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5 cosas que podrían estar afectando tu peso y que quizás te sorprendan
Científicos de la Universidad de Cambridge creen que la variación de los genes que heredamos tiene un efecto de entre 40% y 70% en nuestro peso; pero también hay otros factores.
Por BBC Mundo
30 de abril, 2018
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Mucha gente podría pensar que la lucha contra la obesidad es un mero asunto de fuerza de voluntad, pero la investigación médica indica lo contrario.

El programa de la BBC The Truth About Obesity (“La verdad sobre la obesidad”) descubrió cinco factores que pueden estar afectando tu peso que quizás te sorprenderán.

1. Microbios intestinales

Gillian y Jackie son gemelas. Pero hay algo que, a simple vista, las diferencia.

Una de ellas pesa 41 kilos más que la otra.

Durante 25 años, el profesor Tim Spector les ha hecho seguimiento a las dos en el marco de un estudio sobre gemelos que se lleva a cabo en Reino Unido y que se conoce como Twins Research UK.

Spector cree que muchas de las diferencias de peso se deben a los diminutos organismos (microbios) que viven en las profundidades del intestino.

“Cada vez que comes, alimentas cien billones de microbios. Nunca cenas solo”, dice.

Una muestra de heces de cada una de las gemelas reveló que Gillian, la más delgada de las hermanas, tenía una gama muy diversa de microbios, mientras que Jackie tenía muy pocas especies de estos pequeños organismos viviendo en su intestino.

Cuanto mayor es la diversidad, más flaca es la persona. Si tienes sobrepeso, tus microbios no son tan diversos como deberían ser”, señala el profesor, quien encontró el mismo patrón en un estudio en que se analizaron a 5,000 personas.

Tener una dieta sana y variada, rica en diferentes fuentes de fibra, ha demostrado ser clave para crear una gama muy diversa de microbios intestinales.

Entre las buenas fuentes de fibra dietética están:

  • Los cereales integrales para el desayuno
  • Las frutas, incluidas las bayas y las peras
  • Las verduras como el brócoli y las zanahorias
  • Los frijoles
  • Las legumbres
  • Las nueces

2. La lotería de genes

¿Por qué algunas personas siguen diligentemente dietas y hacen ejercicio regularmente, pero aún así sufren por ver resultados, mientras que otras no se esmeran tanto y no acumulan kilos?

Los científicos de la Universidad de Cambridge creen que la variación de los genes que heredamos tiene un efecto de entre 40% y 70% en nuestro peso.

“Es una lotería”, señala la profesora Sadaf Farooqi.

“Ahora está muy claro que los genes están involucrados en la regulación de nuestro peso y si usted tiene una falla particular en algunos genes, eso puede ser suficiente para estimular la obesidad“.

Ciertos genes pueden afectar el apetito, la cantidad de comida que se quiere comer y el tipo de alimento que se podría preferir.

Los genes también pueden afectar la forma en que quemamos calorías y si nuestros cuerpos pueden manejar la grasa de manera eficiente.

Hay al menos 100 genes que pueden afectar el peso, incluido uno llamado MC4R.

Se cree que 1 de cada 1,000 personas tiene una versión defectuosa del gen MC4R, el cual, a través del cerebro, ayuda a controlar el hambre y el apetito. Las personas con una falla en este gen tienden a tener más hambre y anhelan alimentos con más grasa.

“Realmente no hay nada que puedas hacer con respecto a tus genes, pero para algunas personas, saber que los genes pueden aumentar sus posibilidades de ganar peso puede ayudarlos a lidiar con los cambios en la dieta y el ejercicio”, dice Farooqi.

3. El truco de la hora

Hay algo de cierto en el viejo adagio: “Desayuna como un rey, almuerza como un señor y cena como un mendigo”, pero no por las razones que te podrías imaginar.

El doctor James Brown, quien es experto en obesidad, señala que mientras más tarde comamos, más probabilidades hay de que subamos de peso.

No porque estemos menos activos en la noche, como comúnmente se cree, sino debido a nuestros relojes internos.

El cuerpo está programado de tal manera que manejamos con mayor eficiencia las calorías durante el período diurno, cuando hay luz, que cuando es de noche, cuando es oscuro”, explica.

Por esa razón, las personas que trabajan turnos en horarios erráticos podrían enfrentar una batalla particular para evitar subir de peso.

