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Juez ampara a una niña en contra de autoridades educativas y ordena despedir a por lo menos 60 maestros en Oaxaca
El juez consideró que la SEP y el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca incumplieron con su deber de garantizar el derecho de la menor a la educación, al no cesar a los maestros faltistas de acuerdo a lo que marca la ley.
13 de abril, 2018
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Un juez otorgó un amparo a una niña en contra de la SEP y del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), y les ordenó despedir a los maestros que faltaron 12 días a clases sin justificación durante el ciclo escolar 2014-2015. Esta resolución se dio tras considerar que las autoridades debieron haberlos cesado en su momento para garantizar el derecho de la menor a la educación, en ejercicio de las atribuciones que les concede la Ley General de Servicio Docente.

El juez Francisco Rebolledo Peña determinó que no existen razones fundadas ni suficientes para justificar el abandono de labores de los docentes adscritos a la Escuela Primaria Justo Sierra, en San Pablo Etla, Oaxaca, donde estudia la demandante; por lo tanto concluyó que las autoridades incurrieron en una violación directa a los derechos de la niña “al no cumplir con su obligación de dotar de la idoneidad de los docentes y los directivos que garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos”.

El artículo 76 de la Ley General de Servicio Docente establece que los maestros que falten más de tres días sin justificación deben ser separados de sus cargos. Los profesores involucrados en el amparo de la niña participaron con goce de sueldo en el paro de 12 días convocado en junio de 2015 por la Coordinadora de Trabajadores de la Educación (CNTE), en contra del “proceso electoral y la evaluación docente”.

No obstante, durante el juicio las autoridades educativas presentaron constancias para justificar que los docentes no andaban en el paro, sino que faltaron a clases para asistir a un curso llamado “Metodologías globalizadoras para el aprendizaje en la escuela primaria”. El juez estableció que los maestros no debieron sacrificar el interés de los menores por un “supuesto” curso urgente y aseguró que “estas constancias generadas por las autoridades del IEEPO atienden a una invención con el ánimo de justificar el ausentismo laboral, simulación que resulta una ofensa para la justicia federal y que no puede ser permitida”.

Claudia Aguilar, del despacho Aguilar Barroso, precisó que la intención del amparo no es perjudicar a los entre 60 y 80 docentes implicados. “El amparo no es contra los actos de los profesores, sino contra las omisiones de las autoridades estatales y federales de la SEP de aplicar lo que la ley establece y vigilar el derecho de aprender de los menores, esto sin implicar de ninguna manera los derechos que podrían tener los docentes por la Ley laboral o educativa, en caso de ser separados de sus cargos para poder defenderse en otras instancias”.

La SEP y el IEEPO pueden impugnar la resolución del juez, quien por lo pronto dio un plazo de 20 días para separar del servicio a los docentes.

Esta sentencia fue calificada de histórica por el director general de Mexicanos Primero, Juan Alfonso Mejía, tras considerar que sienta un precedente respecto a la facultad directa del titular de la SEP para vigilar que el IEEPO cumpla con su función de garantizar el derecho a la educación de los niños de Oaxaca, sobre todo cuando “se hace evidente que las autoridades del IEEPO fabrican pruebas con el ánimo de justificar y facilitar el ausentismo laboral”.

También consideró que “se empodera a todos aquellos maestros que rechazan el hostigamiento del cual son víctimas por parte de los líderes sindicales de la Sección 22 de la CNTE y quienes son abandonados a su suerte por la indiferencia de los funcionarios responsables. Ningún docente tiene por qué asistir a marchas en contra de su voluntad y quien lo haga de manera injustificada, afectando el derecho de los niños a aprender, serán separados del servicio”.

Por último, dijo, se refuerzan los mecanismos legales para que las familias defiendan el derecho de sus hijos de contar con maestros y directivos idóneos, y ciclos escolares completos, como parte de su derecho a la educación.

Desde que el amparo se presentó en julio de 2015, la niña ha sufrido diversas formas de acoso en la escuela, de acuerdo con lo denunciado por sus abogados: se han dado casos de profesores que han intentado reprobarla hasta los que no le toman en cuenta las tareas. Incluso se hizo un llamado a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca para proteger la integridad y los derechos de la quejosa ante cualquier tipo de represalia.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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IFAAS/USF
Qué son las "granjas de cadáveres" donde los cuerpos humanos se descomponen a la intemperie
Se trata de los cementerios forenses, donde los cadáveres se dejan a la intemperie durante semanas o meses porque ayudan a resolver crímenes, aunque algunos científicos tienen sus reservas respecto a ellos.
IFAAS/USF
18 de junio, 2019
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ADVERTENCIA: Este artículo contiene imágenes y descripciones explícitas que pueden herir la sensibilidad de algunas personas.

