Trabajadores que cotizaron al IMSS por décadas reciben pensiones que no alcanzan ni para comer
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Ilustración: Jesús Santamaría

Trabajadores que cotizaron al IMSS por décadas reciben pensiones que no alcanzan ni para comer

Todos y todas trabajaron en empleos formales durante 20, 30, 40 años, pagando puntualmente impuestos y aportaciones para su retiro, y aun así, en la actualidad deben sobrevivir con una pensión equivalente a un salario mínimo… e incluso menor.
Ilustración: Jesús Santamaría
Por Paris Martínez
28 de febrero, 2018
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Como muchos de los parques públicos de México, el parque Zamora, en el puerto de Veracruz, todos los días ve reunirse bajo la sombra de sus árboles a grupos de adultos mayores que toman el fresco y sociabilizan. Sin embargo, cada lunes, desde hace nueve años, este parque es un punto de reunión para personas mayores que llegan aquí no para pasar el rato, sino para protestar y organizarse en torno a una demanda común: una pensión digna, por todas las décadas de trabajaron.

Los más jóvenes rozan los 70 años, los de mayor edad van por el siglo, y en todos los casos se van a la cama con hambre, dado que la pensión que reciben no les alcanza para completar las tres comidas diarias, o si lo hacen es excluyendo de su dieta la carne, las verduras o la fruta.

Todos y todas trabajaron en empleos formales durante 20, 30, 40 años, pagando puntualmente impuestos y aportaciones para su retiro, y aun así, en la actualidad deben sobrevivir con una pensión equivalente a un salario mínimo… e incluso menor.

Se trata de personas que durante su vida laboral obtuvieron ingresos superiores al salario mínimo, pero que pocos años antes de llegar a la edad para pensionarse fueron despedidos, lo que les impidió obtener una pensión acorde a los sueldos con los cuales, cada quincena, durante años, les fue calculada la retención para su retiro. Sin embargo, hoy reciben solo una fracción de lo que realmente aportaron.

En otros casos, se trata de personas que gozaron un ingreso medio durante su vida productiva, pero que no fueron registrados por sus empleadores ante el Seguro con sus sueldos reales, sino con el ingreso mínimo, como una medida de sus patrones para evadir impuestos.

El resultado para todos fue el mismo: la miseria en la última etapa de su vida.

José Paredes explica su caso, que es ejemplo de lo que vive el resto de sus compañeros: “Yo tengo 83 años y coticé al seguro durante los 30 años que trabajé como chofer en la industria del metal. Hoy recibo de pensión el equivalente al salario mínimo, 83 pesos diarios, y la gente no puede vivir con un salario tan raquítico… con ese dinero, yo sólo me hago una comida al día, nomás el desayuno, ya no hay almuerzo y no hay cena.”

–¿Qué alimentos son los que consume?– se le pregunta.
–Alimento sencillo: frijoles, arroz, tortillas solas, con sal. El dinero no rinde, todo se fue muy arriba. Solo un tanque de gas de 20 kilos cuesta 400 pesos, y con eso nos matan de hambre. Pero lo peor es que no estamos en un país que no produzca, México produce mucha riqueza, pero siempre están las personas en el poder llevándose lo que quieren, despachándose con la cuchara grande, y la gente trabajadora, míranos, muriendo de hambre.

Don José no habla sin fundamento. Sólo en Veracruz, el estado del que todos los integrantes de este grupo son originarios, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) calcula que las anteriores autoridades estatales, encabezadas por Javier Duarte, cometieron un desfalco al presupuesto público de 81 mil millones de pesos… por lo menos.

“Da sentimiento esta situación –afirma por su parte la señora Emiliana Chávez– porque vienen aquí personas de la autoridad, uno les dice que necesitamos ayuda, y ellos nomás responden que ‘sí’ (habrá ayuda), pero no dicen cuándo, y nosotros estamos con la ilusión de que algún día vengan y nos cumplan, que nos den algo que nos alcance para vivir, pero yo pienso que nos vamos a morir y nunca nos van a cumplir con la ayuda.”

La señora Emiliana tiene 67 años de edad y por tres décadas prestó servicio doméstico para una familia que la tuvo todo ese tiempo registrada al Seguro Social, lo que le permitió gozar de servicios médicos y, llegado el momento, pensionarse.

