Te ven en la calle y te gritan mugrosa: sin educación y por su cuenta, mujeres luchan por recuperar su vida
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Te ven en la calle y te gritan mugrosa: sin educación y por su cuenta, mujeres luchan por recuperar su vida

Jóvenes en situación de calle sufren discriminación por ser mujer, consumir drogas y vivir en la calle, además de cargar con un estigma social muy fuerte por parte de sus familias, sus comunidades e incluso las instituciones que les dicen todo el tiempo que son malas mujeres y malas mamás, evalúa la asociación civil El Caracol.
Cuartoscuro
Por Eréndira Aquino
7 de marzo, 2018
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Desde niña, Maribel abandonó su casa por problemas de violencia y convirtió las calles de Ciudad de México en su nuevo hogar.

“Toda mi vida fue de encierro en anexos y casas hogares, a veces en la calle, hasta que me aburría y me iba a algún albergue, pero seguía cotorreando; me gustaba drogarme”, cuenta.

Embarazada de su primer hijo a los 18 años, Maribel decidió abandonar las calles. Cantando en el metro logró juntar dinero suficiente para rentar habitaciones en hoteles de paso; ahora, cinco años después, edad que tiene su hijo mayor, sus ingresos le alcanzan para pagar renta en una casa de interés social.

Con un bebé de meses cargado en la espalda y otro de cinco años sujetando su mano, Maribel recorre todos los días diferentes líneas del metro entonando una canción que le recuerda la etapa más difícil de su vida, cuando consumía drogas y vivía en las calles de la ciudad.

El universo para él no tiene enigmas, lo ha conocido al derecho y al revés; sus viajes locos eran puras fantasías, su combustible era el activo todo el mes…

Actualmente, unas 6,754 personas viven en las calles de Ciudad de México, de las cuales un 12.73 % son mujeres.

Las principales causas por las que estas personas han llegado a las calles son: problemas familiares (39 %), problemas económicos (28 %) y adicciones (14 %), según los resultados preliminares del Censo de Poblaciones Callejeras 2017, elaborado por la Secretaría de Desarrollo Social capitalina (SEDESO).

Entre los problemas familiares, que son la primera causa por la que las personas llegan a vivir a las calles, destacan la expulsión del núcleo familiar (34 %), violencia (33 %), abandono (24 %) y abuso sexual (7 %).

Este grupo de población se encuentra en el lugar 17 de los 41 “en situación de discriminación en la Ciudad de México”, según la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México, del Consejo para Prevenir la Discriminación (COPRED), aunque experimentan diferentes formas de rechazo y violencia por cuestiones como su situación de pobreza, su nivel educativo, su apariencia o su género.

En la calle las mujeres la pasan peor

En los 24 años de trabajo que ha realizado la asociación civil El Caracol, que apoya y orienta a personas de poblaciones callejeras, “vimos que en las calles los hombres la pasan muy mal, pero ellas la pasan mucho peor”.

Desde hace diez años la asociación comenzó a diseñar estrategias de defensa legal de mujeres que pedían apoyo por situaciones de violencia.

“Nosotros ya hablábamos de que sufrían diferentes tipos de discriminación: por ser mujer, por consumir drogas y por vivir en la calle, pero además nos dimos cuenta de que ellas cargan con un estigma social muy fuerte, y es que sus familias, sus comunidades e incluso las instituciones les dicen todo el tiempo que son malas mujeres y malas mamás”, explica Luis Enrique Hernández, director de El Caracol.

De acuerdo con una encuesta realizada a mujeres pertenecientes a poblaciones callejeras en 2017 por El Caracol, ocho de cada 10 señalaron haber vivido situaciones de menosprecio, gritos, humillaciones e insultos por parte de sus parejas, su comunidad, compañeros de trabajo, autoridades del gobierno y desconocidos.

A seis de cada 10 las han amenazado con quitarles a sus hijos, y a cinco de cada 10 se los han quitado, lo que las lleva a emprender procesos legales para recuperarlos, en los que las autoridades les exigen como requisito contar con condiciones que para ellas son difíciles de cumplir, como contar con una casa y con condiciones económicas estables.

Como respuesta a este tipo de problemáticas, expuestas por las mujeres ante el jefe de gobierno capitalino durante una audiencia pública celebrada en 2017, la SEDESO echó a andar el proyecto “Hogar CDMX”, que ofrece un espacio para vivir a familias completas a bajo costo, y da servicio de guardería para que los padres y madres puedan trabajar sabiendo que sus hijos están en un lugar seguro.

Sin embargo, reconoce la titular del COPRED, Jacqueline L’Hoist, para que las condiciones de esta población mejoren hace falta trabajar con las personas en situación de calle, para que accedan a regularizar sus documentos oficiales, y con la sociedad, en general, para que no los criminalicen ni estigmaticen por su condición económica, sus adicciones o su apariencia.

Somos seres humanos con diferentes oportunidades

Karla, de 31 años, tiene cuatro hijos; desde hace años trabaja en el metro vendiendo dulces u otros productos, con lo que obtiene dinero para pagar la renta de una casa.