En medio de un pasto verde y uniforme, sobresalen unos arbustos de aproximadamente un metro de altura. Son más altos que el resto, porque el pedazo de tierra en el que crecen se alimenta de las sustancias que liberaron cadáveres humanos que se pudrieron ahí durante varias semanas. De lejos parece una pradera ideal para dar un paseo, pero al adentrarse en los matorrales un fuerte hedor a muerte hace llorar los ojos. El día es soleado y se sienten más de 30º de temperatura, el aire es húmedo y pesado.

En este terreno de poco más de una hectárea hay 15 cuerpos humanos desperdigados. Están todos desnudos, algunos encerrados en jaulas metálicas, otros cubiertos con un plástico azul, otros enterrados y otros directamente a la intemperie. Cada cuerpo forma una silueta de hierba muerta, pero luego, en esa misma porción de terreno, crecerá un arbusto vigoroso, más alto que los demás.

BBC

La doctora Kimmerle estudia los cuerpos desde el momento de la muerte hasta que son solo huesos. Este lugar es un laboratorio de antropología forense a campo abierto de la Universidad del Sur de la Florida (USF), que opera desde 2017 en el condado de Pasco, a 25 minutos de la ciudad de Tampa. Está ubicado en una zona campestre, a un costado de la cárcel del condado. Comúnmente la gente lo llama una “granja de cadáveres”, aunque los científicos prefieren llamarle cementerio forense o laboratorio de tafonomía, que es el área que estudia lo que ocurre con un organismo luego de su muerte. Es un lugar dedicado a la ciencia, pero regar cadáveres humanos a cielo abierto desafía los ritos que comúnmente tenemos respecto a la muerte. De hecho, esta “granja” inicialmente iba a estar ubicada en el condado de Hillsborough, a unos 80 km de Pasco, pero los vecinos se opusieron al proyecto por temor a la llegada de animales carroñeros, a que sus propiedades perdieran valor y a que tuvieran que soportar el hedor de los cuerpos en descomposición. Las reservas frente a este tipo de laboratorios no solo vienen por parte de las personas que no quieren vivir cerca de gente muerta, incluso dentro de la comunidad científica hay quienes son escépticos respecto a la necesidad y el valor científico de las granjas de cadáveres.

¿Cómo son estas granjas, para qué sirven y por qué generan controversia?

Cuerpos en descomposición

La granja de cuerpos de la USF es una de las siete que hay en Estados Unidos. También hay en Australia, y en países como Canadá y Reino Unido hay planes de abrir sus primeras granjas este año. Los cadáveres que hay en la granja de la USF fueron personas que antes de morir decidieron donar voluntariamente su cuerpo a la ciencia. En otros casos, son los familiares del difunto quienes deciden entregarle el cuerpo a los forenses. El principal objetivo de estos lugares es entender cómo se descompone el cuerpo humano y qué ocurre en el ambiente que lo rodea durante ese proceso. Entender ese proceso brinda datos clave para resolver crímenes o de mejorar las técnicas de identificación de personas.

“Cuando alguien muere hay muchas cosas ocurriendo al mismo tiempo”, le dice a BBC Mundo Erin Kimmerle, directora del Instituto de Antropología Forense de la USF. “Ocurre desde la descomposición natural, hasta la llegada de insectos y cambios en la ecología“.

Kimmerle y su equipo consideran que la mejor manera de entender todo eso que ocurre es observarlo en tiempo real, con cuerpos reales en un ambiente real. Según explica Kimmerle, en general el cuerpo humano pasa por cuatro etapas después de la muerte. En la primera etapa, llamada “cuerpo fresco”, baja la temperatura del cadáver y la sangre que deja de circular se acumula en ciertas partes del cuerpo. Luego, durante la “descomposición temprana”, las bacterias comienzan a consumir los tejidos y se empiezan a notar cambios en el color de la piel. En la tercera etapa, la “descomposición avanzada”, se acumulan gases, el cuerpo se hincha y se rompen los tejidos.

Finalmente, comienza la “esqueletonización”, que se hace primero evidente en el rostro, las manos y los pies. Bajo algunas condiciones de humedad y otros factores, el cuerpo puede quedar momificado. Estas etapas, sin embargo, se ven influenciadas por el ambiente en el que esté cuerpo, y eso le interesa a los forenses.

Datos valiosos

En la granja de la USF algunos cuerpos están rodeados por jaulas de metal para protegerlos de animales carroñeros. La jaula evita que sean devorados por zarigüeyas y buitres, así que los forenses pueden estudiar cómo ocurre la descomposición de los tejidos. También observan la acción de los gusanos, que se alimentan de los órganos internos del cadáver, pero no de la piel. Otros cuerpos, por el contrario, sí están totalmente expuestos, a merced de los carroñeros que llegan en bandadas de hasta 50 ejemplares. Hacen huecos en la piel, arrancan músculos y tejidos y hasta voltean el cuerpo para comer todo lo que puedan.

