SEP de Guerrero se ampara contra padres que exigen escuela digna
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Foto: cortesía Aprender Primero

SEP de Guerrero se ampara contra padres que exigen escuela digna

Alumnos y padres de familia de la secundaria Nicolás Bravo, del municipio de Xochihuehuetlán, Guerrero, demandaron de forma colectiva a la SEP por la falta de salones, agua, luz y sanitarios que les permitiera tomar clases de manera digna. La dependencia hizo algunos arreglos a la escuela y se amparó, en un proceso que ya lleva tres años.
Foto: cortesía Aprender Primero
Por Andrea Vega
15 de febrero, 2018
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En enero de 2015, 65 padres, madres y tutores, y 88 alumnos de la escuela secundaria Nicolás Bravo, ubicada en el municipio de Xochihuehuetlán, Guerrero, presentaron una demanda de acción colectiva en contra de la Secretaría de Educación Pública de la entidad por violar el artículo 3º constitucional y prestar el servicio educativo de manera deficiente.

A pesar de tener más de cien alumnos inscritos, la escuela no contaba con servicio de agua, luz, sanitarios, bardas perimetrales, canchas o plaza cívica. Los salones estaban construidos con horcones de madera, techos de láminas, carrizo, alambre de púas, malla alambrada y sarapes.

Horcones de madera y techos de láminas en los salones para estudiar. Foto: cortesía Aprender Primero.

La demanda interpuesta por los padres contra las autoridades federales, estatales y municipales se turnó al Juzgado Décimo de Distrito en el estado de Guerrero con sede en Chilpancingo. Se le asignó el número de expediente Acción Colectiva en Sentido Estricto 1/2015. Fue la primera tramitada en toda la historia de la entidad bajo esta figura, usada para proteger el derecho de un grupo de personas frente a uno o varios proveedores. En respuesta a la demanda, las autoridades educativas hicieron algunos arreglos en la escuela y luego se ampararon.

En entrevista, el secretario de Educación de Guerrero, José Luis González, informó que se invirtieron tres millones y medio de pesos en el plantel -canalizados por la federación, el gobierno del estado y el municipio- con los cuales se construyeron cuatro aulas, una plaza cívica y baños. Sin embargo, la escuela a la fecha sigue sin agua, drenaje ni luz, informa la defensa legal de los demandantes.

De acuerdo con la ley, el Estado tiene la obligación de hacer que la infraestructura educativa garantice el máximo logro de aprendizaje de los niños, niñas y jóvenes de México. La normativa aplicable estipula que las instalaciones escolares deben cumplir con requisitos de calidad, seguridad, funcionalidad, equidad, pertinencia, entre otros. Solo que en la secundaria de Xochihuehuetlán, el Estado no estaba garantizando este derecho.

Así que en septiembre de 2014, autoridades y miembros del Consejo Escolar de la secundaria dirigieron una carta a la organización civil Mexicanos Primero, enfocada en temas educativos, para solicitarle apoyo en la construcción de la infraestructura y equipamiento de la escuela.

El equipo de trabajo de Mexicanos Primero acudió a las instalaciones del plantel y las encontró en condiciones precarias. El brazo jurídico de la organización, Aprender Primero, dio acompañamiento a los padres y alumnos para presentar la demanda contra Secretaría de Educación Pública (federal), el presidente de la República, la Secretaría de Educación de Guerrero, el Gobierno del Estado de Guerrero, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas de Guerrero, el Instituto Guerrerense de la Infraestructura Física Educativa y el municipio de Xochihuehuetlán.

Sin agua, drenaje ni luz. Foto: Cortesía Aprender Primero.

Todas estas autoridades interpusieron recursos legales contra la demanda en algún punto del proceso, informa la abogada de Aprender Primero, Andrea Alcántara, excepto el Instituto Guerrerense de la Infraestructura Física Educativa y el municipio. “La SEP federal, por ejemplo, apela desde que se admite a trámite la demanda. En lugar de que la autoridad acepte que tiene una obligación concurrente de construir una infraestructura adecuada, empieza a usar los recursos legales para que esto no siente precedente”.

El primer revés legal que recibieron los padres llegó el 12 de septiembre de 2016, cuando un juez declaró improcedente la acción colectiva, con el argumento de que los demandantes no eran consumidores, sino que recibían un servicio público de manera gratuita y no de una escuela privada. Los demandantes interpusieron un recurso de apelación, mismo que se resolvió el 9 de marzo de 2017, en el sentido de declarar procedente la vía de la acción colectiva.

