Gobierno deja sin fondos programas para rescatar a jóvenes en riesgo de cometer delitos

Ciudad Cuauhtémoc aparece en los periódicos siempre en la nota roja. En cada calle hay una familia que tiene uno o varios integrantes en el reclusorio y ahí es donde interviene Cauce Ciudadano.

Gobierno deja sin fondos programas para rescatar a jóvenes en riesgo de cometer delitos
Jesús Santamaría (@RE_ilustrador)

Tonatiuh sabía que aquel muchacho que llevaba siempre un arma y droga en las manos era muy bueno para dibujar. Tenía mal desempeño en la escuela por un supuesto déficit de atención y se había creído eso de que era tonto. Estaba empezando a robar para comprarse droga, pero podía hacer un retrato de cualquiera en 10 minutos; así que a Tona, como lo conocen todos en el barrio, se le ocurrió regalarle unos colores.

“Y así se fue encontrando, me dijo que se dio cuenta que era más feliz dibujando que estando en el otro planeta, y que prefería usar el dinero para comprarse más colores que para conseguirse una mona, una cerveza o una grapa. Ahora, a eso se dedica, a hacer rótulos”, cuenta Tona, que también ha logrado alejar de las pandillas a otro muchacho de su barrio, animándolo a jugar fútbol.

Tonatiuh desertó hace tres años de un grupo criminal de Ciudad Cuauhtémoc, en Ecatepec, después de que mataron a su mejor amigo, justo junto a él. Dice que no quiere ver morir a más amigos o a sus familiares. Y ahora se capacita formalmente para hacer trabajo de prevención de violencia en esta zona de altos índices delictivos, llena de armas, droga y bandas.

Si dependiera del presupuesto y los programas del gobierno para tener esta capacitación, Tona no podría tomarla. Cauce Ciudadano, la organización civil que la imparte y que ha montado aquí un centro comunitario, habría dejado ya su labor de prevención de la violencia por falta de fondos y otros apoyos.

En 2017, el gobierno federal dejó sin presupuesto al programa base de lo que Enrique Peña Nieto anunció, cuando asumió la presidencia de México, como una de sus 13 acciones inmediatas: la creación de un Programa Nacional de Prevención del Delito (PRONAPRED).

En el arranque, durante 2013, al PRONAPRED se le asignaron 2 mil 456 millones de pesos; en 2014, 2 mil 666 millones de pesos; en 2015, 2 mil 734 millones de pesos. Para 2016 inició el declive: el programa recibió 2 mil 015 millones de pesos. En 2017 no se le asignó presupuesto y para 2018 apenas tiene un monto de 300 millones de pesos.

Esa reducción no puede explicarse por un descenso en las cifras de violencia en el país. En 2 de cada 3 estados se cometieron más delitos el año pasado que en 2016, y la incidencia total delictiva a nivel nacional tuvo un crecimiento superior al 10 por ciento.

Alan López, investigador del Programa de Seguridad y Justicia de México Evalúa, dice que no saben las causas por las que en el Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2017 no se incluyó presupuesto para financiar el subsidio al PRONAPRED.

“Nosotros tratamos de encontrar algún documento oficial (que lo explicara), pero no tuvimos acceso a ninguno y tampoco supimos de alguna declaración oficial No sabría la causa de por qué se le asignó cero pesos a este subsidio”.

La caja negra 

El programa tenía problemas. El Centro de Análisis e Investigación en Políticas Sociales y Eficiencia del Gasto Público Gesoc A. C. ubicó al PRONAPRED en su Índice de Desempeño de Programas Público Federales 2015, 2016 y 2017, en lo que ellos llaman la Caja Negra del gasto federal.

Gesoc ubica en esa categoría a los programas que no reportan información sobre su cumplimiento de metas, la cobertura de su población potencialmente beneficiaria o ambos; es decir, son programas que no permiten conocer su nivel de desempeño por sus graves problemas de opacidad.

