México entre los peores países de Latinoamérica en salud, educación y empleo
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México entre los peores países de Latinoamérica en salud, educación y empleo

Casi la mitad de los municipios en México no cuentan con acceso digno a la salud, en algunos casos solo hay 10 médicos por cada mil habitantes y en los estados más pobres del país como Oaxaca el analfabetismo aumentó del 9 al 15%.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
9 de marzo, 2018
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México se mantiene como uno de los peores países en Latinoamérica en materia de rezago social, según el Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2017, realizado por el Centro Latinoamericano por el Desarrollo Rural.

Junto a Guatemala, registra los peores índices de la región en temas como salud, brecha laboral, mortalidad infantil, y educación.

El estudio resalta los esfuerzos de otros países latinoamericanos por superar cifras negativas en estos rubros e incluso señala el avance de alguno de ellos, pero señala el caso de México, donde si bien se registran algunos números positivos, los esfuerzos no han sido suficientes para superar la brecha de desigualdad.

En cuanto a la falta de acceso a la salud, el estudio detalla que, el gobierno mexicano debe enfrentar el desafío de aumentar el personal de salud de alta especialización.

Los resultados revelaron que solo el 57% de los municipios de todo el país con datos disponibles tienen un incremento del número de médicos por habitante entre el 2009 y el 2015. Sin embargo el resto de los poblados ha mostrado números a la baja, desatendiendo así una de las necesidades básicas de los mexicanos.

Los municipios con un buen desempeño respecto al incremento de personal médico son: Charo, Michoacán; Tepexi de Rodríguez, Puebla y San Idelfonso Villa Alta, Oaxaca. En donde hubo aumentos de más de 10 médicos por cada mil habitantes entre el 2005 y el 2015.

Sin embargo, aclaran, al hacer un balance general con relación a otros poblados se descubrió que en el 2015 hubo más de mil 100 municipios con menos de un médico por cada mil habitantes. San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, es un claro ejemplo de esto, ya que en dicho lugar apenas cuentan con 34 médicos.

Otro rubro analizado fue el de la educación, donde México se encuentra en la zona con menores avances.

Según el estudio, aunque se han registrado mejoras en Centroamérica y México, también es donde hay mayor retroceso. Aunque la educación básica (primaria y secundaria) está casi cubierta, “los resultados son todavía deficientes en muchos territorios”.

En México, las mejoras en educación se aprecian en los estados del sur, especialmente en los más pobres donde el analfabetismo era más alto a mediados de la década pasada. En el municipio de San Juan Achiutla, Oaxaca, el analfabetismo aumentó de 9% a 15%. Porcentaje similar al presentado en Guatemala, señala el documento.

En relación a la mortalidad infantil, las cifras de México llamaron la atención por el aumento en el número de casos. Destaca el estudio que entre el 2005 y el 2015 en más de 520 municipios del país, la tasa de muerte en menores aumentó.

Algunos ejemplos notables, por el elevado número de casos son: Churintzio, Michoacán; Chilcuautla, Hidalgo, y Tlalmanalco Estado de México, todos con aumentos por sobre los 80 muertos por cada mil nacidos.

En lo que corresponde al desempleo y participación laboral, el Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2017, concluye que a pesar de que la tasa neta de participación laboral en los distintos países latinoamericanos, tuvo un balance positivo, contrastan los casos de México y Guatemala, donde los números desfavorecieron a los habitantes.

Es difícil pensar en un buen futuro con “empleo pleno y productivo tanto para mujeres como para hombres, dada la tendencia registrada en países como México y Guatemala”. En ambos casos, describe el informe, la brecha promedio territorial en la participación laboral entre hombres y mujeres ha aumentado.

Los resultados revelaron que en todas las áreas laborales, la participación de las mujeres es inferior a la de los hombres. “El promedio de la brecha aumentó,entre el 2006 y el 2014, de 2,1 veces a 2,2. Además de estar acompañado de una reducción de la tasa promedio en la participación laboral de las mujeres.

Estas cifras, halladas a nivel continental, no hacen más que confirmar falta de oportunidades y crisis generalizada que atraviesa el país.

Apenas en enero, un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó que en 2018 el desempleo y empleo informal crecerán en México. En él, se destaca a nuestro país como uno de las pocas naciones donde los empleos formales irán a la baja. la expectativa de la OIT, es que para este año, el país contará con 15.5 millones de mexicanos con empleo vulnerable (informal) de los 15.3 millones que se registraron en 2017, pronosticando un aumento de 200 mil personas en situación vulnerable.

En febrero, el Coneval dio a conocer que más de 50 millones de mexicanos, aproximadamente el 41% de la población, perciben ingresos económicos inferiores al costo de una canasta alimentaria, lo que los coloca en una situación de pobreza laboral. Incluso se afirmó que en 20 de los 32 estados padecen esta situación.

