A seis meses de los sismos, solo Organismos de la Sociedad Civil ayudan a los damnificados en Chiapas

La promesa de apoyo por parte de los gobiernos federal y estatal ha dejado incluso a pobladores sin la asistencia de asociaciones civiles, mientras esperan con temor el inicio de la temporada de lluvias.

Chiapas
Vista Hermosa, Cintalapa, Chiapas, una de las comunidades más afectadas. Andrea Vega

Marciano López empuja la sierra de un lado a otro con la pesadez que le provoca estar a rayo de sol, en este mediodía de domingo cuando hay 32 grados de temperatura. Frente a él tiene una maraña de varillas retorcidas. Para las autoridades municipales de Vista Hermosa, Cintalapa, Chiapas, son el desecho de la renovación de un puente carretero que dejó inservible el sismo de 8.2 grados del pasado 7 de septiembre. Pero para Marciano esas varillas no son basura, son una de las pocas opciones para volver a levantar su casa.

Cuando la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) llegó a verificar los daños ocasionados por el terremoto y a foliar las viviendas, casi un mes después del desastre, determinaron que la de Marciano tenía solo daño parcial y lo colocaron entre quienes recibirían una tarjeta con 15 mil pesos para arreglar su casa.

La misma situación denuncian en esta comunidad varios de los afectados: lentitud y opacidad en el flujo de recursos, pese a que SEDATU reporta en su apartado de transparencia que solo para la reconstrucción en Cintalapa se destinaron 222 millones de pesos.

Marciano dice que su vivienda tenía daños severos. “Sí nos dieron tarjeta, pero con 15 mil pesos, con eso no me alcanza para reconstruir. Yo no tenía daño parcial, hasta tuve que tirar mi casa de lo mal que estaba. Estaban todas las paredes despegadas de las esquinas. Ayer tumbamos la última. Estamos desde septiembre durmiendo en la cocina, junto al fogón. Tengo un nietecito y a ver si no se nos enferma. Y luego ya vienen las lluvias, se nos van a mojar todas las cosas que tenemos ahí guardadas, bajo plásticos, en el patio”.

Damnificados argumentan que la ayuda entregada por el gobierno es insuficiente. Foto: Andrea Vega.

Él quedó doblemente desprotegido porque la organización civil Techo llegó hasta esta comunidad el pasado 23 de febrero para construir 20 refugios temporales de larga duración, que pueden funcionar hasta por 15 años, pero Marciano no estuvo incluido entre los beneficiados ante la promesa de las autoridades de que a él sí iban a darle más ayuda.

“El comisariado ejidal nos había dicho que estaban gestionando más apoyos para casos como el mío, pero no ha llegado nada, y ahora nos dicen que ya no nos van a dar, que ya no nos van a ayudar porque ya nos dieron por el FONDEN (Fondo de Desastres Naturales) para daño parcial, pero no me alcanza. Yo soy jornalero, gano 100 pesos al día cuando hay trabajo, que es solo una o dos veces por semana. Lo que gano lo voy metiendo para reconstruir mi casa –dice Marciano–; para la comida, ahí Dios dirá, solo agarramos para un kilo de Maseca, nomás para el desayuno, ya no nos toca comer ni cenar”.

La mayoría de quienes tienen afectadas sus viviendas en Vista Hermosa, a hora y media de distancia de Tuxtla Gutiérrez, trabajan en el jornal y ganan entre 200 o 300 pesos a la semana. Es justo ese ingreso la causa de que sus viviendas sean precarias, de adobe (tierra y paja), sin cimientos adecuados para aguantar un sismo y expuestas a reblandecerse cada temporada de lluvia.

Opacidad en los registros

Según SEDATU, después del sismo del 7 de septiembre en Vista Hermosa, Cintalapa, resultaron dañadas 82 viviendas de un total de 300 que hay en la comunidad. Sin embargo Freddy Villalobos, a quien se ha elegido para estar al frente de las gestiones de ayuda civil por no tener cargo político, señala que el FONDEN solo aplicó como daño total para 22, otras 23 fueron catalogadas como daño parcial, y 37 se quedaron sin recibir recursos.

En el apartado de transparencia de la SEDATU es posible localizar el padrón de casas afectadas. Ahí están registradas las 82 de Vista Hermosa. Lo que no está registrado es el tipo de daño sufrido por los inmuebles, de manera que no se puede hacer un seguimiento para verificar cuáles fueron consideradas como pérdida total o daño parcial y si los pobladores recibieron la tarjeta del FONDEN con la cantidad correspondiente.