Sin embargo, eso no justifica el retiro de fondos. Lo que Gesoc sugiere en estos casos es “introducir urgentemente, en el Decreto Presidencial, candados de transparencia y rendición de cuentas para los programas en esta categoría”.

Alfredo Elizondo, investigador de Gesoc, explica que darle 300 millones ahora a este programa parece una medida para pagar solo los gastos administrativos, la nómina. Pero tampoco sorprende, “porque (la prevención) es un área en la que la seguridad pública nacional no se ha distinguido. Existe una fuerte inversión del gobierno federal en la parte de combate al delito, las acciones más de respuesta, pero buena parte de lo que se ha desatendido, y esto es un claro reflejo, es la parte de prevención”.

Miguel Agustín López, coordinador de Cauce Ciudadano en el Estado de México, dice que una posible explicación adicional para esa falta de presupuesto es su dependencia de la Subsecretaria de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación.

Animal Político solicitó una entrevista a la Secretaría de Hacienda para conocer las causas de la falta de presupuesto al PRONAPRED durante 2017, y del bajo monto asignado para 2018, pero no hubo respuesta.

En el borde

Ciudad Cuauhtémoc está entre los polígonos identificados como de alta incidencia delictiva en Ecatepec, Estado de México. Por eso, el PRONAPRED le aportó fondos al gobierno municipal para trabajo de prevención del delito aquí y Cauce pudo llegar hace tres años e iniciar con una labor en cuatro niveles: en el penal de Chiconahuatla, en preceptoría (acompañamiento y orientación a jóvenes en conflicto con la ley), en las escuelas secundarias (para prevenir conductas de riesgo) y en la comunidad.

Pero en 2015, con el cambio de la administración municipal, Cauce no fue informado de las convocatorias para participar en los proyectos de prevención. “Yo fui a la oficina donde operaba siempre el programa –afirma López– y me dicen que ya no lo va a administrar esa unidad, luego ya me entero que los proyectos ya se habían presentado”.

Cauce asumió que el municipio no quería seguir trabajando con ellos, así que buscaron financiamiento internacional y lo encontraron en Open Society. La falta del presupuesto al PRONAPRED, un año después, los hizo corroborar que no podían respaldarse en el gobierno y se siguieron por la vía del financiamiento externo.

Acá en Ciudad Cuauhtémoc hay vidas para las que los cambios en la administración municipal y la falta de recursos son lo mismo que un terremoto, sobre todo para los que están saliendo (o quieren salir) de las bandas criminales, para los que se han negado a inmiscuirse en eso y para los muchos que están en riesgo de caer, aunque no quieran.

En la zona abundan pandillas, bandas y grupos de crimen organizado (como Los Zetas, La Familia Michoacana y Guerreros Unidos) dedicados al robo de transeúntes, de pasajeros, pero también a la extorsión (la renta como le llaman aquí), el secuestro, la venta de drogas y en medio de todo eso y por todo eso, los homicidios. Ciudad Cuauhtémoc aparece en los periódicos siempre en la nota roja. En cada calle hay una familia que tiene uno o varios integrantes en el reclusorio.

Los jóvenes de la zona ligados a Cauce cuentan que aquí la mayoría de los padres y madres deben salir a trabajar a la CDMX, a tres horas de distancia. En la comunidad no hay opciones laborales más allá del comercio, menguado por la extorsión de las redes crimínales.

Y es que Ciudad Cuauhtémoc se hizo en un cerro, hasta donde llegaron familias que buscaban un terreno para construir una casa y huir de la vida con los suegros en un reducido departamento de Ciudad de México o aquellas que venían de zonas rurales de lugares como Hidalgo, pero también las de los damnificados del sismo de 1985.

La zona se súper pobló con un estimado de 130 mil habitantes sin los servicios adecuados, quienes viven en la punta del cerro apenas tienen agua un día cada dos semanas; sin opciones cercanas para trabajar; sin universidades, pero sí con un enorme basurero y un reclusorio cuyo índice de hacinamiento es el más alto a nivel nacional. “Acá falta todo, hemos sido siempre ciudadanos de tercera para los gobiernos, marginados, olvidados”, señala María Elena Téllez Vidal, una de las vecinas del lugar.