“Estuve un tiempo en la calle, a veces me quedaba con una amiga y todos los días tengo que estar trabajando con mi hija de menos de un año colgada y con mi mercancía; ando de arriba para abajo en chinga”, cuenta.

A Karla, las situaciones de violencia que vivía en su hogar la llevaron a decidir salir a las calles y consumir drogas, hasta que impulsada por el deseo de recuperar a una de sus hijas, quien está bajo el cuidado de su abuela, decidió buscar otro lugar para vivir y dejar las adicciones.

Karla explica que, en ocasiones, algunas personas se han acercado a ella para cuestionarla por su trabajo y por su apariencia; sin embargo, dice, “para buscar un trabajo formal necesito papeles y no los tengo”.

Para ella, vivir en la calle y ser mamá es algo “triste, porque luego hay personas que te hacen sentir mal; te ven en la calle y te gritan ‘pinche mugrosa’, o le dicen ‘piojosos’ a nuestros hijos”, lo que a su juicio se debe a que no son sensibles a que “también anhelamos y pensamos; somos personas, nada más que con diferentes oportunidades y diferentes vivencias”.

De acuerdo con El Caracol, la baja escolaridad es un rasgo común en este tipo de población y se traduce como uno de los principales obstáculos para que mejoren su condición de vida.

Los datos del Censo de Poblaciones Callejeras de la Ciudad de México revelan que el 9 % de las personas que viven en la calle no saben leer ni escribir, un 11 % no tiene estudios y el 29 % solo cursó algún grado de la primaria.

Otro 23 % cursó hasta la secundaria, 10 % estudió el medio superior y solo un 3 % de ellas ingresaron a alguna carrera universitaria.

Además, el 55 % de las mujeres no cuentan con identificación oficial para acceder a un trabajo formal o a programas de gobierno.

La vida después de las calles

Maribel y Karla son dos de las 15 mujeres cuyas familias se encuentran acompañadas por El Caracol en un proceso de “vida independiente”, que es el nombre que recibe el seguimiento que dan a quienes han logrado salir de las calles.

Cada dos semanas, personal de El Caracol las visita en sus casas para saber cómo se encuentran y si sus hijos continúan acudiendo a la escuela, si tienen amigos en la comunidad y la manera en la que se relacionan.

Enrique Hernández comenta que “esos son los indicadores que vemos que van mejorando, aunque sigan en empleos informales, porque para nosotros ya es un avance muy importante, y una prueba de todo el esfuerzo que ellas hacen, el hecho de que hayan abandonado las calles”.

Aunque, reconoce, no es sencillo: las familias que acompañan en su proceso de vida independiente han tenido que llegar a donde están con sacrificios personales, pues debido a la falta de la regularización de sus documentos oficiales no son candidatas para acceder a programas sociales de apoyo para ellas o sus hijos.

Maribel dice que le gusta cantar y que continuará haciéndolo para ganar dinero en el metro, pues aunque le gustaría tener un empleo distinto, de esos que anuncian “en folletos que me dan en la calle”, no tiene los estudios que solicitan para contratarla.

Con apoyo de su pareja, quien se dedica a vender dulces y pulseras en el metro, saca a sus hijos adelante, y dice que “gracias a Dios” le alcanza para lo necesario: comer y vestir a su familia.

Karla, por su parte, dice que sueña con “estar algún día con toda mi familia, con todos mis hijos y mi pareja”.

“Mi meta es recuperar a mi hija, y a los que tengo, darles lo mejor de mi, mi esfuerzo, buscar un empleo estable y enseñarles valores para que nunca se olviden que venimos de abajo”, expresa.

Para ella, lo importante es inculcarles a sus hijos que “así hayamos avanzado y el día de mañana, Dios quiera, tengamos una casa propia y un carro, jamás se les olvide que hay gente que no tiene nada”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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'Esto no parece una ola de COVID, parece un tsunami': la odisea de una mexicana en la India

El país reporta nuevos récords mundiales de contagios diarios y sufre por falta de camas de hospital y oxígeno. Nayelly Rodríguez, una mexicana que vive en ese país desde hace 6 años cuenta que ella y toda su familia tiene COVID.
3 de mayo, 2021
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“En India no hay mucha esperanza. El covid-19 parece imparable. La gente tiene miedo. Temen que sus seres queridos mueran porque no haya lo más básico para que los traten, como el oxígeno”, cuenta a BBC Mundo la mexicana Nayelly Rodríguez Cortés.

Rodríguez, de 29 años, se convirtió al Islam hace 11 años en su natal Guadalajara. Después conoció a su esposo Feroz Khan, con quien tiene 3 hijos, de 8, 6 y 3 años.

Viven desde hace 6 años en Ghaziabad, en el norte del país, a 45 kilómetros de Nueva Delhi.

El jueves pasado, después de presentar síntomas de covid-19 -entre ellos tos, dolor de cuerpo y fiebre-, su prueba dio positivo. Un par de días después ocurrió lo mismo con su esposo y sus hijos.

“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana, como es conocida de manera coloquial.

Escasez de camas y oxígeno-6543

Asegura que no tiene tanto miedo por ella y su familia, pero acepta que cuando camina para hacer algo en su casa le falta el aliento.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana.

