Gobierno deja sin fondos programas para rescatar a jóvenes en riesgo de cometer delitos
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Jesús Santamaría (@RE_ilustrador)

Gobierno deja sin fondos programas para rescatar a jóvenes en riesgo de cometer delitos

Ciudad Cuauhtémoc aparece en los periódicos siempre en la nota roja. En cada calle hay una familia que tiene uno o varios integrantes en el reclusorio y ahí es donde interviene Cauce Ciudadano.
Jesús Santamaría (@RE_ilustrador)
2 de marzo, 2018
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Tonatiuh sabía que aquel muchacho que llevaba siempre un arma y droga en las manos era muy bueno para dibujar. Tenía mal desempeño en la escuela por un supuesto déficit de atención y se había creído eso de que era tonto. Estaba empezando a robar para comprarse droga, pero podía hacer un retrato de cualquiera en 10 minutos; así que a Tona, como lo conocen todos en el barrio, se le ocurrió regalarle unos colores.

“Y así se fue encontrando, me dijo que se dio cuenta que era más feliz dibujando que estando en el otro planeta, y que prefería usar el dinero para comprarse más colores que para conseguirse una mona, una cerveza o una grapa. Ahora, a eso se dedica, a hacer rótulos”, cuenta Tona, que también ha logrado alejar de las pandillas a otro muchacho de su barrio, animándolo a jugar fútbol.

Tonatiuh desertó hace tres años de un grupo criminal de Ciudad Cuauhtémoc, en Ecatepec, después de que mataron a su mejor amigo, justo junto a él. Dice que no quiere ver morir a más amigos o a sus familiares. Y ahora se capacita formalmente para hacer trabajo de prevención de violencia en esta zona de altos índices delictivos, llena de armas, droga y bandas.

Si dependiera del presupuesto y los programas del gobierno para tener esta capacitación, Tona no podría tomarla. Cauce Ciudadano, la organización civil que la imparte y que ha montado aquí un centro comunitario, habría dejado ya su labor de prevención de la violencia por falta de fondos y otros apoyos.

En 2017, el gobierno federal dejó sin presupuesto al programa base de lo que Enrique Peña Nieto anunció, cuando asumió la presidencia de México, como una de sus 13 acciones inmediatas: la creación de un Programa Nacional de Prevención del Delito (PRONAPRED).

En el arranque, durante 2013, al PRONAPRED se le asignaron 2 mil 456 millones de pesos; en 2014, 2 mil 666 millones de pesos; en 2015, 2 mil 734 millones de pesos. Para 2016 inició el declive: el programa recibió 2 mil 015 millones de pesos. En 2017 no se le asignó presupuesto y para 2018 apenas tiene un monto de 300 millones de pesos.

Esa reducción no puede explicarse por un descenso en las cifras de violencia en el país. En 2 de cada 3 estados se cometieron más delitos el año pasado que en 2016, y la incidencia total delictiva a nivel nacional tuvo un crecimiento superior al 10 por ciento.

Alan López, investigador del Programa de Seguridad y Justicia de México Evalúa, dice que no saben las causas por las que en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2017 no se incluyó presupuesto para financiar el subsidio al PRONAPRED.

“Nosotros tratamos de encontrar algún documento oficial (que lo explicara), pero no tuvimos acceso a ninguno y tampoco supimos de alguna declaración oficial No sabría la causa de por qué se le asignó cero pesos a este subsidio”.

La caja negra 

El programa tenía problemas. El Centro de Análisis e Investigación en Políticas Sociales y Eficiencia del Gasto Público Gesoc A. C. ubicó al PRONAPRED en su Índice de Desempeño de Programas Público Federales 2015, 2016 y 2017, en lo que ellos llaman la Caja Negra del gasto federal.

Gesoc ubica en esa categoría a los programas que no reportan información sobre su cumplimiento de metas, la cobertura de su población potencialmente beneficiaria o ambos; es decir, son programas que no permiten conocer su nivel de desempeño por sus graves problemas de opacidad.

Sin embargo, eso no justifica el retiro de fondos. Lo que Gesoc sugiere en estos casos es “introducir urgentemente, en el Decreto Presidencial, candados de transparencia y rendición de cuentas para los programas en esta categoría”.

