Todos somos susceptibles de creer en noticias falsas, advierte el libro del periodista Esteban Illades

Durante las elecciones, las noticias falsas no vendrán de los medios sino de las campañas políticas, advierte el autor del libro.

Fake News
Fake News. La nueva realidad, lanzado este mes en México por editorial Grijalbo. Portada del libro
Durante la convención republicana de 2016, el periodista mexicano Esteban Illades confirmó lo alarmante del problema de las noticias falsas al observar en vivo la influencia que el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump ejercía sobre sus seguidores. Sin importar que los datos que ofreciera no pudieran ser comprobados, la gente se dejaba llevar por sus sentimientos y creencias.

Illades ya había identificado que algo similar sucedía en México cuando en 2015 publicó su primer libro, La noche más triste, sobre la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Para verificar o descartar hipótesis oficiales sobre el caso, Illades consultó a John DeHaan, un experto en crímenes e incendios. La información de DeHaan fue descartada por otros investigadores y resultó ser la parte más polémica de su libro. Las creencias personales, considera Illades, determinan qué información consideramos falsa o verdadera. Así surgió la idea de escribir su segundo libro, Fake News. La nueva realidad, lanzado este mes en México por editorial Grijalbo.

En la primera parte del libro, Illades analiza el origen y contexto de las noticias falsas en Estados Unidos, para después enfocarse en los casos mexicanos: de las viejas prácticas del periodismo político a la creciente influencia de los memes, Facebook y Twitter en la opinión pública, para finalizar con la historia de la inexistente niña Frida Sofía durante el terremoto del año pasado.

En México, intuye Illades con humor, el problema de las noticias falsas ofrece un caso atípico: “En lugar de ser un sistema de medios donde la verdad sea reemplazada por mentiras, las mentiras, tal vez, serán remplazadas por la verdad. Hasta que las mentiras las remplacen otra vez”. Mientras tanto, el autor mantiene esperanza en los sitios de periodismo independiente. Al analizar medios digitales como Animal Político, resalta en el libro cómo ciertas investigaciones periodísticas han logrado influir de manera positiva en la sociedad y el gobierno de nuestro país.

Si tuvieras que incorporar el concepto “noticia falsa” a un diccionario, ¿cómo lo definirías?

El diccionario de la Real Academia Española tiene una palabra muy chistosa para definirlo: “Paparrucha”. Noticia falsa es, por un lado, lo que dice ser: una noticia que no es verdadera. Por otro, es un concepto más complejo: una manera de no debatir. Si tú le dices noticia falsa a algo, es negarte a ver los hechos, negarte a ver datos y convertir la verdad en una cuestión ideológica.

Mencionas eso en el libro: cómo la gente ahora se entera sólo de las noticias que están alineadas a su ideología, a sus preferencias o gustos…

Sí, ahora me rodeo de toda esta gente que piensa igual y que repite más o menos las cosas que yo creo. Es muy difícil a través de las redes informarse de las cosas de las cuales no nos queremos informar. Y claro, como buscamos comprobar lo que ya creemos, tenemos más apertura a creer en la desinformación con tal de que confirme nuestras creencias.

¿Influye el nivel socioeconómico y educativo de las personas en la tendencia a creer en noticias falsas?

Yo creo que, sin importar el estrato social, todos somos igual de susceptibles. Ha pasado en Estados Unidos; por ejemplo, en el libro narro el caso de un profesor de derecho constitucional de Harvard que tiene propensión a divulgar noticias falsas.

Dedicas gran parte del libro a las fake news en Estados Unidos, ¿por qué esto es importante para el lector mexicano?

Porque en México no habíamos tenido un caso de noticias falsas como lo que estamos viendo ahora. En la prensa tradicional mexicana del siglo XX lo que teníamos eran versiones: estaba la versión oficial y si acaso había uno que otro medio de comunicación que difería de esa versión oficial, pero eran muy pocos.

¿No son noticias falsas este tipo de fenómenos?

Eh… eso es algo que he estado pensando después del libro. Originalmente yo los categorizaba como noticias falsas, pero creo que más bien son como versiones políticas. En México no se comparten noticias, sino que se comparten declaraciones. El periodismo mexicano está obsesionado con la política; lo que tenemos son notas sobre declaraciones de políticos hablando de otros políticos. No están reportando algo falso, están reportando lo que alguien dice, pero lo que esa persona dice sí puede ser falso. En Estados Unidos sí estamos viendo cómo se crean noticias falsas con el propósito claro de desinformar; en unos casos para generar dinero y en otros para influir políticamente.

Pronosticas que los mayores productores de noticias falsas durante las próximas elecciones en México no serán los medios sino las campañas políticas… 

Claro, eso se ha dado siempre, pero lo que está pasando ahora es que a través sobre todo del Internet estamos viendo noticias falsas no hechas necesariamente por publicistas, sino subcontratadas por campañas políticas, por candidatos que quieren influir. Esto es una manera distinta de tratar de influir en la elección y se hace de dos maneras: a través de la difusión de noticias falsas sobre candidatos y sobre partidos; es decir, el candidato tal está asociado con X persona, que en Estados Unidos funcionó mucho.

Luego está una variante particularmente mexicana: noticias falsas sobre las propias instituciones, noticias que atacan directamente a cómo se hace la elección, que te digan que no puedes votar cuando sí puedes, que tu casilla no existe, que se están robando las boletas en tal o cual lado. Esas noticias son mucho más preocupantes porque en México la confianza en las instituciones es de por sí baja.

Uno de los grandes temas de tu libro es precisamente la credibilidad. Estados Unidos tiene una historia de mayor confianza en sus medios tradicionales. Sin embargo, hay una crisis de credibilidad mediática en todo el mundo, ¿cuáles son las particularidades de esa crisis en México?

En México, tradicionalmente, la confianza en los medios de comunicación ha sido baja, sobre todo en prensa escrita. No se puede minar mucho la credibilidad en los medios porque ya está minada. En general, la gente no consume periódicos, consume más televisión y radio, pero con muchísima desconfianza. Ese es un contraste muy importante con Estados Unidos, donde hay ciertos periódicos que se consideran instituciones sólidas, como el Washington Post y el New York Times.

 ¿Tienes un método para que el consumidor común de contenidos mediáticos pueda identificar las noticias falsas?

El principal es ver de dónde viene la noticia. Se ha comprobado que los medios tradicionales muchas veces publican noticias falsas, pero sí hay que tener una desconfianza mayor hacia las redes sociales en general y hacia los servicios de mensajería. Lo principal es pensar en esas cadenas que llegan por Whats app, en mi experiencia por ahí llegan la mayor cantidad de noticias falsas. Cuando nos llega algo por ahí hay que tener más sospechas, sobre todo si la nota misma no trae una liga a contenido, si es nada más un párrafo que empiece con “El gobierno no quiere que veas esto”, “La televisión no quiere que veas esto porque esta es información verdadera”. En redes sociales, donde nos llega la información directamente, hay que detenernos un poquito más y ver quién está compartiendo la nota, si esa persona tiene un sesgo político particular; de dónde viene la nota, es decir, si se está compartiendo.

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