Mis compañeros de prepa son mis papás: combaten rezago educativo con bachillerato digital
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Claudia Altamirano

Mis compañeros de prepa son mis papás: combaten rezago educativo con bachillerato digital

El bachillerato digital en Ciudad de México otorga a mujeres y hombres adultos con rezago educativo por falta de oportunidades, la opción de continuar sus estudios a la par que sus hijos adolescentes.
Claudia Altamirano
Comparte

El camino que Estrellita recorría todos los días hacia la escuela había empezado a ser un riesgo para su seguridad: una hora y media cuando ni siquiera ha amanecido, varios camiones y en algún punto tenía que atravesar esa peligrosa frontera entre el Estado de México y Ciudad de México, que se ha vuelto una amenaza para las mujeres jóvenes. Su familia buscaba una escuela más cercana, pero solo hallaban en el sector privado y sus ingresos no se lo permitían.

Su hermano encontró una opción de bachillerato digital y mientras revisaban las condiciones, se dieron cuenta que los tres miembros de esa familia estaban en el mismo nivel educativo: ninguno había estudiado la preparatoria. Entonces decidieron que no solo la adolescente la cursaría bajo esta modalidad, sino que lo harían todos juntos: la madre de 58 años, el hijo de 33 y la hija de 16.

“Coincidimos en el nivel de estudio: todos tenemos la secundaria. Nos encontramos los tres y dijimos ‘vamos’, también es un reto entre nosotros, a ver quién de los tres se queda. Tal vez alguno con más o menos tiempo, con más o menos habilidad pero a fin de cuentas con la misma oportunidad”, cuenta Leonardo Ángeles, hermano mayor de Estrellita y estudiante del Bachillerato Digital de la Ciudad de México.

Esta modalidad de estudio en línea forma parte del programa de Educación a Distancia de Ciudad de México, que se enfoca en adultos que no lograron concluir sus estudios de bachillerato, aunque pueden anotarse alumnos de cualquier edad. Al ser una opción gratuita y totalmente digital, generó las condiciones para que varias familias enteras se inscribieran y cursaran juntos el nivel Medio Superior.

El programa incluye los proyectos Bachillerato a Distancia y Bachillerato Digital. El primero inició hace 10 años con una oferta educativa en línea basada en un plan de estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) -pionera en este tipo de instrucción- que tuvo su última convocatoria en 2016 y en el que se matricularon 17 mil 938 alumnos. El segundo es una adaptación que la Secretaría de Educación de la CDMX hizo al primero desde 2012, con mayor flexibilidad para el ingreso y con materias enfocadas a preparar adultos ya formados en la vida.

Escuela para la vida real

El Bachillerato Digital (BaDi), donde actualmente hay 11 familias estudiando, ha preparado a 9 mil 681 personas desde 2012 a 2017 bajo los principios de la andragogía, la técnica de enseñanza orientada a educar personas ya formadas, explica Yadira Coronado, directora de Educación Media Superior de la secretaría de Educación de la CDMX.

“En realidad este sistema fue pensado para adultos, personas ya formadas que tienen algún rezago educativo, entonces el abordaje es mucho más centrado en resolver problemas de la vida diaria. Hay chicos en edad escolar que se incorporan con bastante ventaja y van motivando a los papás, o juntos se van motivando”, indica la funcionaria local.

Para ‘Leo’ es motivador que su madre y hermana estudien con él, pues su trabajo como transportista lo deja tan agotado que a veces no le resta energía para conectarse a estudiar, pero cuando ellas le dicen “ya nada más te estamos esperando”, lo comprometen a seguir.

Las materias de este plan, a diferencia del creado por la UNAM (Bachillerato a Distancia) abordan problemas que ya no son hipotéticos como en la escuela tradicional sino pragmáticos, como la lista del supermercado para aprender a hacer un presupuesto, o un salario mensual para aprender a administrarlo, refiere Yadira Coronado. “Eso nos lleva a tener mayor éxito con las personas que están en casa o en el trabajo”.

Los alumnos cursan 27 materias: 24 obligatorias y tres optativas. El estudio se lleva a cabo a través de la página del BaDi con asesoría en línea y la posibilidad de agendar tutorías presenciales con algún asesor hasta dos horas por semana, para resolver dudas. El sistema les cuenta las horas que pasan conectados, por lo que pueden contabilizar sus hábitos de estudio.