Alfredo Elizondo, investigador de Gesoc, explica que darle 300 millones ahora a este programa parece una medida para pagar solo los gastos administrativos, la nómina. Pero tampoco sorprende, “porque (la prevención) es un área en la que la seguridad pública nacional no se ha distinguido. Existe una fuerte inversión del gobierno federal en la parte de combate al delito, las acciones más de respuesta, pero buena parte de lo que se ha desatendido, y esto es un claro reflejo, es la parte de prevención”.

Miguel Agustín López, coordinador de Cauce Ciudadano en el Estado de México, dice que una posible explicación adicional para esa falta de presupuesto es su dependencia de la Subsecretaria de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación.

Animal Político solicitó una entrevista a la Secretaría de Hacienda para conocer las causas de la falta de presupuesto al PRONAPRED durante 2017, y del bajo monto asignado para 2018, pero no hubo respuesta.

En el borde

Ciudad Cuauhtémoc está entre los polígonos identificados como de alta incidencia delictiva en Ecatepec, Estado de México. Por eso, el PRONAPRED le aportó fondos al gobierno municipal para trabajo de prevención del delito aquí y Cauce pudo llegar hace tres años e iniciar con una labor en cuatro niveles: en el penal de Chiconahuatla, en preceptoría (acompañamiento y orientación a jóvenes en conflicto con la ley), en las escuelas secundarias (para prevenir conductas de riesgo) y en la comunidad.

Pero en 2015, con el cambio de la administración municipal, Cauce no fue informado de las convocatorias para participar en los proyectos de prevención. “Yo fui a la oficina donde operaba siempre el programa –afirma López– y me dicen que ya no lo va a administrar esa unidad, luego ya me entero que los proyectos ya se habían presentado”.

Cauce asumió que el municipio no quería seguir trabajando con ellos, así que buscaron financiamiento internacional y lo encontraron en Open Society. La falta del presupuesto al PRONAPRED, un año después, los hizo corroborar que no podían respaldarse en el gobierno y se siguieron por la vía del financiamiento externo.

Acá en Ciudad Cuauhtémoc hay vidas para las que los cambios en la administración municipal y la falta de recursos son lo mismo que un terremoto, sobre todo para los que están saliendo (o quieren salir) de las bandas criminales, para los que se han negado a inmiscuirse en eso y para los muchos que están en riesgo de caer, aunque no quieran.

En la zona abundan pandillas, bandas y grupos de crimen organizado (como Los Zetas, La Familia Michoacana y Guerreros Unidos) dedicados al robo de transeúntes, de pasajeros, pero también a la extorsión (la renta como le llaman aquí), el secuestro, la venta de drogas y en medio de todo eso y por todo eso, los homicidios. Ciudad Cuauhtémoc aparece en los periódicos siempre en la nota roja. En cada calle hay una familia que tiene uno o varios integrantes en el reclusorio.

Los jóvenes de la zona ligados a Cauce cuentan que aquí la mayoría de los padres y madres deben salir a trabajar a la CDMX, a tres horas de distancia. En la comunidad no hay opciones laborales más allá del comercio, menguado por la extorsión de las redes crimínales.

Y es que Ciudad Cuauhtémoc se hizo en un cerro, hasta donde llegaron familias que buscaban un terreno para construir una casa y huir de la vida con los suegros en un reducido departamento de Ciudad de México o aquellas que venían de zonas rurales de lugares como Hidalgo, pero también las de los damnificados del sismo de 1985.

La zona se súper pobló con un estimado de 130 mil habitantes sin los servicios adecuados, quienes viven en la punta del cerro apenas tienen agua un día cada dos semanas; sin opciones cercanas para trabajar; sin universidades, pero sí con un enorme basurero y un reclusorio cuyo índice de hacinamiento es el más alto a nivel nacional. “Acá falta todo, hemos sido siempre ciudadanos de tercera para los gobiernos, marginados, olvidados”, señala María Elena Téllez Vidal, una de las vecinas del lugar.

Mientras los padres y madres de Ciudad Cuauhtémoc se van a trabajar, los niños se quedan en el mejor de los casos al cuidado de los abuelos, pero muchos se quedan solos. En la calle encuentran amigos y así se vuelven parte de alguna de 11 pandillas que hay en esta zona, de la droga y del delito.