Fue entonces que la Secretaría de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Ordenamiento Territorial de Guerrero interpuso un amparo directo en contra de la sentencia de apelación, admitido el 18 de abril de 2017. La SEP de la entidad se amparó en el mismo sentido. Ambos procedimientos siguen en litigio.

Precedentes de acción colectiva

El secretario de Educación de Guerrero afirma que el objetivo del amparo interpuesto no es incumplir con la obligación de proveer infraestructura para la escuela, sino impugnar la parte de la demanda que solicitaba indemnizar a los padres de familia y a los alumnos.

Sin embargo, la defensa legal de los demandantes asegura que esto no es así. “Lo que se solicitó fue que se cubrieran los daños de forma individual a los miembros de la colectividad, y que eso se aplicara directamente en un fondo de mejora en beneficio de la escuela. Pero el amparo de las autoridades no va en ese sentido; ellos se amparan en contra de la sentencia de apelación, que le da vía a la acción colectiva”.

De acuerdo con el resumen de los procedimientos del expediente, disponible en el portal del Consejo de la Judicatura Federal, los amparos de ambas secretarías (Obras y Educación de Guerrero) efectivamente son en contra de la sentencia que admite la acción colectiva.

El director general de Mexicanos Primero, Juan Alfonso Mejía, considera que la reticencia de las autoridades ante la demanda es por el precedente que sentaría. “Conseguir que las familias se pongan de acuerdo para emprender este litigio en contra del gobierno del estado, y que las familias que van ingresando a la escuela se adhieran al proceso, junto al trabajo pro bono de los abogados involucrados en el caso, es algo poderoso”.

Las autoridades “buscan impedir que haya un pronunciamiento del Poder Judicial respecto a que la acción colectiva es la vía para reclamar que la infraestructura es un elemento que garantiza el derecho a la educación”, enfatiza Alcántara. “Eso sentaría un precedente y empoderaría a otras comunidades para proceder igual”.

El presidente Enrique Peña Nieto anunció en su tercer informe de gobierno, en septiembre de 2015, lo que calificó como “la mayor inversión en infraestructura educativa realizada en el país”: 50 mil millones de pesos en Certificados de Infraestructura Educativa Nacional (CIEN) para apoyar a 33 mil planteles, apenas el 16.7% de las 196 mil 960 escuelas públicas de nivel básico que hay en México. Tan solo de secundarias suman 34 mil 102 públicas. Lo que quiere decir que con la meta propuesta, el gobierno de Peña Nieto no alcanzaría a cubrir ni las escuelas de este nivel.

Las condiciones en la que se encuentran la mayoría de los planteles en México no son favorables. El Panorama de la Educación 2015, del Sistema Educativo Nacional, marca que en ese año 71.4 % de las primarias del país tenía un salón de clase para cada grupo; 66.2 %, agua suficiente; 42.8 % contaba con mesabancos en buen estado y 16.8 % tenía sanitarios para estudiantes con discapacidad.

Respecto a las secundarias, 94.9 % tenía un salón de clase para cada grupo; 65.7 % contaba con agua suficiente, 45.5 % disponía de mesabancos en buen estado y solo 17.9 % tenía sanitarios para estudiantes con discapacidad.

El avance para cumplir la meta de las 33 mil, de acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (Inifed) respecto al programa Escuelas al Cien, señala que de los 50 mil millones de pesos destinados para esto se han monetizado el 67.69 % (33 mil 500 millones) y se ha beneficiado a 22 mil 700 planteles (lo que representa un avance de 68.8).

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg

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El boom del sotol, el licor perseguido en México y la polémica de su producción en Texas

Forma parte de la identidad de Chihuahua, Coahuila y Durango y es también un destilado con un mercado en expansión.
16 de julio, 2022
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“En mi pueblo acostumbran a decir: ‘Vamos a hacer la mañana’. Y lo primero que hacen al levantarse es tomar una copa de sotol”.

Jesús Miguel Olivas, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, habla del único destilado mexicano que no se hace a partir de un maguey o agave, de una bebida que, aunque ancestral, es para muchos una gran desconocida.

El sotol integra la historia y el paisaje cultural de Chihuahua, Coahuila y Durango, los tres estados del norte de México en los que se produce.

“Forma parte de nuestra identidad. Está presente en corridos, en la poesía, en la literatura. Es un legado de esta región”, le dice a BBC Mundo Ricardo Pico, vicepresidente del Consejo Certificador del Sotol. Por ello, está protegido con una denominación de origen.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
El sotol es el único destilado mexicano que no se elabora a partir de un maguey o agave.

