubrir su cuota de detenidos. “Ahora está desaparecida y con una orden de presentación, por estos señalamientos, gracias a Dios yo ya no supe nada de ella”.

Durante su estancia en la cárcel, de casi ocho años, el indígena mazahua conoció a muchas personas en su misma situación: inocentes pero presos. “De diez personas que están encarceladas, cinco, la mitad, no cometieron delito alguno”, afirma. Y muchos, agrega, se quedarán ahí, “porque no han tenido mi misma suerte, de encontrar a las personas adecuadas que los defiendan”.

Cuando lo detuvieron, Sergio tenía 33 años y cinco hijos, hoy de entre 11 y 17 años. Fue acusado de homicidio calificado y tentativa de robo calificado. Lo condenaron a 27 años y 6 meses de prisión. El Centro Prodh expuso en repetidas ocasiones que luego de un análisis exhaustivo del expediente, podían afirmar que el caso de Sergio era el ejemplo clásico de cómo el sistema penal mexicano fabrica culpables.

Adentro, dice, “yo estaba muerto en vida. Hubo muchas noches que no dormía, dos o tres años me la pasé así, pensando, ya nunca voy a salir de este lugar, que había dejado a mis hijos, si tendrían para comer. Yo tenía que trabajar allá adentro (también vendía dulces) y mi esposa en el puesto de la casa, para llevarme un taco”.

Con el acompañamiento del Centro Prodh, Sergio presentó un amparo y el Noveno Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito tomó el asunto. Las magistradas y el magistrado del tribunal determinaron que tanto la detención como el supuesto reconocimiento de la testigo fueron ilegales, pero aún así lo mantuvieron en prisión, solo porque la misma persona –a quien después despidieron de su trabajo por dar declaraciones falsas en otros juicios– reiteró, ante un juez, que reconocía a Sergio Sánchez como el autor del delito de homicidio y robo.


El caso es tan paradigmático que Amnistía Internacional lo incluyó en uno de sus informes. El organismo ha denunciado que en México, la policía detiene a miles de personas cada año, muchas veces violando sus derechos. No hay registros efectivos de la gente que es detenida, ha señalado la organización, y tampoco hay leyes que indiquen cómo debe hacerse ese registro para que cumpla con estándares internacionales. Ni siquiera hay una ley clara de cómo se puede usar la fuerza durante un arresto.

Después de una sentencia de amparo directo emitida en franca violación a sus derechos humanos, que anuló el supuesto reconocimiento de la persona que lo señaló pero determinó como suficiente el que la misma persona haya reiterado su dicho, Sergio presentó un recurso de revisión que fue estudiado por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en la ponencia de la Ministra Norma Piña Hernández bajo el registro 7464/2016.

El asunto llegó a la Primera Sala de la Suprema Corte, y el Máximo Tribunal determinó que el tribunal colegiado debía invalidar todas las pruebas derivadas del reconocimiento ilegal y otras que se refirieran a ella; también precisó que se debían revisar las restantes pruebas partiendo del principio de la presunción de inocencia, lo que implica que si había dudas sobre su participación, Sergio debía ser absuelto.

El indígena mazahua reitera desde su casa, que muchas personas de las que están en prisión son inocentes. “Como yo le dije a un juez una vez: ‘ustedes si dicen que es azul, azul es, pero no, no es así’. Si uno fuera culpable, yo le hubiera dicho, ayúdeme a salir, pero no, yo no hice nada. Y me robaron ocho años de vida”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Coronavirus: ¿qué son los autoanticuerpos y qué tienen que ver con la COVID-19 grave?

Hay una creciente evidencia de que muchas reacciones extremas al coronavirus podrían estar relacionadas con la presencia de anticuerpos "rebeldes" que atacan tejidos y órganos sanos.
27 de septiembre, 2021
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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los científicos han estado tratando de entender qué hace que unos y otros reaccionemos de manera tan diferente a la enfermedad.

¿Por qué algunas personas se enferman mucho más que otras? ¿Y por qué afecta a diferentes órganos del cuerpo, potencialmente durante períodos prolongados, cuando es COVID-19 prolongado?

Ahora existe una creciente evidencia de que algunos de estos procesos podrían estar relacionados con la producción de unos anticuerpos “rebeldes” conocidos como autoanticuerpos.

Los anticuerpos normalmente luchan contra las infecciones, pero los autoanticuerpos se dirigen por error a las células, tejidos u órganos del propio cuerpo.

Pero, ¿cuál es su rol en la COVID y cómo podrían impulsar la gravedad de la enfermedad?

Cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

Incluso las personas sanas producen autoanticuerpos, pero generalmente no en cantidades lo suficientemente grandes como para causar un daño significativo al sistema inmunológico.

Sin embargo, en pacientes con COVID-19 se ha descubierto que no solo dañan el sistema inmunológico, sino también el tejido sano del cerebro, los vasos sanguíneos, las plaquetas, el hígado y el tracto gastrointestinal, según investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Anticuerpos atacando el virus SARS-Covid-2

Getty Images
Se descubrió que los autoanticuerpos atacan múltiples vías del sistema inmunológico, según investigadores de Yale.

En las infecciones por COVID-19, los autoanticuerpos pueden apuntar a “docenas de vías inmunes”, le dijo a la BBC Aaron Ring, profesor adjunto de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale.

En un estudio reciente publicado en la revista Nature, su equipo examinó la sangre de 194 pacientes que contrajeron el virus con diversos grados de gravedad, y encontró “aumentos marcados” en la actividad de los autoanticuerpos, en comparación con los individuos no infectados.

Cuantos más autoanticuerpos se detecten, más grave será la enfermedad experimentada por los pacientes.