De acuerdo con una investigación de Cauce, en secundarias de la zona 53% de las y los jóvenes menciona que frecuentemente se presentan pleitos y peleas, 43% dice que conoce al menos una persona que ha sido herida de bala o con arma blanca en un enfrentamiento violento y 8% acepta que ha usado armas blancas y otras como puntas, desarmadores, palos, piedras o bats para pelear o defenderse.

Pero a la mayoría no le gusta la opción de la violencia y el delito. No la elegiría si tuvieran otra y la dejan en cuanto tienen oportunidad. Ahí está el caso de Tona y varios más. Está también Salas, otro exintegrante de la delincuencia. Él decidió salirse de eso para ponerse a salvo, pero también para ayudar a los demás. “Vi que mis amigos se estaban muriendo por lo que hacíamos. Tengo seis amigos cercanos muertos. Además, un día en una riña, me pegaron con un bastón. Estuve varios días en el hospital. Pensé que iba a dejar solo a mi hijo. Eso me hizo dar el giro”.

Salas, también está capacitándose para ser prevención de la violencia. Él y otras diez personas conforman el grupo de actores sociales de la comunidad de Ciudad Cuauhtémoc que Cauce identificó con ese rol después de caminar la calle durante tres años, y a quienes invitó a integrarse a este nuevo proyecto que es parte de las acciones que el colectivo ha seguido implementando, aun sin el apoyo del gobierno.

La vida no espera presupuestos

Cuando se quedaron sin el presupuesto del PRONAPRED, Cauce Ciudadano no quiso dejar la zona. Una congregación religiosa, asentada en la localidad, los invitó a unas instalaciones que ya no iban a utilizar como escuela. Ahí montaron el centro comunitario, el único espacio libre de política o religión, donde los jóvenes, y en general toda la población de Ciudad Cuauhtémoc, puede acudir a talleres culturales.

Estos son el pretexto para formar a los participantes en habilidades para la vida y desplegar con ellos una estrategia de prevención de la violencia, basada en tomarla como una cuestión de salud pública, de epidemiología.

Esa estrategia es el Modelo Integral de Prevención (MIP) que incluye varios procesos orientados a inhibir factores y conductas de riesgo para ser víctima o víctima-victimario de la violencia. El MIP de Cauce contempla cuatro niveles de intervención:

  1. Promoción de la salud (medidas que fomentan factores protectores)
  2. Prevención del riesgo (conductas adictivas, la ausencia de un adulto referente, el ejercicio de una vida sexual temprana)
  3. Atención del daño (a nivel biológico, psicológico y social o los tres)
  4. Rehabilitación (reducción de la frecuencia de recaídas y el tratamiento de condiciones crónicas)

En todo esto, el desarrollo de habilidades personales y para la vida es un pilar estructural, en las que juegan un rol fundamental la resilencia y el conocerse a sí mismo, a la familia y al entorno.

Para el programa específico de interruptores y mediadores de la violencia, Cauce Ciudadano hizo alianza con Cure Violence que ha trabajado en Chicago bajo el mismo modelo de tratarla como una cuestión de salud pública y que entre sus estrategias ha usado estos interruptores civiles.

Estas personas por su liderazgo y rol en la comunidad, porque son veteranos y poseen credibilidad, tienen la capacidad de parar un conflicto, explica Miguel Agustín López, de Cauce. Ante un hecho de violencia inminente, ellos entran y desactivan. “Pero acá se trata también de lograr que ese muchacho que decidió no agarrar el fierro hoy, no lo agarre tampoco mañana, ni en un año ni en dos”.

Ahí es donde entra el trabajo de mediación y de acompañamiento que es: “ya más tranquilos, relajados, con un chesco, el chavo te dice, la neta ya me quiero relajar, y entonces hay que empezar a pensar por dónde, a la mejor necesita trabajar pero no tiene papeles, no tiene acta, hay que acompañarlo a sacar el acta, ver cómo se le hace para un trabajo y claro, lo ideal es que se incorpore a un grupo, a un taller cultural. Pero es un proceso”.

En esa fase ya entran otras figuras, los facilitadores de los talleres culturales, entre los que están, por ejemplo, los integrantes del Colectivo Folklórico Amalaya Mahetsi, que imparten clases de danza regional en el centro comunitario de Ciudad Cuauhtémoc. Cauce le dio un capital semilla a este colectivo conformado por tres exparticipantes de sus talleres, para que pudiera independizarse y operar por cuenta propia, aunque en el mismo espacio y bajo el mismo modelo.