“Esa es la gran incertidumbre que tenemos en nuestra casa y todos los enfermos en India. ¿Qué hacemos si empeoran nuestros síntomas? ¿Vamos a poder conseguir lo más básico, como oxígeno o una cama en el hospital?”.

India ha registrado nuevos récords mundiales de nuevas infecciones de covid-19, alcanzando casi 400.000 en un día y está enfrentando una severa escasez de camas de hospital, así como tanques de oxígeno medicinal.

“Es muy difícil conseguir un tanque. Y algunos están lucrando: los están vendiendo hasta en 1.000 dólares, una cifra que es inaccesible para la mayoría, sobre todo después de que las personas se han quedado sin empleo y sin forma de tener dinero”.

Familias enteras

Cuenta que en el conjunto de edificios donde vive, y por lo que oye en las noticias, lo que pasó con su familia es lo que está pasando en el país: se enferman familias enteras.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
El esposo y los hijos de Nana también dieron positivo por covid-19.

“Hay muchísimos contagiados, los casos aumentan exponencialmente. Cada día nos enteramos de más y más personas. Esto no parece una ola, parece un tsunami”.

Nana dice que cada vez se sabe también de más muertos por covid, entre ellos los papás de un vecino.

“Y un caso que me impactó mucho, es que en los edificios donde vivo, hace dos semanas, un niño de apenas 8 años se desmayó en el parque y murió antes de llegar al hospital. Ahí les dijeron a sus padres que fue por el virus”.

Con más de 19 millones de casos registrados, India es el segundo país con más infecciones, solo después de Estados Unidos.

Hasta el momento ha reportado casi 212.000 muertes, pero se cree que esta cifra va a aumentar mucho en los próximos días debido a este nuevo fuerte embate del virus y por sospechas de los medios que no todas las muertes han sido reportadas.

Exceso de muertes

Nana dice que en febrero se oían pocos casos, que la gente empezó a relajarse y hacer una vida más normal, incluso a asistir a festivales religiosos masivos, y que en parte eso ayudó a la propagación del virus. En el país circula una variante del covid-19 de la que todavía no se conoce mucho.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
Nana y su esposo tienen tres hijos, de 8, 6 y 3 años.

Por todo el mundo circulan fotografías y videos en los que se ven crematorios con muchas piras que no dejan de arder y filas de cuerpos que esperan por hasta 20 horas a ser incinerados.

El diario The Hindu causó conmoción con una noticia de que el cuerpo de un hombre esperando turno fue parcialmente comido por un perro callejero.

También se han acondicionado lugares como parques y estacionamientos para hacer las cremaciones.

En Delhi, un crematorio que había sido creado para incinerar mascotas, pero que todavía no había entrado en operación, se está usando para personas.

“Los musulmanes cuando morimos no podemos ser cremados, sino enterrados. Pero los panteones también están ya llenos”, cuenta.

Calles de India

Cortesía
La única conexión de Nana con el exterior por ahora es la ventana de su casa.

Nana dice que ella ha visto un gran aumento de contagios comparados con la primera ola de coronavirus en 2021.

En ese tiempo ella documentó en su canal de Youtube cómo salió a ayudar al éxodo de migrantes trabajadores que volvían a sus pueblos y aldeas. Les daban agua y alimento para que pudieran continuar caminando ya que se cancelaron los trenes y los autobuses.

“Muchísimas personas viven al día y han perdido sus trabajos. Están en una situación desesperada. Así que los migrantes de otros estados otra vez dejaron la ciudad y se fueron a sus lugares de origen, para no morir de hambre. Aunque, también allá pueden morir porque hay menos infraestructura médica”.

Restricciones

Por ahora Delhi y otras ciudades están en confinamiento. Los únicos negocios abiertos son de comida o de medicamentos. Ella vive en el piso 26 de un edificio y su única conexión con el exterior es su ventana. “Desde allí veo la carretera y las calles. Están desiertas. No hay gente. Pasan muy pocos automóviles”, cuenta.

Su familia en México está preocupada por ella y por la situación en India. “Tienen miedo de que nos lleguemos a poner graves. Quisieran venir a ayudarnos, pero no se puede, estamos a más de un día en avión de distancia y ahorita es casi imposible viajar”.

Estados Unidos anunció que restringirá los viajes a India a partir de la próxima semana. Australia ha prohibido todos los vuelos a India y ha prohibido a sus ciudadanos regresar desde ese país, anunciando que serían castigados con multas y hasta 5 años de cárcel.

En India se tenía esperanza en las vacunas, por ser el primer productor a nivel mundial. Sin embargo, varios estados -algunos de los más afectados por la covid- han reportado falta de vacunas.

Hasta ahora solo se han aplicado 150 millones de dosis en una población de 1.300 millones. Por ahora, India ha detenido las exportaciones de AstraZeneca para vacunar a sus ciudadanos.

“Por ahora nuestra esperanza es que llegue ayuda de otros países. La gente está muriendo no sólo del virus, sino por falta de lo esencial para tratarlo. No sabemos cómo puede parar esto”, lamenta Nana.


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