Mientras los padres y madres de Ciudad Cuauhtémoc se van a trabajar, los niños se quedan en el mejor de los casos al cuidado de los abuelos, pero muchos se quedan solos. En la calle encuentran amigos y así se vuelven parte de alguna de 11 pandillas que hay en esta zona, de la droga y del delito.

De acuerdo con una investigación de Cauce, en secundarias de la zona 53% de las y los jóvenes menciona que frecuentemente se presentan pleitos y peleas, 43% dice que conoce al menos una persona que ha sido herida de bala o con arma blanca en un enfrentamiento violento y 8% acepta que ha usado armas blancas y otras como puntas, desarmadores, palos, piedras o bats para pelear o defenderse.

Pero a la mayoría no le gusta la opción de la violencia y el delito. No la elegiría si tuvieran otra y la dejan en cuanto tienen oportunidad. Ahí está el caso de Tona y varios más. Está también Salas, otro exintegrante de la delincuencia. Él decidió salirse de eso para ponerse a salvo, pero también para ayudar a los demás. “Vi que mis amigos se estaban muriendo por lo que hacíamos. Tengo seis amigos cercanos muertos. Además, un día en una riña, me pegaron con un bastón. Estuve varios días en el hospital. Pensé que iba a dejar solo a mi hijo. Eso me hizo dar el giro”.

Salas, también está capacitándose para ser prevención de la violencia. Él y otras diez personas conforman el grupo de actores sociales de la comunidad de Ciudad Cuauhtémoc que Cauce identificó con ese rol después de caminar la calle durante tres años, y a quienes invitó a integrarse a este nuevo proyecto que es parte de las acciones que el colectivo ha seguido implementando, aun sin el apoyo del gobierno.

La vida no espera presupuestos

Cuando se quedaron sin el presupuesto del PRONAPRED, Cauce Ciudadano no quiso dejar la zona. Una congregación religiosa, asentada en la localidad, los invitó a unas instalaciones que ya no iban a utilizar como escuela. Ahí montaron el centro comunitario, el único espacio libre de política o religión, donde los jóvenes, y en general toda la población de Ciudad Cuauhtémoc, puede acudir a talleres culturales.

Estos son el pretexto para formar a los participantes en habilidades para la vida y desplegar con ellos una estrategia de prevención de la violencia, basada en tomarla como una cuestión de salud pública, de epidemiología.

Esa estrategia es el Modelo Integral de Prevención (MIP) que incluye varios procesos orientados a inhibir factores y conductas de riesgo para ser víctima o víctima-victimario de la violencia. El MIP de Cauce contempla cuatro niveles de intervención:

  1. Promoción de la salud (medidas que fomentan factores protectores)
  2. Prevención del riesgo (conductas adictivas, la ausencia de un adulto referente, el ejercicio de una vida sexual temprana)
  3. Atención del daño (a nivel biológico, psicológico y social o los tres)
  4. Rehabilitación (reducción de la frecuencia de recaídas y el tratamiento de condiciones crónicas)

En todo esto, el desarrollo de habilidades personales y para la vida es un pilar estructural, en las que juegan un rol fundamental la resilencia y el conocerse a sí mismo, a la familia y al entorno.

Para el programa específico de interruptores y mediadores de la violencia, Cauce Ciudadano hizo alianza con Cure Violence que ha trabajado en Chicago bajo el mismo modelo de tratarla como una cuestión de salud pública y que entre sus estrategias ha usado estos interruptores civiles.

Estas personas por su liderazgo y rol en la comunidad, porque son veteranos y poseen credibilidad, tienen la capacidad de parar un conflicto, explica Miguel Agustín López, de Cauce. Ante un hecho de violencia inminente, ellos entran y desactivan. “Pero acá se trata también de lograr que ese muchacho que decidió no agarrar el fierro hoy, no lo agarre tampoco mañana, ni en un año ni en dos”.