Aunque el enfoque del programa es para adultos en rezago educativo, no hay restricciones para inscribirse: puede hacerlo de manera gratuita cualquier persona que resida en Ciudad de México. Con el objetivo de rescatar a quienes sufrieron rezago educativo en su primera juventud, la secretaría les otorga facilidades para inscribirse aunque no cuenten con certificado de secundaria o la hayan concluido con promedio inferior a 8: solo deben firmar una carta compromiso de que realizarán el trámite y tienen 12 semanas para presentarlo. Los certificados de Bachillerato los emite la Secretaría, pero tienen validez oficial en cualquier sistema.

La directora de Educación Media Superior refiere que entre los alumnos del BaDi la mayoría son adultos y hay más mujeres: se han inscrito mil 564 menores de edad y 8 mil 111 adultos, de los cuales 4 mil 322 son mujeres. Entre las 11 familias que actualmente estudian juntas hay tres parejas, seis familias de padres e hijos y un par de hermanos, pero “a las que les ha fallado el Estado son a las mujeres”, expresa Yadira Coronado. 

Rezago educativo, mayor entre mujeres

Alejandra Gutiérrez es una de las miles de mujeres mexicanas que no tuvieron oportunidad de concluir sus estudios en su juventud: algunas por falta de recursos y muchas otras porque sus familias les negaban esa posibilidad, argumentando que era inútil que estudiaran si al final se dedicarían al hogar. En la infancia solo concluyó la primaria y después dejó la escuela; hace unos siete años estudió la secundaria pero no siguió la preparatoria porque no sabía dónde.

“Éramos muchos hermanitos, la mujer tenía trabas para seguir estudiando: la economía, las costumbres de que ‘tú no porque tú eres mujer, tú vas a que te mantengan, tú tienes que obedecer, en lo que te tienes que esmerar es en aprender a lavar, a planchar, a cocinar y a obedecer’”, relata Alejandra, estudiante y madre de Leonardo y Estrellita.

En México el rezago educativo es mayor entre la población femenina y el porcentaje aumenta con la edad de la mujer, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INEGI): las de mayor edad presentan mayor rezago que las más jóvenes, debido a estas costumbres que imperaban hace varias décadas. Actualmente, 36.7 % de las mujeres de 15 años o más en el país se encuentra en rezago educativo, contra el 34.4 % de los hombres de ese grupo de edad, según datos de la Encuesta Intercensal 2015. Y aunque Ciudad de México tiene el nivel más bajo de rezago educativo en el país, la diferencia entre hombres y mujeres también prevalece en la capital: 17.5 % de los hombres mayores de 15 años está en rezago educativo, frente al 23 % de las mujeres de esa edad.

“Ahora es la vida muy diferente y muy bonita porque sabemos que las mujeres ya podemos tener una carrera, valernos por nosotras mismas, llevar una casa y eso te saca de tu caminito donde te habían puesto tus papás, y luego la vida te va enseñando que tienes que cambiar de ruta porque ya llevas una responsabilidad con los hijos”, expresa María Alejandra.

Para las familias con problemas económicos, la escuela se vuelve la última de las prioridades, lo que perpetúa la falta de oportunidades: las mujeres que no estudiaron acaban dependiendo de un hombre y si él se va, no pueden aspirar a un salario alto para mantener solas a sus hijos. Ellos a su vez dejan la escuela para ayudar a sus madres y la historia vuelve a empezar.

Tal fue el caso de la señora Gutiérrez y su familia: fueron seis hermanos, dos de ellos mujeres, y la otra no cursó ningún nivel educativo. Los mayores dejaron de estudiar para ayudar a su madre pues su padre los abandonó. “Mi hermana ya es bisabuelita y ya no se dio la oportunidad. Yo la he invitado a que vaya a aprender, pero también me quiero capacitar para hacer un grupo donde las personas que no han tenido oportunidades aprendan a leer y escribir”, imagina la estudiante.