“Teníamos la inquietud de ofrecer algo cultural en la colonia porque no hay nada de oferta cultural y si te quieres trasladar, necesitas 50 pesos de pasaje para salir y regresar.  Nos interesaba también colaborar para echar a andar el centro comunitario, se necesita desarrollar ese concepto de comunidad. Tenemos que empoderarnos, para luchar por eso que nos quitan. Nosotros ya no tenemos ganas de salir a la calle porque está peligroso, así que se trata de volver a hacer nuestro algo que nos pertenece por derecho: vivir sin miedo”, reclama Pablo Francisco Tavira, integrante del colectivo Amalaya Mahetsi.

Braulio, otro de los facilitadores de Cauce, dio en Ciudad Cuauhtémoc un taller de encuadernación. Él, que ha lidiado con una fuerte adicción al crack y ha entrado y salido varias veces de la cárcel, trabaja con Rocío Hernández, egresada de la carrera de Pedagogía, en lo que la organización llama un binomio para el diseño y operación de los talleres. Ellos dos entrelazaron las técnicas de la encuadernación con la metodología de Cauce para el desarrollo de habilidades para la vida, los círculos de desarrollo (personal, familiar y comunitario) y la resilencia.

Durante las sesiones del taller, el binomio Braulio-Rocío guió a los participantes para hacer un diario, usando las técnicas de la autobiografía y la línea de vida. Después hicieron un álbum fotográfico para reflexionar en torno al círculo de la familia, y al final hicieron un periódico de la comunidad, como lo que sería el diario de un periodista, un journal.

Para medir el impacto de su modelo en Ciudad Cuauhtémoc, Cauce aplicó cuestionarios de salida: 75% de los participantes en los talleres comunitarios afirmaron poner más empeño en trabajar a favor de su comunidad, el mismo porcentaje, 75%, dijo que aprendió a escuchar y responder a las sugerencias y preocupaciones de otras personas y el 88% dijo que pudo expresar mejor sus ideas a los demás.

Ahora Cauce está empujando el desarrollo de otro centro comunitario en Los Reyes La Paz, también en el Estado de México. Le han llamado Ciudad Retoño. Es un terreno de dos hectáreas, que la compañía Pernod Ricard donó a la organización cuando tuvieron que desmantelar ahí su planta de producción de licores por problemas de hundimientos en el subsuelo.

Cauce tiene muchos planes para este centro: los talleres que da en otros puntos del país, pero también un trabajo fuerte para que los líderes sociales de la zona tomen el espacio como punto de reunión y gestión de los diversos problemas de la comunidad, así como apoyo a emprendimientos y empresas sociales que generen empleos para quienes viven en el área.

Acá Braulio empezó ya con sus talleres de carpintería, talla en madera y escultura, artes que aprendió en sus diversos ingresos a la cárcel. Ahora incluso está viviendo en el centro comunitario, después de varios problemas con su familia. Vive aferrado a su arte y a guiar a los muchachos en eso de separarse de la violencia, mientras él también da otro paso para alejarse del borde, junto a Tona, Salas y muchos más.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Cómo la COVID está causando una crisis de oxigeno en América Latina y algunos países en desarrollo

¿Por qué los gobiernos de África, América Latina y Asia están luchando por conseguir oxígeno durante la pandemia?
29 de enero, 2021
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Antes de que la clínica se quedara sin oxígeno, Maria Auxiliadora da Cruz había mostrado alentadores signos de progreso contra la covid-19.

El 14 de enero, sus niveles de oxígeno habían estado por encima del nivel normal del 95%, pero pocas horas después de haber sido privada de ese recurso vital, sus niveles cayeron al 35%.

En esta instancia, a los pacientes normalmente se los intuba y se les suministra oxígeno a través de una máquina. Esto no ocurrió con esta enfermera jubilada de 67 años, que falleció.

“Fue horrible”, dice su nuera Thalita Rocha. “Fue una catástrofe. Muchos pacientes ancianos comenzaron a deteriorarse y ponerse azules”.

En un emotivo video que se viralizó en las redes sociales, Rocha describió lo que sucedía en la Policlínica Redenção en la ciudad de Manaos, en el norte de Brasil.