El problema fue que, para mantenerse en la aportación patronal mínima, esa familia registró a su empleada con un salario inferior al que recibía realmente, y fue con base en ese salario que la autoridad estableció su pensión.

Luego de 30 años de trabajo, Emiliana obtiene una pensión de 2 mil 100 pesos al mes, menos que el salario mínimo oficial.

“Ese dinero no me alcanza para vivir. Estos zapatos tienen más de un año y la ropa que tenemos hay que cuidarla, porque no hay para comprar nueva. De esos 2 mil 100 pesos tiene que salir para el gas, para el agua, para el predial, para la comida y para la medicina, porque a veces en el Seguro no tienen las medicinas que ahí mismo te recetan. Yo estoy enferma de la columna, tengo la presión alta y tengo el azúcar alta (diabetes), y a veces, cuando voy al doctor, no tienen toda la medicina que me mandan y entonces, ¿qué pasa? Pues que la tengo que comprar en una farmacia particular. Y cuando eso pasa, uno tiene que apretarse la barriga, para poder pagar lo otro que hace falta.”

Esa frase de Emiliana va secundada por el gesto afirmativo del resto de sus compañeros, que la rodean y escuchan.

“Entonces –se lamenta–, la llevamos con frijolitos, con huevito, con arrocito, las carencias principales son el alimento. Y aunque de vez en cuando quiero comer un caldo de res, un caldo de pescado, ya no alcanza para eso, la verdad.”

Hace dos años, el ayuntamiento de la ciudad de Veracruz aceptó otorgar a este grupo de adultos mayores una dotación básica de alimentos, de forma mensual, “era una cajita que tenía un kilo de arroz, un kilo de azúcar, un kilo de frijol, un litro de aceite y jabón, básicamente, o sea, cosas elementales, pero que eran de bastante ayuda para nosotros, porque eso ya nos lo ahorrábamos”, explica Emiliana.

No obstante, desde hace ocho meses, la entrega de dichas despensas quedó suspendida.
Doña Lucila Almendra, de 76 años, lo detalla: “Antes nos ayudaban con la despensa, pero desde julio del año pasado, que fueron las elecciones (estatales a la gubernatura y presidencias municipales) nos las retiraron y hasta el sol de hoy no ha habido nada”.

La demanda inmediata es que la entrega de esas despensas les sea restituida a los 60 integrantes de este grupo, denominado Movimiento Constitucional de Pensionados y Viudas Pobres de México, pero la exigencia de fondo, en torno a la cual se reúnen desde hace nueve años, es un replanteamiento legal del modelo con el que se calculan las pensiones en el país.

“Nosotros hemos tocado muchas puertas –explica Miguel Ángel Matiano, de 76 años e iniciador de esta agrupación de adultos mayores–, hemos dirigido escritos al pasado presidente de la República, y también al actual, hemos acudido a foros y hemos ido a la Cámara de Diputados exigiendo una mejora real para los pensionados de menor ingreso y sus viudas, y no nos escuchan.”

Como prueba, don Miguel exhibe un legajo con decenas de exhortos y peticiones de audiencia, dirigidos a funcionarios públicos y legisladores, estatales y federales, a lo largo de los últimos nueve años, que fueron respondidos con negativas, evasivas o sin respuesta.

“Entonces –prosigue, desde su silla de ruedas–, ahora creemos que la única forma de que nuestra situación mejore es que se reconozca que el salario mínimo, que es la base para calcular nuestra pensión, es violatorio de los derechos humanos, no sólo de nosotros, sino de todos los mexicanos, porque no garantiza la subsistencia, queremos que se reconozca que esa es una cantidad que no alcanza para vivir, y que se reconozca que eso una violación a la Constitución”.

En la lista de los políticos con los que han acudido en busca de sensibilidad, sin éxito, destacan Emilio Chuayffet, Manlio Fabio Beltrones, Ernesto Cordero, Jesús Murillo Karam, al ombudsman Luis González Pérez, y más recientemente la diputada Araceli Damián, actual presidenta de la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados federal.

