Cultivan y trabajan en el campo... dentro de la cárcel
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Rodrigo Crespo

Cultivan y trabajan en el campo... dentro de la cárcel

El penal varonil de Santa Martha desarrolló un proyecto para los reos con altas probabiidades de reinserción social, que contrasta con el aspecto de cualquier prisión: una granja en la que siembran y cuidan animales, la primera en una cárcel mexicana.
Rodrigo Crespo
Por Claudia Altamirano
23 de febrero, 2018
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Los pasillos del penal varonil de Santa Martha, al oriente de la Ciudad de México, son el mismo laberinto gris, largo y agobiante de cualquier prisión. En las ventanas de las celdas hay prendas asoleándose, en las torres policías armados y en las áreas comunes aparatos tubulares de gimnasio sobre cemento. Pero pasando las aulas de estudio hay un área que rompe de tajo el ambiente penitenciario: pasto, flores, huertos, conejos, patos, un estanque con peces y tortugas, y un pequeño invernadero. Es la primera granja dentro de una cárcel en la capital mexicana.

En este terreno de 450 metros cuadrados hay hombres vestidos de beige con palas y picos. Los brazos tapizados de tatuajes de uno de ellos hacen una cuna para un gazapo gris, que se acurruca sin temor. “¿Quieren uno?”, preguntan con curiosidad los reos a las visitas que llegan a la granja. Otro de ellos saca del estanque a las tortugas y las coloca en el pasto, pero ellas brincan de regreso al agua pues el sol de mediodía arde en este campo abierto.

El Centro de Rehabilitación Social Varonil (Ceresova) de Santa Martha resguarda a mil 366 primodelincuentes, es decir, que cometieron delitos por primera vez, con edades entre 18 y 30 años. Dentro de esta prisión hay un módulo de alta seguridad, conocida como ‘Diamante’, pero el perfil del resto de los internos es de bajo riesgo y altas probabilidades de reinserción social, pues fueron recluidos por delitos no graves (la mayoría por robo). Por ello, aunque el suelo no es idóneo para la siembra, este lugar fue considerado adecuado para desarrollar el proyecto productivo –y terapéutico- ‘Bio-reinserta’, con el que los presos aprenden el trabajo del campo como una alternativa laboral para cuando sean liberados, ocupan su tiempo y consumen los productos que sembraron.

“Esto ya es un oficio para nosotros, el tiempo que aquí tenemos lo aprovechamos lo más que podemos, yo no sabía nada de esto y lo he aprendido aquí el tiempo que llevo recluido. Yo lo veo como un impulso, como una prueba más de que puedo salir adelante. Me llevo una buena experiencia dentro de la mala experiencia”, cuenta Felipe Ávila, interno de 29 años que trabaja en el área de hortalizas.

Además de aprender sobre el cultivo, este trabajo les ayuda a tener un buen historial dentro de la cárcel. Foto: Rodrigo Crespo

Durante los dos años que lleva operando formalmente la granja, han pasado por ella unos 200 hombres, según estima Hazael Ruiz, subsecretario del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México. Los 36 que actualmente la trabajan cumplen una jornada completa: de 09:00 a 18:00 horas todos los días, con la obligada hora de comida. Sin embargo, el 14 de febrero pasado iniciaron sus labores pasado el mediodía, ya que recibieron una constancia de su participación la cual les brinda beneficios al momento en que un juez decide otorgar preliberaciones, por lo que además es un incentivo para los reos en su búsqueda de libertad.

“Tiene un beneficio independiente de la capacitación y conocimiento que adquieren, también esto se considera una actividad laboral y parte de la capacitación para el trabajo”, explica el subsecretario. “Tienen que tener buena conducta, tienen que comprometerse a ser puntuales y asistir de manera regular”.

Sembrar en tierra seca

La idea surgió hace unos tres años de unos internos que pidieron apoyo para aprender a sembrar en un terreno que estaba totalmente desocupado. Les impartieron el curso ‘Cultivemos para comer’ y ante el interés de otros reos, incorporaron la labor de un ingeniero agrónomo voluntario para que les enseñara formalmente los procesos agrícolas. Desde entonces trabajan bajo su guía.

A pesar de ser tierras poco fértiles, agrónomos aseguran que los reos han hecho buen trabajo. Foto: Rodrigo Crespo.

“En este lugar se siembran lechugas, brócoli, coliflor, zanahoria, rábanos, cebolla betabel, espinacas y acelgas. Aquí venimos, tomamos las herramientas, las semillas, las plántulas, se preparan los suelos, se establecen los periodos de riego y de fertilización si es el caso”, detalla a Animal Político el ingeniero Jacob González, de la Unidad de Educación Agropecuaria de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

El agrónomo explica que el suelo lacustre de la Ciudad de México no es propicio para la siembra porque es muy salino. En el caso particular de Santa Martha, a menos de 10 centímetros de la superficie del suelo hay tepetate, es decir, tierra no fértil, sin embargo es posible fertilizarlo con composta. “Cualquier suelo se puede volver fértil cuando se incorpora material orgánico. Los muchachos han trabajado con abonos verdes como el trigo, y si no, tenemos la hidroponia”.

El sistema penitenciario de la CDMX hizo antes otros intentos de crear estos ‘oasis’ en otros penales, como en el Varonil Oriente, en el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi) para internos con problemas psiquiátricos; otro en el Femenil de Santa Martha Acatitla y en la Casa de Medio Camino, a un costado del Reclusorio Sur.

El terreno de 450 metros cuadrados es suficiente espacio para que estos reos desarrollen sus habilidades. Foto: Rodrigo Crespo.

