Instituciones regatean el pago de premios literarios a jóvenes escritores
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Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com

Instituciones regatean el pago de premios literarios a jóvenes escritores

Ganadores de concursos literarios organizados por la Secretaría de Cultura se han visto forzados a perseguir y amenazar a las instancias estatales responsables de pagarles sus premios.
Adolfo Vladimir / Cuartoscuro.com
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Cada año, el Fondo Editorial Tierra Adentro de la Secretaría de Cultura federal lanza una convocatoria para que jóvenes escritores del país postulen sus ensayos, poemas, novelas, cuentos, crónicas y dramaturgia. El premio que reciben los ganadores es la publicación de su obra y un pago emitido por los gobiernos estatales. Dos de los ganadores de la edición 2017 acaban de recibir su pago, casi un año después del anuncio y tras angustiosas semanas de perseguir a los organizadores, sin respuesta. Fue hasta que denunciaron su caso en redes sociales y amenazaron con acciones legales, que su pago fue liberado inmediatamente. Los autores contaron a Animal Político su viacrucis.

Georgina Cebey y Eduardo Sánchez ganaron en 2017 los premios de Ensayo y Cuento, respectivamente, de este concurso que la secretaría de Cultura organiza para impulsar a escritores menores de 35 años, en convenio con los gobiernos estatales. El Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos se ha entregado desde 2001 junto con la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), y el Premio Nacional de Cuento Joven Comala desde 2010 con la secretaría de Cultura de Colima. El 23 de julio de 2017 fueron anunciados los ganadores de ese año, y aunque la convocatoria no precisa la fecha de premiación -por ende del pago-, cada año se ha llevado a cabo entre octubre y diciembre.

Sin embargo, en esta edición la premiación no ocurrió, sólo fueron publicadas las obras. Los ganadores buscaron a las instituciones que debían entregarles el premio pero sólo les postergaron mes con mes el pago de 70 mil pesos, hasta que dejaron de responderles del todo y ellos tomaron medidas desesperadas.

“El 23 de julio del año pasado se anunció que mi libro ‘Arquitectura del fracaso’ había resultado ganador del premio José  Vasconcelos, que convoca la @UABJO en colaboración del Programa Cultura Tierra Adentro de la Secretaría de Cultura. Al día de hoy, a más de un año del cierre de la convocatoria, con el libro en circulación (que obviamente tiene el logotipo de la @uabjo impreso) y ya presentado, no he recibido el pago del premio”, publicó Cebey en su cuenta de Twitter el pasado 9 de abril.

 

En una serie de tuits, la autora relató un resumen de la odisea que la Universidad de Oaxaca le hizo emprender durante nueve meses, en los que sólo posponían la fecha: en octubre argumentaron que la Universidad estaba en crisis por el terremoto del 19 de septiembre; en el mismo mes ella salió de México por motivos laborales y les avisó que no estaría disponible, por lo que le pidieron que antes dejara un poder notarial para que su familia pudiera cobrar el monto. Así lo hizo y en enero le dijeron que estaban “revisando los requisitos para el poder notarial”, por lo que su pago saldría hasta marzo. Llegó este mes y con él, absoluto silencio: los funcionarios de la Universidad que habían sido su contacto hasta ese momento dejaron de responderle correos y llamadas.

Fue hasta que las redes sociales y los medios informativos ejercieron presión sobre el tema, que el pago de Georgina fue liberado en su totalidad y de manera inmediata, sin las complicaciones que le argumentaron durante los últimos seis meses.

“Escribir en México ya es sumamente precario, para que en los concursos crean que con la publicación ya es suficiente. Te tienes que convertir en un cobrador experto para que se dignen a pagarte”, expresó la historiadora del arte.

La Secretaría de Cultura federal y la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca fueron consultadas por Animal Político antes de que el pago de Georgina Cebey fuera finalmente liberado, pero no hubo respuesta.

Gina Cebey.

Fue el mismo caso de Eduardo Sánchez, ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2017. Cuando Georgina Cebey dio a conocer su caso en su cuenta de Facebook, Sánchez comentó que había tenido la misma suerte:

El escritor de 32 años, originario de Jalisco, también esperaba que la premiación ocurriera a finales de 2017. Al no recibir ningún aviso, contactó a la Secretaría de Cultura de Colima y al Fondo Tierra Adentro para saber qué ocurría, pero sólo obtuvo respuesta del Fondo. “Colima no contestó ni entonces ni nunca”, relata Sánchez.

Los funcionarios del Fondo le indicaron que la premiación tendría lugar el 1 de diciembre, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Siendo él habitante de esa ciudad, invitó a familiares y amigos a la ceremonia pero un día antes, a las 23:00 horas, le llamaron para avisarle que Colima había cancelado porque el secretario de Cultura (estatal) no podría viajar a la ciudad. “Ahí me tienes casi a la medianoche llamando para avisarles que ésta no tendría lugar”, lamenta Eduardo.

Posteriormente, el escritor supo que el secretario había viajado a Ciudad de México a inaugurar una muestra de arte en el Senado. “Puedo entender que tal evento tuviera prioridad sobre el mío, pero no que se me avisara con tan poco tiempo de anticipación o que mandara a un representante en su lugar”, expresa con molestia. Los directivos de Tierra Adentro buscaron a la secretaría de Colima para saber por qué se había retrasado el pago de Eduardo, pero tampoco ellos obtenían respuesta y, cuando finalmente la hubo, la dependencia aseguró que realizaría la transferencia, aunque ni siquiera habían pedido el número de cuenta del escritor.

Cansado de este trajín, Sánchez les escribió de nuevo para notificarles que había buscado asesoría legal y que promovería un amparo. “Al día siguiente tenía por fin el dinero en mi cuenta. Más que la tardanza –que fue bastante larga– me molesta la grosería, que no pudieran tomarse la molestia de responder mis correos y darme información. Pero en fin, burócratas a fin de cuentas”, concluye su relato.

Eduardo Sánchez.

 

Dentro del hilo de comentarios de apoyo que recibió Georgina Cebey está también el de la autora Laura Baeza, ganadora del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2017, quien asegura que ya recibió el pago pero también de forma tardía, y cuenta otra mala experiencia que tuvo anteriormente al tratar de cobrar un premio estatal en Campeche:

Tanto Georgina como Eduardo señalan que el Fondo Tierra Adentro cumplió al publicarles la obra, y que quienes incumplieron su parte del convenio fueron la UABJO y la secretaría de Cultura de Colima. En tanto, la convocatoria 2018 para los Premios Nacionales de Literatura ya fue publicada, con una excepción para los de Ensayo y Cuento, que fueron pospuestos.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

Getty Images
Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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