“Nadie se quiere comprometer, muchos ni siquiera nos responden, y otros nos tratan muy bien, son muy amables y nos prometen ayuda, que nunca llega –lamenta don Miguel–. La última fue la diputada Araceli Damián, quien nos ofreció apoyo para redactar una solicitud de amparo con todos los argumentos que hemos expuesto, para presentar ante el Poder Judicial, queremos llegar a la Suprema Corte y que ahí se discuta esta situación, pero desde hace meses estamos esperando que al menos con eso nos puedan ayudar, y nada… cada industria, cada institución de este país, la levantamos nosotros, los obreros, los trabajadores, pero luego míranos… da mucho coraje.”

Desde el año 2009 a la fecha, cuando fue creado el Movimiento Constitucional de Pensionados y Viudas Pobres de México, 36 de sus integrantes han fallecido.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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La gran escasez de productos que afecta al mundo (y por qué puede producirse un efecto látigo)

Autos, madera, muebles, materiales de construcción, comida... muchos productos están agotados por un gigantesco cuello de botella en los envíos internacionales en medio de los cambios que ha provocado la pandemia en el comercio internacional.
13 de agosto, 2021
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Es difícil imaginar que en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo, exista escasez de ciertos productos.

Pero comprar un auto nuevo, muebles o materiales de construcción, dejó de ser una tarea fácil.

En muchos casos los consumidores deben esperar meses antes de conseguir el producto que están buscando.

Es que el atasco en la salida de contenedores desde los principales puertos del mundo está provocando interrupciones intermitentes en las cadenas de suministro.

Y como muchas empresas mantienen los inventarios al mínimo para abaratar costos, cuando ocurren situaciones como éstas, se quedan sin la cantidad de productos necesarios para satisfacer la demanda.

“Algunos consumidores no van a encontrar las cosas que necesitan”, advirtió Neil Sunders, analista de comercio minorista de la consultora GlobalData Retail.

Una demanda que ha crecido en los últimos meses en el contexto de una reactivación económica tras un 2020 que marcó una de las peores recesiones globales de las últimas décadas.

El problema es que con la pandemia se alteró el ritmo del flujo del comercio internacional y cuando aumenta el consumo en varios países a la misma vez, los puertos, las vías oceánicas, los trenes y aviones que transportan los productos no dan abasto.

Como tampoco han dado abasto algunas industrias que producen piezas esenciales para la fabricación de otros productos, como es el caso de los microchips.

Autos, computadoras, muebles, ropa, comida

Justamente la escasez de semiconductores le ha provocado problemas a los fabricantes de autos, computadoras, laptops, celulares o consolas de videojuegos.

“Puede tomar uno hasta dos años antes de que la industria se pueda poner al día con la demanda”, declaró el director ejecutivo de la empresa Intel, Patrick Gelsinger.

Kia Telluride

Getty Images
Algunos autos tienen meses de demora en su entrega.

Lo mismo está pasando con algunos materiales para fabricar ropa, zapatos, comida… la lista es interminable.

Con un equilibrio tan precario, un tifón en China o el cierre de una fábrica en Vietnam por covid-19, genera una especie de caos.

“Nadie puede conseguir nada”, dijo Steve Lamar, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado. “Compra tus regalos de navidad ahora”.

Como muchos contenedores están varados en algunos puertos, el precio de los fletes se ha disparado.

Fábrica de zapatillas

Getty Images
Muchas marcas globales tiene sus fábricas repartidas por Asia. Cualquier interrupción en la cadena genera retrasos en la llegada de productos.

Y algunas firmas como Legwear & Apparel, que fabrica productos para marcas como Puma, Champion y Skechers, confirmó que los costos de los fletes han escalado.

Christopher Volpe, director de Operaciones y Finanzas de la compañía, dijo en declaraciones al diario Washington Post que están pagando unos US$24.000 para enviar contenedores desde Asia a EE.UU., cuando el precio solía ser US$2.000 antes de la pandemia.

Las historias de restaurantes que han tenido que cambiar su menú se repiten todos los días, desde Corea del Sur a Estados Unidos.

Aunque estas sean situaciones excepcionales, la disrupción del comercio internacional es una tendencia.

“Hasta bien entrado 2022”

Algunos vendedores minoristas han dicho que solo tienen suficientes productos para satisfacer la demanda por un poco más de un mes, una situación que implica uno de los más bajos niveles de inventarios desde 1992, según la Oficina del Censo de EE.UU.

Contenedores en China

Getty Images
Uno de los efectos de la pandemia ha sido la interrupción del equilibrio en las cadenas globales de suministro de productos.