“Estamos en una situación desesperada. Toda una unidad de emergencia simplemente se ha quedado sin oxígeno … Mucha gente está muriendo”.

Rocha le dijo al Servicio Brasileño de la BBC que diez personas en la sala de guardia murieron ese día y que cree que su suegra podría haber sobrevivido.

“Ella no murió de covid. Lamentablemente, falleció por la falta de oxígeno“.

Thalita Rocha

Thalita Rocha
El video de Thalita Rocha pidiendo ayuda se hizo viral en las redes sociales.

Brasil tiene el segundo mayor número de decesos por covid del mundo, con más de 219.000 muertos.

En Manaos, el sistema de salud de la ciudad colapsó dos veces durante la pandemia y las muertes se duplicaron entre diciembre y enero, lo que llevó al gobierno local a anunciar planes para 22.000 nuevas tumbas.

Pero los hospitales y clínicas de Brasil no son de ninguna manera los únicos que luchan por conseguir suministros de oxígeno.

En México, donde más de 152.000 personas han muerto por la pandemia, ha habido informes de ladrones que se llevaron cilindros de oxígeno de hospitales y clínicas.

En un caso, dos hombres fueron arrestados luego de que un camión cargado con cilindros de oxígeno robados fuera encontrado al norte de Ciudad de México.

A principios de este mes, aparecieron videos que denunciaban la escasez de oxígeno en al menos dos hospitales en Egipto.

En uno, un hombre filmó camas cubiertas con mantas en el hospital al-Husseiniya en la gobernación nororiental de Sharqia y afirmó que “todos en la UCI han muerto“.

Las autoridades egipcias dijeron que cuatro pacientes habían muerto debido a condiciones crónicas preexistentes, no por falta de oxígeno, y han negado rotundamente que haya problemas de suministro.

Pero informes de incidentes similares en varios países han puesto de relieve la presión sobre los gobiernos para que proporcionen este tratamiento básico que permite salvar vidas.

“Crisis de oxígeno”

Un paciente recibe terapia con oxígeno en Lagos.

Getty Images
Uno de cada cinco pacientes con covid requerirá oxígeno, dice la OMS, pero la proporción es mayor en los casos graves.

La organización dice que no tiene datos específicos por país, pero agrega que algunos hospitales han visto aumentar la demanda de oxígeno entre cinco y siete veces los niveles normales debido a la afluencia de pacientes con enfermedades graves y críticas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco pacientes con covid-19 requerirá oxígeno. En casos severos, esto aumenta a tres de cada cinco.

PATH, una organización mundial sin fines de lucro que ayuda a varios gobiernos a responder a la pandemia, encontró que la demanda de oxígeno “aumentó dramáticamente” en 2020 debido a la afluencia de pacientes con hipoxemia (bajos niveles de oxígeno en la sangre) por la covid-19.

“Necesitamos pensar en el oxígeno tanto como pensamos en la electricidad, el agua u otros servicios básicos”, dice Lisa Smith, del programa de dinámicas de mercado de PATH.

“Esto no puede ser algo que solo nos preocupe cuando está mal, porque cuando está mal, la gente se muere”.

Actualmente, se necesitan cerca de 1,5 millones de cilindros de oxígeno todos los días en países de ingresos bajos y medianos para hacer frente a la demanda adicional generada por la pandemia, según una herramienta interactiva creada por PATH para rastrear las necesidades de oxígeno.

Esta herramienta digital ayuda a estimar la escala del desafío para quienes se encargan de formular políticas y fue desarrollada por el proyecto Covid-19 Respiratory Care Response Coordination que incluye a PATH y a Every Breath Counts (Cada respiración cuenta), una asociación público-privada que aboga por un mejor suministro de oxígeno en países de ingresos bajos y medianos.

“Existe una crisis de oxígeno en el África subsahariana, Asia y América Latina“, dice Leith Greenslade, de Every Breath Counts.

“Los países no se dan cuenta de la cantidad de oxígeno que necesitan los pacientes con covid-19: algunos requerirán diez, veinte veces más oxígeno del que necesitaría un paciente normal que necesita oxígeno”.

Pacientes con covid en Sudáfrica

Getty Images
PATH dice que la demanda de oxígeno ha “aumentado drásticamente” en los países de ingresos bajos y medios debido a la covid-19.