Y es, además, un mercado en expansión. “Comercialmente hablando, es lo que era el mezcal hace 12 años”, asegura Pico, comparándolo con el espirituoso mexicano cuya producción ha aumentado en ese periodo de los 500.000 a los 6,5 millones de litros al año. Aunque no hay cifras oficiales, los entrevistados para este artículo concuerdan en que hay un boom del sotol.

Ahora, hay quien ve ambos aspectos del sotol —la identidad que representa y su potencial comercial— amenazados.

Y es que también se ha empezado a hacer del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

La polémica sobre quién tiene derecho a elaborarla está servida.

Conocimiento ancestral

La palabra sotol proviene del vocablo náhuatl tzotollin, que significa el dulce de la cabeza.

La bebida conocida con ese nombre se elabora con distintas especies del género Dasylirion, una planta nativa deldesierto chihuahuense que resiste las extremas temperaturas —hasta mínimas de -14°C en invierno y 42°C en verano— de ese ecosistema semiárido que abarca la zona norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Mapa de las zonas en las que crece la planta del sotol

BBC

Ya en tiempos prehispánicos, las comunidades originarias de ese vasto territorio se servían de ella, principalmente para alimentarse.

“Asaban el corazón, conocido como piña, y hacían una especie de pastas que se podían almacenar. Eran una buena fuente de carbohidratos”, le dice a BBC Mundo Jeffrey Keeling, profesor de biología y gestión de recursos naturales de la Facultad de Agricultura y Ciencias Naturales de la Universidad de Alpine, Texas.

Los rarámuri o tarahumaras, quienes le siguen llamando sereque, la usaban también para hacer utensilios —no por nada en inglés se conoce también como desert spoon, cuchara del desierto—, canastas, zapatos y artesanías, o con fines medicinales, por sus propiedades antibióticas.

La planta del sotol, del género Dasylirion.

Getty Images
La planta del sotol tiene aspecto de palma.
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Getty Images
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Y elaboraban con ella un brebaje fermentado, similar al pulque que se hace con agave en otras zonas de México, de muy baja graduación, para usos ceremoniales ya desde hace 800 años, apunta el experto.

La destilación llegaría después, cuando los españoles trajeron consigo la técnica en el siglo XVI, y la bebida se empezó a parecer a la que se conoce actualmente.

Fermentación y destilado

Han pasado siglos desde aquello, pero el proceso de elaboración no ha variado mucho en décadas y su producción hoy sigue siendo mayoritariamente artesanal y en algunos casos semiindustrial, señala Pico.

Antes que nada, hay que cortar la planta, que crece de forma silvestre.

Hombre corta la cabeza de una planta de sotol.

Ángel Valdez
Son las cabezas de la planta, también llamadas piñas, las que se llevan a la vinata.

Aunque Olivas lidera un proyecto de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, que nació en 1996, centrado en la domesticación de la especie, con el objetivo de que en un futuro pueda haber plantaciones y la producción sea sostenible.

“Si no nos aseguramos de establecer plantaciones, es muy probable que si sigue creciendo el interés en la bebida, a mediano plazo nos veamos en problemas para tener materia prima”, le dice a BBC Mundo.

Una vez cortado el tallo o piña, ya en la vinata o destilería se cuece en rudimentarios hornos construidos a ras de suelo.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda para reducirlas a trozos pequeños, a los que luego se les añade agua para que inicie la fermentación.

Piñas o cabezas de la planta de sotol en un horno rudimentario construido a ras de suelo.

Ángel Valdez

Finalmente, el doble destilado permite obtener una bebida con un volumen alcohólico del 45%.

“Tiene cosas en común con las producciones tradicionales de otros destilados, como el ‘perlado’, una técnica basada en la observación para calcular la graduación etílica, pero también muchísimas diferencias”, le dice a BBC Mundo Faridy Bujaidar, antropóloga especializada en bebidas espirituosas del norte de México.

“El tequila, el mezcal y el sotol, cada uno tiene su trayecto histórico, sus sabores y aromas particulares. Son conocimientos regionales muy focalizados“, añade.

La mayor disimilitud es quizá el volumen de producción. Ya comentamos cuánto mezcal se genera al año en el país, una cifra que palidece frente a la del tequila: 350 millones de litros en 2021, según el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras, la entidad homóloga del sotol estima que de este se producen anualmente 500.000 litros, cerca del 80% en Chihuahua y el resto a partes iguales en Coahuila y Durango.

