#EstoSíPasó: Meade promete terminar un acueducto que no existe en Tixtla, Guerrero
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#EstoSíPasó: Meade promete terminar un acueducto que no existe en Tixtla, Guerrero

El presidente municipal dijo que en la zona no existe el acueducto ni se necesita uno; el candidato también habló de una presa sobre la que no existe todavía el proyecto de obra.
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Por Irene Larraz / Verificado 2018
20 de abril, 2018
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Al hablar en un evento de campaña en Guerrero, el pasado 11 de abril, el candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade, ofreció: “Vamos a hacer las inversiones necesarias para abastecer de agua potable a Taxco y vamos a hacer lo mismo en Tixtla, terminaremos la presa y el acueducto”.

Lo cierto es que la presa ni siquiera ha sido proyectada oficialmente y el acueducto no existe y tampoco hay planes para construirlo.

El presidente municipal de Tixtla, Hossein Nabor Guillén, confirmó a Verificado 2018 que no hay ningún acueducto y que la presa a la que hace referencia el candidato todavía no cuenta siquiera con un proyecto de obra.

Esta presa se acordó en 2017. Ante la declaratoria de emergencia por la falta de abastecimiento de agua que se aprobó desde 2016, tanto la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como la Comisión de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Estado de Guerrero (Capaseg), proyectaron construir una nueva presa en Tixtla, que permitiría mejorar la distribución y almacenamiento de agua potable para el municipio.

La presa existente, construida en 1977 para abastecer a 10 mil habitantes, no es suficiente para suministrar agua a los 33 mil habitantes actuales. Además, existe un azolve natural en la presa que ha reducido su capacidad en un 30% o 35%.

Nabor Guillén precisó que “ya se están haciendo algunos pozos que mitigan el problema, pero no lo resuelven”, y añadió que “la alternativa más viable para solucionar el desabastecimiento de agua potable es la construcción de una nueva presa. Tenemos un estudio de factibilidad que nos dice que cuesta 190 millones de pesos, aunque todavía no hay un proyecto, porque sólo el proyecto cuesta cinco millones de pesos”.

La Comisión de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Estado de Guerrero detalló que cuenta con un estudio de ingeniería básica que está en trámite de registro de cartera ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, para contar con presupuesto. La nueva presa sería un complemento a los pozos y a la que ya existe, no un reemplazo.

Se trata, según informó el presidente municipal, de un proyecto integral que permitiría también mejorar la red distribución del agua, donde existen fugas constantes, y acortar los plazos de suministro, que actualmente se realiza por tandeos cada 20 días. “Son redes de distribución del agua que se mejorarían y se ampliarían, pero en ningún caso la infraestructura a construir sería un acueducto”, señaló.

En contraste con lo que dijo en su discurso en Guerrero, en los compromisos de campaña, Meade incluye que debe construirse —no concluirse— una presa en la región. E incluso habla de construir un acueducto, aunque las autoridades locales han dicho que no es necesario.

Más problemas con el agua

Nabor Guillén señala que el otro problema grave con el agua en el municipio son los desbordamientos de la Laguna de Tixtla que, aunados a fenómenos meteorológicos, han generado inundaciones.

En 2013, con el huracán Ingrid y la tormenta tropical Manuel, los resumideros que daban salida al agua pluvial de Tixtla colapsaron, provocando que se inundara una tercera parte de la ciudad. En ese momento, Conagua verificó varias alternativas para sacar el agua: la primera, desazolvar del vaso de la laguna; la segunda, cárcamos de bombeo, un pozo para succionar y dar salida al agua en las zonas sur y norte de la ciudad; y tercero, un túnel-canal que daría una solución a largo plazo.

La solución inmediata que escogieron fue la segunda: desfogar la inundación a través de dos vías artificiales con cárcamos de bombeo, que tienen la capacidad de dar salida a mil 200 litros de agua por segundo.

