Este acoso no se lo deseo a nadie: prevalece discriminación en aulas para estudiantes LGBTI
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Este acoso no se lo deseo a nadie: prevalece discriminación en aulas para estudiantes LGBTI

Jóvenes de la comunidad LGBTI prefieren reprimir, ocultar o fingir sus preferencias sexuales para ser aceptados por sus compañeros y evitar las agresiones, que aparecen en la primaria y se refuerzan en la secundaria, mientras que un 38 % deja la escuela.
Cuartoscuro
Por César Reveles
1 de marzo, 2018
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Manuel sufrió discriminación escolar por su orientación sexual desde la secundaria. Algunos de sus  compañeros lo seguían hasta el baño, le daban zapes, le decían “marica”. La agresión constante lo orillaba a aguantarse hasta llegar a su casa aunque tuviera muchas ganas. Sin amigos, varias veces pensó en el suicidio. Años más tarde optó finalmente por desertar de la preparatoria.

Aunque no existen estudios oficiales sobre la discriminación escolar en México por temas de identidad de género, encuestas de organizaciones especializadas revelan que al menos la mitad de los estudiantes de secundaria y preparatoria han sido violentados verbalmente al identificarse como homosexuales, lesbianas o bisexuales.

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“Recuerdo cómo en la secundaria me seguían hasta el baño para molestarme, me decían marica y me daban zapes, decidí mejor aguantar mis necesidades diario hasta la casa aunque tuviera muchas ganas. No tenía amigos en los cuales refugiarme y nunca reporté las agresiones con los maestros por miedo y pena. En aquél entonces mis preferencias no eran un orgullo para mí”, cuenta Manuel, quien ahora tiene 30 años.

Mario Fausto Gómez, profesor de Psicología y responsable de la Comisión de Género del SUAYED Fes Iztacala, asegura en entrevista que cuando la discriminación por preferencia sexual se presenta en la adolescencia siendo constante y directa, puede provocar que el estudiante renuncie y no quiera regresar a clases llevándolo al fracaso escolar.

“El impacto puede ser variado en el alumno; hay quien puede soportar la situación porque inconscientemente normaliza las agresiones volviendo el tema invisible. Pero en otros casos, el daño psicológico y emocional puede llevarlos a pensar en el suicidio, más aún cuando no tienen un confidente o un apoyo familiar a quien puedan confiar esta situación”, comenta Fausto Gómez.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación y Juventudes realizada por la organización YaajMéxico, al menos el 62 % de jóvenes entre 15 y 29 años han sufrido algún tipo de discriminación en la escuela. Se trata de agresiones físicas, verbales, psicológicas y sexuales, por el simple hecho de ser homosexuales, lesbianas o bisexuales.

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Las consecuencias de este acoso no han sido mínimas. De acuerdo con la segunda Encuesta Nacional sobre Violencia Escolar para alumnos LGBT en México, realizada por la Coalición de Organizaciones contra el Bullying por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género en México en 2017, el 38.8 % de estudiantes entre 13 y 20 años decidieron interrumpir sus estudios al ser víctimas de alguna agresión por su orientación sexual y el 37.7 % tomó la misma decisión al ser víctimas por su expresión de género (manera de vestir, peinados o conducta).

Después de la escuela, los y las jóvenes LGBTI contestaron que el segundo lugar donde sufren exclusión o marginación es el círculo familiar.

Para Fausto Gómez, el hecho de crecer en un ambiente “en donde se aplaude la heterosexualidad, crea a las personas con distinta identidad de género un vacío emocional, llegando a creer que serán juzgadas o castigadas por sus preferencias”.

Respecto a esto Manuel confiesa que desde el inicio trataba de ocultar su homosexualidad. “Según yo lo escondía en la secundaria y aun así me molestaban. Después, cuando entré a la preparatoria preferí ocultarlo más, al grado de hacer cosas en contra de mi voluntad para agradar a otras personas como el tener novia. Pero con el paso del tiempo, eso solo me creo más confusión y llegué a pensar en el suicidio”, recuerda.

