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Fiscalía de Chihuahua

Le niegan amparo a exsecretario general del PRI con el que buscaba salir en libertad

El juez estimó que se han justificado correctamente las razones por las que se impuso la prisión preventiva contra Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, hasta por seis meses.
Fiscalía de Chihuahua
Por Luis S. Martínez
28 de marzo, 2018
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Un juez federal en Chihuahua negó un amparo al exsecretario general adjunto del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Alejandro Gutiérrez Gutiérrez para cambiarle la medida cautelar de prisión preventiva y que éste enfrentara el proceso penal en libertad.

Al resolver el juicio de garantías, el juzgador estimó que tanto el Ministerio Público como el juez de Control del Distrito Judicial Morelos, en la capital chihuahuense, justificaron correctamente las razones por las que se impuso la prisión preventiva hasta por seis meses en contra del político.

Alejandro Gutiérrez se encuentra vinculado a proceso en la causa penal 780/2017, por su presunta responsabilidad en la comisión del delito de peculado en el gobierno de Chihuahua.

Una investigación efectuada por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Chihuahua puso al descubierto una supuesta red criminal de desvíos de millones de pesos orquestados por ex funcionarios y políticos importantes del PRI.

Apenas el lunes 26 de marzo, un juez local resolvió que la competencia para procesar a Alejandro Gutiérrez y sus coacusados Antonio Tarín y Gerardo Villegas corresponde al fuero común y no al federal.

Los ex funcionarios, junto con el prófugo ex gobernador César Duarte Jáquez, son señalados de participar en la triangulación de 250 millones de pesos que terminaron en campañas electorales del PRI.

Además de vincular a proceso a Gutiérrez, en una audiencia celebrada el 21 de diciembre de 2017 el juez de control le impuso la medida cautelar de prisión preventiva hasta por seis meses, tal y como lo solicitó el Ministerio Público.

El fiscal sustentó su petición en la falta de arraigo de Alejandro Gutiérrez en la ciudad y el estado de Chihuahua, pues no acreditó contar con inmuebles de su propiedad ni actos de comercio en ese territorio. En cambio, tiene varios domicilios en Saltillo y Ramos Arizpe, en el estado de Coahuila y en la Ciudad de México, así como once empresas en Saltillo.

También se argumentó que no cabía medida cautelar diferente a la de prisión preventiva puesto que el delito de peculado en la legislación penal chihuahuense tiene una pena agravada de cuatro a doce años de prisión, en caso de que se dictara una sentencia condenatoria.

Por tratarse de un delito continuado “obviamente se aumentaría el porcentaje y que por lo tanto, con base en ello no tendría derecho a una salida alterna ni a la condena condicional”, dijo el MP en su momento.

Anticipadamente debe garantizarse el monto de la reparación del daño por la cantidad de 250 millones de pesos.

Todo lo anterior, son aspectos que la representación social tomó en cuenta para presumir que el político podría evadirse de la acción de la justicia. El juez de control validó cada uno de los argumentos.

Por su parte, el juez de amparo consideró que la medida cautelar impuesta es proporcional a la intervención delictiva que se le imputa y por lo tanto sus conceptos de violación son infundados e inoperantes, por lo que le negó el amparo y protección de la justicia federal.

El fallo le fue notificado a Alejandro Gutiérrez Gutiérrez en el Centro de Reinserción Social Estatal número 1, con residencia en Aquiles Serdán, Chihuahua.

En el mismo asunto se investiga la presunta participación del ex gobernador César Duarte Jáquez, de ex funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y directivos del PRI nacional, entre los que se menciona al ex presidente del instituto político Manlio Fabio Beltrones Rivera.

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Cómo acariciar a un gato, según la ciencia (y cómo saber si de verdad lo disfruta)

Para darle cariño a un gato (y evitar ser mordido o arañado en el proceso) es importante que el animal manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.
Getty Images
8 de agosto, 2019
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No somos pocas personas las que hemos conocido a un gato de lo más cariñoso que parece estar encantado con las caricias que le propinamos y, un minuto después, nos muerde o nos da un zarpazo.

Lo más fácil cuando eso ocurre es culpar al gato, pero cabe la posibilidad de que no lo estuviéramos acariciando correctamente.

Para comprender el porqué, primero es importante conocer un poco más sobre los antepasados de estos animales.

Es probable que el gato salvaje africano, el antepasado más inmediato del gato doméstico, fuera utilizado únicamente para el control de plagas.

En la actualidad, en cambio, los felinos son considerados una valiosa compañía, hasta el punto de que para mucha gente son “bebés peludos”.

Se cree que esta metamorfosis social de la relación entre humanos y felinos tuvo lugar hace alrededor de 4,000 años, un poco después de la aparición del “mejor amigo del hombre”.