“Ya existen cárcamos de bombeo, pero tampoco es un acueducto como dijo el candidato. Lo que Tixtla necesita para solucionar a fondo el problema de la laguna es el túnel canal”, explica Nabor Guillén. “Los cárcamos de bombeo funcionan, pero no son suficientes para lluvias atípicas. Meade hizo un buen intento de hablar del tema, pero lo hizo equivocadamente, no lo asesoraron bien”, añade.

El proyecto integral de un túnel de desagüe para la cuenca de Tixtla pretende resolver de manera definitiva el problema de inundaciones de la laguna, que al ubicarse en una cuenca cerrada que no tiene salida, se desborda.

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Estados Unidos tendrá un gobierno dividido tras la victoria republicana en la Cámara de Representantes

Estados Unidos tendrá un gobierno dividido en el que un partido tendrá la Presidencia y el otro, el control de una cámara del Congreso. ¿Cuáles son las repercusiones?
16 de noviembre, 2022
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Los demócratas, que controlan la presidencia y el Congreso desde enero de 2021, acaban de perder su mayoría en la Cámara de Representantes.

Estados Unidos tendrá “un gobierno dividido” a partir de enero.

El término se refiere a una situación en la que una o las dos cámaras del Congreso están bajo control de un partido distinto al del presidente en ejercicio, actualmente el demócrata Joe Biden.

El control que el Partido Republicano logró de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término, según proyecciones divulgadas este miércoles de noche, significa que Estados Unidos tendrá un gobierno de este tipo cuando los nuevos representantes asuman su cargo.

Gobiernos divididos han sido bastante comunes desde los años 70, el más reciente se dio durante los dos últimos años de la presidencia de Donald Trump, cuando los demócratas controlaban la cámara baja del Congreso.

Que los republicanos recuperen la mayoría de la Cámara de Representantes que habían perdido en 2018 puede significar dos años de confrontación política con pocos logros legislativos, anticipan expertos.

“Creo que un acuerdo bipartidista sería muy difícil, dada la enorme división entre los dos partidos en casi todas las cuestiones importantes a las que se enfrenta el país”, dijo Alan Abramowitz, un politólogo de la Universidad Emory que ha escrito varios libros sobre elecciones estadounidenses a BBC Mundo.

El camino que sigue una ley

En Estados Unidos cada cámara puede iniciar un proceso legislativo. El proyecto de ley tiene que ser aprobado por las dos, antes de ser enviado al presidente para que lo firme y lo convierta en ley.

Nancy Pelosi, Mitch McConnell y Kevin McCarthy

 

Una ley puede morir en cualquier fase si una de las cámaras vota en contra, o si el presidente la veta.

Algunas personas apoyan un gobierno dividido porque significa que cada partido político puede vigilar al otro, por ejemplo, controlando medidas de gasto no deseadas o bloqueando ciertos proyectos para que no se conviertan en ley.

Recientemente, el empresario y actual dueño de Twitter Elon Musk aconsejó a sus millones de seguidores en la red social que votaran a los republicanos en las elecciones de mitad de período, dado que el presidente Biden es demócrata.

Su razonamiento, dijo, es que “el poder compartido contiene los peores excesos de ambos partidos”.

Ventajas e inconvenientes

Los gobiernos divididos pueden forzar a los legisladores a presentar leyes que tengan una base de apoyo más amplia, lo que hace que sean más difíciles de revocar cuando el poder cambie de manos.

En ese caso, la cooperación aporta estabilidad política.

El Capitolio en un atardecer

Getty Images

Pero cuando los partidos están polarizados en sus posiciones, un gobierno dividido puede hacer que a un partido le resulte imposible aprobar leyes, lo que conduce a un punto muerto en el que es difícil avanzar en políticas para todo el país.

Grandes cambios legislativos a menudo han ocurrido bajo gobiernos de un solo partido, como el New Deal del presidente Franklin Roosevelt y la ley de Cuidado de Salud Asequible de Barack Obama, coloquialmente conocida como Obamacare.

Gobiernos divididos también pueden llevar a más cierres de gobierno, que se produce cuando los partidos no se ponen de acuerdo en un presupuesto para continuar con la financiación pública.


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