Mujeres seri quieren una universidad, no más megaproyectos, narcos, ni marinos en sus tierras
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Foto: Luis Jorge Gallegos

Mujeres seri quieren una universidad, no más megaproyectos, narcos, ni marinos en sus tierras

Acosados por megaproyectos que pretenden instalarse en su territorio, el pueblo seri ha extendido su lucha para atender el reclamo de las mujeres que exigen retomar su cultura de respeto entre ambos sexos y tener acceso a la educación.
Foto: Luis Jorge Gallegos
8 de marzo, 2018
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Primero tuvieron que organizarse para expulsar de su territorio a una empresa minera instalada sin el permiso de la comunidad ni los requisitos legales necesarios. Ahora deben enfrentarse a lo que consideran una invasión de la Marina Armada de México y a la intención de empresarios nacionales y extranjeros de instalar plantas desaladoras y de energía maremotriz, mientras también luchan por mantener a raya a dos enemigos, hijos de los tiempos que corren: el crimen organizado y el machismo.

La figura más visible de este movimiento seri de resistencia es Gabriela Molina Moreno. Ella dejó su casa en Desemboque, junto a la costa central de Sonora, en el municipio de Pitiquito, para poder estudiar la universidad. Los gobiernos estatales y federales se han preocupado por darle entrada a los mega proyectos (como este y este) pero no se han ocupado de acercar una institución universitaria a los seri. Gaby, como le dicen, tuvo que mudarse a Ciudad de México para estudiar Ciencia Política en la UNAM.

Cuando volvió a su comunidad se encontró con que los jóvenes estaban empezando a organizarse ante la llegada de un proyecto minero a sus tierras. La activista de inmediato se volvió parte fundamental del grupo Defensores del Territorio Comca’ac, formado por cinco hombres y 12 mujeres. Hoy su historia es una de las diez que conforman el multimedia Flores en el desierto, de Gloria Muñoz Ramírez, sobre las mujeres del Concejo Indígena de Gobierno (CIG).

Presentado por la fundación alemana Rosa Luxemburg Stiffung y Desinformémonos como parte de las celebraciones por el Día Internacional de la Mujer, Flores en el desierto cuenta la historia de 10 mujeres Comca’ac, yoreme, coca, binnizá, nahua, tsotsil, mazahua, maya y kumiai, que luchan junto a sus comunidades para defender sus territorios y recursos naturales.

Gaby explica en Flores en el desierto cómo los pueblos yaquis, makurawe, raramuri e incluso los de más al sur, en Morelos y Estado de México, empezaron a organizarse en su lucha contra las minas. Los jóvenes hablaron con el comisariado ejidal para pedirle que convocara a una reunión con todos los ejidatarios y exigir información a la empresa, porque la gente no entendía qué hacían en sus tierras.

La minera se instaló en el territorio de los seri, quienes viven de la pesca y la cacería, sin la autorización de la comunidad, sin Manifiesto de Impacto Ambiental y sin cambio de uso de suelo por parte del municipio, según denunció Gabriela a medios nacionales en 2015. Así empezaron a explorar y luego a explotar la zona.

Cuando los jóvenes del grupo de resistencia se pusieron a investigar sobre esta concesión de 200 hectáreas, conocida como La Peineta 1, encontraron que había siete más que el gobierno federal había otorgado a partir de 2010 a nombre de personas externas a la comunidad. El subsuelo donde está el territorio del pueblo seri estaba concesionado y ellos no lo sabían.

El grupo logró parar La Peineta 1 con un amparo contra la concesión, pero como el gobierno del estado nunca actuó, Gabriela cuenta que las mujeres de la comunidad fueron hasta la mina y destruyeron todo lo que había ahí. Por ahora, no hay mineras operando en territorio seri.

Sin embargo, en entrevista durante la presentación de Flores en el desierto la integrante del CIG afirma que si bien pararon a las minas, “ahora vienen otros: piensan imponer en nuestro territorio proyectos de zonas hoteleras, desaladoras (para volver potable el agua de mar) y energía maremotriz (que se genera a través de turbinas y el movimiento de las mareas), para llevar agua y electricidad a California, Estados Unidos”.

