Mis compañeros de prepa son mis papás: combaten rezago educativo con bachillerato digital

El bachillerato digital en Ciudad de México otorga a mujeres y hombres adultos con rezago educativo por falta de oportunidades, la opción de continuar sus estudios a la par que sus hijos adolescentes.

Mis compañeros de prepa son mis papás: combaten rezago educativo con bachillerato digital
Alejandra Gutiérrez y sus hijos, Estrellita y Leonardo, en el aula conocida como "El Pórtico" de Tlatelolco. Claudia Altamirano

El camino que Estrellita recorría todos los días hacia la escuela había empezado a ser un riesgo para su seguridad: una hora y media cuando ni siquiera ha amanecido, varios camiones y en algún punto tenía que atravesar esa peligrosa frontera entre el Estado de México y Ciudad de México, que se ha vuelto una amenaza para las mujeres jóvenes. Su familia buscaba una escuela más cercana, pero solo hallaban en el sector privado y sus ingresos no se lo permitían.

Su hermano encontró una opción de bachillerato digital y mientras revisaban las condiciones, se dieron cuenta que los tres miembros de esa familia estaban en el mismo nivel educativo: ninguno había estudiado la preparatoria. Entonces decidieron que no solo la adolescente la cursaría bajo esta modalidad, sino que lo harían todos juntos: la madre de 58 años, el hijo de 33 y la hija de 16.

“Coincidimos en el nivel de estudio: todos tenemos la secundaria. Nos encontramos los tres y dijimos ‘vamos’, también es un reto entre nosotros, a ver quién de los tres se queda. Tal vez alguno con más o menos tiempo, con más o menos habilidad pero a fin de cuentas con la misma oportunidad”, cuenta Leonardo Ángeles, hermano mayor de Estrellita y estudiante del Bachillerato Digital de la Ciudad de México.

Esta modalidad de estudio en línea forma parte del programa de Educación a Distancia de Ciudad de México, que se enfoca en adultos que no lograron concluir sus estudios de bachillerato, aunque pueden anotarse alumnos de cualquier edad. Al ser una opción gratuita y totalmente digital, generó las condiciones para que varias familias enteras se inscribieran y cursaran juntos el nivel Medio Superior.

El programa incluye los proyectos Bachillerato a Distancia y Bachillerato Digital. El primero inició hace 10 años con una oferta educativa en línea basada en un plan de estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) -pionera en este tipo de instrucción- que tuvo su última convocatoria en 2016 y en el que se matricularon 17 mil 938 alumnos. El segundo es una adaptación que la Secretaría de Educación de la CDMX hizo al primero desde 2012, con mayor flexibilidad para el ingreso y con materias enfocadas a preparar adultos ya formados en la vida.

Escuela para la vida real

El Bachillerato Digital (BaDi), donde actualmente hay 11 familias estudiando, ha preparado a 9 mil 681 personas desde 2012 a 2017 bajo los principios de la andragogía, la técnica de enseñanza orientada a educar personas ya formadas, explica Yadira Coronado, directora de Educación Media Superior de la secretaría de Educación de la CDMX.

“En realidad este sistema fue pensado para adultos, personas ya formadas que tienen algún rezago educativo, entonces el abordaje es mucho más centrado en resolver problemas de la vida diaria. Hay chicos en edad escolar que se incorporan con bastante ventaja y van motivando a los papás, o juntos se van motivando”, indica la funcionaria local.

Para ‘Leo’ es motivador que su madre y hermana estudien con él, pues su trabajo como transportista lo deja tan agotado que a veces no le resta energía para conectarse a estudiar, pero cuando ellas le dicen “ya nada más te estamos esperando”, lo comprometen a seguir.

Las materias de este plan, a diferencia del creado por la UNAM (Bachillerato a Distancia) abordan problemas que ya no son hipotéticos como en la escuela tradicional sino pragmáticos, como la lista del supermercado para aprender a hacer un presupuesto, o un salario mensual para aprender a administrarlo, refiere Yadira Coronado. “Eso nos lleva a tener mayor éxito con las personas que están en casa o en el trabajo”.

Los alumnos cursan 27 materias: 24 obligatorias y tres optativas. El estudio se lleva a cabo a través de la página del BaDi con asesoría en línea y la posibilidad de agendar tutorías presenciales con algún asesor hasta dos horas por semana, para resolver dudas. El sistema les cuenta las horas que pasan conectados, por lo que pueden contabilizar sus hábitos de estudio.

Aunque el enfoque del programa es para adultos en rezago educativo, no hay restricciones para inscribirse: puede hacerlo de manera gratuita cualquier persona que resida en Ciudad de México. Con el objetivo de rescatar a quienes sufrieron rezago educativo en su primera juventud, la secretaría les otorga facilidades para inscribirse aunque no cuenten con certificado de secundaria o la hayan concluido con promedio inferior a 8: solo deben firmar una carta compromiso de que realizarán el trámite y tienen 12 semanas para presentarlo. Los certificados de Bachillerato los emite la Secretaría, pero tienen validez oficial en cualquier sistema.