La historia se repitió en la familia de Alejandra: su esposo los abandonó y Leonardo se sintió con el deber de ayudarla a criar a Estrellita. “Él se fue cuando ella tenía tres meses de embarazo, no la quería llevar ni al doctor. Entonces uno ve las necesidades, hasta para el pasaje hay que tener”, recuerda el estudiante. Él estudió hasta tercer semestre de bachillerato durante su adolescencia, pero ante la situación, lo abandonó y entró a trabajar como ayudante de chofer de transporte de carga. Hoy es conductor y sueña con ser ingeniero o arquitecto.

“Para mí siempre fue el anhelo seguir estudiando, porque todos somos buenos para algo, y es darse la oportunidad de saber para qué eres bueno. Yo sé que ya no iría a la escuela a perder el tiempo, de brincarse una clase para fumarnos un cigarrito o tomarnos una cerveza, yo ya pasé por todo eso. Yo me he dado cuenta que lo más valioso de todo es el tiempo”, expresa Leonardo Ángeles.

Alejandra, por su parte, quisiera concluir el bachillerato y espera tener la oportunidad de convertirse en abogada penalista. “Ya cerca de los 60 años, para mí sería risible quitarle el espacio a una persona joven. Primero terminar aquí y luego ya veremos”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo nuestro cerebro puede hacernos más pobres (y qué hacer para evitarlo)

Estudios han demostrado que con frecuencia tomamos decisiones irracionales que perjudican nuestra salud financiera. Aquí te contamos algunos de los errores más comunes y cómo evitarlos.
9 de octubre, 2021
Comparte

Estás navegando por una tienda en internet y tienes la tentación de comprar un producto.

Es un poco más caro de lo que permite tu cuenta bancaria, pero se convierte en lo más urgente del mundo en este momento. ¿Qué pasa si el precio sube y pierdes la oportunidad? ¿Y si te quedas sin él?

Siguiendo un impulso, haces los cálculos en tu cabeza y decides comprar. Ni siquiera necesitas ingresar el número de tarjeta, que ya está guardado en el navegador de la computadora.

Días después llega el arrepentimiento. O peor aún, la deuda.

En los últimos años, estudios en los campos de la economía del comportamiento y la neuroeconomía han demostrado que estas situaciones, en las que tomamos decisiones irracionales que dañan nuestra salud financiera ocurren con frecuencia.

Pero, ¿cuáles son nuestros errores económicos más comunes? ¿Y cómo no caer en las “trampas” de nuestro cerebro?

Una buena forma es comprender lo que han descubierto estas áreas de estudio y aplicar sus enseñanzas a nuestra vida diaria.

¿Eres racional?

“La economía tradicional ha considerado durante mucho tiempo al individuo como alguien racional, frío y objetivo y que querrá maximizar su bienestar, su beneficio económico y su propio interés”, dice la profesora Renata Taveiros, coordinadora del curso sobre neurociencia y neuroeconomía de la Fundación Instituto de Administración (FIA) de Brasil.

Mujer rodeada de ilustraciones de bombillos.

Getty Images
No haga nada de forma impulsiva sin antes evaluar si el sentimiento de culpa posterior le va a arruinar la alegría.

La toma de decisiones inconsciente, que escapa a la racionalidad, era considerada una anomalía. Y, por ello, no se convirtió en objeto de estudio.

Pero a fines de la década de 1970, un grupo de investigadores revolucionó la economía al observar precisamente estas anomalías.

Entonces, nació el campo de la economía del comportamiento, cuyo principal representante es el psicólogo -sí, un psicólogo- Daniel Kahneman, ganador del Premio Nobel en 2002.

“Ellos abren este espacio de conversación para que nos demos cuenta de que hay otras cosas que influyen en la toma de decisiones y no solo la idea de maximizar la utilidad, el bienestar y el beneficio. ¿Qué son estas cosas? Las emociones”, explica Taveiros.

A finales de la década de 1980, otro campo de estudio fue incluso más allá.

Reuniendo los descubrimientos de la economía del comportamiento y las técnicas de la neurociencia, la neuroeconomía intenta desentrañar lo que sucede en el cerebro de los individuos cuando deciden realizar una compra innecesaria, por ejemplo.

“Ahora tenemos la posibilidad de abrir la caja negra, que es como los economistas se refieren a la mente de las personas. De hecho, se puede mirar y comprender lo que está sucediendo en el cerebro cuando el individuo va a tomar una decisión“, dice Taveiros.

