Gobierno de EPN invirtió más en programas sociales, pero no disminuyó la pobreza: Coneval
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Gobierno de EPN invirtió más en programas sociales, pero no disminuyó la pobreza: Coneval

Aún siguen existiendo en el país 50.6% de personas con ingresos inferiores a la línea de bienestar; el Coneval advierte que uno de los principales problemas que enfrentará la nueva administración es que los gobiernos en sus distintos órdenes todavía trabajan de forma fragmentada
Archivo/Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán @nayaroldan
21 de marzo, 2018
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Durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se mantuvo y en algunos casos se incrementó el presupuesto de programas y acciones sociales que si bien ayudaron a subsanar algunas carencias, no lograron disminuir la pobreza. Así lo concluyó el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Entre 2010 y 2016 el presupuesto ejercido para la atención en salud y educación fueron los más elevados, al registrar un crecimiento promedio de 150% y 4.5%, respectivamente, pero eso “no ha significado necesariamente la garantía del acceso efectivo a los derechos sociales”. Esto, porque existe una dispersión de programas enfocados a resolver una misma problemática, lo que implica “mayores gastos y resultados insatisfactorios”.

El informe, publicado este miércoles 20 de marzo, explica que hasta 2017 habían 149 programas federales de desarrollo social, de los cuales 88 fueron catalogados por el Coneval como prioritarios debido a su contribución directa a disminuir las carencias sociales o al acceso efectivo de derechos. Mientras que 61 fueron etiquetados como no prioritarios porque “no aportan directamente a la superación de la pobreza”.

De los 88 programas prioritarios, 68 aumentaron en 29 puntos porcentuales su presupuesto en términos reales o se quedaron igual y solo 20 lo disminuyeron para el ejercicio presupuestal de 2018. Sin embargo, aunque los programas no prioritarios son ineficaces, 24 de ellos también tuvieron un aumento presupuestal o se quedaron igual y 37 lo disminuyeron.

Según el Coneval, la administración pública ha atendido sus recomendaciones y por eso depuró el número de programas sociales para quedar en 149 programas para 2017 (84 menos que en 2015), pero esto no se ha traducido en ahorros, toda vez que “el presupuesto se ha mantenido relativamente estable, con un incremento promedio real de 3.2 por ciento en el periodo 2009-2016”.

Por tanto, el Coneval concluye que si bien existen programas y acciones dirigidos a la población en pobreza que ayudaron a subsanar las carencias sociales, “la amplia oferta programática no ha generado las condiciones propicias para que la población con ingresos inferiores a la línea de bienestar disminuya al mismo ritmo”.

Otra evidencia de la ineficacia es que 22.8% de los programas y acciones de desarrollo social entre 2010 y 2016 estuvieron orientados a generar bienestar económico, aún siguen existiendo en el país 50.6% de personas con ingresos inferiores a la línea de bienestar. Por tanto, concluye el Coneval, esta dificultad para generar ingresos entre los sectores más necesitados de la población “es un escollo para la reducción de la pobreza en México”.

Esto demuestra que “los programas presupuestarios destinados a la generación de ingresos entre los más pobres del país tienen alcances limitados y, por lo tanto, el crecimiento sostenido del poder adquisitivo en México no debería solo provenir de estas intervenciones”.

El Consejo recomienda que la mejora económica de los sectores vulnerables y del país derive del empleo, los salarios, la productividad, la inversión y la estabilidad en los precios, especialmente de los alimentos.

Problemas para la próxima administración

El informe del Coneval advierte que uno de los principales problemas que enfrentará la nueva administración es que “los gobiernos en sus distintos órdenes todavía trabajan de forma fragmentada, aun cuando la política de desarrollo social es un conjunto de acciones dirigidas a resolver la falta de opciones de desarrollo”.

Sin embargo, la solución no solamente depende de tomar las decisiones acertadas sobre los mecanismos para mejorar, sino también de su correcta implementación. El ideal es que los programas se dirijan a resolver el desarrollo social, por lo cual diversas dependencias y entidades requieren compartir un objetivo y conjuntar esfuerzos de implementación de manera coherente en el mediano y largo plazo, expone el Coneval.