Los seri tienen además otro frente de lucha: lo que denuncian como una invasión ilegal de la Marina Armada de México en sus tierras. La Isla Tiburón, que el pueblo tiene en propiedad comunal, es punto de reunión de los guerreros seri, pero actualmente está habitada por los marinos que sin permiso de la tribu se instalaron ahí. Gaby denuncia, en su testimonio para Flores en el desierto, que solo llegaron para proteger a los delincuentes.

Gaby Molina. Foto: Luis Jorge Gallegos.

La tierra del matriarcado

Como una medida de seguridad, al territorio de los seri no puede entrar nadie que no esté invitado. Eso no los libra de los intrusos. Gabriela forma parte de la Guardia Tradicional de su comunidad, que patrulla la zona para impedir, entre otras cosas, el robo de su pesca y para redoblar la vigilancia de sus aguas.

“Me es difícil venir a la ciudad (a donde ha llegado para la presentación del multimedia y otras actividades) o salir, porque estamos haciendo recorridos. Hemos estado en operativos fuertes. Hace unos años yo fui comandante de la guardia, pero ahora no puedo porque tendría que estar todo el tiempo en la comunidad y a veces necesito ausentarme porque formo parte del grupo de resistencia y ahora del CIG”.

La asamblea tradicional de Desemboque fue la que eligió a Gabriela Molina para participar en el Concejo Indígena de Gobierno. Ella, hija del actual gobernador seri y nieta de la única mujer que ha tenido ese cargo, tiene hoy la responsabilidad de promover la organización y visibilizar las luchas de su pueblo.

Las mujeres del grupo de defensa del territorio también se ocupan de frenar el machismo. La cultura comca’ac (como se llaman los seri a sí mismos) era un matriarcado. El machismo llegó muy recientemente –afirma Gabriela– “los hombres comca’ac consideran a la mujer como cabeza del hogar, porque ella es la que tiene al hijo, lo cuida, hace la comida, recolecta semillas o granos comestibles, entonces ella tiene todo el derecho de levantar la voz y es la que propone. Claro, no excluimos a los hombres, pero la costumbre era consultar con las mujeres”.

Solo que en los últimos dos años, “con la llegada de gente externa a la comunidad, se ha empezado a extender el consumo de alcohol y ha habido violencias por parte de los hombres comca´ac hacia la mujer, que eso antes no se veía”. Así que las mujeres están trabajando para rescatar ese respeto a la figura femenina.

“Platicamos mucho con las ancianas de la comunidad, empezamos a hacer una serie de entrevistas y armamos videos para proyectarlos. Íbamos a la casa de las familias y les decíamos ‘oigan, nos prestan su pared’, y ya, nos cedían el espacio y ahí en la calle proyectábamos los testimonios para volver a escuchar cómo era el hombre seri antes y cómo trataba a su mujer, a su hermana, a su mamá, y entonces todos han empezado a reflexionar sobre eso y ya los jóvenes están haciendo mucho trabajo en la preparatoria y con un periódico comunitario”.

A construir su propia universidad

Gaby sabe que en su localidad ella es una excepción. “En un pueblo de unas 400 personas, apenas debemos haber unas diez mujeres que hemos podido estudiar una licenciatura”. Las barreras estructurales que enfrentan para llegar a ese nivel académico son muchas: el racismo es una de las principales.

Como la universidad más cercana está a cinco horas de la comunidad seri, quien quiera estudiar tiene que mudarse a otro sitio. Y “en sonora hay gente sumamente racista. No nos conocen y cree que somos asaltantes o algo así (los seri tienen la fama ancestral de belicosos, sólo por su resistencia a aceptar la colonización y confinarse a un solo territorio para proteger su religión, sus costumbres y su cultura). Si dices que eres seri o comca´ac, lo primero que hacen es humillarte y ofenderte. Los padres seri tienen miedo de que sus hijas pasen por eso, aunque quieran realmente que ellas estudien, porque sí quieren, pero saben que van a enfrentarse a ese racismo”.

La falta de recursos para mudarse lejos de casa y sostenerse es el otro impedimento para llegar a la universidad. “Las rentas en Hermosillo no bajan de 3 mil o 4 mil y es una de las ciudades que está muy mal en el tema de transporte, ahí si no tienes una camioneta o algo, no te puedes mover”.

