Ziwacaitzintli, la casita de mujeres: un lugar para volver a empezar
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Galo Cañas / Cuartoscuro.com

Ziwacaitzintli, la casita de mujeres: un lugar para volver a empezar

Hace 15 años el Colectivo Feminista Cihuatlahtolli notó que muchas mujeres seguían siendo agredidas donde vivían porque no tenían dónde ponerse a salvo de su agresor. Así nació este refugio que ha servido de hogar a más de 700 mujeres. Primero alojaron a una en un cuartito en la casa de una de las integrantes, luego a otra y a otra, hasta que fue necesario crear un lugar especial dónde darles todo lo necesario para vivir temporalmente.
Galo Cañas / Cuartoscuro.com
Por Ana Alicia Osorio
17 de abril, 2018
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Una mujer a quien su esposo amenazó durante años con asesinarla y hasta afilaba el machete con el que supuestamente lo haría; una niña a la que su papá violó varias veces; una joven migrante secuestrada y torturada. Todas tienen algo en común: encontraron la paz en “La Casita de Mujeres”, Ziwacaitzintli.

La casa – refugio, a donde llegaron ellas y muchas otras mujeres que vivieron violencia de género en Veracruz, forma parte de los trabajos del Colectivo Feminista Cihuatlahtolli.

“Al estar trabajando con mujeres la cuestión del apoyo, situaciones de violencia, empezamos a enfrentar un problema que muchas mujeres nos decían ‘no tengo a donde ir’, entonces ese problema nos quedábamos, pues qué hacemos”, comentó María de la Cruz Jaimes García, presidenta del Colectivo.

Hace 15 años el colectivo notó que muchas mujeres no terminaban con las agresiones que vivían porque no tenían un lugar dónde vivir o dónde refugiarse lejos de su agresor.

Entonces María de la Cruz le pidió a su mamá la oportunidad de alojar a una en un cuartito que tenían en su casa; luego a otra, a otra y a otra, hasta que vieron que era necesario crear un lugar especial donde darles todo lo necesario para vivir temporalmente.

Así comenzaron una casa, cuya ubicación se debe reservar y que ha servido de hogar a más de 700 mujeres.

Frenar los feminicidios

Hasta allí llegó Paula (que no es su nombre real), una mujer a quien su esposo golpeó y amenazó con matar.

Ella tenía a sus papás, sus tías, vecinas y amigas, pero si volvía a cualquiera de esas casas un día su expareja la podía encontrar y cumplir su amenaza.

En su familia la violencia contra las mujeres se había normalizado por lo que aunque su exesposo no la buscara, su familia podía decirle dónde se encontraba.

“Su papá (de Paula) estuvo preso porque asesinó a una mujer con la que andaba (…) el papá ¿qué me va a decir? Que me regrese; lo que hicimos es que se quedara aquí”, contó María de la Cruz.

En su experiencia, en algunos casos los lugares a donde pueden acudir las mujeres en busca de ayuda son conocidos por el agresor y en otros no cuentan con quien les brinde apoyo.

“Muchas de las mujeres no cuentan con ese apoyo, no cuentan con quien quiera apoyarlas; la violencia del agresor cierra esas posibilidades porque dice las personas yo la puedo tener en mi casa, es mi hija, es mi hermana, pero él sabe dónde vivo, él sabe dónde está mi casa, él a donde la va a buscar es aquí, entonces se tiene que evitar que la mujer siga esta situación de violencia”, sentenció.

En el refugio, según los estándares internacionales, las mujeres solamente pueden estar tres meses mientras encuentran dónde vivir, pero el Colectivo a veces rompe las reglas y extiende la estancia, como en el caso de Paula.

“Ella, como no era de acá, entró a trabajar en una tortillería para ahorrar dinero (…) cuando pudo se rentó un cuartito y se fue a vivir con su niña”, narró.

Una medida por ley

De acuerdo con la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, un refugio es el sitio donde viven las mujeres y sus hijas o hijos para que estén seguras y se recuperen física y psicológicamente de la violencia.