“Cuando estudias neuroeconomía, la idea de que podemos controlar el comportamiento, la toma de decisiones, todo lo que hacemos se desvanece. Porque el motivador de la toma de decisiones no es el aspecto racional, cortical, lógico y analítico. La decisión está mucho más conectada con la emocionalidad”, agrega.

Aprende a decirte ‘no’

En primer lugar, es bueno dejar claro que los afectos y las emociones no son necesariamente malos. Al contrario, son de suma importancia para nuestra supervivencia.

“La selección natural nos trajo la combinación de afecto y razón. Y no fue en vano. Esto maximiza nuestro compromiso con el mundo. Cuando te deshaces de las emociones, quitas la empatía por el otro. Nuestras decisiones se vuelven más egoístas y la sociedad como un todo se derrumba “, dice el neurocientífico Álvaro Machado Dias, profesor de la Universidad Federal de Sao Paulo y socio del Instituto Locomotiva.

Ilustración que muestra un dólar deshaciendose.

Getty Images

Pero es un hecho que las emociones también pueden llevarnos a cometer errores graves, que derivan en sentimientos de culpa y en nuevas deudas.

Es en este sentido que las enseñanzas de la economía conductual y la neuroeconomía pueden sernos útiles: hacer predecible nuestra irracionalidad y evitar malas decisiones.

El primer consejo parece simple, pero en la práctica es bastante difícil. Debes aprender a decirte que no a ti mismo.

No hagas nada por impulso sin antes evaluar si la culpa no arruinará la fiesta. Comprende mejor tu ‘yo futuro’, con tus horarios y demandas. Decirse que no a uno mismo es como decirle que no a un niño: es difícil, pero puede ser positivo”, advierte Álvaro.

Según Renata Taveiros, una de las razones que dificultan esta negación de los propios impulsos es la creciente facilidad para realizar los pagos. Códigos QR, Pix, tarjetas de crédito que se guardan en sitios web de compras son algunos ejemplos.

Además, el neurotransmisor llamado dopamina, que activa el llamado “sistema de recompensa” del cerebro, también puede interferir.

Cuando la dopamina funciona, estimula el comportamiento impulsivo. ¿Cómo funciona? Tienes la expectativa de ganar algo. Puede ser dinero, bienestar, placer, una buena imagen frente a los demás, etc. Y este comportamiento impulsivo hace que inmediatamente quieras esa recompensa “, explica.

Un ejemplo de cómo se explota actualmente este sistema de recompensas es la adopción de mecanismos propios de los juegos al proceso de consumo. Es decir, la transformación del acto de comprar en un juego.

Las aplicaciones de los supermercados y de las tiendas online prometen recompensas (descuentos, productos gratis, etc.) por alcanzar una determinada cantidad de puntos, por ejemplo.

Taveiros señala que en Brasil este tipo de mala decisión se puede identificar en los altos niveles de endeudamiento de los ciudadanos.

Un estudio de la Confederación Nacional de Comercio de Bienes, Servicios y Turismo de agosto de 2021, muestra que uno de cada cuatro brasileños (25,6%) no pudo saldar sus deudas dentro de ese mes.

“Tenemos problemas muy graves en Brasil y todo este estímulo al consumo que fomenta el comportamiento impulsivo empeora aún más estas condiciones”, dice la neuroeconomista.

Por eso, un consejo de oro para evitar este tipo de decisiones impulsivas es siempre “dar una vuelta más” antes de decidir hacer la compra.

“Por lo general, pongo una pegatina en las tarjetas de crédito de los clientes que dice ‘da un paseo más, espera un poco más, respira’. Cuando alguien va a hacer otra cosa y regresa, la dopamina baja, ya que es una sustancia química que tiene efecto por un tiempo determinado. Pronto, la sensación de ‘lo quiero, lo quiero’ pasará y la persona llegará a la conclusión de que puede usar este dinero en otra cosa. Pero tiene que ser más tarde, no es posible en ese instante”, explica.

No haga los cálculos en su cabeza

Pero estas malas decisiones se pueden evitar incluso antes de la compra.

Iustración de un cerebro formado con billetes.

Getty Images
No haga cálculos mentales, lo mejor es sumar sus gastos con lápiz y papel.