Además, otro factor es la dinámica del incremento en los ingresos de los hogares que durante los últimos 25 años ha sido lenta, porque si bien hubo una recuperación entre 2014 y 2016, el lento crecimiento del ingreso “no permitió hacer frente al alza de la inflación registrada en 2017”.

Entre 2014 y 2016 la inflación tuvo porcentajes menores que en años previos, lo que tuvo un efecto positivo y directo en la recuperación del poder adquisitivo de los hogares.

Sin embargo, la aceleración de la inflación desde enero de 2017 “ha generado una pérdida en el poder adquisitivo, evidenciado en el crecimiento del porcentaje de la población con ingresos laborales inferiores a la línea de bienestar mínimo, por lo que, de seguir esta tendencia, se pondrían en riesgo los avances de los años anteriores sobre la pobreza en México”.

Otro factor es que la pobreza no es homogénea ni entre entidades ni por ámbito geográfico. En Oaxaca y Guerrero hubo los mayores porcentajes de pobreza, 70.4 y 64.4 respectivamente y Nuevo León el porcentaje de pobreza más bajo a nivel nacional (14.2), seguido de Baja California Sur y Baja California, (22.1 y 22.2 por ciento, respectivamente).

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Qué hay detrás de los cambios de política de EU hacia Cuba y Venezuela

El alivio de algunas restricciones a ambos países marca un giro de Washington respecto a la estrategia de mano dura de Trump y busca dar señales de cambio a la región, según analistas.
19 de mayo, 2022
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Después de insistir por un buen tiempo con sanciones, reproches y presión extrema, Estados Unidos comenzó a flexibilizar su política hacia dos de sus mayores antagonistas latinoamericanos: Cuba y Venezuela.

Washington anunció por separado esta semana que aliviaría sus restricciones para viajes y remesas a Cuba, así como para las negociaciones de la principal petrolera estadounidense en Venezuela.

Las medidas son limitadas y están lejos de suponer una normalización de las relaciones de EE.UU. con los gobiernos de ambos países.

Pero sí resulta evidente el giro que la Casa Blanca de Joe Biden busca darle a la estrategia de mano dura diseñada por el anterior presidente Donald Trump para esos países.

Y detrás de este cambio hay varios motivos, según expertos.

Una cumbre polémica

Los anuncios de Washington surgieron mientras el gobierno de Biden se prepara para organizar la novena Cumbre de las Américas el mes que viene en Los Angeles.

La antesala del cónclave está signada por pugnas y un riesgo de boicot de algunos presidentes por la probable exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua, países a los que EE.UU. ha sugerido que dejaría fuera por considerarlos autocráticos.

Joe Biden

Getty Images

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha condicionado su asistencia al encuentro a la participación de esas tres naciones, una postura que también asumió su homólogo boliviano, Luis Arce.

Otros gobiernos latinoamericanos cuyos presidentes prevén asistir a la cumbre, como Argentina, Chile y Honduras, también pidieron que todos los países de la región sean invitados.

EE.UU. ha respondido que aún debe tomar la decisión final sobre los invitados y abrió un diálogo con López Obrador sobre su reclamo.

En el gobierno de Biden niegan que esta polémica por la cumbre tenga alguna relación con los cambios de política hacia Cuba y Venezuela.

“El momento de esto diría que está completamente separado de lo que ha dicho el presidente mexicano respecto a Cuba”, sostuvo un alto funcionario del gobierno de EE.UU. al explicar el martes a periodistas el alivio de sanciones a Venezuela.

El funcionario dijo que las medidas, que incluyen una autorización “limitada” a la petrolera estadounidense Chevron para negociar posibles actividades futuras con Venezuela, buscan respaldar un reinicio del diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y sus opositores.

Nicolás Maduro

Getty Images
El gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela podrá entablar negociaciones con la petrolera estadounidense Chevron.

