Paciente con tumor en la columna presenta denuncia penal contra el IMSS, tras 8 años sin tratamiento
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Paciente con tumor en la columna presenta denuncia penal contra el IMSS, tras 8 años sin tratamiento

Tras recibir 16 diagnósticos distintos en ocho años, Rebeca denunció a personal médico del Hospital General Regional 2 del IMSS por negligencia.
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Viacrucis 1

En octubre de 2009, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) diagnosticó a Rebeca Jiménez, mujer trabajadora que entonces tenía 38 años de edad, con “hemangioma” en la columna vertebral, es decir, un tumor provocado por acumulación de vasos sanguíneos que, según le informaron en ese momento, era inoperable y benigno, por lo que podía continuar con su vida laboral.

Tal como consta en su registro médico, el tratamiento brindado a Rebeca, un año después, en 2010, fue una operación en la columna para liberarle espacio y despresurizar la vértebra afectada por el tumor.

A raíz de esta operación, sin embargo, Rebeca perdió la sensibilidad en una pierna y, peor aún, comenzó a sufrir un dolor en la espalda tan agudo que no pudo trabajar más.

Ese mismo año, el IMSS la declaró con incapacidad laboral permanente, y la pensionó, pero no por el hemangioma en su columna, sino por “incontinencia”, un padecimiento que en realidad Rebeca nunca ha tenido.

Durante los ocho años transcurridos desde entonces, a causa del permanente dolor en la espalda y de la pérdida de sensibilidad en una de sus piernas, Rebeca ha vivido postrada en un sillón, del que sólo se aleja para ir en ambulancia a las salas de urgencias del Seguro Social, cuando el dolor incrementa hasta volverse insoportable.

En todo ese tiempo no ha recibido ningún tratamiento para el tumor y, peor aún, los síntomas han sido atribuidos a un sinfín de enfermedades.

En total, entre 2010 y 2017, Rebeca recibió 16 diagnósticos distintos por parte del IMSS: lupus, lumbalgia, radiculopatía, fibromialgia, sobrepeso, entre otros.

Incluso, verbalmente ha sido acusada de inventar su sufrimiento, con el argumento de que los hemangiomas no duelen.

En abril de 2017, finalmente el IMSS realizó una tomografía de espalda a Rebeca, y en el resultado de ésta (cuya copia posee Animal Político) se establece que la vértebra en la que se alberga el tumor presenta “lesión lítica” e “infiltración grasa de músculos espinales”, por lo que se sugiere atender el hemangioma.

No obstante, un mes después, en mayo de 2017, el área de “Cirugía de columna” del Hospital General Regional 2 del IMSS concluyó que no hay datos “de destrucción del cuerpo vertebral característicos de un hemangioma”, y la dio de alta.

Viacrucis 2

Como buena promotora médica, labor que desarrolló hasta que fue declarada con incapacidad permanente para trabajar, Rebeca lleva un expediente puntual de las notas médicas expedidas durante todo este tiempo por el IMSS.

– ¿Considera que existe mala fe en el trato que ha recibido? – se le pregunta.

–En el Hospital General Regional 2 del IMSS, que es donde me toca, simplemente no me quieren atender. Verbalmente me lo han dicho, personal que se ha sentido inconforme con esta situación: mi expediente está marcado.

La razón, explica, se halla en un problema que se dio de forma paralela a su padecimiento de espalda, con el personal de esta institución médica.

“En 2008 yo sufrí un accidente vehicular, por el cual me hicieron una intervención quirúrgica que se denomina colectomía total: me extirparon el intestino grueso. A raíz de esa operación empecé a tener muchos problemas, dolor, sangrado, y nunca me dieron atención, sólo me decían que no tenía nada, que me tenía que acostumbrar. Empecé a recibir muy malos tratos, una vez me dijeron que yo era una ‘huevona’. Entonces yo presenté una denuncia penal en contra de los médicos y el personal que me atendió para esa operación, por negligencia y lesiones”, narra.

En 2012, sin embargo, la Procuraduría General de la República (PGR) solicitó peritaje en el que se señala que Rebeca recibió un trato de “calidad y calidez”, y aunque la denuncia no fue desechada, sí se archivó.

