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Cuartoscuro
Castañeda-Creel, los exfoxistas que apuestan por los jóvenes y la tecnología para impulsar a Anaya
Los coordinadores tienen tareas bien definidas en el equipo del Frente, y una apuesta común, lograr un gobierno de coalición entre la izquierda con MC y el PRD y la derecha del PAN.
Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche
17 de abril, 2018
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Santiago Creel y Jorge Castañeda son los dos exfoxistas detrás de la campaña de Ricardo Anaya, proyecto que une por primera vez a los partidos representativos de la izquierda y la derecha en el país.

No es la primera vez que estos dos personajes están juntos con un mismo objetivo y en una misma campaña. Lo hicieron en el año 2000, cuando Vicente Fox y el PAN lograron la alternancia venciendo al PRI.

Castañeda estaba metido de lleno en la campaña del guanajuatense, mientras Creel era candidato de la alianza por el cambio (PAN-PVEM) para el gobierno de la Ciudad de México, pero con un pie en la campaña de Fox.

Castañeda, el internacionalista

En su adolescencia, Jorge Castañeda formó parte del Partido Comunista Mexicano. Los primeros años de su vida política están sellados con la etiqueta de la izquierda, aristocrática, incluso se le acusó de ser operador del gobierno cubano, y pasó varios años interesado en Centroamérica.

En la década de los 90 fue asesor externo de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, pero nunca se involucró directamente en sus campañas.

A la par, impartía clases en la UNAM y en escuelas de los Estados Unidos, además de publicar artículos en periódicos internacionales y revistas estadunidenses de política extranjera.

Fue canciller en el gobierno de la alternancia y el autor del “comes y te vas” de Fox a Castro.

También buscó una candidatura independiente a la presidencia, pero no ganó la batalla jurídica. A este analista, le gustan los micrófonos y las cámaras.

Su participación en campañas electorales ha sido acompañando a candidatos ubicados en la derecha política: primero Fox y ahora Anaya.

Creel, el negociador

A diferencia de Castañeda, Creel no busca los reflectores. Aunque casi siempre está en primera fila, a un lado del candidato, en giras, en conferencias, en encuentros con grupos de la sociedad civil. Se mueve más en el terreno de las negociaciones particulares que de las declaraciones públicas. Él no es el hombre del micrófono.

Su camino en el PAN empezó en 1997, cuando después de haber sido consejero del entonces Instituto Federal Electoral (hoy INE) por tres años, fue diputado federal bajo las siglas del blanquiazul. En 2000, con la ola del foxismo en todo el país, se quedó a cinco puntos de ganarle la jefatura de gobierno de la Ciudad de México a quien nuevamente es su rival a vencer: Andrés Manuel López Obrador.

Igual que Castañeda, quiso ser candidato presidencial, no una, sino dos veces. En 2006, como secretario de Gobernación y pese a tener todos los reflectores fue derrotado por Felipe Calderón en una interna. La segunda vuelta vino en 2012, cuando apenas logró un 6% de votos frente al “delfín” de Calderón, Ernesto Cordero, y a Josefina Vázquez Mota. Creel terminó en un desastroso tercer lugar.

Tras el derrumbe del PAN de ese año, en que acabó profundamente enfrentado entre calderonistas y la dirigencia de Gustavo Madero, Creel se mantuvo cerca de este último. En ese equipo también estaba Anaya con entonces 33 años de edad.

A la par, formó parte del consejo rector del Pacto por México, promovido desde el gobierno de Enrique Peña Nieto para aprobar distintas reformas que pasaron por las manos de Anaya en su papel primero como presidente de la Cámara de Diputados y luego líder de la bancada azul.

Aunque Creel asegura que conoce a Anaya desde sus inicios en la política, hace casi 20 años en el gobierno de Querétaro, fue en la recomposición del partido y las reformas estatutarias que se fueron acercando y empezaron a forjar lo que hoy es la candidatura presidencial no solo del PAN, sino de la alianza con PRD y Movimiento Ciudadano.

Las coaliciones, un proyecto común

Castañeda se acercó a la campaña en julio del año pasado, cuando se estaba trabajando en la construcción del Frente, cuenta a Animal Político, “ayudando en lo que podía ayudar para que fuera prosperando el frente y la idea del gobierno de coalición, porque es algo en lo que siempre he creído. Y que siempre había tratado de construir”.

Y cree que Anaya es quién puede sacar adelante un gobierno de ese tipo como los que ha tenido Chile o Alemania.