Aunque es un derecho, en el estado de Veracruz no existe ninguno que sea operado por el gobierno estatal y solamente hay dos manejados por colectivos de mujeres.

Desde el sexenio pasado se anunció la creación del refugio operado por la institución gubernamental, pero nunca se hizo. En este gobierno se comenzó la construcción y se dijo comenzaría a operar en junio, pero no se contemplaron los recursos para el funcionamiento.

Según la directora del Instituto Veracruzano de las Mujeres, Yolanda Olivares Pérez, se requieren 13 millones de pesos al año para operar el refugio, por lo que es necesario que el Congreso entregue cuando menos la mitad para poder abrirlo el segundo semestre de este año.

“Serían como 8 millones para operarlo de junio a diciembre (…) (se solicitó al) Gobierno del Estado para que se haga la ampliación en el Congreso”, indicó.

La funcionaria afirmó que tan solo durante este año hubo dos casos de mujeres que necesitaban el refugio, pero al no existir las enviaron a un hotel.

En el hotel, a diferencia de un refugio diseñado para ello, no cuentan con todas las medidas de seguridad.

María de la Cruz señaló que en la Casa de Mujeres no se permiten los celulares ni salir a la calle y solamente una persona puede visitarlas, para evitar riesgos.

“Tienen que estar en atención psicológica, dudas jurídicas que tengan la licenciada les explica, les clarifica; si necesitan atención médica también les canalizamos, las llevamos en el hospital, si vienen en una situación de crisis emocional, las atendemos en ese momento”, indicó.

Jairo Guarneros Sosa, integrante del Colectivo Feminista, señaló que las mujeres llegan porque otra les dijo que ellos la pueden ayudar, alguna asociación los recomendó o inclusive porque instituciones públicas como la Fiscalía General del Estado les pide que le brinden el apoyo.

Volver a empezar

Ella llegó a Ziwacaitzintli cuando sobrevivió a cuatro golpes de un machete con el que su pareja intentó matarla.

Sus hijos, dos niños pequeños, despertaron justo a tiempo para salvarla de la muerte. Uno se tiró encima del “borracho”, como le decían a su papá, mientras el otro le pegó con un clavo hasta que soltó el arma con el que pretendía acabar con la vida de su mamá.

“Le dio cuatro golpes, le quedó una cicatriz, su oreja le quedó como cicatriz partidita y dijo el doctor que por cosa chiquita no le lastimó un nervio que es como fundamental para mover”, contó María de la Cruz.

La violencia se prolongó pues por mil pesos su exesposo obtuvo la fianza que le permitió llevar el proceso en libertad.

Él vendió todas las pertenencias que ella había logrado juntar: el tanque de gas, un tinaco de agua que le entregó una asociación, el maíz que compró con el dinero de Prospera.

“El proceso jurídico muy tortuoso, muy lento (…) duró mucho porque teníamos que estarla llevando para las audiencias y cuando llegábamos allá al juez se le ocurría suspender la audiencia (…) ella no podía volver a su casa por el agresor y porque estaba vacía”, contó Jairo.

Ella no se podía ir de la ciudad por las audiencias programadas, pero tampoco volver a su casa en una comunidad rural. El tiempo lo aprovechó para curar sus heridas y las de sus hijos.

Cuando el proceso terminó y su expareja fue sentenciada a prisión, ella fue libre. Pudo viajar a otro estado junto a sus niños para volver a iniciar, comenzar a trabajar y vivir una vida sin violencia.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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¿Es la inflación más dañina que la recesión?

Las medidas que toman las autoridades para detener la inflación, como subir el costo de los créditos, le ponen un freno a la economía. Si las tasas de interés son demasiado altas y el freno económico demasiado profundo, puede llegar una recesión.
11 de agosto, 2022
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Hay que apagar el fuego antes de que se salga de control.

Esa parece ser la consigna de los países afectados por la gigantesca inflación que recorre el mundo y que ha llegado a máximos históricos en décadas.

Con Alemania marcando el nivel más alto en casi medio siglo -en medio de una crisis energética derivada de la guerra en Ucrania-, Estados Unidos y Reino Unido en el más alto nivel de los últimos 40 años y América Latina también bajo presión por la escalada en el costo de la vida, los bomberos están trabajando a toda velocidad.