Renata Taveiros explica que cuando tienes una idea exacta de cómo va tu vida financiera, es más difícil endeudarte.

“Es muy importante para una persona tener coraje y saber que va a ser genial acercarse a la vida financiera y mirar las cuentas. Mucha gente dice que es difícil, pero después de hacer eso, hay una sensación de alivio. Si tiene miedo de mirar, caerá en todo tipo de trampas mentales”, dice.

Una de estas trampas es la “contabilidad mental”, esa manía de hacer cálculos, la mayoría de las veces incorrectos, sobre nuestra situación financiera.

“Hacemos los cálculos. ‘Gano 100, así que puedo gastar 50 en el supermercado, 20 en el bar, solo 10 en el almuerzo, también puedo tener una cuota mensual de 15 …’. Compara 15 con 100, 10 con 100, pero no cuadra. Entonces se asusta y ve que está en números rojos “, advierte el neuroeconomista.

Lo que debe hacer es escribir sus gastos con un lápiz. Sume todas sus ganancias y sus costos de vida. Solo entonces tendrá una idea real de cuánto dinero puede gastar.

Cuida tu ‘yo futuro’

Una de las decisiones más importantes que debemos tomar, pensando en nuestro futuro, es ahorrar dinero.

Una persona pone dinero en una alcancía.

Getty Images
Ahorrar es una de las decisiones más importantes que podemos tomar.

Está claro que el contexto de muchas economías que tienen desempleo, informalidad y alta inflación, hace que esto sea cuesta arriba para muchas personas.

Pero, ¿por qué es tan difícil hacer esto incluso cuando hay condiciones favorables?

Un efecto conocido como “descuento intertemporal” en la economía del comportamiento puede explicarlo.

“Imagina que coges unos prismáticos y les das la vuelta. ¿Qué pasa? Lo que está lejos es diminuto. Y lo que está cerca obtiene un valor, un tamaño gigante”, explica Renata Taveiros.

Queremos la recompensa inmediata, ahora mismo, porque parece ser mucho más grande que una recompensa que es muy misteriosa, que no sabes qué va a pasar en el futuro”, agrega.

Los estudios neuroeconómicos muestran que algunas áreas del cerebro que se activan cuando piensas en ahorrar dinero para tu futuro son las mismas que lo hacen cuando piensas en darle dinero a un extraño.

Lo que puede significar que, para nuestro cerebro, ahorrar dinero para el Yo futuro y dar la misma cantidad a otra persona es casi lo mismo.

Según Renata Taveiros, una solución puede ser crear un “empujón”, es decir, un pequeño estímulo para que pienses más detenidamente en tu futuro.

“Una idea que suelo aplicar es usar una de esas aplicaciones que te hacen ver mayor en una foto. Te hace conectar con esa imagen. Luego, debes hacer el ejercicio de pensar en lo que quieres para la vida de esa otra persona. Entonces, se va a crear un circuito neuronal que conecta su yo futuro con su yo de hoy “, dice.

También aprende a decirte ‘sí’

El neurocientífico Álvaro Machado Dias advierte que si bien es importante ahorrar dinero, también debe saber darse permisos.

Una persona hace con la mano una señal de aprobación.

Getty Images

“No asumas que siempre es malo permitirse (gastar) y no caigas en la falacia de que debemos posponer continuamente el placer para que un día podamos disfrutarlo en mayores intensidades. Hoy lo que vemos es un mar de gente sin ganas para vivir. Sal de este mar”, dice.

Según Álvaro, no todas las decisiones que tomamos en la vida, sean económicas o no, se pueden tomar de forma puramente racional, y ni siquiera es deseable que eso suceda.

“A veces somos dominados por componentes emocionales y, de hecho, esto puede conducir a malos resultados, incluido el arrepentimiento”, dice.

“Pero la entrada en juego de estos componentes que no son formales, lógicos, es lo que finalmente hace que nuestras decisiones sean mejores para el grupo, la especie y la cultura en su conjunto”, agrega.

Por tanto, el consejo es saber distribuir mejor tus energías e inquietudes.

No hay tiempo -ni tiene sentido- para tratar de optimizar cada decisión. Elija sus batallas. Concéntrese en las opciones que más importan; son las que finalmente definirán quién es usted”, afirma el experto.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=dMEho2ZcVtE

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.