La directora de Educación Media Superior refiere que entre los alumnos del BaDi la mayoría son adultos y hay más mujeres: se han inscrito mil 564 menores de edad y 8 mil 111 adultos, de los cuales 4 mil 322 son mujeres. Entre las 11 familias que actualmente estudian juntas hay tres parejas, seis familias de padres e hijos y un par de hermanos, pero “a las que les ha fallado el Estado son a las mujeres”, expresa Yadira Coronado. 

Rezago educativo, mayor entre mujeres

Alejandra Gutiérrez es una de las miles de mujeres mexicanas que no tuvieron oportunidad de concluir sus estudios en su juventud: algunas por falta de recursos y muchas otras porque sus familias les negaban esa posibilidad, argumentando que era inútil que estudiaran si al final se dedicarían al hogar. En la infancia solo concluyó la primaria y después dejó la escuela; hace unos siete años estudió la secundaria pero no siguió la preparatoria porque no sabía dónde.

“Éramos muchos hermanitos, la mujer tenía trabas para seguir estudiando: la economía, las costumbres de que ‘tú no porque tú eres mujer, tú vas a que te mantengan, tú tienes que obedecer, en lo que te tienes que esmerar es en aprender a lavar, a planchar, a cocinar y a obedecer’”, relata Alejandra, estudiante y madre de Leonardo y Estrellita.

En México el rezago educativo es mayor entre la población femenina y el porcentaje aumenta con la edad de la mujer, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INEGI): las de mayor edad presentan mayor rezago que las más jóvenes, debido a estas costumbres que imperaban hace varias décadas. Actualmente, 36.7 % de las mujeres de 15 años o más en el país se encuentra en rezago educativo, contra el 34.4 % de los hombres de ese grupo de edad, según datos de la Encuesta Intercensal 2015. Y aunque Ciudad de México tiene el nivel más bajo de rezago educativo en el país, la diferencia entre hombres y mujeres también prevalece en la capital: 17.5 % de los hombres mayores de 15 años está en rezago educativo, frente al 23 % de las mujeres de esa edad.

“Ahora es la vida muy diferente y muy bonita porque sabemos que las mujeres ya podemos tener una carrera, valernos por nosotras mismas, llevar una casa y eso te saca de tu caminito donde te habían puesto tus papás, y luego la vida te va enseñando que tienes que cambiar de ruta porque ya llevas una responsabilidad con los hijos”, expresa María Alejandra.

Para las familias con problemas económicos, la escuela se vuelve la última de las prioridades, lo que perpetúa la falta de oportunidades: las mujeres que no estudiaron acaban dependiendo de un hombre y si él se va, no pueden aspirar a un salario alto para mantener solas a sus hijos. Ellos a su vez dejan la escuela para ayudar a sus madres y la historia vuelve a empezar.

Tal fue el caso de la señora Gutiérrez y su familia: fueron seis hermanos, dos de ellos mujeres, y la otra no cursó ningún nivel educativo. Los mayores dejaron de estudiar para ayudar a su madre pues su padre los abandonó. “Mi hermana ya es bisabuelita y ya no se dio la oportunidad. Yo la he invitado a que vaya a aprender, pero también me quiero capacitar para hacer un grupo donde las personas que no han tenido oportunidades aprendan a leer y escribir”, imagina la estudiante.

La historia se repitió en la familia de Alejandra: su esposo los abandonó y Leonardo se sintió con el deber de ayudarla a criar a Estrellita. “Él se fue cuando ella tenía tres meses de embarazo, no la quería llevar ni al doctor. Entonces uno ve las necesidades, hasta para el pasaje hay que tener”, recuerda el estudiante. Él estudió hasta tercer semestre de bachillerato durante su adolescencia, pero ante la situación, lo abandonó y entró a trabajar como ayudante de chofer de transporte de carga. Hoy es conductor y sueña con ser ingeniero o arquitecto.

“Para mí siempre fue el anhelo seguir estudiando, porque todos somos buenos para algo, y es darse la oportunidad de saber para qué eres bueno. Yo sé que ya no iría a la escuela a perder el tiempo, de brincarse una clase para fumarnos un cigarrito o tomarnos una cerveza, yo ya pasé por todo eso. Yo me he dado cuenta que lo más valioso de todo es el tiempo”, expresa Leonardo Ángeles.

Alejandra, por su parte, quisiera concluir el bachillerato y espera tener la oportunidad de convertirse en abogada penalista. “Ya cerca de los 60 años, para mí sería risible quitarle el espacio a una persona joven. Primero terminar aquí y luego ya veremos”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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