Este acoso no se lo deseo a nadie: prevalece discriminación en las aulas para estudiantes LGBTI

Jóvenes de la comunidad LGBTI prefieren reprimir, ocultar o fingir sus preferencias sexuales para ser aceptados por sus compañeros y evitar las agresiones, que aparecen en la primaria y se refuerzan en la secundaria, mientras que un 38 % deja la escuela.

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En ocasiones prefieren abandonar la escuela para que la discriminación cese. Cuartoscuro

Manuel sufrió discriminación escolar por su orientación sexual desde la secundaria. Algunos de sus  compañeros lo seguían hasta el baño, le daban zapes, le decían “marica”. La agresión constante lo orillaba a aguantarse hasta llegar a su casa aunque tuviera muchas ganas. Sin amigos, varias veces pensó en el suicidio. Años más tarde optó finalmente por desertar de la preparatoria.

Aunque no existen estudios oficiales sobre la discriminación escolar en México por temas de identidad de género, encuestas de organizaciones especializadas revelan que al menos la mitad de los estudiantes de secundaria y preparatoria han sido violentados verbalmente al identificarse como homosexuales, lesbianas o bisexuales.

“Recuerdo cómo en la secundaria me seguían hasta el baño para molestarme, me decían marica y me daban zapes, decidí mejor aguantar mis necesidades diario hasta la casa aunque tuviera muchas ganas. No tenía amigos en los cuales refugiarme y nunca reporté las agresiones con los maestros por miedo y pena. En aquél entonces mis preferencias no eran un orgullo para mí”, cuenta Manuel, quien ahora tiene 30 años.

Mario Fausto Gómez, profesor de Psicología y responsable de la Comisión de Género del SUAYED Fes Iztacala, asegura en entrevista que cuando la discriminación por preferencia sexual se presenta en la adolescencia siendo constante y directa, puede provocar que el estudiante renuncie y no quiera regresar a clases llevándolo al fracaso escolar.

“El impacto puede ser variado en el alumno; hay quien puede soportar la situación porque inconscientemente normaliza las agresiones volviendo el tema invisible. Pero en otros casos, el daño psicológico y emocional puede llevarlos a pensar en el suicidio, más aún cuando no tienen un confidente o un apoyo familiar a quien puedan confiar esta situación”, comenta Fausto Gómez.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación y Juventudes realizada por la organización YaajMéxico, al menos el 62 % de jóvenes entre 15 y 29 años han sufrido algún tipo de discriminación en la escuela. Se trata de agresiones físicas, verbales, psicológicas y sexuales, por el simple hecho de ser homosexuales, lesbianas o bisexuales.

Las consecuencias de este acoso no han sido mínimas. De acuerdo con la segunda Encuesta Nacional sobre Violencia Escolar para alumnos LGBT en México, realizada por la Coalición de Organizaciones contra el Bullying por Orientación Sexual, Identidad o Expresión de Género en México en 2017, el 38.8 % de estudiantes entre 13 y 20 años decidieron interrumpir sus estudios al ser víctimas de alguna agresión por su orientación sexual y el 37.7 % tomó la misma decisión al ser víctimas por su expresión de género (manera de vestir, peinados o conducta).

Después de la escuela, los y las jóvenes LGBTI contestaron que el segundo lugar donde sufren exclusión o marginación es el círculo familiar.

Para Fausto Gómez, el hecho de crecer en un ambiente “en donde se aplaude la heterosexualidad, crea a las personas con distinta identidad de género un vacío emocional, llegando a creer que serán juzgadas o castigadas por sus preferencias”.

Respecto a esto Manuel confiesa que desde el inicio trataba de ocultar su homosexualidad. “Según yo lo escondía en la secundaria y aun así me molestaban. Después, cuando entré a la preparatoria preferí ocultarlo más, al grado de hacer cosas en contra de mi voluntad para agradar a otras personas como el tener novia. Pero con el paso del tiempo, eso solo me creo más confusión y llegué a pensar en el suicidio”, recuerda.

En su entorno familiar las cosas no eran tan distintas. “Cuando regresaba de la escuela a mi casa los vecinos no me hablaban, de hecho por eso no tuve amigos. En mi casa también lo ocultaba y después de años, cuando cumplí 23, se lo confesé a mis papás pero su primera reacción fue de rechazo, les tomó tiempo aceptarlo”.

En 2012, la organización Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral en coordinación con otras ONG y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), elaboraron la 1ª Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico en las que se encuestaron a mil 273 personas de diversas orientaciones sexuales, principalmente hombres gays, mujeres lesbianas y personas bisexuales.

Del total de los participantes, el 67 % aseguró haber sido víctima de bullying. Estos casos se dan más entre los estudiantes gays (74 %), seguido de las jóvenes lesbianas (50 %).

Un dato interesante que arrojó este estudio es la prevalencia de la discriminación en las escuelas. Las cifras demostraron que el acoso y la discriminación se dan más en las instituciones públicas, pues un 68 % de los alumnos de éstas han sido víctimas, en tanto que en los colegios privados el 63 % de los estudiantes denunciaron al menos una agresión por sus preferencias sexuales.