Señaló además que el gobierno de Biden llevaba meses preparando su nueva política hacia Cuba, que autoriza vuelos comerciales a ciudades de la isla más allá de La Habana y suspende el límite de US$1.000 por trimestre a las remesas.

Sin embargo, algunos analistas observan un vinculo claro entre estos cambios y las críticas de la región a la Cumbre de las Américas a celebrarse del 6 al 10 de junio.

“Es una muestra de que la administración Biden no quiere llegar a la cumbre con las manos vacías”, dice Cynthia Arnson, directora del programa latinoamericano del Wilson Center, un centro de análisis independiente en Washington, a BBC Mundo.

Y agrega que el objetivo de la Casa Blanca es mostrar diferencias con el gobierno de Trump en las políticas sobre Cuba, Venezuela y la migración, en medio de las dudas sobre los compromisos que se lograrán en la cumbre.

De hecho, muchos anticipaban que Biden aliviaría las restricciones impuestas por Trump a Cuba y Venezuela poco después de asumir en enero de 2020, pero diferentes razones demoraron el cambio.

Banderas de países americanos en Washington.

Getty Images
La cumbre de las Américas se realiza en junio en Los Angeles.

“El país obvio”

Pese al afloje de las restricciones a Cuba y Venezuela, los analistas consideran improbable que Biden invite finalmente a ambos países al cónclave de Los Angeles.

En esto también pesan razones de política doméstica: la presencia de autoridades de cubanas o venezolanas en EE.UU. provocaría rechazos internos a meses de las elecciones de mitad de período en noviembre.

Los cambios anunciados esta semana por Washington fueron criticados no solo por opositores republicanos, sino también por demócratas como Bob Menéndez, que preside el poderoso comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU.

Bob Menéndez

Getty Images
El senador demócrata Bob Menéndez ha rechazado los planes de la administración Biden para Cuba y Venezuela.

“Darle a Maduro un puñado de dádivas inmerecidas solo para que su régimen prometa sentarse a negociar es una estrategia destinada al fracaso”, sostuvo Menéndez en un comunicado.

El alto funcionario del gobierno de Biden que habló bajo la condición de que su nombre se mantuviera en reserva negó que el permiso a Chevron vaya a derivar en un aumento de ganancias para el gobierno de Maduro, quien sigue bajo sanciones de Washington.

También advirtió que EE.UU. podría aumentar o aliviar más las sanciones a Venezuela en función de lo que ocurra en el diálogo entre el gobierno de Maduro y sus opositores.

Y señaló que el objetivo de Washington es lograr avances hacia elecciones libres y justas en Venezuela, negando que el foco esté en el petróleo.

Pero algunos prevén un mayor rédito para la petrolera estatal venezolana PDVSA luego de este anuncio.

“Tarde o temprano, Chevron explorará petróleo y PDVSA se beneficiará de eso”, dice a BBC Brasil Ryan Berg, investigador para América Latina del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), una organización bipartidista en Washington.

Otros creen que EE.UU. ve en Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de crudo en el mundo, una oportunidad para rebajar el precio del petróleo, que se disparó tras la invasión de Rusia a Ucrania en febrero.

En marzo, mientras EE.UU. impulsaba sanciones al petróleo ruso, enviados de Biden viajaron sorpresivamente a Venezuela para conversar reservadamente con Maduro, un aliado de Moscú que dijo estar dispuesto a aumentar la producción petrolera.

Venezuela liberó a dos prisioneros estadounidenses luego de aquel encuentro, que también generó críticas de republicanos y demócratas en Washington.

Ahora cobra fuerza para algunos la idea de que el pulso de Occidente con Rusia también ha movido la política de EE.UU. hacia Venezuela.

“La visita en marzo (a Maduro) fue parte de una mirada global sobre cómo sustituir el petróleo de Rusia al mundo con producción en otros sitios”, señala Arnson. “Y en América Latina, el país obvio es Venezuela”.


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