Gabriela afirma que ella estudió por necia y por el apoyo de su papá. “Él me decía: si te quieren aplastar, tú dale la vuelta a la moneda. Él me ha enseñado mucho de eso y ahora hasta se ríe porque salgo con mi vestimenta tradicional y me dice, ¿por qué usas colores tan chillantes? Y yo le digo que para que esa gente que nos niega vea que sí estamos y que aunque no me quieran ver, me van a ver. Usar mi ropa es una forma de protestar”.

Ya muchas de las y los jóvenes de la comunidad traen esa misma idea. La hermana menor de Gaby, por ejemplo, canta en su lengua materna y hace fusión con el hip hop. “Ya los chicos empiezan a tener otra mentalidad, dicen, pues sí, soy seri, ¿Y?”

Además, como saben que si esperan al apoyo de las autoridades oficiales no tendrán pronto una universidad, “ya estamos pensando en construir una propia, estamos viendo, ahorita es un reacomodo de todo el territorio en muchos aspectos, pero lo estamos planeando”.

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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10 años de los 33 mineros de Chile: 'Nos hemos quedado con las manos vacías'

Cuatro de los 33 sobrevivientes del accidente de la mina San José en Chile cuentan a BBC Mundo sus secuelas, decepciones y estado actual diez años después del mediático accidente que les cambió la vida.
5 de agosto, 2020
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Cartel con foto de los 33 mineros

MARTIN BERNETTI
La historia de los 33 recorrió el mundo en 2010.

“Despierto. Duermo poco. A veces me veo en la mina, tirado en el lugar donde estaba. Eso te pone mal”, cuenta Jorge Galleguillos, uno de los 32 mineros chilenos que, junto a uno boliviano, pasaron 69 días bajo tierra tras un accidente ocurrido en el norte de Chile hace exactamente 10 años, el 5 de agosto de 2010.

Sus compañeros Omar Reygadas y Mario Sepúlveda confiesan que les pasa algo parecido.

“A veces me da miedo ir a acostarme, siento que no voy a despertar más“, dice Sepúlveda, tal vez el más histriónico de la treintena. Y con voz temblorosa, agrega que pese a todo se encuentra bien, que es otro de sus compañeros el que peor está: José Ojeda, el autor del mítico mensaje “estamos bien los 33 en el refugio”.

Sepúlveda posa al lado de un póster del filme "Los 33", inspirada en las vivencias de los mineros.

Mario Sepúlveda
Mario Sepúlveda asegura que a veces teme dormir porque siente que no se va a despertar más.

“Sufre una diabetes avanzada (neuropatía diabética), enormes problemas psicológicos, ha estado internado en clínicas psiquiátricas”.

“Y no tiene trabajo”, añade Reygadas. No volvió a trabajar nunca más“.

Como muchos de sus compañeros, Ojeda debe sobrevivir con la pensión vitalicia que el Estado entregó a los mineros, que hoy bordea los 400 mil pesos, unos 527 dólares mensuales (el sueldo mínimo es de 320 mil pesos).

Conseguir trabajo ha sido una tarea titánica para muchos.

“Los dueños o los gerentes de las empresas piensan que nosotros -los 33- vamos a ser una molestia, una pulga en la oreja por el tema de la seguridad, porque si no se cumplen las medidas, tenemos llegada con los medios de comunicación, con las autoridades… entonces eso nos juega en contra”, explica Reygadas, quien trabaja como conductor, trasladando autos de una ciudad a otra junto a su amigo, también miembro de los 33, Franklin Lobos.

Hoy viven muy lejos de las faenas mineras, algo que no estaba ni remotamente en sus planes hasta antes del accidente.

La fama de golpe

“Lo más bonito fue salir y abrazar a mi hijo. Ver la luz del sol y sentir esa brisa de airecito fresco en la cara. Lo más hermoso”, asegura Reygadas, hoy de 66 años y el minero número 17 en salir del cautiverio.

Omar Reygadas, otro de los mineros sobrevivientes.

Getty Images
Para Omar Reygadas, lo más bonito al salir de la mina fue abrazar a su hijo.

“Lo que más me sorprendió fue ver a tantos periodistas. No pensé que era tan grande todo”, dice Mario Sepúlveda, de 50 años.

Los cientos de medios agolpados en las inmediaciones de la mina San José -cerca de Copiapó, en pleno desierto de Atacama- fueron creando una narrativa que terminó cambiando la vida de los mineros: el rescate los convirtió en héroes.