“Son similares pero de menores dimensiones: no tienen carpas, son más de huertos, cultivos, preparar semillas, tienen conejos, en Cevarepsi tienen un invernadero muy bonito y ellos venden las lechugas. Este es el mejor, es el que creemos que está más avanzado y por el que han pasado más personas”, asegura el subsecretario Ruiz y agrega que su intención es ampliar el proyecto Bio-Reinserta este año hacia los reclusorios Oriente, Norte y Sur.

La granja no tiene un presupuesto oficial sino que se sostiene de donaciones, según Hazael Ruiz. Una de las más importantes proviene de la Asamblea Legislativa a través de la diputada Rebeca Peralta, presidenta de la Comisión Especial de Reclusorios, pero según ambos, se trata de donaciones y no de una partida etiquetada con este fin. También hay aportaciones de los “socios industriales”, empresarios que trabajan al interior del sistema penitenciario y colaboran con materiales en especie: malla ciclónica, semillas, cemento o tuberías.

La presencia de los animales genera un ambiente lúdico en medio del encierro. Los presos cuentan que una de las tortugas desapareció durante una visita que tuvieron; días después fue devuelta, por lo que ellos cuentan que fue “secuestrada”. El más grande de los conejos recibió el mote de “Conejo-perro” por su agresividad y porque ya ha mordido a varios reos. Cuando sacan a todos los animales a andar libremente por la granja, cuidan que los patos no piquen las orejas de los conejos y que el enorme ‘Conejo-Perro’ no muerda a las personas.

Han logrado cosechar: lechugas, brócoli, coliflor, zanahoria, rábanos, cebolla betabel, espinacas y acelgas. Foto: Rodrigo Crespo.

“Es muy buena la convivencia con todo el equipo de hortalizas. Muy tranquilo, es una de las cosas que más me gusta hacer, porque la verdad no hay muchas cosas qué hacer”, confiesa el interno Ricardo Castañeda.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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El puente entre México y EU bajo el que duermen más de 10 mil migrantes

Miles de personas esperan en un campamento improvisado bajo el puente internacional que conecta a Ciudad Acuña (México) con Del Río (Texas) a que procesen sus solicitudes de asilo.
18 de septiembre, 2021
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El puente que conecta Del Río (Texas) con Ciudad Acuña (México) se ha convertido en un campamento improvisado con más de 10,000 personas que han cruzado masivamente la frontera con Estados Unidos.

Los migrantes duermen bajo el puente en penosas condiciones, tras haber cruzado las aguas heladas del río Bravo, a la espera de que las autoridades procesen sus solicitudes de asilo.

El campamento improvisado tiene pocos servicios básicos y algunos migrantes, que soportan temperaturas de hasta 37°C, están regresando a México a por suministros.

Los migrantes son en su mayoría haitianos, pero también hay algunos cubanos, venezolanos y nicaragüenses, dicen los informes de las autoridades.

Muchos de ellos forman parte de una ola más grande de migrantes que se dirigen al norte, gran parte de los cuales llegaron a Brasil y otras partes de Sudamérica tras el terremoto de 2010, informa el Washington Post.

Migrantes que buscan asilo en EE. UU. Se bañan en el río Grande cerca del Puente Internacional entre México y EE. UU., Donde esperan ser procesados, en Del Rio, Texas, el 16 de septiembre de 2021.

Reuters
Migrantes que buscan asilo en EE.UU. se bañan en el río Bravo (río Grande), en la frontera con México.

“Un caos”

Según dijo a Reuters el alcalde de Del Rio, Bruno Lozano, más de 10,500 migrantes se encontraban bajo el Puente Internacional de Del Rio el jueves por la noche.

Ramsés Colón, un solicitante de asilo afrocubano de 41 años que trabajó en Perú para ahorrar dinero para el viaje, dijo que el campamento de Del Río es un “caos”.

“Te quedas ahí entre miles con tu boleto, esperando tu turno”, le dijo al Washington Post. Se refiere a los boletos con números que las autoridades entregan a los migrantes mientras esperan a ser procesados.

“Parada temporal”

La Patrulla Fronteriza dijo en un comunicado que estaba aumentando la dotación de personal en Del Río para facilitar un “proceso seguro, humano y ordenado”.

MAPA

BBC

“Para prevenir lesiones por enfermedades relacionadas con el calor, el área con sombra debajo del Puente Internacional Del Río está sirviendo como un sitio de parada temporal mientras los migrantes esperan ser a llevados bajo la custodia de la USBP (Patrulla Fronteriza de Estados Unidos)”, agregó.

Se les proporcionó agua potable, toallas y baños portátiles, agrega el comunicado.

Afluencia récord

Desde que asumió la presidencia en enero, Joe Biden, quien prometió reformar la inmigración estadounidense, ha creado un grupo de trabajo para reunificar a los niños migrantes con sus familias, ha detenido la construcción del muro fronterizo de Donald Trump y ha pedido revisiones de los programas de inmigración legal cancelados por su predecesor.

Pero también está experimentando una afluencia récord de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos, incluidos cientos de niños no acompañados, que están detenidos en centros estadounidenses.

Migrantes que buscan asilo en EE. UU. descansan cerca del Puente Internacional entre México y EE.UU. mientras esperan ser procesados, en Del Rio, Texas, el 16 de septiembre de 2021.

Reuters
Los migrantes deben esperar su turno para que su solicitud de asilo sea procesada.

La llegada de migrantes ha crecido significativamente en las últimas semanas.

El mes pasado, las autoridades estadounidenses arrestaron a más de 195.000 migrantes en la frontera con México, de acuerdo con datos del gobierno publicados el miércoles.

Y en julio el número de personas detenidas en la frontera superó los 200.000 por primera vez en 21 años, según muestran las cifras de las autoridades.


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