Ahí es donde entra el trabajo de mediación y de acompañamiento que es: “ya más tranquilos, relajados, con un chesco, el chavo te dice, la neta ya me quiero relajar, y entonces hay que empezar a pensar por dónde, a la mejor necesita trabajar pero no tiene papeles, no tiene acta, hay que acompañarlo a sacar el acta, ver cómo se le hace para un trabajo y claro, lo ideal es que se incorpore a un grupo, a un taller cultural. Pero es un proceso”.

En esa fase ya entran otras figuras, los facilitadores de los talleres culturales, entre los que están, por ejemplo, los integrantes del Colectivo Folklórico Amalaya Mahetsi, que imparten clases de danza regional en el centro comunitario de Ciudad Cuauhtémoc. Cauce le dio un capital semilla a este colectivo conformado por tres exparticipantes de sus talleres, para que pudiera independizarse y operar por cuenta propia, aunque en el mismo espacio y bajo el mismo modelo.

“Teníamos la inquietud de ofrecer algo cultural en la colonia porque no hay nada de oferta cultural y si te quieres trasladar, necesitas 50 pesos de pasaje para salir y regresar.  Nos interesaba también colaborar para echar a andar el centro comunitario, se necesita desarrollar ese concepto de comunidad. Tenemos que empoderarnos, para luchar por eso que nos quitan. Nosotros ya no tenemos ganas de salir a la calle porque está peligroso, así que se trata de volver a hacer nuestro algo que nos pertenece por derecho: vivir sin miedo”, reclama Pablo Francisco Tavira, integrante del colectivo Amalaya Mahetsi.

Braulio, otro de los facilitadores de Cauce, dio en Ciudad Cuauhtémoc un taller de encuadernación. Él, que ha lidiado con una fuerte adicción al crack y ha entrado y salido varias veces de la cárcel, trabaja con Rocío Hernández, egresada de la carrera de Pedagogía, en lo que la organización llama un binomio para el diseño y operación de los talleres. Ellos dos entrelazaron las técnicas de la encuadernación con la metodología de Cauce para el desarrollo de habilidades para la vida, los círculos de desarrollo (personal, familiar y comunitario) y la resilencia.

Durante las sesiones del taller, el binomio Braulio-Rocío guió a los participantes para hacer un diario, usando las técnicas de la autobiografía y la línea de vida. Después hicieron un álbum fotográfico para reflexionar en torno al círculo de la familia, y al final hicieron un periódico de la comunidad, como lo que sería el diario de un periodista, un journal.

Para medir el impacto de su modelo en Ciudad Cuauhtémoc, Cauce aplicó cuestionarios de salida: 75% de los participantes en los talleres comunitarios afirmaron poner más empeño en trabajar a favor de su comunidad, el mismo porcentaje, 75%, dijo que aprendió a escuchar y responder a las sugerencias y preocupaciones de otras personas y el 88% dijo que pudo expresar mejor sus ideas a los demás.

Ahora Cauce está empujando el desarrollo de otro centro comunitario en Los Reyes La Paz, también en el Estado de México. Le han llamado Ciudad Retoño. Es un terreno de dos hectáreas, que la compañía Pernod Ricard donó a la organización cuando tuvieron que desmantelar ahí su planta de producción de licores por problemas de hundimientos en el subsuelo.

Cauce tiene muchos planes para este centro: los talleres que da en otros puntos del país, pero también un trabajo fuerte para que los líderes sociales de la zona tomen el espacio como punto de reunión y gestión de los diversos problemas de la comunidad, así como apoyo a emprendimientos y empresas sociales que generen empleos para quienes viven en el área.

Acá Braulio empezó ya con sus talleres de carpintería, talla en madera y escultura, artes que aprendió en sus diversos ingresos a la cárcel. Ahora incluso está viviendo en el centro comunitario, después de varios problemas con su familia. Vive aferrado a su arte y a guiar a los muchachos en eso de separarse de la violencia, mientras él también da otro paso para alejarse del borde, junto a Tona, Salas y muchos más.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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