Para Creel, este tipo de alianza, puede “asentar en México un gobierno que garantice una mayoría estable en el Congreso para que tenga la fuerza política necesaria de hacer los cambios e instrumentar las medidas que hasta hoy en día han sido prácticamente imposibles de ejecutar por carecer de un proyecto, también de una fuerza política suficiente para llevar a cabo la transformación que requiere el país”.

Y un factor clave que en esta ocasión permitió concretar el proyecto conjunto tiene que ver con un incentivo práctico: la necesidad de juntar varios partidos para ganar las elecciones.

Anaya, abanderando la alianza del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, es el único que puede ganarle a López Obrador, dice, y porque como Fox, el queretano tiene la visión del papel global de México en el mundo y de formar un proyecto de amplia convergencia.

“Fue lo que quisimos llevar a cabo en el foxismo, inclusive. Fox planteó un gabinete de composición plural; no un gobierno, un gabinete. Entonces este sería, digamos, un paso hacia adelante, pero en la misma dirección que él tomó hace ya casi 20 años”, señala Creel.

Coordinadores paralelos

Cada uno de los coordinadores tiene tareas específicas dentro de la campaña del Frente.

“Lo que Anaya me ha encomendado son tres funciones. En primer lugar la coordinación estratégica de la campaña, es decir trazar lo que no está trazado, mucho ya está hecho y está trazado, (…)  lo que me toca hacer es actualizar, aterrizar y quizás complementar lo que ya se ha hecho.

“En segundo término, lo que son las relaciones internacionales de la campaña, tanto en México como embajadas, corresponsales y visitantes. Y en su caso acompañar a Anaya o representarlo en algunas plazas internacionales importantes.

“Y en tercer lugar la coordinación de las vocerías no partidistas de la campaña. Los partidos tienen sus voceros obviamente, van a los debates y a lo que tienen que ir, pero la idea es que también haya vocerías de la sociedad civil, como con la iniciativa Ahora de Álvarez Icaza y de otra gente que no proviene de los partidos pero que deben ser voceros de la campaña y del Frente”.

Santiago Creel lleva el otro timón de la campaña, el político. Su coordinación está encargada de que todas las fuerzas se cuadren con la campaña.

“Estoy a cargo y con la responsabilidad de mantener cohesionada la coalición de los partidos y los grupos sociales que se han sumado, de tal manera que puedan coordinarse bien las tareas entre los distintos grupos y partidos, que las acciones se  lleven a cabo con disciplina, que concuerden con la estrategia, y que se pueda dar un seguimiento para poder hacer un proceso de evaluación permanente de toda la campaña”, explica.

Lo suyo ha sido siempre la negociación. Fue parte del consejo rector del Pacto por México, y ahora en las negociaciones que concretaron una alianza entre tres partidos y una asociación civil para formar la coalición.

“Es un reto permanente, es un trabajo de diario, y de prácticamente todas las horas que tiene un día. Pero por otra parte es una labor muy interesante, apasionante, estar buscando los puntos en común, la manera como sí podemos dialogar, como sí podemos acordar, sí podemos avanzar siendo diferentes, pues es un reto mayúsculo, pero es un reto que da enormes satisfacciones porque finalmente refleja lo que es México y México es un país plural, pluriétnico, pluricultural, plurirregional, en su sentido más amplio, y para gobernar México pues se requiere tener esta visión”, asegura.

Además de la coordinación, Creel conduce diariamente las reuniones del cuarto de guerra y cuarto de comando. El primero, integrado por los coordinadores con mando operativo en la campaña, decide sobre las situaciones del día a día. En el segundo, con los representantes de las distintas fuerzas, se toman las decisiones más de fondo y de mediano plazo.

En ninguno de esos cuartos, por cierto, está formalmente Diego Fernández de Cevallos, aunque también ha permanecido cercano al candidato, sobre todo encabezando su defensa legal ante las investigaciones de la PGR por supuesto lavado de dinero.

“Él no necesita estar en un cuarto de guerra o en el primer círculo para dar sus ideas y hacer sus argumentaciones con el candidato o con alguno de nosotros. No necesita de llaves para entrar a la campaña”, explica Creel sobre “el jefe Diego”.

Dos visiones de cambio

Hace 18 años la disyuntiva era una: PRI o no PRI. Hoy, dice Castañeda, la disyuntiva electoral es hacia dónde debe ir el cambio.

