El alto precio que pagó una enfermera por revelar corrupción en sistema de Salud
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Cortesía: Frayba

El alto precio que pagó una enfermera por revelar corrupción en sistema de Salud

Chucita no tiene la libertad de moverse como cualquier ciudadano. Desde el 29 de diciembre de 2017 vive a salto de mata por temor a que la detengan, acusada por el gobierno de Chiapas del delito de motín “en agravio de la sociedad” a causa de las huelgas de hambre que ella y más enfermeras realizaron en protesta por las carencias en el sistema de salud del estado.
Cortesía: Frayba
Por Rodrigo Soberanes
9 de marzo, 2018
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A Jesús Espinoza de los Santos, mujer chiapaneca de origen campesino, hoy le es imposible imaginarse que cuando entró a la escuela de enfermería, en 1983, iba a ser algún día la cara más visible de un movimiento de resistencia ciudadana que expuso en México y el mundo las graves carencias en el sistema de salud del estado de Chiapas.

Chucita, como la llaman en su gremio, tampoco habría de imaginarse que el gobierno de Chiapas la iba a acusar penalmente por el delito de motín “en agravio de la sociedad”, a causa de las huelgas de hambre que ella y más enfermeras realizaron en uno de los hospitales emblemáticos de ese estado del sureste del país.

Ella es la mayor de su familia. Después de Chucita vienen otras cinco mujeres y un hombre que crecieron en Tonalá, en la costa de Chiapas, en un entorno rural, pues su padre es campesino. Sus recuerdos de cuando niña son escenas de “mucha libertad” jugando en las calles y de sus padres sentados en sillas afuera de su casa observándola a ella y sus hermanas.

Espinoza de los Santos tuvo un encuentro con Animal Político bajo unas medidas de seguridad que sigue con la ayuda de sus compañeras que también participaron en las huelgas de hambre, enfermeras que también se cocieron los labios en señal de protesta por la caótica situación de los hospitales de Chiapas y de la situación laboral de los trabajadores de los servicios de salud.

Espinoza de los Santos no tiene la libertad de moverse como cualquier ciudadano porque, según su testimonio y el de sus compañeras, sufrió acoso de la Fiscalía de Chiapas con agentes “cazándola” en las inmediaciones de su casa. Por ese motivo, sus días y sus noches pasan en estado de alerta y con temor a que sea ejecutada la orden de aprehensión girada en su contra el 29 de diciembre de 2017.

Entre la niña que jugaba frente a sus padres en Tonalá y la mujer que hoy se cuida de pasar desapercibida a donde quiera que vaya (muchas veces mejor no va a ningún lado), hay una serie de sucesos que ella misma narra con un dejo de incredulidad.

“Darle la oportunidad de seguir estudiando a una hija no era común, mis familiares cercanos querían que me casara. Mi papá decía no, decía que yo tenía que estudiar para tener otra manera de vivir. Él era campesino, cosechaba maíz, sandía, melón, tenía un poco de ganado”.

Enfermeras en protesta. Foto: Cortesía Frayba.

Ella no pensaba ser enfermera, pero acompañó a una amiga suya que sí quería esa profesión a Tuxtla Gutiérrez a iniciar los trámites para cursar los estudios. La amiga no fue elegida y Chucita, sí, y se alistó para dejar Tonalá y mudarse al internado de la escuela.

Todo empezó cuando el autobús de la escuela fue cedido a un equipo de fútbol profesional de Tuxtla.  Eran días en que además había inconformidad por falta de libros y aulas en la escuela. Las estudiantes se manifestaron en un día lluvioso frente al Palacio de Gobierno donde se encontraron con un grupo de granaderos que, al verlas acercarse para cubrirse de la lluvia, las dispersaron con uso de la fuerza y gases lacrimógenos.

El resultado del incidente fue de varias estudiantes atendidas de lesiones menores por la Cruz Roja. Chucita regresó sin un zapato al internado y el resto fue llegando poco a poco. Todas trajeron un enojo que habrían de desahogar un día después frente al entonces gobernador de Chiapas, Absalón Castellanos Domínguez, quien se presentó a la escuela de enfermería para prometerles soluciones.

