De los escombros del 19S, rescatan la historia de San Gregorio para exponerla en centro cultural
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Eréndira Aquino

De los escombros del 19S, rescatan la historia de San Gregorio para exponerla en centro cultural

Voluntarios trabajan para rescatar objetos que cuentan 400 años de historia del pueblo de San Gregorio, Xochimilco, y que habían quedado bajo los escombros por el sismo del 19S. 
Eréndira Aquino
Por Eréndira Aquino
15 de febrero, 2018
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Más de 400 años de historia del pueblo de San Gregorio, Xochimilco, que habían quedado bajo los escombros de una biblioteca derrumbada por el sismo del 19 de septiembre, fueron rescatados por antropólogos y arqueólogos voluntarios.

Un equipo conformado por especialistas en conservación de vestigios arqueológicos y objetos antiguos, así como arquitectos y estructuristas, trabaja para construir, en el sitio del derrumbe, una casa de cultura que albergue un museo con las piezas que cuentan la historia del pueblo.

La colección, compuesta por más de 700 piezas arqueológicas y objetos de uso cotidiano, 3000 libros y cientos de fotografías del pueblo, fue conformada a partir de donaciones de personas del pueblo al señor Jaime Pérez y otras “que hemos ido encontrando en cerros cercanos”, explicó a Animal Político el maestro de primaria originario de San Gregorio, quien ha dedicado décadas de su vida al estudio de la historia de su comunidad.

“Los del INAH me han dicho que tengo un museo chiquito, pero completo, porque tiene de todo: desde el tiempo de los nómadas, unas piezas del neolítico, obsidianas de los xochimilcas, cuchillos de la época de la colonia, libros, fotografías, objetos como metates, planchas de carbón y hasta un proyector de cine; hay objetos de ocho periodos de la historia diferentes”, contó.

Anteriormente, todos estos objetos se encontraban resguardados en una biblioteca personal, construida por el señor Jaime frente a su casa, en la calle Insurgentes, del centro de San Gregorio; ambas edificaciones sufrieron daños por el sismo del pasado 19 de septiembre: la biblioteca se derrumbó y su casa tuvo que ser parcialmente demolida.

Sin embargo, explica el profesor de primaria, la historia e importancia del lugar se remonta siglos atrás, pues en el terreno en el que se erigía la anterior biblioteca, herencia de la familia de su esposa, había un retén en la época colonial, y posteriormente, durante la época de la Revolución Mexicana, fue utilizado como refugio.

“Por eso es que ahora sigue siendo un lugar que debe preservarse: aquí siguen los cimientos del retén y queremos restaurarlo, como recuerdo, para convertirlo en un monumento histórico”, señaló.

“Dentro de la desgracia, tenemos una nueva oportunidad”

Ingrid Castañeda, antropóloga originaria de San Gregorio, contó que el proyecto de rescate “comenzó a través de la desgracia que vivimos como pueblo”.

“Cuando vi que la biblioteca estaba totalmente destruida, convoqué a un grupo de compañeros para que trabajáramos voluntariamente”, dijo.

Ingrid, quien ha sido la encargada de la restauración de libros, señaló que, de los 3000 que conforman el acervo, un 80% se pudo rescatar en condiciones óptimas, 10 % está en malas condiciones, y otro 10 % se perdió totalmente, ya que, después del sismo pasaron más de tres semanas para que pudieran comenzar con la remoción de escombros y el rescate de los materiales atrapados.

Entre los escombros quedó también un acervo de piezas arqueológicas, que tras el derrumbe se encontraban en malas condiciones, por lo que fueron intervenidas para su conservación por el arqueólogo Édgar Mendoza.

De acuerdo con Mendoza, las piezas han recibido un tratamiento como el que se da en museos del INAH, “con los recursos que hemos recabado a partir de donaciones voluntarias”.

Las más de 700 piezas “son materiales completos, que es difícil que lleguen completos a nuestros tiempos y es más difícil que, después de un terremoto, se conserven así, por lo que vale mucho la pena su conservación”, expresó.

El arquitecto Alejandro Martínez, encargado del diseño de lo que será el centro cultural, explicó que la nueva construcción respetará la fachada original de la biblioteca y rescatará algunos aspectos arquitectónicos tradicionales xochimilcas, como las techumbres con carrizo y puntero.

Además, tendrá un muro completo en el que se realizarán pintas con los topónimos nahuatlecas de las festividades de San Gregorio, un estacionamiento de bicicletas, y además las instalaciones serán adaptadas para ser accesibles a personas con discapacidad.

De acuerdo con Martínez, la remoción de los escombros de la antigua biblioteca, así como la restauración del acervo, se han realizado con recursos propios de los voluntarios, así como con donativos en especie de algunos de los materiales necesarios para la conservación de piezas arqueológicas y libros, así como un escáner para digitalizar fotografías y textos.

Para Ingrid, en San Gregorio “dentro de la desgracia, ahora tenemos una nueva oportunidad”, pues la construcción de un nuevo sitio en el que los objetos del pueblo puedan albergarse “pretende ser un proyecto con más visión, que pueda incluir a más personas y que pueda abrir más espacios, porque el pueblo, después de una desgracia como la que pasamos, lo necesita”.

Como originaria de San Gregorio, expresó, “estoy orgullosa de conocer más sobre mi pueblo a través de estos objetos, de conocer lo que Xochimilco le ha dado a la humanidad”.

Para la siguiente etapa, que será la construcción del centro cultural, dijo, esperan continuar recibiendo apoyo de la comunidad de San Gregorio, así como de algunas personas que quieran colaborar para erigirlo.

Por su parte, Jaime Pérez, centinela de la colección, dijo estar “muy contento, porque se va a conservar la historia y las raíces de mi pueblo”.

“Agradezco el apoyo de la gente voluntaria, porque mi cultura no va a quedar aquí, sino que va a seguir adelante”, concluyó.

Si quieres conocer detalles del trabajo de conservación que se realiza con el acervo, o ponerte en contacto con el equipo voluntario de rescate, visita la página de Facebook “Rescate-Museo y Biblioteca San Gregorio Atlapulco”.

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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