Apenas asomaban sus cascos a la superficie, los 33 eran encandilados por cientos de luces, cámaras y una fama repentina.

“Fueron experiencias impagables. Nosotros con nuestro sueldo, nuestro trabajo, habríamos llegado con suerte a Santiago. Salir a Estados Unidos, España, Inglaterra, Canadá, Israel, Grecia… Yo anduve aparte por Costa Rica, Guatemala, Alemania, Chipre, Turquía, por montones de partes, haciendo charlas”. Omar Reygadas es un agradecido del trato que recibieron. Parecían tener el mundo a sus pies.

“Era un regalo de dios que nos llevaran al extranjero. Son cosas inalcanzables para uno. Estar con gente que uno solo veía en la televisión… inolvidable”, recuerda Jorge Galleguillos, el minero número 11.

Mario Sepúlveda en el Old Trafford, estadio del Manchester United.

Getty Images
El rescate dio fama a los mineros, que fueron invitados a varias partes del mundo. En esta foto, Mario Sepúlveda se encontraba en el estadio del Manchester United.

Homenajes, reconocimientos, invitaciones y entrevistas se sucedieron sin que alcanzaran a darse cuenta de lo que estaba pasando.

Juntos y por separado, se pasearon por lugares tan diversos como Disney, Hollywood, el Vaticano, el show de David Letterman y el estadio del Manchester United, en Inglaterra.

Sin embargo, la fama no duraría para siempre.

“Nuestra dignidad, nuestros derechos”

¿Aló?

Sí.. ¿Me escucha?

Lo estamos escuchando todos fuerte y claro ¿quién habla?

Está hablando el jefe de turno, Luis Urzúa…

Así fue la primera conversación telefónica entre la superficie y la profundidad de la montaña.

Los protagonistas, el entonces ministro de Minería, Laurence Golborne, y el líder del grupo de mineros, Luis Urzúa, el último en ser rescatado.

“Mi felicidad era que ya habían salido todos mis compañeros. Al asomar a la superficie y escuchar ‘¡fuerza Lucho!’ dije: Misión cumplida”.

Mensajes de ánimo y banderas de Chile fuera de la mina.

Nicolás Iriarte
Fuera de la mina había decenas de mensajes de ánimo y fuerza para los mineros.

Pero hoy, para Luis, la misión se cumplió a medias.

“Viene un 5 de agosto y todos se acuerdan, todos preguntan, pero pasamos 364 días al año en que nadie se acuerda de cuál es la situación de los 33 mineros. Vendrá el año número 11 y nos van a preguntar lo mismo, quedará el último minero vivo y le preguntarán lo mismo”.

De 64 años y trabajador del Sernageomin (Servicio Nacional de Geología y Minería) de Copiapó, Urzúa se lamenta por lo que piensa fue un abuso. Promesas que no se cumplieron y malas decisiones que dejaron a los 33 divididos y en medio de conflictos judiciales que difícilmente tendrán pronta solución.

“Cuando salimos nos ofrecieron grandes proyectos, pero esas cosas se hacen con abogados, uno solo no puede hacer nada, no tiene las facultades, y eso nos llevó a ser engañados, a quedar con las manos vacías. A 10 años seguimos tratando de recuperar nuestra dignidad, nuestros derechos”.

José Ojeda sosteniendo su famoso mensaje.

Getty Images
José Ojeda, el autor del famoso mensaje “Estamos bien en el refugio los 33” ya no trabaja y vive de la pensión vitalicia del Estado.

Tras el mediático rescate, aparecieron contratos que parecían millonarios, ofertas para realizar películas y libros. Mucho más de lo que tenían en mente cuando intentaban sobrevivir a 700 metros bajo tierra.

“Esa es una de las cosas que más pena me ha dado. Si no hubiéramos escuchado a tantos imbéciles y estafadores, habríamos seguido unidos como estábamos abajo, con todas nuestras diferencias y nuestra falta de conocimiento, pero hubiéramos andado mucho mejor. No tuvimos los 33 la capacidad de sentarnos y elegir cuál era el mejor camino a seguir”, cuenta con pesar Mario Sepúlveda, quien en el cine fue encarnado por Antonio Banderas en la película “Los 33” (2015).