Durante la noche, a nuestros cuerpos les cuesta digerir las grasas y los azúcares. Por lo que consumir la mayor parte de las calorías antes de las 19:00 puede ayudar a perder peso o evitar adquirir unos kilos.

Durante la última década, la hora promedio de cena en Gran Bretaña pasó de las 17:00 a alrededor de las 20:00 y eso ha contribuido al aumento de los niveles de obesidad en el país, indica Brown.

Pero más allá de los patrones de trabajo y los estilos de vida agitados de la actualidad, hay cosas que podemos hacer que marcarán la diferencia en nuestras cinturas.

Saltarse el desayuno o simplemente comerse una tostada no es una opción para el doctor Brown.

Una mejor alternativa es comer algo con muchas proteínas y algo de grasa así como también carbohidratos. Huevos en pan tostado integral es un buen ejemplo. Eso te hará sentir más lleno por más tiempo.

En el almuerzo come algo sustanciosamente nutritivo y para la cena deja algo más liviano.

4. Engaña a tu cerebro

Hugo Harper, un científico británico dedicado al estudio del comportamiento, dice que existen formas de cambiar nuestro comportamiento alimentario inconsciente en vez de enfocarnos sólo en contar calorías.

Una estrategia, indica el experto, es: eliminar las tentaciones visuales. Eso podría ser más efectivo que si le dejamos todo el trabajo a nuestra fuerza de voluntad consciente.

Así que es muy recomendable que no tengas meriendas poco saludables en tu cartera, bolso o en tu cocina.

Es mejor si recuerdas meter una fruta por si te da hambre en tu trabajo o en el camino de regreso.

En tu cocina, ten a la vista un tazón de frutas y alimentos saludables.

No te sientes con un paquete de galletas frente al televisor. En cambio, pon en un plato el número de galletas que te quieres comer. Cierra el paquete y guárdalo.

Harper también fomenta las conductas de sustitución: optar por alternativas menos calóricas de nuestras comidas favoritas en vez de eliminarlas por completo.

Apela por las versiones dietéticas de los refrescos y trata de reducir las porciones de tus meriendas más que quedarte sin ellas.

“La gente no tiende a notar una diferencia cuando el tamaño de sus porciones se reduce en un 5%, 10%”, indica Harper.

Existe una tendencia de comer sin pensar. Por lo que es buena idea seguir las sugerencias que tienen los paquetes de comida sobre las porciones y usar un plato más pequeño cuando llega la hora de la cena.

5. Las hormonas

El éxito de la cirugía bariátrica no se trata sólo de reducir el estómago del paciente, sino en el cambio de hormonas que provoca.

Nuestros apetitos están controlados por nuestras hormonas y se ha descubierto que la cirugía bariátrica, el tratamiento más eficaz contra la obesidad, hace que aumenten las hormonas que nos hacen sentir saciedad y que disminuyan en número las que nos hacen tener hambre.

Pero es una operación mayor que implica la reducción del tamaño del estómago hasta en un 90% y solo se lleva a cabo en personas con un índice de masa corporal de al menos 35.

Investigadores del Imperial College de Londres han recreado las hormonas intestinales que causan cambios en el apetito después de que se ha realizado una cirugía bariátrica con el objetivo de realizar un nuevo ensayo clínico.

Todos los días durante cuatro semanas, una mezcla de tres hormonas se le administra a los pacientes como una inyección.

Los pacientes sienten menos hambre, están comiendo menos y están perdiendo entre 2 y 8 kilos en solo 28 días”, señala la doctora Tricia Tan.

Si se demuestra que el fármaco es seguro, el plan es usarlo hasta que los pacientes alcancen un peso saludable.


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Amapola Periodismo transgresor
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A la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo llega gente que ya tuvo un contacto con una partera, que ya sufrió violencia obstétrica o que está informada y busca otras opciones, cuenta Carolina partera profesional.
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Por Margena de la O / Amapola Periodismo
15 de junio, 2019
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Fotografías: Jesús Eduardo Guerrero y José Luis de la Cruz

Carol nació un jueves a las 9:27 horas del pasado 14 de marzo, hace exactamente tres meses. En el nacimiento, su madre, Carolina, estuvo acompañada de su pareja, así como de su partera y amiga Noemí, de la escuela universitaria.

16 horas antes, Carol le hizo saber a su madre que era el momento. Tres contracciones cada 10 minutos. La noche del lunes anterior la alertó, pero todavía faltaba para que naciera.