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Cómo el mundo desaprovechó la oportunidad de tener una vacuna lista para hacer frente a la pandemia

Hace 20 años, cuando surgió en China un primer coronavirus letal que infectó a miles de personas, los científicos comenzaron a desarrollar vacunas, pero la investigación quedó abandonada.
9 de abril, 2020
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La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
La doctora María Elena Bottazzi (der) y el doctor Peter Hotez dirigen el laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

En 2002, en la provincia china de Cantón, un virus desconocido provocó el brote de una letal enfermedad que los científicos llamaron SARS (las siglas en inglés de síndrome respiratorio agudo severo).

Posteriormente se descubrió que el patógeno que causaba la enfermedad era un coronavirus que se había originado en un animal y había pasado a los humanos.

En pocos meses, el coronavirus se propagó en 29 países, infectando a más de 8,000 personas y matando a unas 800.

Alrededor del mundo hubo un reclamo general para saber cuándo estaría lista una vacuna para acabar con el letal virus y decenas de científicos en Asia, Estados Unidos y Europa comenzaron a trabajar frenéticamente para crear la inoculación.

Surgieron varios candidatos, algunos de los cuales estaban listos para ser usados en ensayos clínicos.

Pero entonces se logró controlar la epidemia de SARS y el estudio de las vacunas contra el coronavirus fue abandonado.

Años después, en 2012, volvió a surgir otro letal coronavirus, el MERS-Cov, que causaba una grave enfermedad respiratoria, el MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente) que se originó en camellos y pasó a humanos.

Y muchos científicos volvieron a insistir en la necesidad de tener una vacuna contra estos patógenos.

Hoy casi 20 años después, cuando un nuevo coronavirus, el SARS-Cov-2, ya ha infectado a casi un millón y medio de personas, el mundo vuelve a preguntarse cuándo estará lista una vacuna.

¿Por qué no aprendimos de esos otros coronavirus si se sabe que pueden causar enfermedades tan letales en humanos como el Covid-19? Y ¿por qué no se siguieron estudiando las vacunas?

“No estamos interesados”

Un equipo de científicos en Houston, Texas, en Estados Unidos, sí siguió investigando, y en 2016 tenía una vacuna lista contra un coronavirus.

“Habíamos terminado los ensayos y habíamos pasado por el aspecto crítico de crear un proceso de producción de la vacuna a escala piloto”, le dice a BBC Mundo la doctora María Elena Bottazzi, codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston y codirectora del Centro para Desarrollo de Vacunas del Hospital Infantil de Texas, en Estados Unidos.

“Entonces fuimos a los NIH (Institutos Nacionales de Salud de EE.UU.) y les preguntamos: ‘¿Qué hacemos para mover rápido la vacuna a la clínica?’ Y nos dijeron: ‘Mira, ahorita no estamos ya interesados’”.

La vacuna era contra el coronavirus que provocó la epidemia de SARS de 2002, pero como aquella epidemia que surgió en China ya había sido controlada, los investigadores nunca lograron obtener financiamiento.

No fue la única vacuna que quedó suspendida. Decenas de científicos alrededor del mundo pararon sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Getty Images
Después de la epidemia de coronavirus en 2002 decenas de científicos suspendieron sus estudios debido a la falta de interés y de fondos para seguir investigando.

Tal como le dijo a la BBC Susan Weiss, profesora de microbiología de la Universidad de Pensilvania, cuando acabó la epidemia, después de 7 y 8 meses, la gente, los gobiernos y las farmacéuticas “perdieron interés de inmediato en el estudio de los coronavirus”.

“Pero además, el SARS afectó principalmente a Asia, con unos casos en Toronto (Canadá) pero no llegó a Europa como este nuevo coronavirus”.

“Después surgió MERS, el segundo coronavirus humano virulento, y ese quedó casi totalmente confinado en Medio Oriente”.

“Después se disiparon los coronavirus y el interés por ellos. Hasta ahora. Y realmente creo que debíamos haber estado mejor preparados”, afirma la investigadora.

Dos advertencias

El SARS y el MERS, dicen los expertos, fueron dos “advertencias increíbles” sobre los peligros de los coronavirus y aún así, no se continuó con los esfuerzos para seguir investigándolos.

Aunque la vacuna de la doctora Bottazzi era para un coronavirus distinto del que circula actualmente, los expertos coinciden en que si hubiera estado lista esa vacuna se hubiera avanzado mucho más rápido en el desarrollo de una nueva inoculación para futuras epidemias.