“Lo que es evidente es que hay 80% de la sociedad mexicana que repudia al PRI, repudia a Peña y desaprueba su gestión y quiere que haya un cambio. La elección se juega en quién va a llevarse la mayoría de ese 80%. El tema no es tanto pegarle a Peña o no pegarle, en muchos sentidos Peña es lo de menos, pero todos sabemos que hay un repudio tan generalizado en la sociedad mexicana al PRI y a Peña Nieto, que la disputa es por quién canaliza ese repudio, y para canalizarlo hay que estar contrastando constantemente las propuestas, y no es exclusivo de Anaya, AMLO también está en lo mismo”.

Y frente al rechazo al priismo, las opciones son sólo dos, sostienen los coordinadores de la campaña anayista: uno es el cambio al pasado autoritario y populista que, desde su punto de vista, encarna Andrés Manuel López Obrador. Un cambio cuyo referente histórico no hay que buscarlo en Venezuela, sino en México, en la década de los 70 y el gobierno del priista Luis Echeverría.

Según Castañeda, las afinidades de AMLO con Echeverría son: el estatismo, el autoritarismo, el nacionalismo exacerbado, la política de gasto desenfrenado.

La otra opción, dicen los coordinadores, es la de Anaya, que se presenta como el candidato del futuro. Su narrativa va en ese sentido. La planteó en su toma de protesta, usando incluso anuncios de las tiendas físicas de la empresa Amazon —que se operan sin vendedores y con pagos a través del celular— y con un discurso modelo TED, muy diferente a los mítines políticos tradicionales

“El que está representando Ricardo Anaya es un cambio innovador, de cosas nuevas, de ideas que más que pensar en una refinería, está pensando en energías alternativas; que más que pensar que el presidente pueda nombrar a un buen procurador, que mejor la sociedad a través de mecanismos de autonomía y de independencia se haga este nombramiento para que pueda ser el eje al combate de uno de los principales males que tenemos los mexicanos, que es la corrupción”, señala Creel.

Y su campaña, sostiene Castañeda, será disruptiva en donde las redes sociales van a jugar un papel muy importante: Facebook, con sus 90 millones de usuarios será un centro neurálgico para la campaña.

“El número de cuentas que tiene registrada la empresa de Mark Zuckerberg en nuestro país “es igual que el número de personas en la lista nominal de electores, claro no todos los de la lista van a votar ni todos los que tiene una cuenta la usan, pero no es una minoría de país, es una abrumadora y aplastante mayoría. Y lo que Anaya está haciendo es apelar a ellos, lanzando su campaña con ellos y con un enfoque disruptor frente a los eventos tradicionales, acartonados y rancios del PRI – Morena”.

La campaña de Anaya apuesta a los jóvenes, los universitarios egresados de los últimos diez o 15 años; a los trabajadores de industrias y empleos muy vinculados al turismo, la industria automotriz, el menudeo de gran escala tipo Walmart.

“Ellos son millones de mexicanos, y ahí es donde se van a dar enormes transformaciones en los próximos años, no en los próximos decenios, en los próximos años. Va a ser una campaña muy abocada hacia el futuro y hacia la tecnología”.

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Getty Images
Quentin Tarantino: 6 claves de su nueva película "Érase una vez en Hollywood"
"Érase una vez en Hollywood", la nueva película de Quentin Tarantino, recibió muy buenas críticas en el Festival de Cannes. El largometraje, que junta a Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, se estrena en América Latina en agosto.
Getty Images
23 de mayo, 2019
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¡Luces, cámara, acción! Quentin Tarantino ya recibió las primeras críticas de “Érase una vez en Hollywood” (“Once Upon a Time in Hollywood”), su última película, que se presentó el martes en el Festival de Cannes.

El largometraje es una recreación extravagante de Hollywood en 1969, antes de los asesinatos cometidos por los seguidores de Charles Manson, el líder y cerebro de la llamada familia Manson, en agosto de 1969 en Los Ángeles, California.

Hasta el momento, los críticos de cine han elogiado la cinta, que se estrena en agosto en América Latina.

Peter Bradshaw, de The Guardian, la considera “totalmente indignante, desorientadora, irresponsable y también brillante”.

También la han comparado con Pulp Fiction, hito de Tarantino en la cultura pop, 25 años después de su lanzamiento en el festival.

Aquí recogemos seis puntos que las reseñas discuten sobre el nuevo filme.