Es un arma de doble filo. Los anticuerpos son cruciales para defendernos de las infecciones, pero algunos pacientes con COVID-19 también desarrollan anticuerpos que dañan sus propias células y tejidos”, dijo el científico.

Bloqueo de la respuesta inmune ante la COVID-19

El estudio del doctor Ring se basó en trabajos anteriores dirigidos por el doctor Jean-Laurent Casanova en la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

El laboratorio de Casanova lleva más de 20 años estudiando variaciones genéticas que afectan la capacidad de una persona para combatir infecciones.

Su investigación destaca el papel de los autoanticuerpos que atacan algunas de las proteínas encargadas de combatir las infecciones virales y bloquear la replicación del virus (los llamados interferones tipo 1).

En octubre de 2020, el equipo del doctor Casanova informó en la revista Science que había encontrado esos autoanticuerpos en aproximadamente el 10% de casi 1.000 pacientes con COVID-19 grave.

Un detalle crucial: cerca del 95% de ellos eran hombres, lo cual podría explicar por qué son ellos los que desarrollan mayoritariamente la COVID-19 grave.

Pacientes que sufren de covid-19 grave recibiendo oxígeno en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital en Nueva Delhi, India, mayo de 2021.

Getty Images
El doctor Casanova ha encontrado evidencia que podría ayudar a explicar por qué el covid parece ser más grave entre los pacientes varones mayores.

El mes pasado informaron en la revista Science Immunology los hallazgos de un estudio más amplio, con análisis de 3.600 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave.

Encontraron autoanticuerpos contra los interferones tipo 1 en la sangre del 18% de las personas que habían muerto a causa de la enfermedad.

Más del 20% de los pacientes mayores de 80 años con COVID grave tenían esos autoanticuerpos, en comparación con el 9.6% entre los menores de 40 años.

El doctor Casanova dijo que los hallazgos proporcionaron “pruebas convincentes” de que la “interrupción” causada por los anticuerpos rebeldes “es a menudo la causa del covid-19 potencialmente mortal”.

Autoanticuerpos, enfermedad autoinmune y COVID prolongado

Otros estudios están encontrando vínculos entre los autoanticuerpos y las condiciones médicas relacionadas con la COVID-19 que continúan incluso después de que el virus ha sido eliminado del organismo.

En un estudio publicado este mes en Nature Communications, investigadores de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), encontraron que al menos una de cada cinco personas ingresadas en el hospital con COVID-19 desarrolló autoanticuerpos en la primera semana de ingreso.

En el caso de unos 50 pacientes, dispusieron de muestras de sangre extraídas en diferentes días, incluido el día en que ingresaron por primera vez.

“En una semana después de registrarse en el hospital, aproximadamente el 20% de estos pacientes había desarrollado nuevos anticuerpos contra sus propios tejidos que no estaban allí el día en que fueron admitidos”, dijo el investigador principal PJ Utz, profesor de inmunología y reumatología en Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

Un trabajador médico administra una dosis de la vacuna contra el covid en Nantes, Francia, el 14 de septiembre de 2021.

Reuters
Los expertos dicen que los hallazgos refuerzan la causa de aumentar la inmunidad a través de la vacunación.

El profesor Utz dijo que esto también podría explicar por qué algunos síntomas persisten meses incluso después de que la enfermedad haya desaparecido, en la condición conocida como COVID de larga duración.

“Si te enfermas lo suficiente por la COVID-19 como para terminar en el hospital, es posible que no estés fuera de peligro incluso después de recuperarte”.

En Reino Unido, investigadores del Imperial College de Londres encontraron autoanticuerpos en pacientes con COVID-19 de larga duración, que estaban ausentes en personas que se recuperaron rápidamente del virus o que no dieron positivo.

El profesor Danny Altmann, que dirige el grupo de investigación, le dijo a la BBC que el equipo está trabajando para averiguar si se puede diagnosticar COVID de larga duración identificando autoanticuerpos creadosrecientemente.

La investigación aún se encuentra en una etapa inicial, pero podría dar como resultado una prueba lo suficientemente simple como para ser utilizada en la consulta médica.

“Esperamos no solo avanzar hacia un diagnóstico, sino también en conocimientos terapéuticos: que esto ilumine mecanismos y tratamientos específicos”, dijo Altmann.

Para los expertos, estos hallazgos también justifican la vacunación.

En una infección viral mal controlada, el virus permanece durante mucho tiempo, mientras que una respuesta inmune que se intensifica continúa rompiendo las partículas virales en pedazos, lo cual confunde al sistema inmunológico, dijo el profesor Utz.

Sin embargo, las vacunas contienen solo una proteína de pico o instrucciones genéticas para producirla, por lo que el sistema inmunológico no está expuesto a la misma actividad frenética que podría conducir a la producción de autoanticuerpos.

Eso no es todo

Un médico atiende a un paciente infectado por covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Lyon-Sud en Pierre-Benite, el 8 de septiembre de 2021

Getty Images
Los expertos advierten que la respuesta inmune al covid es compleja y los autoanticuerpos son solo una parte de la historia.

Pero aunque los avances en este campo son emocionantes, los científicos advierten que la respuesta inmune a la COVID es compleja y los autoanticuerpos no lo son todo.

Otro mecanismo que se está investigando es la respuesta inmune hiperactiva que ocurre en algunos casos.

La producción de proteínas llamadas citocinas (también denominadas citoquinas) puede alcanzar niveles peligrosos y causar daño a las propias células del cuerpo, las llamadas tormentas de citocinas.

Todavía no comprendemos exactamente qué sucede en nuestras células cuando el virus ingresa a nuestros cuerpos; es el resultado de esa batalla lo que determina la gravedad y, en última instancia, la mortalidad de la enfermedad.


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