Hay mucha incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en el futuro, más ahora que la variante Delta del coronavirus está propagándose con mayor velocidad.

Las interrupciones en el suministro podrían continuar “hasta bien entrado 2022″, declaró hace unos días el presidente de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard.

Según como evolucione la demanda y la oferta, habrá unas semanas en que los consumidores verán escasez de ciertos productos y más tarde serán otros.

En estos días se ha hecho más difícil encontrar materiales de plástico para embalaje, bolsas de papel, carne o aceite para cocinar.

A veces se debe a problemas con el flujo de trenes y camiones, otras veces porque no llegó el envío internacional, o por falta de mano de obra.

Un nuevo desequilibrio

“Creo que el principal efecto de la escasez global de muchos bienes será un mayor desequilibrio de inventarios en el futuro”, dice Willy Shih, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard.

Ante la escasez actual, explica en diálogo con BBC Mundo, las empresas están pidiendo órdenes adicionales o tratando de conseguir sus productos a través de canales logísticos obstruidos.

Fabricación de contenedores

Getty Images
El “efecto látigo” se produce cuando las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

Con el tiempo, cuando los proveedores se pongan al día, “es probable que veamos excedentes en muchas áreas”, apunta.

Es parte del desequilibrio en el sistema.

“Esto sucedió con los rollos de papel higiénico durante el último año. Primero hubo desabastecimientos y luego excedentes”, explica el economista.

Es lo que se conoce como el “efecto látigo” en las cadenas de suministro. Ocurre porque las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

“Otra cosa que será difícil de evitar serán las presiones inflacionarias. Muchos costos de logística han alcanzado récords últimamente y, eventualmente, alguien tiene que pagar por ellos”, señala Shih. “Posiblemente serán los consumidores”.

Y, por otro lado, las empresas más pequeñas que no puedan traspasar los costos, se exponen a una situación crítica en sus finanzas.

Precios de los embarques disparados

En Europa el fenómeno es similar.

Las tarifas de flete desde Shanghái a Rotterdam (Países Bajos) han aumentado hasta 596% en comparación con el precio del año pasado, según las últimas cifras del Drewry World Container Index.

Según cálculos de Bloomberg, los cuellos de botella de la cadena de suministro global han multiplicado las tarifas en las rutas populares hasta seis veces en el último año.

Así, los costos de envío más altos y las dificultades para reabastecer los inventarios rápidamente, argumentan expertos, terminarán afectando a los consumidores en la mayor parte de los países.

Efectos globales que llegan a América Latina

Una situación que ya está dejando huellas en América Latina.

Bodega de productos

Getty Images
Consumidores latinoaméricanos han tenido que esperar meses por algunos productos.

“Nunca había visto algo así”, cuenta Blanca Figueroa desde Chile, una profesora jubilada que hace poco llegó a vivir a su nuevo departamento en Santiago y le ha resultado muy difícil conseguir todos los productos que necesita.

“Es muy difícil comprar. He buscado sillones, mesas, sillas, camas. Para conseguir algunos productos hay que esperar meses“, agrega.

Una situación parecida se vive en otros países de la región.

Por ejemplo en El Salvador, los precios del acero y derivados como el hierro, así como tubos PVC, pintura, solventes y productos a base de plástico han aumentado a causa del incremento en el valor de los envíos internacionales y el alza en el precio del petróleo, en un margen que bordea el 30% o el 50% según el producto.

Es que el sector de la construcción en Latinoamérica ha tenido complicaciones para conseguir varios de los suministros que necesita, tal como ocurre en Estados Unidos.

“Los precios de los fletes marítimos internacionales han pegado mucho y el aumento de la demanda provocó que bajara la capacidad de espacio para estos países en desarrollo”, dijo el gerente de sucursales de Viduc Ferreterías, Danilo Blanco, a El Diario de Hoy.

Trabajadores de la construcción

Getty Images
El sector de la construcción es uno de los más afectados en Latinoamérica.

En México, el valor de los productos de la industria química, el plástico y el hule lideraron el aumento de precios en el país en el mes de julio, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En el caso de los autos usados, también han subido los precios, como ha ocurrido en varios países de la región.