“A los ojos del consumidor somos una bebida emergente, aunque sea ancestral”, dice su presidente, Efraín Maldonado.

El Consejo calcula que en México hay unos 40 productores tradicionales.

Décadas de persecución

Este panorama es la herencia de la persecución que sufrieron los sotoleros durante décadas, apunta Pico, vicepresidente del Consejo Regulador del Sotol.

Se debió a una combinación de factores, explica, entre ellas la influencia de la prohibición de los destilados a principios del siglo pasado en el estado aledaño de Sonora y la Ley Seca vigente de 1920 a 1933 al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, además de una “corriente de pensamiento conservador en México según la cual el alcohol corrompía la sociedad”.

“Aunque no hubiera una ley per se en el país que prohibiera la actividad sotolera, la policía conocida como ‘la acordada’ llegaba a las comunidades, para en teoría checar que se cumplían las normas ambientales y sanitarias, y les confiscaba el equipo a los vinateros o los llevaban presos“, cuenta.

Hombre cortando un Dasylirion.

Ángel Valdez
Las plantas a partir de las cuales se hace el sotol se encuentran en estado silvestre.

Eduardo Arrieta, “Don Lalo”, maestro sotolero de cuarta generación del municipio de Aldama, Chihuahua, conoce bien la historia.

En parte porque se la contó su abuelo, quien se llamaba igual que él, y en parte porque la vivió en carne propia.

“Mi abuelo empezó en el sotol muy joven, en 1920, cuando andaba en la Revolución con Pancho Villa”, le dice a BBC Mundo.

‘Quítame esa vinata’, le dijo Pancho Villa un día que pasó por allí a caballo, pero mi abuelo no hizo caso, así que cuando volvió lo agarraron, lo ataron y le dieron con un sable. Según ellos esa era la ley aquí antes”, cuenta.

Cuando mataron al “centauro del norte” en 1923, el abuelo de Don Lalo siguió destilando y le enseñó el oficio a su hijo, quien después haría lo propio con el suyo.

“A mí todavía me tocó esconderme cuando llegaron los de a caballo (la policía), para que no me hallaran y me llevaran. Nos destruían el alambique donde hacía uno el vino (sotol), lo balaceaban para que ya no sirviera”, recuerda.

Pico, del Consejo Regulador del Sotol, analiza aquello —que duró hasta finales del siglo pasado en ciertas zonas— con perspectiva.

“La persecución quizá actuó a nuestro favor porque, ¿quién sabe?, de otra manera quizá hubiéramos acabado ya con la planta”, dice. “O nos hubiéramos convertido en otro Tequila, Jalisco, con una industria completamente desarrollada y millonaria”.

Protección institucional

Para caminar en esa dirección y ordenar y proteger la producción del sotol en Chihuahua, Coahuila y Durango, se creó en 2002 la denominación de origen.

Destilando sotol en una vinata.

Ángel Valdez
La última fase de la elaboración del sotol es la destilación.

Una denominación de origen (D.O.) es un sello que certifica que un producto es originario de una zona geográfica particular, que en ella se llevan a cabo todas las fases de producción, y que a esto se deben la calidad y las características del mismo.

Una de las más famosas es la del champán, que dicta que solo se le puede llamar así al vino espumoso elaborado en la zona francesa de Champagne o la Champaña.

La D.O. del sotol está reconocida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Protección Intelectual, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador.

Hoy el producto se vende dentro y fuera de las fronteras mexicanas.

“El mejor mercado para el sotol en México está, curiosamente, allí donde se producen otros destilados, porque se valora ese tipo de producto: en Oaxaca, Jalisco, y, por supuesto, Ciudad de México“, informa Pico.

“En Estados Unidos se vende en Texas y California sobre todo, y existe un mercado emergente, en constante crecimiento, en Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois“.

El problema que ven muchos en la industria del sotol en México es que EE.UU. está dejando de ser meramente consumidor y ha empezado a producir, aunque aún de forma muy focalizada, concretamente en Texas.

Y es que el sotol, a diferencia del tequila y el mezcal, no está reconocido como bebida distintiva de México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

¿Quién tiene derecho a producir?

En enero, Sandro Canovas se plantó fuera de una destilería en Marfa, Texas, con un megáfono en la mano y gritó: “¡El sotol es mexicano! ¡Boicot a estos buitres culturales! No apoyen a los ladrones”.