Los mineros cedieron sus derechos a los abogados Remberto Valdés y Fernando García (representando al estudio Carey), que negociaron los contratos para la realización de la película y de un libro (“En la Oscuridad. La historia jamás contada de los mineros chilenos” de Héctor Tobar), pero reclaman que nunca tuvieron el control y perdieron por siempre los derechos de su propia historia.

“Nosotros sabíamos que las luces se apagan. A nosotros nos estrujaron por completo en la parte legal, con nuestra historia de vida. Nuestra historia es muy bonita, construimos una hermandad bajo tierra por 70 días, donde vimos de cerca la muerte. Hoy tenemos una película, un libro, pero nunca supimos lo que pasó con eso. Además, la película tampoco refleja lo que realmente vivimos”, asegura Luis Urzúa.

Nueve de los 33 interpusieron una querella contra sus antiguos abogados por estafa calificada, apropiación indebida y contrato simulado en perjuicio de los mineros.

Chilenos celebrando en la capital, Santiago.

Getty Images
Los chilenos celebraron por todo el país el rescate exitoso de los mineros.

Alejandro Peña, abogado querellante, le confimó a BBC Mundo que “la investigación criminal data del año 2014 y la fiscalía sigue practicando diligencias con el objeto de acreditar el delito o la participación de los querellados”.

“Hemos solicitado se reiteren diligencias pendientes y esperamos que la fiscalía formalice la investigación en su contra”, indicó.

A través de un comunicado de su estudio, Remberto Valdés le aseguró a BBC Mundo que “manifestamos nuestra satisfacción y agradecimiento por haber participado en el proyecto 33 Mineros de Atacama, que culminó con el cumplimiento de los dos objetivos, estrenar una película (The 33th) con formato de Hollywood a nivel mundial con un elenco encabezado por Antonio Banderas; y un libro (Deep Down Dark) escrito por el celebrado premio Pulitzer Héctor Tobar”.

“Sobre las diferencias que un grupo minoritario de los 33 llevó a la justicia en 2014, no haremos más comentarios pues ello ha recibido la tramitación que le correspondía”.

El estudio de abogados Carey, por su parte, asegura que “nosotros los asesoramos en la estructura de su sociedad para negociar un contrato para una película en Hollywood, la que se hizo, generando ingresos económicos para los mineros que de no haber mediado nuestra asesoría, no habrían recibido. La acción judicial de cierto grupo de mineros no tiene ninguna base legal, ya que el trabajo que realizamos para los mineros se ejecutó cumpliendo las condiciones conocidas y pactadas con los 33″.

Mina San José durante las labores de rescate.

Nicolás Iriarte
La Mina San José se sitúa en pleno desierto de Atacama, al norte de Chile.

“Queremos que nos devuelvan el derecho sobre nuestra imagen, sobre nuestra historia, que se le entregue al mundo la realidad de lo que nosotros vivimos. No importa que haya o que no haya dinero. A lo mejor a la película le fue mal y no cumplió lo esperado, y el libro lo mismo, pero que alguien nos dé una respuesta”, clama Luis Urzúa.

Según afirma, nunca les llegó la información de si hubo algún tipo de regalía por su historia, y perdieron todo contacto con los responsables.

La indemnización que no llegó

En 2011, 31 de los 33 mineros también demandaron al Estado de Chile por su responsabilidad en el derrumbe, acusando de negligencia al Sernageomin, la inspección del trabajo y el Servicio de Salud, todos involucrados en los permisos para el funcionamiento de la mina.

Y el 24 de agosto de 2018 el Noveno juzgado civil de Santiago resolvió a su favor.

La indemnización sería por 80 millones de pesos para cada uno. Sin embargo, a dos años de ese dictamen, los mineros no han logrado realmente ganar la batalla.

Consultado por BBC Mundo, el Consejo de Defensa del Estado señala que apeló la sentencia “ya que estimó que en la decisión judicial se cometieron graves errores, de tipo procedimentales y sustantivos. Por su parte, el abogado de los demandantes interpuso un recurso de apelación solicitando se incremente el monto de la indemnización”.

El procedimiento se suspendió de común acuerdo, debido a la pandemia y la resolución, por tanto, tiene fecha incierta.

Familiares de los mineros esperando la salida de los mismos tras el rescate.

Nicolás Iriarte
El rescate de los mineros fue transmitido en vivo.