“Estamos viendo un incremento en los precios, tanto por una mayor demanda, como porque no hay vehículos nuevos en el mercado”, dijo Alejandro Guerra, director general de Kavak, una empresa dedicada a la compraventa de autos “seminuevos”, en declaraciones al periódico Expansión.

En diálogo con BBC Mundo, Gerardo Tajonar, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), dijo que las disrupciones en las cadenas de suministros han afectado a varios sectores del país, particularmente la manufactura.

“Las empresas mexicanas no tenían un plan de contingencia, las tomó por sorpresa. Por eso hay que crear estrategias de mitigación de riesgo”.

Trabajadora en fábrica

Getty Images
La manufactura en México ha sentido el impacto de las disrupciones en las cadenas de suministro a nivel global.

El mes pasado, cuenta, el comercio internacional de México (importaciones y exportaciones subió cerca de 30%). Sin embargo ahora, con la llegada de una tercera ola de covid-19, el futuro se vuelve un poco más impredecible.

“A nivel del consumidor yo diría que se ha visto un aumento de precios en bienes más bien suntuarios como autos, productos de diseño, ropa de marcas, pero no en la canasta básica”, agregó.

“Más que escasez,yo diría que hay falta de variedad en algunos productos“.

Quien tampoco ve una perspectiva estratégica global muy clara para enfrentar estas contingencias es Gerard Reinecke, especialista principal en Políticas de Empleo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“El problema con las cadenas globales está influyendo en el empleo, pero aún no tenemos cómo cuantificarlo, es demasiado pronto”, explica.

De todos modos, si las cosas continúan así, los consumidores se verán afectados por precios más altos en algunos productos o tendrán que esperar más tiempo para conseguirlos.

Durante la pandemia, los costos de transporte de las importaciones en Latinoamérica se han disparado. Por ejemplo, el costo del flete de un contenedor entre Shangái y América del Sur antes de la crisis sanitaria era de unos US$2.000 promedio.

Ahora subió a cerca de US$7.000, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

Contendedores

Getty Images
El precio de los fletes marítimos en la región se ha disparado.

Según Mauricio Claver-Carone, presidente del BID, la pandemia ha expuesto las vulnerabilidades de la región, pero también está dando una gran oportunidad para resolver los problemas.

“Tenemos que facilitar la inversión en las cadenas de suministro y aumentar la integración intrarregional”, le dice a BBC Mundo.

Una integración escasa, agrega, considerando que Latinoamérica es una de las regiones menos integradas del mundo, lo cual aumenta la dependencia de la región de los productos importados.

Solo el 14% de nuestro comercio ocurre a nivel intrarregional, comparado con el 59% de Europa y el 41% de Asia Oriental, explica Claver-Carone.

Por décadas los expertos en comercio internacional han recomendado mejorar la integración regional, pero lo cierto es que poco se ha avanzado.

Según Gerard Reinecke, Latinoamérica podría rearticular algunas cadenas a mediano y largo plazo pero, hasta ahora, “no hay muchos indicadores de que eso esté ocurriendo”.

Tal parece que ante el nuevo escenario y la incertidumbre que provoca la variante delta del coronavirus, las empresas y países que no reaccionen a tiempo, o que no tengan la capacidad de asegurar un flujo constante de suministros, pueden comenzar a quedar rezagados.

Quién llevará la delantera

En medio de las alteraciones inducidas por la pandemia, “estamos viendo cambios importantes en la ventaja competitiva internacional“, le dice a BBC Mundo William Lazonick, presidente de la Red de Investigación Académico-Industrial de EE.UU. y profesor de la Universidad de Massachusetts.

Trabajador de empresa tecnológica

Getty Images
Los problemas logísticos en el comercio internacional pueden cambiar la ventaja competitiva de algunos países.

Cambios en industrias esenciales relacionadas con la aeronáutica, la microelectrónica, los equipos de comunicación, la energía limpia o los productos farmacéuticos.

Es que la escasez global de muchos bienes no solo refleja los efectos de la pandemia y la política de las empresas de mantener inventarios reducidos al mínimo en las últimas décadas.

Refleja también, dice Lazonick, que las principales empresas estadounidenses de alta tecnología han “desperdiciado su liderazgo mundial” y pone sobre la mesa dudas sobre qué tan agresivas han sido algunas empresas en repartir dividendos sin hacer las inversiones necesarias para cuando se producen momentos de emergencia como el actual.


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