En su entorno familiar las cosas no eran tan distintas. “Cuando regresaba de la escuela a mi casa los vecinos no me hablaban, de hecho por eso no tuve amigos. En mi casa también lo ocultaba y después de años, cuando cumplí 23, se lo confesé a mis papás pero su primera reacción fue de rechazo, les tomó tiempo aceptarlo”.

En 2012, la organización Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral en coordinación con otras ONG y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), elaboraron la 1ª Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico en las que se encuestaron a mil 273 personas de diversas orientaciones sexuales, principalmente hombres gays, mujeres lesbianas y personas bisexuales.

Del total de los participantes, el 67 % aseguró haber sido víctima de bullying. Estos casos se dan más entre los estudiantes gays (74 %), seguido de las jóvenes lesbianas (50 %).

Un dato interesante que arrojó este estudio es la prevalencia de la discriminación en las escuelas. Las cifras demostraron que el acoso y la discriminación se dan más en las instituciones públicas, pues un 68 % de los alumnos de éstas han sido víctimas, en tanto que en los colegios privados el 63 % de los estudiantes denunciaron al menos una agresión por sus preferencias sexuales.

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Cuando se les cuestionó a aquellos que no habían sufrido algún acto discriminatorio la razón por la cual aún no habían sido víctimas respondieron de la siguiente manera: No se les notaba (58 %); no habían declarado sus preferencias (31 %); se llevaban bien con todos (6 %); había un clima de respeto (3 %), y otras razones (2 %).

Estos números demuestran que, tal y como lo hizo Manuel, la mayoría de los estudiantes de la comunidad LGBTI tienen que reprimir, ocultar o fingir sus preferencias para ser aceptados por sus compañeros.

Y aunque los casos más graves suelen presentarse en la adolescencia, la encuesta de Alianza por la Diversidad y la CNDH registró que el 56 % de los casos se suscitaron en la primaria, el 28 % en la secundaria, el 13 % en la preparatoria y el 3 % en la universidad.

No confían en las instituciones       

Aunque los jóvenes sepan de la existencia de instituciones como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), solo el 27.6 % de los encuestados -por la organización Yaaj México-  han acudido a ellas para denunciar las agresiones. Y de este porcentaje, el 32 % recibió una atención deficiente, el 13 % asegura que su caso fue ignorado y al 9.5 % el personal de la institución les recomendó no decir nada.

De hecho la encuesta de YaajMéxico revela que del total de los casos recibidos por instituciones públicas que luchan contra la discriminación, más del 70 % se quedan sin respuesta y por ende sin sanción.

Pero esa indiferencia se reporta desde la etapa escolar, pues cuando se les preguntó a los alumnos afectados las medidas que tomaban los maestros o autoridades escolares al presenciar el bullying, las respuestas fueron: No hacían nada, les parecía algo normal (48 %), no se percataban del bullying (24 %), llamaban la atención a los agresores (14 %), eran cómplices (11 %), y castigaban a los agresores (3 %).

Manuel aprendió con el paso de los años que ningún maestro o autoridad iba a ser capaz de frenar las agresiones diarias en su contra por lo que poco a poco, relata, tomó fortaleza por él mismo y aprendió a enfrentar sus miedos.

“Ahora sé que no me permitiría volver a pasar por lo mismo, ese tipo de acoso no se lo deseo a nadie, las agresiones que recibí lo único que me trajeron fue inseguridad que he tratado de superar. Hoy en día me siento orgulloso de lo que soy y lo que puedo decirles a quienes atraviesan por esta situación es que no se dejen influenciar, hay una vida que los espera más allá de la escuela”, finaliza Manuel.