“Nosotros somos víctimas de un accidente minero. Llegamos a trabajar como cualquier día y estuvimos enterrados 70. Gracias a dios nos rescataron, pero también se tiene que sentar un precedente“, afirma Luis Urzúa.

“Quizás a nuestros bisnietos les va a llegar algo. Del uno al 10, tengo un 0,5% de esperanzas“, asegura Jorge Galleguillos en tono irónico.

“Lo ideal es que saliera el juicio como corresponde. Millonarios a esta altura de la vida no vamos a ser. ¿A José Ojeda tú crees que aunque el juicio salga a favor esa plata le va a pagar todo el daño que le provocó el accidente? ¿Tú crees que a mí me va a pagar todo el daño provocado?”, se pregunta Mario Sepúlveda.

Tour por la mina

“A lo mejor ustedes no saben que por los sondajes se ubican minerales. Pero este fue muy diferente, porque hicieron este sondaje para descubrir vidas…”

Con esa frase y ubicado en un punto estratégico de la mina San José, Jorge Galleguillos comienza el tour guiado por uno de sus reales protagonistas.

Jorge Galleguillos charlando con visitantes.

FlamingoChile
Jorge Galleguillos quiera preservar la historia vivida y ahora organiza visitas guiadas por la zona.

El minero de 66 años se ha autoimpuesto la tarea de preservar la historia vivida en el “Campamento Esperanza” y en la mina y hasta que llegó el coronavirus llevaba cinco años en la misión.

“Nunca me desconecté de la mina. Siempre estuve presente. Aunque nos llevaban a viajar por el mundo yo volvía igual un par de veces a la semana”, cuenta.

Le encantaría contar con apoyo para desarrollar un proyecto más profesional, mejor preparado, pero mientras está intentando a pulso sacar adelante esta aventura.

“Los turistas y yo nos emocionamos juntos. Estar en la mina y recrear todo lo que sucedió es como hacer un homenaje a los cerebros que estuvieron allá”, asegura.

Mario Sepúlveda, por su parte, está dedicado a las charlas motivacionales. “Por la pandemia no puedo hacerlas presenciales, pero me capacité para hacerlas a través de zoom”, dice. También se desempeña en el rubro de la remodelación y construcción.

Hace un año ganó un reality show en televisión y con el dinero planea abrir un centro de rehabilitación para niños autistas.

“Yo tengo un hijo autista de 8 años, maravilloso, y este centro será para ayudar a los padres y a los niños con nuestra experiencia. Para ayudarnos mutuamente”, cuenta. Su idea es inaugurarlo el el 13 de octubre, a exactos 10 años del rescate de la mina San José.

Los 33 fuera del refugio

Pero si hay algo que une transversalmente a los mineros es el agradecimiento a cada una de las personas que participaron directa o indirectamente en su rescate.

“Todo el esfuerzo que tanta gente hizo para rescatarnos… somos conscientes que a muchos no les hemos dicho gracias por lo que hicieron por los 33, pero a lo mejor este es el momento. Decirle a ellos, no solo de Chile sino que de todo el mundo, gracias por habernos salvado. Por ese acto de humanidad que se hizo por 33 mineros”, dice Luis Urzúa.

Familiares de los mineros se abrazan tras conocer que los 33 estaban bien y en buen estado de salud.

Getty Images
Los familiares de los mineros estallaron de alegría al conocer que los 33 estaban bien y en buen estado de salud.

“Lo que se produjo cuando nos encontraron. Que la gente gritaba, saltaba… Hicieron un tremendo trabajo los ingenieros, los sondeadores… Aún me emociona, aún se me eriza la piel”, asegura Omar Reygadas.

Sin embargo, el escenario ideal para él sería otro:

Ojalá nunca hubiese ocurrido el accidente, para haber seguido trabajando, tranquilo, recibiendo nuestro sueldo, en lo que a nosotros nos gusta…”

Contrario al mensaje escrito por José Ojeda, que recorrió el mundo en manos del presidente Sebastián Piñera, quien lo lució de manera incansable, hoy a 10 años de uno de los accidentes mineros más mediáticos que se recuerden, la pregunta que resuena es cuán bien están los 33 fuera del refugio.


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https://www.youtube.com/watch?v=96ijHXnxBw8&t=26s

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