Los habitantes de Cintalapa denuncian otra irregularidad: errores en los montos en las tarjetas, lo que ha provocado que incluso a quienes se les registró su vivienda con daño total no hayan recibido hasta ahora el dinero para la reconstrucción. Es el caso de Jesús López Cruz, a quien SEDATU le demolió su casa desde el pasado 13 de noviembre con la promesa de darle una tarjeta con los 120 mil pesos por daño total, pero cuando la recibió resultó que sólo tenía 15 mil pesos.

82 de 300 casas que hay en la comunidad resultaron dañadas. Foto: Andrea Vega.

“Fue un error, me dicen que mi tarjeta la tiene una señora de Tehuacán que se llama como yo, con daño parcial”. Su hijo interviene para decir que les dijeron que si fue por error que se le dio a otra persona la tarjeta “el banco (del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, Bansefi) se haría responsable, “pero ahorita ya ha ido mi papá y el gerente ya no le da cara”.

Animal Político buscó al director general de Ordenamiento Territorial y Atención a Zonas de Riesgo de la SEDATU, Armando Saldaña, para conocer la razón de todos estos errores que no solo se presentaron en Chiapas, sino en Oaxaca y otros estados), sin obtener respuesta.

Los jóvenes otra vez a meter las manos

Por lo menos en el caso de Jesús López, él tiene ya un lugar para refugiarse. Por los problemas que se estaban suscitando con su tarjeta y la falta de respuesta de las autoridades, la organización Techo lo consideró entre los beneficiarios de los refugios temporales. Hasta aquí llegó el pasado 23 de septiembre un grupo de 90 personas, la mayoría estudiantes universitarios voluntarios de Techo, quienes aportaron su trabajo durante todo un fin de semana para darle a estas familias un lugar donde vivir. 

Esta organización de origen chileno -dedicada a mejorar las condiciones de hábitat y habitabilidad y el desarrollo comunitario de quienes viven en asentamientos informales, pero que en estos tiempos de emergencia se ha avocado a apoyar la reconstrucción en lugares como Oaxaca o Chiapas- contactó a través de su área de voluntariado con universidades y colegios para circular la convocatoria en el estado y a quien quisiera sumarse, a formar parte de la brigada de reconstrucción en dos comunidades: Vista Hermosa y Triunfo de Madero, en Cintalapa.

Voluntarios mexicanos del grupo Techo han apoyado en las labores de reconstrucción. Foto: Andrea Vega.

En la primera comunidad se construyeron 20 refugios de larga duración, de 18 metros cuadrados, hechos de madera con fibro cemento, y en la segunda, 10. “Escogimos venir aquí porque son de las zonas donde menos apoyo ha llegado. Cuando llegamos la primera vez, los mismos habitantes ya tenían un censo de las viviendas que requerían ayuda urgente, eran 37, de esas priorizamos 20, tomando en cuenta quien tuviera niños pequeños o las afectaciones más graves”, explica Enrique Cano, director social de Techo México.

Cada voluntario pagó su transporte hasta la localidad. La alimentación y el hospedaje corrió por cuenta de la organización. Los 90 muchachos que acudieron para reconstruir a Vista Hermosa, Cintalapa, se alojaron en la escuela de la comunidad. Ahí durmieron, desayunaron y cenaron, pero comieron con las familias a quienes les estaban construyendo.

A la casa de Merli Noelia Ramírez, el sábado 24 de enero, llegó una cuadrilla compuesta por dos muchachos chiapanecos universitarios, Aldo Méndez y Jennifer Zavala, y por un integrante del equipo fijo de Techo, Andrés García, quien llevó la batuta en la construcción. Los tres trabajaron junto con el hijo, el suegro y el sobrino de Merli para levantar, en apenas dos días, el refugio de larga duración. Para el domingo a media tarde, pese al calor agotador y conatos de desmayo, ya lo habían logrado. Merli, sonrisa en boca, agasajó a los constructores en su nueva vivienda.

“A finales de septiembre la pasamos muy mal. Yo estaba yendo a dormir, con mis dos hijos, a la casa de mi hermano a dos cuadras de aquí. En el día nos la pasábamos en el patio, y nomas caía la noche y nos íbamos para allá. Pero ya luego de unos días me dio pena con mi cuñada. Agarramos unas lonas y cobijas y nos hicimos un refugio en lo que había sido nuestra casa”.