Jason Schwartz, profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Yale, asegura que la preparación para esta pandemia tuvo que haber empezado desde el brote de SARS en 2002.

“Si no hubiéramos abandonado el programa de investigación de vacunas de SARS, hubiéramos tenido listos muchos más fundamentos para trabajar en este nuevo virus que está cercanamente relacionado”, le dijo a la revista The Atlantic.

En efecto, el nuevo coronavirus, llamado Sars-Cov-2, es “primo cercano” del coronavirus que causó el Sars de 2002.

Investigador trabaja en una réplica del virus para desarrollar una vacuna.

Getty Images
El SARS y el MERS fueron dos “advertencias increíbles”, según los expertos.

Ambos virus son, genéticamente, 80% similares, dice la doctora Bottazzi, y como su vacuna ya había pasado por los procesos necesarios para su aprobación esta hubiera podido adaptarse más rápidamente al nuevo coronavirus.

“Hubiéramos tenido ya un ejemplo de cómo se comportan este tipo de vacunas y aunque los virus no son exactamente iguales vienen de la misma clase”, le explica la investigadora a BBC Mundo.

“Tendríamos ya la experiencia de ver dónde surgen problemas con la vacuna y cómo resolverlos. Porque ya vimos cómo se comportó preclínicamente la vacuna del SARS y esperaríamos que la nueva vacuna se comporte relativamente igual”.

“Ya hubiéramos podido tener un perfil de seguridad en humanos”, agrega, “y más confianza en que estas vacunas se pueden usar en las poblaciones que las necesitan”.

“Terrible propuesta empresarial”

Si se hubiera tenido todo este conocimiento ahora, ¿por qué entonces se suspendió la investigación de vacunas contra los coronavirus?

Todo, dicen los expertos, se resume a los fondos disponibles para la investigación.

“No estábamos pidiendo 100 ni 1,000 millones de dólares”, señala la codirectora de la Escuela Nacional de Medicina Tropical de Houston.

“Estábamos hablando de tres o cuatro millones de dólares. Con un millón y medio hubiéramos podido hacer un estudio clínico para tener un perfil en humanos. Pero nos pararon justo cuando estábamos a punto de tener una evidencia interesante”.

Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

ANNA GROVE PHOTOGRAPHY
Los miembros del laboratorio de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Colegio Baylor de Medicina de Houston.

Pero el financiamiento se acabó porque no había un mercado para la vacuna, como explica Peter Kolchinsky, virólogo y director de la compañía de biotecnología RA Capital.

“La realidad es que cuando hay un mercado, hay una solución”, le dice a la BBC.

“Hoy en día contamos con cientos de vacunas para coronavirus, pero todas son para animales: cerdos, pollos, vacas, etc.”.

Estas son vacunas para prevenir enfermedades que pueden costar millones de dólares a la industria avícola y ganadera.

Y se había pensado que los brotes de coronavirus en humanos podían ser controlados.

“El problema es que para cualquier compañía es una terrible propuesta empresarial desarrollar un producto que, según las probabilidades, no será utilizado en décadas o quizás nunca”.

“Este es el tipo de cosas donde los gobiernos deben invertir. Si esto hubiera sido una prioridad no tengo dudas de que las agencias gubernamentales hubieran financiado el continuo desarrollo de una vacuna para Sars”, señala Kolchinsky.

“Y quizás habríamos estado mejor preparados para reaccionar al covid-19”, agrega.

Nueva vacuna

La realidad ahora es que se necesita una vacuna contra el coronavirus que causa covid-19.

Y lo más probable es que esta no esté lista hasta dentro de varios meses, quizás entre 12 y 18.

Investigadores en Brasil.

Getty Images
La vacuna no estará lista hasta dentro de varios meses.

Quizás para entonces la pandemia podría estar ya controlada.

La doctora Bottazzi y su equipo están trabajando tanto en la actualización de la vacuna de Sars de 2016, como en una nueva vacuna para covid-19.

Y continúan tratando de encontrar financiamiento para su investigación.

“Los donantes nos han dado dinero para mover rápido la vacuna de 2016. Y los Institutos Nacionales de Salud nos dieron un pequeño subsidio de US$400,000 para empezar el desarrollo de la (nueva vacuna) covid-19. Pero tenemos que seguir convenciendo a los donantes para tener dinero para acelerarla”.

Todo el proceso, dice la investigadora, es “muy frustrante”.

“Nosotros en los laboratorios queremos desarrollar estas vacunas, pero no hay el apoyo financiero ni el apoyo de entidades gubernamentales que nos den fondos para la investigación”, le dice a BBC Mundo María Elena Bottazzi.

“Porque no tenemos programas sostenibles y las prioridades cambian de acuerdo a lo que está ocurriendo en momento”.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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