El mandatario, de formación militar, fue recibido con una vaya de estudiantes de enfermería que le gritaron “¡asesino, asesino!” por su conocida mano dura contra movimientos sociales. No obstante, Castellanos cumplió las demandas de las adolescentes. “Por eso decimos: aquellos eran hijos de su mamá, te mareaban pero cumplían, ahora te marean y no cumplen nada”, expresó Espinoza de los Santos.

Otra “fuga” masiva de estudiantes para protestar ocurrió cuando se escuchó un rumor sobre alza a las colegiaturas. Después las futuras enfermeras se plantaron en el mismo pasillo donde encararon a Absalón Castellanos con sus maletas en mano para impedir el cierre de la escuela. La última lucha de Chucita ahí la dio con autoridades escolares que le negaron su carta de buena conducta. Eso suponía un obstáculo grande en la carrera profesional de Jesús Espinoza de los Santos.

Fue así como la estudiante comenzó su periplo por el sistema de salud de Chiapas, al que poco a poco le fue encontrando deficiencias que repercutían directamente en la salud los pacientes que pasaron frente a ella. “Se me moría el de la cama uno, revivía el de la cama ocho y así…”.

Su paso por la Secretaría de Salud cubriendo un turno de pasante y otro de empleada con base, por el ISSSTE como jefa de enfermeras, y por el CONALEP como maestra fueron del inicio de una carrera laboral en la que la mayor de la familia Espinoza de los Santos exprimió las posibilidades laborales que vislumbró dentro del Sistema de Salud.

En la Jurisdicción Sanitaria III, como responsable del programa Materno Infantil, entró a comunidades de la selva y tuvo el privilegio de conocer situaciones distintas a las de las ciudades y saber el tamaño de las necesidades. Después ocurrió su vuelta a la capital chiapaneca y su entrada al Hospital Rafael Pascacio Gamboa.

Con un basto panorama de los Servicios de Salud en Chiapas, a partir del año 2000 Chucita se colocaría en un escenario convulso que la llevaría años más tarde a la memorable huelga de hambre emprendida por ocho enfermeras chiapanecas. “Ya empezaban los grandes movimientos en salud”, recordó la enfermera.

Desabasto, pacientes que llevaban sus propios medicamentos y materiales, clínicas con más administrativos que personal médico, cirujanos sin anestesistas, anestesistas sin cirujanos a lo largo del estado. Brotes de inconformidad en Palenque, Villaflores, Cintalapa, Comitán, San Cristóbal de las Casas y más municipios. Organización de comitivas “para la lucha y no desatender las emergencias de los hospitales”. Soluciones completas o parciales.

En 2005, como en la protesta en que perdió un zapato y probó el gas lacrimógeno, Chucita participó en una protesta de 27 días. “Era una gran represión en ese entonces. Hubo militares con caballos y perros, sobrevuelos en el hospital, militares al interior”, contó la enfermera, que denotaba apuro por terminar la conversación.

Aprovechó su paso por el lugar de la entrevista para atender otros asuntos con personas que la esperaban a un lado. “adelante, coman pozol mientras termino”, les dijo. “Nos brincamos a mi participación del 2011”, sugirió al reportero.

La vida de la señora Jesús Espinoza de los Santos avanzaba entre más protestas y gestiones, que en 2011 se unieron a las protestas del Magisterio contra la Reforma Educativa. Tuxtla Gutiérrez estaba convulsionada. En esa ocasión –recordó- la principal pugna era la precaria situación contractual de 7,000 trabajadores. “Nos fuimos 40 camiones a la Ciudad de México a una protesta. Tiramos la puerta principal de la Secretaría de Salud Federal y regresamos con 4500 homologaciones de contratos. Ahí se vio más o menos la justicia”.