La solución está en la educación 

A pesar de que ha habido una apertura respecto a la diversidad de género en el país, la exclusión en el entorno escolar persiste. Y aunque los adolescentes suelen ser el sector más vulnerable, el problema se presenta hasta la universidad.

Por esta razón, el SUAyED de la FES Iztacala de la UNAM creó hace unos meses la Comisión de Género, la cual se encarga de apoyar a la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias (UNAD) dentro de la UNAM mediante talleres, vinculación con otras instituciones, investigación y difusión de información.

“La discriminación en la UNAM está presente tanto en el área administrativo como en las aulas. Se han detectado casos en que profesores varones se expresan de forma misógina hacia mujeres y de manera homofóbica hacia los hombres”, detalla Fausto Gómez.

El especialista y encargado de dicha comisión argumenta que la discriminación de los docentes hacia los alumnos puede llegar a ser inconsciente y es hasta el momento en que reciben una recomendación sobre su actitud, que se percatan del error que cometieron.

El estudio Tendencias de Género realizado por la UNAM, registró de agosto de 2016 a 2017 un total de 325 denuncias, principalmente relacionadas con acoso sexual y agresiones verbales de profesores y alumnos hacia mujeres. De tal cifra, solo el 1 % tienen que ver con temas de diversidad sexual.

“Hasta el momento hemos recibido pocos casos de discriminación, pero es precisamente por esta normalización del tema en donde la víctima ya no detecta la agresión verbal en el discurso. Además en muchos de los casos los afectados aún tienen miedo de dar a conocer su historia, o en su defecto desconocen la existencia de la Unidad de Atención y seguimiento a las Denuncias de la UNAM”, comenta.

Para el académico, la solución para erradicar la discriminación se encuentra en las leyes. Argumenta que hasta la fecha existen frentes que se oponen a un cambio en los libros de educación básica, sobre todo en la primaria.

“Si desde la educación básica y media superior los libros de texto gratuitos contaran con lecturas de diversidad sexual habría un avance. Es fundamental que en este tema haya una política de sensibilización. Ya hay política públicas incluyentes pero ahora deben ir acompañadas de reformas educativas”, asegura.

Su recomendación para aquellos jóvenes estudiantes que son o han sido víctimas de discriminación es que no ignoren el problema y lo platiquen. “Si no tienen un apoyo familiar y no quieren denunciar la agresión, busquen a su mejor amigo y platíquenlo, lo importante es no reprimir ese sentimiento”.

Además exhorta a todos los alumnos, sean heterosexuales o no, el saber identificar si el espacio educativo es incluyente. No ignorar el lenguaje sexista utilizado por algunos maestros y maestras, ya que el pasarlo por alto significa permitir la discriminación.

Para denunciar un hecho o acercarte a la Comisión de Género de la UNAM, basta con entrar a su página de Facebook, o ponerse en contacto con el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, que respalda el proyecto. O en su defecto pueden cercarse a la Unidad para Atención y Seguimiento de las Denuncias UNAD. 

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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El épico viaje de un grupo de estudiantes en un autobús viejo más allá de la Cortina de Hierro

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este. Se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.
24 de octubre, 2020
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The gang in front of the bus in Pisa

1968 CRD253 Group
De Escocia a Estambul vía Pisa.

En el verano de 1968, un grupo de amigos adaptó un autobús de dos pisos y se fueron de viaje en él por Europa del Este.

Patrocinado por dos fabricantes de whisky escocés, se encontraron con tanques soviéticos, una escasez de cerveza rumana y un peligroso paso de montaña yugoslavo.

El autobús era un antiguo AEC Regent MkII de Reading Transport Corporation, un modelo que ahora tiene su propia página de Wikipedia y un público fiel.

Luego de servir por mucho tiempo al público, el autobús estaba estacionado con una variedad de reliquias desechadas afuera de un garaje en Spittalfield, una pequeña ciudad al norte de Perth, en Escocia.

Ian Jack y su amigo Dave Stickland tenían vagos planes para algún tipo de viaje de verano.