1. Pitt y DiCaprio son los nuevos Redford y Newman

Leonardo DiCaprio interpreta a Rick Dalton, un actor alcohólico que recibe papeles de vaqueros; y Brad Pitt da vida a Cliff Boon, un doble de películas y mejor amigo del personaje anterior.

De acuerdo con The Hollywood Reporter, ambos entregan actuaciones “matadoras”, “llenas de ironía y agradable química”.

“Es difícil no recordar la energía que tenía la mejor pareja anterior en una película de Tarantino, John Travolta y Samuel L. Jackson en ‘Pulp Fiction'”, agrega la revista Time Out.

Robert Redford y Paul Newman hicieron dos películas clásicas juntos, “El Golpe” (“The Sting”) y “Dos hombres y un destino” (“Butch Cassidy and the Sundance Kid”).

¿Deberíamos esperar una nueva versión de cualquiera de las dos cintas en el futuro con Pitt y DiCaprio?

2. Hollywood se representa a sí mismo en la pantalla

La película representa a varias personalidades de la industria cinematográfica, por lo que la revista Variety la califica como un “espectacular collage nostálgico” que rinde homenaje a la era perdida de Hollywood.

Rafal Zawierucha interpreta al director Roman Polanski, y Margot Robbie, a su esposa, Sharon Tate, en los meses previos a su trágico asesinato por la familia Manson.

Mike Moh y Damian Lewis interpretan a los actores Bruce Lee y Steve McQueen, entre otros intérpretes que dan vida a figuras conocidas de la época.

3. Los asesinatos de Manson son solo una parte de la película

Antes de la presentación en Cannes, se especuló que la película giraría en torno al impacto de los crímenes de Charles Manson en Hollywood.

En 1969, sus seguidores, conocidos como la Familia Manson, mataron a nueve personas, incluida Sharon Tate, que tenía ocho meses y medio de embarazo, mientras Polanski estaba filmando en el extranjero.

Una de las jóvenes seguidoras de Manson, Susan Atkins, apuñaló a la actriz y garabateó “PIG” (cerdo) en la puerta de la casa con su sangre.

Los asesinatos conmocionaron a la industria cinematográfica de EE.UU. de la época y se les atribuye el final sangriento de la generación del amor libre y la contracultura de los años 60.

Sin embargo, la película de Tarantino rechaza esta narrativa y comienza seis meses antes de los crímenes.

Una canción de Manson suena en la película, pero el derramamiento de sangre no es el foco principal.

Todavía es un misterio cómo se representan los crímenes en la cinta, pues Tarantino envió una carta al público de Cannes pidiéndoles que no revelaran nada de la trama.

4. DiCaprio prende fuego a los nazis

El tráiler muestra al personaje de DiCaprio, Dalton, quemando nazis en un set de grabación durante un flashback a sus aparentes días de gloria como actor.

Es un guiño irónico a “Bastardos sin gloria”, película de 2009 de Tarantino, y típico de la afición del director por la violencia exagerada.

5. Falta de diversidad

Cuando se anunció el lanzamiento de la película, usuarios en redes sociales criticaron el hecho de que el elenco fuera completamente blanco.

La participación de MikeMoh como Bruce Lee aporta un breve destello de diversidad racial, pero el tráiler sigue siendo abrumadoramente blanco.

Este blanqueo ha provocado un animado debate en redes sociales, especialmente por el apoyo de Tarantino para el talento negro en los años 90, mucho antes de #OscarsSoWhite.

Anteriormente, el director había recibido críticas por usar la palabra “nigger” (forma despectiva de referirse a una persona negra) en los guiones, pero actores como Samuel L. Jackson y Jamie Foxx lo han defendido ya que simplemente refleja de manera realista el habla de los personajes en cuestión.

6. Los pies siguen siendo la fascinación de Tarantino

Los seguidores de la trayectoria de Tarantino reconocen que los pies ocupan un lugar destacado en sus películas.

Por ejemplo, en la escena “Mueve tu dedo gordo” de “Kill Bill”, o cuando Hans Landa de “Bastardos sin gloria” confirma que un zapato encontrado en la escena de un tiroteo le pertenece a la actriz Bridget von Hammersmark.

¿Un aparente fetichismo de pies? ¿Una broma? La razón exacta no está clara.

Pero una cosa es segura, hay muchos pies descalzos en “Érase una vez en Hollywood”.

Como concluye la revista Sight & Sound, es el “elogio descalzo” de Tarantino para la industria que adora.


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https://www.youtube.com/watch?v=o-FUmeEXFOI

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