Pero la precariedad en los hospitales era más y más crítica, y las protestas siguieron hasta que en 2014 “esto se agudiza” con cirujanos generales atendiendo partos por cesárea. “No había estructura, ni material, ni equipo en todo el estado”. En 2016 comenzó la organización y el estallido de la protesta.

“En 2016 nosotras ya estábamos trabajando bajo protesta, con lonas que en tres días eran bajadas. Optamos por usar un moño rojinegro, los pacientes preguntaban por qué y les teníamos que decir. En ese momento los pacientes ya compraban medicinas, soluciones y material; en octubre, noviembre y diciembre ya no había nada.

“Nos comenzamos a preparar para 2017. Comenzamos a ver la logística de huelga de hambre con envío de documentos a las instancias correspondientes”, recordó Espinoza. Mientras tanto, las protestas causaron el despido de 15 trabajadores del sistema de salud, según documentó el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba).

Esa institución alertó en diversos comunicados sobre “la grave crisis del sistema de salud en Chiapas. Falta de medicamentos, insumos médicos, de laboratorio, vacunas, material de curación, instrumental, equipo médico y su mantenimiento; la carencia en brindar un servicio digno a la población; la afectación a sus derechos laborales, pago de prestaciones, así como denunciar la corrupción y desvió de recursos de la Secretaría de Salud de la entidad, presidida por el Dr. Francisco Ortega Farrera”.

Chiapas está entre los estados donde la Auditoría Superior de la Federación encontró millonarios desvíos en salud en la Cuenta Pública 2005.

“La crisis del sistema de salud en Chiapas es un problema histórico y estructural que ha afectado no sólo a las y los trabajadores de este sector, sino sobre todo a las personas que acuden a los hospitales y clínicas del estado en busca de atención médica, situación que se ha agravado al máximo, siendo que los trabajadores de la salud no pueden realizar su labor por no tener lo mínimo indispensable para la atención hacia la población”, señaló el Frayba.

De acuerdo con el análisis que hicieron las enfermeras antes de entrar en la huelga de hambre, Chucita era la menos apta para someterse al ayuno por su complexión delgada, pero lo hizo. El 3 de abril comenzó el primero de dos capítulos que atrajeron la atención sobre las denuncias de corrupción del gobierno chiapaneco.

El secretario de Salud de Chiapas, Francisco Ortega, declaró a los medios de comunicación que las ocho mujeres huelguistas constituían un “pequeño grupo” con motivaciones “políticas”. Aun así fue firmante de la primer minuta donde las autoridades conceden que, en efecto, el gobierno chiapaneco mantenía adeudos a proveedores, pagos trabajadores de 2015, pagos por concepto de vivienda, jubilaciones y más pendientes.

El cuarto punto de la minuta dice: “no se efectuará presión laboral, administrativa ni jurídica, ni hostigamiento a los trabajadores que participaron en el presente movimiento”.

Chucita, que está despedida de su trabajo, vive ocultándose desde que se enteró de la integración de una carpeta de investigación en contra de ella y tres integrantes más del movimiento huelguista y a la fecha no ha logrado conseguir un amparo que le garantice que no la van a detener.

“¿Qué llevamos ganado?”, se preguntó ella misma antes de cerrar la conversación.

“No hay una represión en Chiapas como en el caso de las enfermeras (pero) esto se viralizó, se salió del país, al segundo día de huelga ya estaban enterados en muchos países. Las manifestaciones y denuncias que hemos hecho es para que se ubiquen en lo que les corresponde hacer.

-Hábleme del costo humano.

-El costo humano y para la familia es mucho. Esta represión no nos va a parar, al contrario, estamos conscientes de la lucha y de que eso tiene que ser, si no lo hacemos nosotras, sufre la población mas humilde.

-¿Se imaginaba estar en algo así cuando vino a Tuxtla a postular para ser enfermera?

-No, no me lo imaginé.

-¿Lo volvería a hacer?

-Sí, con un poquito más de gasolina y más lumbre (risas).

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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