Aunque podamos considerar que 4,000 años es una cantidad de tiempo suficiente para que una especie se adapte completamente a la vida en sociedad, no parece ser el caso de nuestro bigotudo compañero.

Y es que los gatos domésticos muestran una divergencia genética relativamente reducida respecto a sus ancestros. Es decir, sus cerebros todavía están programados para pensar como un gato salvaje.

Estos llevan vidas solitarias e invierten un tiempo y un esfuerzo considerables en comunicarse de manera indirecta, mediante mensajes visuales y químicos, para evitar relacionarse demasiado. Así pues, no parece muy probable que los gatos domésticos hayan heredado las complejas habilidades sociales de sus predecesores.

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A los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Los humanos, por su parte, somos seres inherentemente sociales para los que el acercamiento y el contacto son muestras de afecto.

Además, nos sentimos atraídos por los rasgos estéticos infantiles (ojos y frente grandes, nariz pequeña y cara redondeada), motivo por el que a muchos nos parecen tan bonitos los gatos.

Sabiendo esto, no es ninguna sorpresa que nuestra reacción inicial al ver uno sea querer acariciarlo, hacerle carantoñas o simplemente sonreír embobados. De igual manera, tampoco debería sorprender que algunos gatos consideren este tipo de interacciones un poquito abrumadoras.

El cariño en los gatos

Aunque a muchos gatos les gustan las caricias y, en determinados contextos, nos elegirían antes que a la comida, deben aprender a disfrutar de la interacción con humanos durante su corto período de adaptación (de las dos a las siete semanas de vida).

Al hablar de la relación entre gatos y humanos, las características de las personas también son importantes. Aspectos como nuestra personalidad y género, las partes de la anatomía del gato que tocamos y cómo solemos manejarlos son muy importantes a la hora de entender cómo el animal responde a nuestras muestras de cariño.

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Es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Algunos gatos reaccionan con agresividad al contacto físico no deseado, mientras que otros pueden tolerar nuestros acercamientos a cambio, simplemente, de comida y un sitio donde dormir.

A pesar de ello, un gato tolerante no es necesariamente un gato feliz. De hecho, los niveles más altos de estrés se observan en gatos cuyos dueños afirman que se muestran conformes con las caricias en lugar de demostrar que no les gustan.

Cómo acariciar a un gato

La clave para triunfar en nuestra gatuna empresa es conceder al felino la capacidad para elegir y controlar las interacciones. Por ejemplo, es importante que manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.

Debido a nuestra naturaleza táctil y a la atracción que sentimos hacia los animales bonitos, puede que nos cueste ignorar nuestros instintos y que precisemos de altas dosis de autocontrol.

Sin embargo, el esfuerzo podría ser compensado, ya que un estudio demuestra que es más probable que las interacciones duren más cuando es el gato, y no la persona, el que las empieza.

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Entre los signos para saber si el gato está disfrutando de las caricias está el ronroneo y una expresión facial relajada, con las orejas apuntando hacia delante.

También es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Al establecer contacto físico, menos es más, y no solo en los reconocimientos veterinarios, sino también cuando el gato se relaciona con gente en un entorno más relajado.

Como norma general, a la mayoría de los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Por el contrario, no disfrutan tanto del contacto en la barriga, el lomo y la base de la cola.


Signos de disfrute del gato:

• Mantiene la cola erguida e inicia el contacto.

• Ronronea y hace algo parecido a amasar con las patas delanteras.

• Mueve suavemente la cola de lado a lado mientras la estira en el aire.

• Exhibe una postura y una expresión facial relajadas, con las orejas apuntando hacia delante.

• Te empuja con cariño si detienes las caricias, para indicar que continúes.

Signos de rechazo o tensión:

• Mueve o voltea la cabeza en tu dirección contraria.

• Se muestra pasivo (no ronronea ni busca el contacto físico).

• Parpadea de forma exagerada, sacude la cabeza o el cuerpo o se lame la nariz.

• Se asea repentina y apresuradamente durante poco tiempo.

• Se le eriza el pelo o contrae la espalda.

• Mueve o agita la cola o golpea con ella.

• Aplana las orejas y las orienta hacia los lados o hacia atrás.

• Gira bruscamente la cabeza para enfrentarte a ti o a tu mano.

• Te muerde, aparta o golpea tu mano con una pata.

Así las cosas, es discutible si los gatos pueden ser considerados unos “bebés peludos”.

A muchos les encanta que les toquen, mientras que otros, como mucho, lo soportan. En cualquier caso, es importante respetar los límites que establece el gato salvaje que llevan dentro, aunque eso suponga admirar su belleza desde lejos.


*Lauren Finka es investigadora postdoctoral asociada de Nottingham Trent University.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


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