Cuando se les cuestionó a aquellos que no habían sufrido algún acto discriminatorio la razón por la cual aún no habían sido víctimas respondieron de la siguiente manera: No se les notaba (58 %); no habían declarado sus preferencias (31 %); se llevaban bien con todos (6 %); había un clima de respeto (3 %), y otras razones (2 %).

Estos números demuestran que, tal y como lo hizo Manuel, la mayoría de los estudiantes de la comunidad LGBTI tienen que reprimir, ocultar o fingir sus preferencias para ser aceptados por sus compañeros.

Y aunque los casos más graves suelen presentarse en la adolescencia, la encuesta de Alianza por la Diversidad y la CNDH registró que el 56 % de los casos se suscitaron en la primaria, el 28 % en la secundaria, el 13 % en la preparatoria y el 3 % en la universidad.

No confían en las instituciones       

Aunque los jóvenes sepan de la existencia de instituciones como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), solo el 27.6 % de los encuestados -por la organización Yaaj México-  han acudido a ellas para denunciar las agresiones. Y de este porcentaje, el 32 % recibió una atención deficiente, el 13 % asegura que su caso fue ignorado y al 9.5 % el personal de la institución les recomendó no decir nada.

De hecho la encuesta de YaajMéxico revela que del total de los casos recibidos por instituciones públicas que luchan contra la discriminación, más del 70 % se quedan sin respuesta y por ende sin sanción.

Pero esa indiferencia se reporta desde la etapa escolar, pues cuando se les preguntó a los alumnos afectados las medidas que tomaban los maestros o autoridades escolares al presenciar el bullying, las respuestas fueron: No hacían nada, les parecía algo normal (48 %), no se percataban del bullying (24 %), llamaban la atención a los agresores (14 %), eran cómplices (11 %), y castigaban a los agresores (3 %).

Manuel aprendió con el paso de los años que ningún maestro o autoridad iba a ser capaz de frenar las agresiones diarias en su contra por lo que poco a poco, relata, tomó fortaleza por él mismo y aprendió a enfrentar sus miedos.

“Ahora sé que no me permitiría volver a pasar por lo mismo, ese tipo de acoso no se lo deseo a nadie, las agresiones que recibí lo único que me trajeron fue inseguridad que he tratado de superar. Hoy en día me siento orgulloso de lo que soy y lo que puedo decirles a quienes atraviesan por esta situación es que no se dejen influenciar, hay una vida que los espera más allá de la escuela”, finaliza Manuel.

La solución está en la educación 

A pesar de que ha habido una apertura respecto a la diversidad de género en el país, la exclusión en el entorno escolar persiste. Y aunque los adolescentes suelen ser el sector más vulnerable, el problema se presenta hasta la universidad.

Por esta razón, el SUAyED de la FES Iztacala de la UNAM creó hace unos meses la Comisión de Género, la cual se encarga de apoyar a la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias (UNAD) dentro de la UNAM mediante talleres, vinculación con otras instituciones, investigación y difusión de información.

“La discriminación en la UNAM está presente tanto en el área administrativo como en las aulas. Se han detectado casos en que profesores varones se expresan de forma misógina hacia mujeres y de manera homofóbica hacia los hombres”, detalla Fausto Gómez.

El especialista y encargado de dicha comisión argumenta que la discriminación de los docentes hacia los alumnos puede llegar a ser inconsciente y es hasta el momento en que reciben una recomendación sobre su actitud, que se percatan del error que cometieron.

El estudio Tendencias de Género realizado por la UNAM, registró de agosto de 2016 a 2017 un total de 325 denuncias, principalmente relacionadas con acoso sexual y agresiones verbales de profesores y alumnos hacia mujeres. De tal cifra, solo el 1 % tienen que ver con temas de diversidad sexual.

“Hasta el momento hemos recibido pocos casos de discriminación, pero es precisamente por esta normalización del tema en donde la víctima ya no detecta la agresión verbal en el discurso. Además en muchos de los casos los afectados aún tienen miedo de dar a conocer su historia, o en su defecto desconocen la existencia de la Unidad de Atención y seguimiento a las Denuncias de la UNAM”, comenta.

Para el académico, la solución para erradicar la discriminación se encuentra en las leyes. Argumenta que hasta la fecha existen frentes que se oponen a un cambio en los libros de educación básica, sobre todo en la primaria.

“Si desde la educación básica y media superior los libros de texto gratuitos contaran con lecturas de diversidad sexual habría un avance. Es fundamental que en este tema haya una política de sensibilización. Ya hay política públicas incluyentes pero ahora deben ir acompañadas de reformas educativas”, asegura.

Su recomendación para aquellos jóvenes estudiantes que son o han sido víctimas de discriminación es que no ignoren el problema y lo platiquen. “Si no tienen un apoyo familiar y no quieren denunciar la agresión, busquen a su mejor amigo y platíquenlo, lo importante es no reprimir ese sentimiento”.

Además exhorta a todos los alumnos, sean heterosexuales o no, el saber identificar si el espacio educativo es incluyente. No ignorar el lenguaje sexista utilizado por algunos maestros y maestras, ya que el pasarlo por alto significa permitir la discriminación.

Para denunciar un hecho o acercarte a la Comisión de Género de la UNAM, basta con entrar a su página de Facebook, o ponerse en contacto con el Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, que respalda el proyecto. O en su defecto pueden cercarse a la Unidad para Atención y Seguimiento de las Denuncias UNAD. 

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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