Y repartió entre clientes y curiosos unos papeles en los que se leía: “Ten en cuenta que Marfa Spirit Co. opera a diario bajo estas premisas: a) apropiación cultural; b) el flagrante desprecio de la denominación de origen que pertenece a Chihuahua, Durango y Coahuila en México; c) ningún compromiso ni acciones o programas hacia la sostenibilidad en la producción de sus bebidas espirituosas”.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Fundado en 2021 por Morgan Weber, con una amplia experiencia en el sector de la restauración y al frente de bares especializados en licores mexicanos, Marfa Spirit Co. es una de las empresas que está produciendo destilado a partir de Dasylirion en Texas.

“Están robando patrimonio cultural, una de las tradiciones tangibles más viejas de la región del norte de México junto al adobe —él es adobero— y quitándoles el negocio a los maestros mexicanos que han hecho esto durante generaciones”, le dice a BBC Mundo el activista.

Cánovas empezó a alzar la voz sobre la cuestión en distintos eventos, hablando con sotoleros y otros miembros de la industria, tocó la puerta de las autoridades.

Pronto una confederación de productores mexicanos, el Grupo de Sotoleros El Potrero del Llano, publicó un comunicado condenando que varias destilerías texanas estuvieran usando la palabra “sotol” en sus productos.

Las autoridades chihuahuenses mantuvieron una serie de reuniones sobre la protección de la producción del sotol en el estado, a medida que la conversación llegaba a los ciudadanos.

Y en su edición del 17 de febrero el diario Hechos de Chihuahua publicó en portada este titular: “Sin respetar la denominación de origen, Texas produce sotol”.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda

Ángel Valdez
Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda.

Preguntado por la posición Consejo Regulador del Sotol sobre la cuestión, su presidente Efraín Maldonado es tajante:

“La norma denominación de origen es clara: a lo que se produzca en los tres territorios (Chihuahua, Coahuila y Durango) se puede le llamar sotol, a lo producido fuera no. Puede ser cualquier otro licor, destilado, pero no se le puede decir sotol“.

Weber, el dueño de Marfa Spirit Co., quien hizo equipo con Jacobo Jáquez, del veterano Sotol Don Celso, para elaborar su producto, se defiende haciendo referencia justamente a eso.

“La denominación de origen no dice nada sobre el uso de la planta para hacer una bebida”, le dice a BBC Mundo.

Sería una locura que, si tuvieras acceso a uvas, alguien te dijera que no puedes hacer vino espumoso. Lo puedes hacer. Otra cosa es que le puedas llamar champán. Y yo tengo acceso a las plantas de sotol”.

Por ello, aunque en las etiquetas viejas de sus botellas se leía Chihuahuan Desert Sotol, las más recientes dicen Far West Texas Desert Spirit, a lo que se le añade que está hecho en un 100% con sotol.

“Es importante honrar la tradición y nosotros no le llamamos sotol por respeto, le decimos licor del desierto. Pero las normas federales requieren que se incluyan los ingredientes en el etiquetado, así que tenemos que poner que viene de la planta sotol, como comúnmente se le llama”, explica.

“Nos critican mucho, que estamos violando la denominación de origen, cosa que no hacemos. Lo hacemos todo desde el respeto”, insiste.

Sin embargo, otras compañías les siguen llamando a sus destilados Texas sotol.

Shot de destilado reposado o añejo con dos pedazos de naranja.

Getty Images
Para hacer las variedades reposado y añejo se guarda el sotol en barricas de roble americano desde 4 hasta más de 12 meses.

Maldonado ve difícil que se deje de producir al otro lado de la frontera y cree que el futuro pasará por integrar a las destilerías estadounidenses en la industria ya existente.

“Quizá en algún momento, después de que las autoridades estatales y federales mexicanas puedan tocar base con las autoridades de Estados Unidos, y si encontramos un mecanismo que sea también benéfico para la industria de aquí, entonces a lo mejor nos podríamos sentar y negociarla“, añade.

Mientras, sigue trabajando en “ordenar” la industria, para que los sotoleros pequeños también puedan certificar su destilado y beneficiarse de la denominación de origen, y en unir fuerzas con las entidades de Coahuila y Durango.

“El mercado está creciendo y cada vez existe una mayor necesidad de que se difunda la tecnología para plantaciones”, dice el doctor Olivas.

“Y también que el público se entere de la calidad, el origen y lo que representa técnica, cultural, social y económicamente el sotol. Es importante que la gente sepa todo lo que hay detrás de una copita de sotol“, añadió durante el Festival del Agave, precisamente en Marfa.

La copa que, en su pueblo, toman temprano “para hacer la mañana”.


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