Según el rastreador, Brasil ha experimentado uno de los aumentos más drásticos en la demanda de oxígeno del mundo desde noviembre, requiriendo aproximadamente 340.000 cilindros adicionales al día para tratar casos de covid.

Después de que Manaos llegó a un punto crítico, se enviaron donaciones de oxígeno desde otros estados y desde el otro lado de la frontera con Venezuela.

Pero Jesem Orellana, epidemiólogo de la Fundación Oswaldo Cruz, le dijo a la BBC que el riesgo de escasez continúa y se ha agravado por la demanda global.

Maria Auxiliadora da Cruz

Familia de Maria Auxiliadora da Cruz
La salud de Maria Auxiliadora da Cruz se deterioró rápidamente cuando se acabaron los suministros de oxígeno en la clínica de Manaos.

En otros países en desarrollo, como India, hubo un aumento del 68% en la demanda de oxígeno entre abril y julio, luego un salto del 84% entre julio y el momento más álgido en septiembre.

Adamu Isah de Save the Children en Nigeria, donde se necesitan 10.000 cilindros adicionales al día, señaló que hay una “percepción generalizada de que hay escasez de oxígeno en casi todas las regiones del país”.

En Sudáfrica, el rastreador estima que el país necesita 100.000 cilindros adicionales al día.

El ministro de Salud, Zweli Mkhize, dijo que el gobierno estaba haciendo “todo lo posible para asegurarse de que haya oxígeno disponible” y ordenó a los fabricantes de oxígeno, cuyos principales clientes son normalmente grupos mineros, que prioricen las necesidades médicas.

¿De dónde proviene el oxígeno médico?

Un trabajador desinfecta cilindros de oxígeno en El Cairo, Egipto.

EPA
Solo una proporción pequeña del oxígeno que se produce el mundo se destina a fines médicos.

Según PATH, el oxígeno médico representa solo el 5-10% de la producción mundial de oxígeno. El resto se utiliza en diversas industrias, como la minera, química y farmacéutica.

Se produce en grandes cantidades en las plantas y se entrega a los hospitales de dos formas: a granel en tanques de líquido o como gas presurizado en cilindros que contienen volúmenes más pequeños.

El oxígeno líquido es la mejor y más barata tecnología disponible, pero requiere que los hospitales tengan la infraestructura adecuada para canalizar el oxígeno al lado de la cama del paciente. Esto es común en países desarrollados como Estados Unidos y Europa.

Los cilindros no requieren tuberías y se pueden entregar a clínicas sin una infraestructura sofisticada. Sin embargo, su distribución a menor escala significa que son menos rentables, además de ser engorrosos de transportar y manipular, lo que también conlleva un mayor riesgo de contaminación cruzada.

“Algunos países dependen casi por completo del envío de oxígeno a los hospitales, que son transportados en cilindros por terrenos accidentados y largas distancias”, explica el profesor Mike English, que codirige la Unidad de Servicios de Salud del Programa de Investigación del KEMRI-Wellcome Trust en Nairobi y los Sistemas de Colaboración en Salud de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

“Este es un gran problema y las cantidades necesarias son casi imposibles de proporcionar”.

Según English, la distribución de oxígeno ya era un problema en África antes de la pandemia.

“Antes de la covid, había muchas ocasiones en las que incluso en los hospitales adecuados, un niño enfermo, un recién nacido enfermo o cualquier persona en una situación de emergencia, podía no haber recibido el oxígeno que necesitaban”, explica.

“La covid ha hecho que este problema sea más visible porque ahora también afecta a los adultos”.

Opción tardía

Máquina concentradora de oxígeno utilizada en Nueva Delhi, India.

Getty Images
El oxígeno se puede suministrar a través de una variedad de formas, una de ellas es a través de máquinas que lo filtran del aire, llamadas concentradores.

El oxígeno ha sido considerado un medicamento esencial por la OMS desde 2017.

Pero Smith dice que ha sido tratado hasta el momento como “algo en lo que se piensa después”.

Para ella, se trata “verdaderamente de un problema de los sistemas de salud” en el que se necesitan varios “componentes” a un tiempo para mejorar la situación.

Todos los expertos consultados por la BBC remarcaron el mismo punto, incluyendo en su análisis la necesidad de equipos, entrenamiento y soluciones a largo plazo.

Los hospitales, por ejemplo, podrían construir sus propias plantas de oxígeno para producir un suministro regular.