Durante todas esas horas, su madre caminó por la casa solitaria, hizo ejercicios sentada en una pelota grande o tomó baños con agua caliente. La casa donde nació Carol, en Tepecoacuilco, es la casa de sus abuelos, pero ese día estaba casi vacía para que su madre pariera tranquila, sin presiones ni intimidaciones. “No quise decir que ya estaba iniciando el trabajo de parto por no sentir presiones”, dice su madre después.

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El momento de su nacimiento fue tan íntimo y tranquilo que tres meses después de que ocurrió su madre también confiesa con firmeza que sigue enamorada del parto, que desvincula del dolor: “Tenía las contracciones, sí tenía muchas sensaciones, pero menos de dolor”.

Carol nació en un entorno donde solo estuvieron su madre, su padre y la partera.

Parir atendida por una partera no solo fue bueno para Carolina y la bebé, también fue barato.

En Chilpancingo también existe esta opción para parir que empleó Carolina.

En la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo, donde antes estaba el Hospital General, se puede traer a los hijos a este mundo; sin pagar un solo peso, si se cuenta con el Seguro Popular, o una cuota de recuperación voluntaria, si no se tiene este beneficio.

Noemí y Carolina son parteras profesionales en esta unidad.

Parir sin violencia

Carolina y Noemí se conocieron en Guanajuato, en el Centro para Adolescentes de San Miguel de Allende (CASA), de donde se graduaron como parteras profesionales, y ahora son compañeras en la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo.

Carolina es partera desde los 19 años, cuando ingresó a CASA a estudiar. Los cuatro años de estudios son de prácticas. Hoy, a sus 29 años ha atendido unos mil partos, incluido el de su hermana Maricarmen, a quien asistió en la misma casa en la que nació Carol.

En el contexto profesional en que se desenvuelve Carolina, muy parecido al de hospitales, donde hay personal uniformado, cuartos equipados y salas de espera, pero sin quirófanos, su edad es uno de los prejuicios a los que de manera recurrente se enfrenta. Casi nunca se salva de que la imaginen mayor. “La gente siempre espera que seas una persona adulta, ya con canas”, dice.

Carolina tiene un título de la carrera técnica de Partería, pero ni eso la despoja del desdén general que existe por el oficio en Guerrero, donde las autoridades de Salud admiten que podría reducir las estadísticas de mortalidad materna, un mal que mantiene a los primeros sitios al estado.

Una manera de medirlo son las pocas asistencias que da al mes en Chilpancingo, que entre su trabajo en la Unidad de Partería y las asistencias externas, son alrededor de cinco.

Este dato va en sincronía con el flujo de la misma Unidad, donde atienden si acaso unos tres partos diarios, de acuerdo con los cálculos del personal, aunque se planeó hasta para 15. Es decir, la demanda diaria en este espacio que la Secretaría de Salud inauguró en diciembre del 2017 es de apenas 20 %.

parteras profesionales guerrero

A la Unidad de Partería Alameda Chilpancingo llega gente que ya tuvo un contacto con una partera, gente de comunidad que ahora vive en la ciudad, que ya sufrió violencia obstétrica o que está informada y que busca otras opciones, cuenta Carolina partera profesional.

El desdén por la partería en la ciudad es más evidente cuando se conocen los números de los partos que atienden en los hospitales del sector Salud. En el Hospital General Raymundo Alarcón Abarca, de acuerdo con las cifras que proporcionó el personal, llegan a atender por día hasta 10 partos, de éstos, unos tres por cesárea. En la ciudad también está el Hospital de la Madre y el Niño Guerrerense, abierto de manera exclusiva para la atención de mujeres en el embarazo y bebés al nacer.  

“Hay gente que te busca porque ya tuvo un contacto antes con la partera, pero así previamente no. Regularmente son gente de una comunidad que ahora vive aquí, y hay gente que sí es porque vivió violencia (obstétrica), que está informada y que busca otras opciones”, cuenta la partera profesional.

Después atribuye la poca demanda en la partería a la falta de información. Esto lo descargó en las instituciones, pero también en las parejas que esperan un bebé, porque deberían mirar el proceso desde otras ópticas. “Si supieran dónde se meten o cuánto pagan porque las violenten, de verdad que no lo harían”, comenta sobre lo que enfrentan las mujeres en los hospitales atendidas por médicos.