Por intermediación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), organismo ante el cual interpuso una queja contra el IMSS, Rebeca finalmente logró en noviembre de 2017 que su atención fuera encomendada a médicos de otro hospital, por lo que fue redirigida al Hospital General Regional 1 doctor Gabriel Mancera, en donde hicieron dos descubrimientos.

El primero: que aún cuando de origen se determinó que requería una colectomía total, los médicos del Regional 2 dejaron un fragmento del intestino grueso, lo que dio origen a los problemas digestivos que desde entonces padece.

El segundo es que la gravedad de su problema en la espalda la mantiene con “probabilidad de limitación funcional permanente de 50%, riesgo de infección y riesgo de tromboembolismo pulmonar”.

En enero de 2018, el Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI solicitó una nueva resonancia magnética a la columna de Rebeca, y un estudio de neurología, para “abrir expediente” y determinar el tratamiento a seguir contra el tumor… más de ocho años después de ser detectado.

Viacrucis 3

Aún cuando Rebeca es atendida por médicos del IMSS distintos a los del Hospital Regional 2, el nuevo proceso de diagnóstico apenas inicia, y lentamente.

La revisión solicitada en enero al área de neurología se dio hasta en marzo, acompañada ahora Rebeca por representantes de la CNDH, y nuevos estudios fueron requeridos.

“Las cosas parecen ir avanzando, pero también siguen igual: no he recibido aún un diagnóstico y, por lo tanto, tampoco un tratamiento”, señala.

Tanto sus padecimientos de columna, como sus padecimientos digestivos, fueron consecuencia de no haberle dado seguimiento médico adecuado, afirma, y eso “atenta contra mis derechos” y se convierte, en los hechos, en un acto lesivo.

Bajo este razonamiento, y con el apoyo gratuito de la Fundación de la Barra Nacional de Abogados, Rebeca interpuso una nueva denuncia penal ante la Procuraduría General de la República, en marzo de 2018.

El abogado José Flores Huerta, integrante de la Barra y quien asumió la asesoría jurídica gratuita, explica que “dejando por un momento de lado si las intervenciones quirúrgicas fueron practicadas bien o mal, creemos que a la señora Rebeca le han venido negando en el IMSS un seguimiento médico adecuado, la han traído de aquí para allá, durante muchos años, sin darle un diagnóstico ni un tratamiento adecuados, y eso ha provocado un daño a su salud”.

Por ello, subraya, “eso se traduce en un delito, que es el de lesiones. Este tipo de negligencias sí se le pueden atribuir a los médicos, ellos son responsables de dar seguimiento a las personas que atraviesan una condición clínica, el tratamiento no acaba en la operación, y el no haberle dado seguimiento se convierte en un daño, y eso se debe castigar penalmente”.

Las nuevas reglas del sistema penal obligan a que esta denuncia sea investigada con prontitud, destaca, pero “el nuevo sistema penal son reglas nuevas para actores viejos”, lo que no garantiza necesariamente profesionalismo por parte del Ministerio Público.

Consultado al respecto de esta denuncia, el Instituto Mexicano del Seguro Social informó a Animal Político que “la atención brindada a la paciente ha sido oportuna y adecuada”.

En una nota enviada a este portal, el IMSS asegura que “la paciente ha recibido atención integral médico-quirúrgica, que no incluye el tratamiento quirúrgico del hemangioma ya diagnosticado”.

La razón, subraya el IMSS, es que “el riesgo rebasa el beneficio que (una intervención quirúrgica) pudiera ofrecer”.

Paradójicamente, la cita en la que el área de neurocirugía del Centro Médico Siglo XXI, del IMSS, evaluará si aún es posible realizar una intervención quirúrgica está programada hasta el próximo 3 de mayo.

“A mí me han dicho los médicos –lamenta Rebeca–, que un día simplemente el tumor va a reventar y me voy a caer muerta. Con cada día, con cada minuto que pasa, el riesgo aumenta. Y yo quiero vivir, volver a vivir”.

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Los 'hijos de Chernóbil': qué revela el primer estudio genético de los descendientes afectados por el accidente nuclear

Una de las grandes interrogantes del mayor accidente nuclear de la historia se ha resuelto, 35 años después.
23 de abril, 2021
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Una de las grandes interrogantes del mayor accidente nuclear de la historia parece haber encontrado una respuesta, 35 años después.