Pasando por delante del garaje un día de mayo de 1968, los estudiantes vieron los autobuses y, por capricho, se detuvieron para preguntar el precio de los un piso.

Costaban unos US$520, increíblemente caros.

Pero, justo cuando se iban, el dueño del garaje los llamó y les ofreció uno de dos pisos, con menos demanda, por la mitad del precio.

Comprar un vehículo tan grande era “una idea ridícula”, por lo que declinaron y se fueron, dice Ian.

“Pero luego regresamos a la universidad y se corrió la voz y, de repente, la gente quiso darme algo de dinero para comprarlo”.

El viaje

El viaje estaba en marcha. La joya de la ingeniería británica construida en Southall estaba a punto de encontrarse con la Europa continental.

Quitaron los asientos para dar espacio a los colchones donados por su universidad, St Andrews.

Compraron trozos de alfombra, y Wendy Scott, una de las doce compañeras de viaje, hizo cortinas para la cubierta superior, tanto para las ventanas como para colgarlas en los dormitorios, para dar a las cinco estudiantes a bordo algo de privacidad.

Map of the entire route

Google
No había Google Maps en 1968.

Los arreglos para dormir eran algo en lo que la prensa local estaba particularmente interesada.

Instalaron una pequeña cocina y armaron una ducha improvisada con agua calentada por el sistema de enfriamiento del motor del autobús.

No había retrete, solo una pila de papel higiénico y la aceptación de que cualquier llamada de la naturaleza tendría que ser respondida al aire libre.

Intentamos que fuera cómodo“, dice Wendy, que ahora vive en Newcastle.

Bus parked near Hagia Sophia museum and the Blue Mosque in Istanbul

1968 CRD253 Group
Durante la estancia en Estambul, cerca de Santa Sofía.

“Tratamos de hacerlo habitable, porque sabíamos que íbamos a tener que dormir allí. Ya sabes, no hoteles ni nada. Tendríamos que dormir en este autobús durante 10 semanas”, agrega.

A veces dormían afuera si el clima lo permitía.

“Te despertabas por la mañana en la parte superior del bus, mirabas hacia abajo y allí estaba Ian, tocando la flauta, la gaita Absolutamente maravilloso. ¿Qué más quieres en esta vida?”, dice Wendy.

El camino

No es fácil precisar exactamente cuántos eran en total. Wendy recuerda 13, Ian piensa que 15.

Pero poco importa, ya que tenían la costumbre de recoger gente en el camino, por lo que su número fluctuaba constantemente.

Un soldado estadounidense, de vacaciones en Múnich, estaba tan atraído por el autobús que subió con su bicicleta y se quedó.

Un par de austriacos se unieron a ellos en Viena y no se fueron durante un mes. Uno, Klem, resultó ser chef y hábil en la “cocina” en la parte trasera del autobús, con su pequeña cocina de gas.

“Tuvimos mejillones y pollos… Ah, tuvimos comidas maravillosas”, dice Wendy, con melancólica.

Wendy Scott lying on a mattress on the beach by the Black Sea

1968 CRD253 Group
Wendy escribió un diario durante el viaje.

Recogieron los mejillones directamente del mar. Las gallinas, compradas vivas en un mercado, se volvieron locas en el autobús.

Dos días antes de llegar a Roma, Klem compró unos caracoles como regalo para su madre y los guardó en un gran cubo. A la mañana siguiente estaban por todas partes.

En Cluj, en el norte de Rumania, un viajero británico les dio las claves de cómo comprar cerveza durante lo que entonces era una escasez nacional.

Cuando el mismo problema se presentó en Bucarest, habían aprendido la lección.

“En ese momento sabíamos que la única forma de comprar cerveza era esperar en las puertas de la cervecería hasta que saliera un camión, luego seguirlo hasta su destino y pagar”, dice Ian.