La primer noche así –sigue Merli– cayó una tormenta; “justo a la media noche se soltó, con rayos y un aironazo que levantaba todo. Nos paramos, nos abrazamos y nos quedamos en medio, mientras el agua entraba por todas partes”. Dice que las autoridades fueron varias veces a ver su vivienda.

“Primero vino gente del municipio, llegaron el domingo, tres días después del sismo, luego, a los 15 días, vinieron de Provich (Promotora de Vivienda Chiapas, del gobierno del estado). Checaban, tomaban fotos, pero nos decían que no nos podían decir si la iban a catalogar como daño parcial o total, aunque nos dijeron que nos saliéramos de la casa, que no durmiéramos ahí, porque estaba en riesgo. Así iban y venían”.

La mujer afirma que el comisariado ejidal les dijo que ya había arreglado con Provich y con SEDATU “y que nos iban a dar la tarjeta por pérdida total, pero pasó todo enero y nada. Por parte del municipio mandaron a demolerme la vivienda, pero luego no me ha llegado la tarjeta”.

Un caso que es en realidad un patrón

Los casos se repiten en todo Chiapas. A mayor distancia de los centros urbanos, menos llegó la ayuda gubernamental, sobre todo en el caso de las comunidades más pequeñas y apartadas. A Vista Alegre, municipio de Montecristo de Guerrero, donde la mayoría de la población se dedica a sembrar café y que estuvo entre los 97 declarados zona de desastre por el gobierno, ni siquiera llegaron para hacer un censo. Tampoco a la comunidad de Los Laureles, en la Reserva de la Biosfera La Sepultura, en la región suroeste de Chiapas, donde se sobrevive del cultivo del maíz, el frijol y pequeñas hortalizas.

Han sido también organizaciones de la sociedad civil las que han llegado al rescate en esta parte. El Fondo de Conservación El Triunfo (FONCET) recibió del Consejo de Exportadores de Carne de Ave y Huevo de los Estados Unidos (USAPEEC, por sus siglas en inglés) una donación de 250 mil dólares (4 millones 750 mil pesos), destinada a la reconstrucción en estas áreas.

La organización no está ligada al tema de vivienda, pero luego de 15 años de trabajos de conservación y desarrollo comunitario en Chiapas se ha vuelto un referente. “Cuando sucedió el sismo, la gente empezó a buscarnos para que lleváramos ayuda a las comunidades y los habitantes de las zonas afectadas nos pidieron apoyo, así que organizamos una estrategia para la emergencia. En eso estábamos cuando nos contactó USAPEEC”.

La empresa seleccionó a FONCET para recibir la donación. Así que empezaron a organizar el censo para ver los daños. En Los Laureles encontraron 32 viviendas con afectaciones importantes, 12 con pérdida total, y algunas con paredes apuntaladas a punto de colapsar, cuarteaduras en repello, pisos rotos y vigas podridas que no aguantarían otro sismo igual. En Vista Alegre, había 27 viviendas dañadas, y cinco con pérdida total.

“Ya nos llegaron los materiales para reconstruir las 12 casas con pérdida total en Los Laureles y para las cinco, de Vista Alegre. Además, se van a reparar 20 casas en la primera comunidad”, explica Ana Valerie Mendrí, directora de FONCET.

En tanto que en una tercera comunidad, Montevirgen, en el municipio de Montecristo de Guerrero, donde las autoridades sí hicieron un censo y canalizaron ayuda para 18 viviendas y una escuela, FONCET apoyará para reconstruir otras cinco casas y reparar 32 más, que estaban sin ayuda oficial.

“La construcción empezará a mediados de marzo, y vamos a construir dos o tres casas por fin de semana. Cada familia va a conseguir cinco personas para que nos apoyen en la reconstrucción y en cada comunidad se elaboró un calendario para ver qué casas se iban a atender qué días”, dice Mendrí. Las casas se harán de material: cemento y ladrillo. Tendrán tres espacios, uno para cocina y dos recamaras, y se entregarán con instalación eléctrica.

“Tenemos que apurarnos porque debemos acabar antes de que lleguen las lluvias más fuertes. Estas comunidades están en una de las zonas más lluviosas del país, una de cada diez gotas cae aquí. Las comunidades pueden quedar aisladas y los afectados necesitan tener sus casas ya”.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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