Mientras todo eso ocurre, los investigadores visitan la granja cada día para tomar fotos y videos, observar cómo evoluciona el cuerpo y comparar el proceso de cada uno según cómo y dónde esté ubicado, ya sea enterrado, en la superficie o incluso en el agua. Junto a los forenses también trabajan geólogos y geofísicos que analizan el suelo, el agua, el aire y la vegetación. Les interesa saber de qué manera las sustancias que libera el cuerpo inerte cambian las propiedades del lugar donde se descomponen. “Tratamos de obtener la mayor cantidad de información de cada individuo”, dice Kimmerle. Cuando los cuerpos ya son solo esqueletos, son transportados a lo que los forenses llaman “laboratorio seco”, donde limpian los huesos y los almacenan para que queden disponibles para estudiantes e investigadores.

Crímenes sin resolver

Los datos que recolectan los investigadores de tafonomía son útiles para investigaciones forenses y de medicina legal. La forma en la que se descompone un cuerpo sirve para refinar la estimación de cuánto tiempo lleva una persona muerta o si el cuerpo fue movido o enterrado. Las sustancias que libera y el estado del cadáver también dan pistas sobre el origen de la persona. Eso, sumado a otros datos genéticos y el análisis de los huesos, brinda información que puede aplicarse en casos criminales que han quedado sin resolver. Por eso, parte de la misión de estas granjas es prestarle servicios a autoridades que intentan esclarecer homicidios. Para muchos puede resultar chocante trabajar a diario con la crudeza de la muerte y ver cuerpos humanos en un estado que normalmente preferimos ocultar.

Para Kimmerle, sin embargo, eso no es lo que le causa mayor perturbación. “Como profesional de la ciencia uno aprende a separarse de esa conexión”, dice refiriéndose al tabú que muchas veces acompaña al tema de la muerte. “Trabajamos con muchas investigaciones de homicidios, así que lo más retador es enfrentarnos a historias realmente trágicas“, dice. “Para mi lo más horroroso es (ver) lo que una persona es capaz de hacerle a otra”. También menciona que es un reto enfrentarse a historias de familias que perdieron a sus hijos hace 20 o 30 años y aún están buscando sus restos. Para ella, su labor tiene sentido en la medida que ayude a esclarecer alguno de los cerca de 250.000 crímenes sin resolver que hay en Estados Unidos desde 1980. ¿De quiénes son estos cadáveres? Desde su apertura en octubre de 2017, el cementerio forense ha recibido 50 cuerpos de donantes y tiene una lista 180 predonantes, es decir, personas vivas que ya decidieron que al morir quieren entregarse, literalmente, a la ciencia. Los donantes son en su mayoría personas ancianas que ya comienzan a planear sus últimos años de vida. “Es como planear tu profesión post-mortem“, dice Kimmerle. Es como si los donantes ayudaran a resolver crímenes después de muertos. Entre las restricciones que hay para donar el cuerpo está no padecer una enfermedad infectocontagiosa que pueda poner en riesgo a las personas que luego estudiarán el cadáver.

Una ciencia emergente

Las granjas de cuerpos aportan datos a la ciencia, pero también tienen limitaciones. Patrick Randolph-Quinney, antropólogo biológico de la Universidad de Lancashire Central en Reino Unido, dice que de manera general está a favor de este tipo de laboratorios, pero afirma que aún es una ciencia emergente.

“El problema con estas instalaciones a campo abierto es que tienen una tremenda cantidad de variables que no pueden controlar, sino simplemente monitorear”, le dice Randolph-Quinney a BBC Mundo. “Eso hace que los datos que producen sean mucho más difíciles de interpretar, porque no se prestan fácilmente para hacer predicciones“. Para el antropólogo, el reto de los cementerios forenses es pasar de los datos anecdóticos a encontrar formas más estandarizadas de recolectar la información y compartirla con otros investigadores para lograr resultados de mayor relevancia estadística. Sue Black, antropóloga forense de la Universidad de Lancaster en Reino Unido, también expresa sus reservas. Un artículo de la revista Nature menciona que Black cuestiona el valor científico de estas campos, ya que sus estudios se basan en pequeñas muestras y resultados altamente variables. Nature también cita un libro que Black publicó en 2018, en el que se refiere a las granjas de cuerpos como “un concepto espantoso y macabro“. Kimmerle, por su parte, ve un futuro promisorio para estos laboratorios, cree que en los próximos años habrá más de ellos en varias partes del mundo. “Cualquier persona que entienda este tipo investigaciones, la profundidad que tienen y su importancia en aplicaciones prácticas, verá que son muy necesarias“, concluye Kimmerle.


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Posted by BBC News Mundo on Thursday, May 2, 2019


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