Partería para el bienestar

Una cesárea puede costar hasta 27 mil pesos, de acuerdo con la cotización que se hizo en diferentes hospitales privados para documentar esta información.

A esto se suma el negocio en los partos, al que Carolina se refirió como la engañosa estrategia publicitaria sobre la ausencia del dolor en las cesáreas, que en automático coloca al parto natural en el otro extremo. “Luego veo anuncios en Internet como cesárea sin dolor, parto sin dolor y la gente no sabe todos los efectos secundarios de una anestesia y los efectos al bebé”, advierte. En el ambiente de la medicina nunca explican, según Carolina, la importancia de ese primer contacto de la madre con el hijo.

Si ella vive esto en la ciudad, reconoce que es más complicado en los pueblos, para las parteras tradicionales, de quien habla con respeto. “Para mí son unas maestras”. La razón es que, a su juicio, existe una mayor discriminación por la partería tradicional, sobre todo de la medicina.

Entonces recordó la anécdota que le contó su pareja, un enfermero en hospitales básicos comunitarios, a quien conoció cuando la asignaron área de partos respetados o humanizados del hospital básico de la Sierra de Guerrero.

Una mujer llegó a ese hospital en labor de parto y con las piernas vendadas. Tenía dos o tres días con contracciones. La acompañaba otra mujer, quien le hizo el vendaje. Era la partera. En ese momento la compresión en las piernas de la mujer a punto de parir, según Carolina, era vital porque el flujo sanguíneo debía concentrarse en el útero.

Supo que el personal médico que atendió a la mujer embarazada se quejó de que el parto se complicó por la falta de atención médica, con frases despectivas como el “ummm… se atendió con una partera”.

“Si se regresaran tantito a ver ese espacio, ella la vendó, a lo mejor por instinto o por lo que haya sido, ella lo hizo y a lo mejor eso le salvó la vida a la mujer”, comenta.

Carolina confía en las parteras tradicionales, quienes le han compartido consejos sobre el cierre de caderas y los tés que sugieren para la recuperación de sus pacientes. Pero piensa que las pateras profesionales no son bien vistas por las pateras tradicionales, porque “no te pueden dejar de ver como personal (médico)”.

Con todos estos prejuicios alrededor de la partería profesional, quienes la ejercen se mueven en medio de dos flancos: las parteras tradicionales y los médicos. De un lado no las miran como parteras y del otro tampoco como profesionales. “Siempre ha habido el choque con los médicos”, dice.

Leer: Muertes maternas y condenas por aborto, la realidad de la salud reproductiva en México

El embarazo y la intimidad del parto

Después que Carolina pesa y revisa a sus pacientes, regularmente tiene una charla con ellas. Las escucha. Algunas le dicen que se siente cansadas, que tuvieron problemas con los otros hijos o cualquier otro comentario. A esta fase la partera le llama crear un vínculo de confianza entre ambas, la partera y la mujer embarazada. “A veces son cosas simples, pero nadie las escucha, nadie se detiene a eso”, comenta.

Este momento no está contemplado en las consultas médicas, tampoco la convivencia inmediata entre las madres y sus bebés, porque luego los separan, y “no saben todo el vínculo que se pierde en ese momento”.

Cuando Amapola. Periodismo Transgresor documentaba la indiferencia institucional sobre la partería tradicional encontró historias de mujeres embarazadas que vivieron una secuencia de violencia obstétrica durante la atención de sus partos en los hospitales.

En la primera entrega de esta serie están sus testimonios. Una mujer narró la indiferencia del médico que la atendió: escuchó música y leyó durante el tiempo que duró su labor de parto, y una vez que se quejó de las contradicciones le dijo con desinterés: “Es normal, te va a doler”.

A eso se suma la invasión que sintió las veces que revisaron la dilatación de su vagina en medio de pasillos llenos de personal médico y la incomodidad que le generó cuando escuchó que el médico le dijo a una mujer internada a su lado: “Tú no la escuches, no le hagas caso, no la escuches”. Se refería a ella porque se quejó de las contracciones.  

Carolina sabe qué sucede en ese momento. Durante el proceso de parto las mujeres producen la hormona llamada oxitocina, la misma que el cuerpo humano libera durante las relaciones sexuales. De ahí la importancia que el parto ocurra en un ambiente íntimo.

Este reportaje fue elaborado por el equipo de Amapola. Periodismo transgresor.

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