Cuando el reactor número cuatro de la central de Chernóbil explotó en la madrugada del 26 de abril de 1986, la ciudad del norte de Ucrania se volvió un pueblo fantasma y la vida de decenas de miles de personas quedó marcada por el desastre atómico.

Desde entonces, muchos de los sobrevivientes han tenido que lidiar con enfermedades vinculadas a la radiación a la que se vieron expuestos y con la incertidumbre de qué podría pasar con sus descendientes, los llamados “hijos de Chernóbil“.

Y es que una de las preguntas que ha inquietado por décadas tanto a científicos como a sobrevivientes es si los efectos de la radiación nuclear podría pasar a los descendientes.

Ahora, por primera vez, un estudio genético ofrece luces sobre el asunto y sus resultados acaban de ser publicados en la revista Science.

La investigación, dirigido por la profesora Meredith Yeager, del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de EE.UU., se centró en los hijos de los trabajadores que se alistaron para ayudar a limpiar la zona altamente contaminada alrededor de la planta de energía nuclear (los llamados liquidadores).

También fueron estudiados los descendientes de los evacuados de la ciudad abandonada de Pripyat y otros asentamientos en un radio de 70 km alrededor del reactor.

A los participantes, todos concebidos después del desastre y nacidos entre 1987 y 2002, se les examinó el genoma completo.

Y el resultado fue una sorpresa para muchos de los implicados.

Los resultados

El estudio no halló un “daño adicional al ADN” en los niños nacidos de padres que estuvieron expuestos a la radiación de la explosión de Chernóbil antes de ser concebidos.

“Incluso cuando las personas estuvieron expuestas a dosis relativamente altas de radiación, en comparación con la radiación de fondo, no tuvo ningún efecto en sus futuros hijos”, le explicó la profesora Gerry Thomas, del Imperial College de Londres, a la periodista de la BBC Victoria Gill.

Thomas, que ha pasado décadas estudiando la biología del cáncer, en particular los tumores que están relacionados con el daño de la radiación, explicó que este estudio fue el primero en demostrar que no existe un daño genético heredado tras la exposición a la radiación.

“Hay muchas personas que tenían miedo de tener hijos después de las bombas atómicas . Y también personas que tenían miedo de tener hijos después del accidente en Fukushima, porque pensaban que su hijo se vería afectado por la radiación a la que estaban expuestos”, recuerda.

"Liquidadores"

Getty Images
Los “liquidadores” eran personal llamado para ayudar con las operaciones de limpieza después del desastre.

“Es muy triste. Y si podemos demostrar que no hay ningún efecto, con suerte podemos aliviar ese miedo”, agrega.

Thomas no participó en el estudio, aunque ella y sus colegas han llevado a cabo otra investigación sobre los casos de cáncer relacionados con Chernóbil.

Su equipo ha estudiado el cáncer de tiroides, porque se sabe que el accidente nuclear causó unos 5.000 casos, la gran mayoría de los cuales fueron tratados y curados.

El estudio

Uno de los investigadores principales de la investigación, Stephen Chanock, también del NCI, le explicó a la BBC que el equipo de investigación reclutó familias enteras para que los científicos pudieran comparar el ADN de la madre, el padre y el niño o la niña.

“Aquí no estamos viendo lo que les sucedió a esos niños que estaban en el momento del accidente; estamos viendo algo llamado mutaciones de novo“.

Estas son nuevas mutaciones en el ADN: ocurren al azar en un óvulo o espermatozoide. Dependiendo de en qué parte del mapa genético de un bebé surja una mutación, podría no tener ningún impacto o podría ser la causa de una enfermedad genética.

“Hay entre 50 y 100 de estas mutaciones en cada generación y son aleatorias. De alguna manera, son los componentes básicos de la evolución. Así es como se introducen nuevos cambios en una población”, explica Chanock.

Escena de la serie

SKY UK LTD/HBO
En la ciudad de Pripyat vivían más de 50.000 personas.

“Observamos los genomas de las madres y los padres y luego al niño. Y pasamos nueve meses más buscando cualquier señal en el número de estas mutaciones que estuviera asociada con la exposición de los padres a la radiación. No encontramos nada”.

Esto significa, dicen los científicos, que el efecto de la radiación en el cuerpo de los padres no tiene ningún impacto en los hijos que conciban en el futuro.


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