Pero son costosas, necesitan electricidad confiable y requieren una experiencia considerable e ingenieros calificados para mantenerlos, lo que no siempre es posible, dice English.

“Como cada ‘solución aparentemente fácil’, las plantas de oxígeno requieren partes mucho más amplias del sistema de salud para ser funcionales”, agrega.

Grycian Mussa en el Hospital in central de Lilongwe

UNICEF Malawi/2020/Govati Nyirenda
Grycian Mussa opera una de las plantas de oxígeno en Malawi, establecida con la ayuda de Unicef y UK Aid.

En Malawi, hay tres plantas de este tipo: en el Hospital Central Queen Elizabeth de Blantyre, el Hospital Nkhata Bay y el Hospital Central Kamuzu en Lilongwe.

Para construirlos, el país necesitaba traer equipos y conocimientos técnicos de Sudáfrica, dice Grycian Mussa, principal ingeniero médico del hospital.

Con el confinamiento se produjo una crisis porque todo venía de Sudáfrica y Sudáfrica estaba en cuarentena y Malawi estaba en cuarentena”, explica.

“Creo que es hora de que los países africanos capacitemos a técnicos locales en nuestros países y veamos cómo podemos sostenernos a nosotros mismos. De lo contrario, siempre dependeremos de la ayuda de otros países en medio de las crisis”.

La necesidad de entrenamiento fue puesta en evidencia anteriormente en Nigeria por la “mesa de trabajo sobre oxígeno”, establecida con la ayuda de organizaciones sin fines de lucro y otras agencias para brindar asesoramiento sobre el suministro y el uso de oxígeno, dice Isah.

“Incluso si tienes todos los sistemas de oxígeno del mundo, si no capacitas a las personas sobre cómo detectar niveles bajos de oxígeno en la sangre, realmente estarás perdiendo el tiempo”, añade.

Un oxímetro controla los niveles de oxigenación en la sangre de un bebé en Francia.

Getty Images
“El oxígeno es útil en muchos casos, desde para el bebé más pequeño que necesita oxígeno hasta alguien con enfermedad pulmonar crónica avanzada en poblaciones de edad avanzada”, dice la Greenslade.

Los oxímetros, que se colocan en el dedo para medir los niveles de oxígeno en la sangre, son una forma asequible de controlar a los pacientes si las personas están capacitadas para usarlos. Pero aún queda el problema del suministro.

“Incluso estos, que deberían ser más fáciles de poner a disposición a gran escala, no suelen estar disponibles en los países de bajos y medianos ingresos de África. Proporcionarlos también es algo que recién está empezando a suceder”, dice English.

“Necesitamos ver el suministro de oxígeno como un desafío para todo el sistema y abordar todos los elementos juntos”.

Otras soluciones a corto plazo incluyen el uso de concentradores de oxígeno, una máquina que filtra el aire y lo convierte en oxígeno de grado médico.

La OMS ha distribuido unos 16.000 a nivel mundial durante la pandemia, pero advirtió que “no son suficientes para los pacientes con enfermedades críticas que necesitarán más flujo de oxígeno”.

Mujer con un oxímetro en el dedo en Nigeria.

Reuters
Los oxímetros son una forma barata y efectiva para medir las necesidades de oxígenos, dicen expertos en salud.

Incluso antes de la pandemia, agencias multilaterales como Unicef ​​habían estado distribuyendo concentradores de oxígeno e invirtiendo en plantas de oxígeno en hospitales en el mundo en desarrollo para combatir enfermedades como la neumonía, el “asesino silencioso” que se estima que mata a 800.000 niños cada año.

Ahora existe la preocupación, respaldada por organizaciones como Save the Children y expertos como el profesor English, de que la demanda adicional por la covid-19 de suministros de oxígeno pueda tener un efecto en cadena para el tratamiento de otras enfermedades.

“El oxígeno es útil en muchos casos, desde para el bebé más pequeño que necesita oxígeno, hasta alguien con enfermedad pulmonar crónica avanzada en poblaciones de edad avanzada”, dice la Greenslade.

“La covid nos ha demostrado cuán esencial es en países donde no hay vacunas contra la ella, ni medicamentos. Si vives o mueres, depende a menudo de si consigues oxígeno o no”.

* Investigación adicional de Vinicius Lemos en Sao Paulo


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