Bomberos encargados de la política fiscal y monetaria de los países que intentan apagar una hoguera sin descuidar otro foco de incendio: la recesión.

Empleado de un fondo de inversiones mira varias pantallas de computadora

Getty Images

Pues bien, ¿qué tiene que ver la inflación alta con una recesión económica?

Mucho. Cuando se dispara la inflación, los bancos centrales suben las tasas de interés (el costo de los créditos) para desincentivar la compra de bienes o servicios.

Es una política que busca reducir el consumo y las inversiones con la esperanza de que bajen los precios.

Con este mecanismo se controla la inflación pero, al mismo tiempo, se frena el crecimiento económico.

Si el frenazo es demasiado grande, la economía se estanca y aumentan las posibilidades de que el país entre en recesión.

Trabajador estadounidense

Getty Images

Frente a este dilema las autoridades tienen que hacer de equilibrista y preguntarse: hasta dónde puedo subir las tasas de interés sin ahogar demasiado la economía.

Y ese equilibrio precario entre inflación y recesión es lo que tiene a los economistas tratando de apagar un incendio sin echarle leña al otro.

De ahí viene la pregunta: ¿es peor la inflación o una recesión económica?

El mal menor

No es tanto cuál es peor, sino qué es lo primero que hay que atajar. Yo creo que un país que quiere mantener su estabilidad macroeconómica, no puede permitirse una inflación elevada”, argumenta Juan Carlos Martínez, profesor de Economía en la universidad IE Business School, España.

“Una recesión es un mal menor comparado con una inflación persistente en la economía”, dice en diálogo con BBC Mundo.

cONSUMIDORA CON CAJA DE FRESAS EN LA MANO

Getty Images

Benjamin Gedan, director adjunto del Programa Latinoamericano del centro de estudios Wilson Center y profesor de la Universidad Johns Hopkins, en EE.UU., también argumenta que disminuir el costo de la vida es algo prioritario.

Las dos cosas son malas, pero la inflación es más difícil de superar en muchos casos”, apunta el experto.

Una inflación crónicamente alta, agrega, le impone muchos costos a una sociedad.

No solo se trata del frenazo económico. “También crea tensiones sociales, ya que los trabajadores exigen aumentos salariales recurrentes, los propietarios exigen subidas del alquiler y los comerciantes deciden aplicar repetidos aumentos de precios”, le dice Gedan a BBC Mundo.

Desde otra perspectiva, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y Crecimiento Económico (IDIC) de México, agrega al debate que controlar una inflación elevada puede tomar muchos años, mientras que las recesiones, al menos en los últimos años, se han podido superar más rápidamente.

Persona comprando gasolina en Estados Unidos

Getty Images

“En este momento es fundamental contener la inflación porque las experiencias de los últimos 50 años nos muestran que una espiral inflacionaria acaba desencadenando una recesión”, le dice el economista a BBC Mundo.

“Se puede atajar una recesión sin que esto implique inflación, pero en el otro caso, la inflación termina provocando una crisis”.

Estados Unidos, por ejemplo, “está pagando el costo de un error”, agrega, porque las autoridades dejaron pasar mucho tiempo antes de subir las tasas de interés para controlar el consumo y la inversión.

De esa manera, la demanda siguió alta y los precios continuaron escalando, señala de la Cruz, sin que se eliminaran los incentivos para seguir gastando.

¿Qué pasa en América Latina?

Tal como está ocurriendo en otras partes del mundo, Latinoamérica también ha sufrido la ola inflacionaria.

En países como Chile, la inflación se disparó a un histórico 13,1% (la mayor en casi tres décadas), seguido por Brasil y Colombia (superando los dos dígitos), mientras países como Perú y México, donde la espiral inflacionaria es un poco menor, también han sufrido las consecuencias de precios que están dejando huellas aún más profundas en los sectores más vulnerables.

Mujer en supermercado, foto genérica.

Getty Images

Argentina, que sufre un problema crónico de inflación, tiene la herida abierta con un aumento anual del costo de vida de 64%.