Hanging out of the windows (l-r): Sarah Lowe, Wendy Scott, Rosemary Stanning. Just visible in the bus: Carol Cave and Margaret Hardisty (Hills). Outside: Roland Lisker, Klemens Hedenig, Dick Moore, Bryan Powell, Ian Jack, Dave Stickland, Mike Hughes, Nigel Hungerford, Sandy Scott

1968 CRD253 Group
El número de viajeros variaba de un país a otro.

El grupo había persuadido a la empresa de whisky escocés Teachers para que les pagara unos US$100 a cambio de un anuncio en el lateral del autobús y la promesa de repartir folletos promocionales escritos en inglés, francés y alemán.

“Recuerdo que iba por la autopista, cuando estábamos atrapados el tráfico, repartiendo folletos”, dice Wendy.

“La gente pensaba que estábamos locos“.

En Turquía y más allá

Conducir en Estambul era una “pesadilla” de calles estrechas llenas de gente, carretillas, carros tirados por burros y balcones colgantes.

Una calle se hizo más y más estrecha hasta que no pudieron ir más lejos.

“Los balcones daban contra el piso superior del autobús”, recuerda Ian. “Tuvimos que dar marcha atrás, cuesta arriba, provocando enormes perturbaciones en el tráfico”.

Para entonces, el autobús ya estaba bastante estropeado.

Se había quedado atascado debajo de un puente en la carretera a Núremberg y en otra ocasión se le habían desinflado los neumáticos.

The bus in Vienna by the parliament building on the Dr Karl Renner Ring

1968 CRD253 Group
Una productora de whiskey les dio algo de dinero por llevar un anuncio.

Luego, un día de agosto a la mitad del viaje, estuvieron a punto de caerse de la ladera de una montaña.

El camino era demasiado estrecho y la roca que sobresalía de un lado los obligó a alejarse tanto que las ruedas del autobús rozaron el borde del acantilado.

“Los lugareños se pararon frente al autobús tratando de persuadirnos de que no siguiéramos“, recuerda Margaret Hills, amiga de Ian, otra exmiembro del grupo.

“La pista estaba sin asfaltar, escombros de piedra caliza, estrecha, con voladizos en un lado y un precipicio en el otro. Fue tan aterrador”, dice.

Esto no sorprenderá a nadie familiarizado con el Paso de Cakor, una peligrosa carretera de montaña a través de Kosovo, entonces parte de Yugoslavia.

The bus on the very edge of the road on the Cakor Pass, Yugoslavia (Montenegro)

1968 CRD253 Group
El Paso de Cakor fue una de las carretera más peligrosa que tuvieron que atravesar.

Pero Ian tenía en una falsa sensación de seguridad por el nombre de la carretera, E27, que sonaba como una carretera principal.

La ruta, no obstante, pronto se deterioró hasta convertirse en una pista de grava con curvas cerradas alrededor de un desfiladero empinado.

“Algunas oraciones fueron pronunciadas incluso por los miembros ateos del grupo”, dice Ian. “Si hubiera sabido algo de esto de antemano, no hay forma de que me hubiera atrevido a intentar la E27”.

Otras peripecias

Después de viajar durante el día, estacionaban en cualquier lugar para pasar la noche: playas, apartaderos y, en una ocasión, un bosque en las afueras de Múnich que resultó ser un campo de tiro del ejército.

Un puente cerca del Danubio en Viena parecía agradable hasta que los drogadictos locales comenzaron a congregarse.

Visitaron tantos lugares que Wendy, ahora una viajera experimentada, no puede recordarlos todos.

Reflexionando sobre la clara evidencia de que fueron a un concierto en la famosa catedral de San Esteban de Viena, dice que “no tiene ningún recuerdo”.

Su diario dice que fueron, “así que definitivamente he estado allí”.

Ian, el cerebro del viaje, había recorrido parte de la ruta el año anterior en una motocicleta y un sidecar con Dave.