Ante este escenario, los bancos centrales de la región han aplicado históricos aumentos de las tasas de interés para tratar de sacarle la presión a la olla.

En los buenos tiempos económicos, muchos gobiernos solían ponerse como meta inflacionaria un rango de entre 2% a 4%.

Pero ahora que el costo del crédito está disparado, esas metas se esfumaron, al menos por ahora.

Brasil, por ejemplo, tiene sus tipos de interés en 13,7%, mientras que en Chile el costo de los préstamos escaló a un máximo histórico de 9,7% y en Colombia al 9%.

Pocas ganas les quedan a los consumidores que aspiraban a comprarse una casa con un crédito bancario, o a los empresarios que pensaban renovar equipos, ampliar sus operaciones o iniciar nuevos proyectos de inversión.

Manos con billetes chilenos

Getty Images

Claramente la época del “dinero barato”, es decir, de los préstamos más asequibles, quedó en el pasado.

Tan veloz y profundo han sido el aumento del costo del crédito, que los economistas esperan ver resultados prontamente.

De hecho, en países como Estados Unidos o Brasil, la inflación dio una tregua y disminuyó levemente, aumentando las expectativas de que los precios podrían estar alcanzando sus niveles máximos.

¿Quiénes son los más perjudicados con la inflación?

“Lo peor de todo es que la inflación es un impuesto sobre los pobres, que tienen escasos ahorros y normalmente trabajan en el sector informal, con poca capacidad para proteger su poder adquisitivo”, explica Gedan.

“Dada la pobreza generalizada de la región y el gigantesco sector informal, los impactos de la inflación son particularmente severos en América Latina”, apunta.

Trabajadora colombiana en empresa textil.

Getty Images

En ese sentido, las autoridades no han dudado en subir las tasas, especialmente por los episodios de escalada de precios en Latinoamérica en las décadas pasadas.

“Es que dados los traumas pasados ​​de la región con la hiperinflación y el deseo de conservar la credibilidad ganada con tanto esfuerzo de los bancos centrales, no sorprende ver medidas rápidas en muchos países para frenar los aumentos de precios”, dice el experto.

El debate en Estados Unidos

Si bien inflación y recesión son dos amenazas económicas de alto calibre, en Estados Unidos el debate se ha centrado en cuánto y a qué velocidad la Reserva Federal (el equivalente al banco central en otros países) debe seguir subiendo las tasas para detener la escalada de los precios.

Criticada por no haber actuado antes, la Fed se ha embarcado este año en una serie de subidas de los tipos de interés.

Y como esas subidas le ponen un freno a la economía, la pregunta que muchos se hacen es si Estados Unidos caerá o no caerá en una recesión con todas sus letras.

Porque ya está atravesando lo que se conoce como una “recesión técnica”, equivalente a dos trimestres seguidos de contracción económica.

Foto genérica de buque carguero con contenedores y bandera de Estados Unidos.

Getty Images

Pero en EE.UU. esos números rojos no representan una verdadera recesión, según los estándares que se utilizan en ese país.

El árbitro que la define, por decirlo de alguna manera, es una organización independiente: la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés).

En ella participan destacados economistas que se reúnen regularmente y analizan todas las variables que pueden incidir en un proceso recesivo.

La definición que ellos utilizan está lejos de ser una fórmula matemática: “Una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

El enfoque del comité de economistas es que, si bien cada uno de los tres criterios (profundidad, difusión y duración) debe cumplirse individualmente hasta cierto punto, las condiciones extremas reveladas por un criterio pueden compensar parcialmente las indicaciones más débiles de otro.

Precisamente porque no es una fórmula infalible hay tanto debate en Estados Unidos sobre si realmente el país va camino a una recesión o si no llegará a ese punto.

Las máximas autoridades del país (encargadas de la política fiscal y monetaria) se han mostrado optimistas argumentando que el mercado del trabajo se mantiene fuerte.

Y en julio la inflación bajó levemente (de 9,1% a 8,5%), aportando una cuota de alivio frente a los pronósticos que consideraban como inevitable una recesión en el país.


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