Conocía los mejores lugares para ir, dice Margaret, que ahora vive en Sandhurst. en Berkshire.

“Recuerdo que me llevaron por una ciudad con un calor sofocante similar y me dejaron en una piscina, que era la más fría que había experimentado. ¿Cómo diablos supo que estaba allí? Entonces no había wi-fi ni Google”.

Ian dice que tenían “algunos mapas razonables”.

Sin embargo, también tenían que tener cuidado con su dinero. A finales de los años 60, los controles destinados a mantener estable la economía significaban que la suma máxima de dinero que los viajeros británicos podían sacar del país era de 50 libras esterlinas.

Los pantalones vaqueros y bolígrafos occidentales resultaron ser una buena alternativa al dinero en efectivo y los amigos descubrieron un hospital en Kavala, en Grecia, que pagaba por donaciones de sangre.

También deseosos de no gastar más de lo necesario, idearon un plan para evitar un impuesto a los pasajeros que viajaban a Yugoslavia.

Después del puesto fronterizo griego, se bajaron del autobús y caminaron, fingiendo estar solo de paso, y se volvieron a subir una vez pasado el punto de control yugoslavo, no sin antes tener que hacer una larga caminata que los dejó de mal humor.

Las fronteras

Los cruces fronterizos no siempre fueron fáciles: el grupo generalmente fue interrogado y con frecuencia registrado.

En Bulgaria, los funcionarios de aduana sospecharon que transportaban artículos de contrabando.

“Me obligaron a pasar por un foso de inspección que me dio una oportunidad útil, y la única, de revisar la parte inferior del autobús mientras los guardias fronterizos buscaban drogas o lo que sea”, recuerda Ian.

Cruzar el Telón de Acero hacia Hungría fue difícil y lento, pero por diferentes razones que solo se hicieron evidentes más tarde, dice.

The Red Army and the troops of four other member countries of the Warsaw Pact (Hungary, Poland, Bulgaria and East Germany) invade Czechoslovakia, 21 August 1968

Keystone-France/Getty Images
Fue un año inestable en esa parte de la Cortina de Hierro.

Al ver un gran número de transportadores de tanques rusos, estaban “muy conscientes” de que algo se estaba gestando, dice Wendy. Pero no sabían qué y no se quedaron mucho tiempo.

Unas semanas más tarde, en la noche del 20 al 21 de agosto, Hungría se unió a otros cuatro países del Pacto de Varsovia -Polonia, Bulgaria, Alemania Oriental y la Unión Soviética – en la invasión de Checoslovaquia.

Los amigos acababan de evitar la Operación Danubio, la represión militar soviética a la Primavera de Praga, un intento de cuatro meses de los checos por recuperar parte del control de su país de manos de Moscú.

El regreso

Pero cuando los tanques se preparaban para cruzar la frontera, Ian y el grupo ya estaban de camino a casa, cruzando el Canal en el ferry de Dunkerque a Dover.

Wendy regresó pronto a Dundee con seis peniques en el bolsillo y las primeras 7.500 millas de lo que se convertiría en toda una vida de viajes.

La relación de Ian con el autobús duró un poco más. A principios de septiembre de 1968, lo condujo por última vez, de regreso a Aalst en Bélgica, donde estaba un hombre que había querido comprarlo cuando pasaron por la ciudad por primera vez dos meses antes.

The bus in 1981 in Meer, near the town of Aalst in Belgium

Ian Charlton
El bus en 1981.

Terminó como la carroza ganadora en el Carnaval de Aalst del año siguiente.

Y si los fanáticos del músico Cliff Richard encuentran que toda esta historia recuerda a su película de 1963 Summer Holiday, con el autobús, el grupo de amigos, el canto, el baile y la ocasional y peligrosa pista de montaña yugoslava, Ian dice que ni siquiera los inspiró.

La película pasó inadvertida para ellos por completo y todavía no la ha visto.


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