Aborto seguro e informado: organización apoya a mujeres para interrumpir su embarazo en CDMX
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Aborto seguro e informado: organización apoya a mujeres para interrumpir su embarazo en CDMX

Desde hace nueve años, Fondo MARIA se dedica a apoyar económica y psicológicamente a mujeres que deben trasladarse a Ciudad de México para abortar, ya que esta práctica no es permitida en sus lugares de origen.
Cuartoscuro
Por Eréndira Aquino
31 de mayo, 2018
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Desde hace nueve años, más de 8 mil mujeres de diferentes partes del país han accedido al aborto legal en Ciudad de México gracias al trabajo de Fondo MARIA, una organización dedicada a brindar apoyo económico y de acompañamiento a quienes no pueden interrumpir su embarazo por las restricciones legales que imperan en el estado donde viven.

De acuerdo con Oriana López, vocera de la organización, Fondo MARIA fue inicialmente pensado para apoyar a mujeres que no podían acceder a abortos legales en sus estados, debido a que sus casos no estaban contemplados entre las causales permitidas para que se realice el procedimiento.

Sin embargo, al darse cuenta que “las causales que ya están indicadas como excepciones a la criminalización no son accesibles, hemos tenido que apoyar a mujeres que no solo por temas de salud o violaciones, sino a aquellas que por cualquier motivo deciden que van a abortar”.

“Las mamás también abortamos”

Karla (nombre ficticio) tuvo una bebé “por decisión”, y un año y seis meses después del nacimiento de su hija, al encontrarse nuevamente embarazada, decidió practicarse un aborto.

“Todo era como la primera vez: mareos, ascos, cansancio excesivo y náuseas… como cuando me convertí en mamá porque así lo decidí. Por eso es que, de alguna forma, a mí misma me parecía raro que siendo mamá pensara en abortar”, cuenta.

El tener una bebé hizo que Karla se preguntara “¿Acaso soy mala madre? Esa pregunta retumbaba en mi cabeza”.

Sin embargo, al pensar en la inestabilidad que tendría para poder cuidar de ambos hijos, y teniendo solo 22 años, decidió que era mejor abortar, volver a la universidad y dar una buena calidad de vida a su bebé.

Karla cuenta que buscó varias opciones, “pero económicamente estaba jodida. Además pensé en lo que me diría el papá de mi hija, que seguro me pediría luchar por esta familia, pero yo no quería ser mamá por segunda ocasión. Fue así que encontré a Fondo MARIA, llamé y me dijeron que el servicio era gratuito”.

Para ella no fue fácil decidirse a abortar, porque “siempre me hicieron creer que eso era algo malo, que atentaba contra una vida”. Sin embargo agradece que en en Fondo MARIA “me escucharon, no me juzgaron y me acompañaron en un momento fuerte de mi vida. Ahora sé que las mamás también abortamos”.

Todos los derechos para todas las mujeres

En 2007, cuando se aprobó la interrupción legal del embarazo en Ciudad de México, las fundadoras del proyecto, Emili Barclowe, Vanesa González Rizo, Eugenia López y Laura Villa se preguntaron cómo podría asegurarse que las mujeres de otros estados del país pudieran acceder a los mismos derechos que en la capital, cuenta Oriana.

Posteriormente, cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación la dictaminó como constitucional en 2008, comenzaron a diseñar una plataforma que permitiera el acceso a este derecho a mujeres que se encontraban en otros estados, aunque reconoce que desde el inicio el Fondo se pensó como una herramienta de corto plazo.

“Tenemos claro que esta iniciativa solo es un parche, y que hay que seguir trabajando para que las leyes en otros estados cambien y permitan a las mujeres decidir libremente sobre su cuerpo”.

De acuerdo con Oriana, además del acompañamiento a mujeres que deciden abortar, otra de las funciones de Fondo MARIA es la difusión de información científica y veraz sobre los pros y contras de la interrupción del embarazo, así como el apoyo para que las mujeres que se practican un aborto no vinculen el proceso con emociones negativas.

“Para nosotras es importante construir autonomía. Nos interesa empoderar y brindar herramientas para que el proceso del aborto sea iluminador de la vida y una experiencia positiva para las mujeres”, menciona.

Por ello, dice, no solo les interesa trabajar con mujeres, sino “hacia afuera. Tenemos que hablar públicamente sobre estar a favor del aborto; tenemos que ser completamente positivos y abiertos a reconocer este derecho, porque muchas personas pasan por este proceso y es necesario apoyarlas”.

Apoyo económico y emocional

El modelo de acompañamiento con el que trabaja Fondo MARIA, explica su vocera, es a través del apoyo de mujeres que, desde el momento en el que otras se acercan a la organización para preguntar por las opciones ante el embarazo, se encuentran pendientes de las necesidades particulares de las solicitantes.

Cada año Fondo MARIA lanza una convocatoria para que personas interesadas en colaborar de manera voluntaria con la organización se capaciten en temas de contención emocional y aspectos técnicos sobre los procedimientos médicos de la práctica del aborto.

Hasta la fecha han capacitado a ocho generaciones de entre 10 y 15 mujeres como acompañantes, y estas han contribuido a que más de ocho mil mujeres pudieran interrumpir su embarazo de manera legal.

Muchas de las acompañantes son mujeres que previamente han pasado por procesos de aborto, lo que las hace sensibles al tema, y esto, a su vez, contribuye al trato sensible que tienen con quienes acuden en busca de apoyo con la organización, explica Oriana.

Así fue como Annie se convirtió en acompañante de mujeres en Fondo MARIA: ella cuenta que abortó a los 20 años.

“Estaba en una relación violenta, estudiaba, no tenía trabajo y mi pareja aún vivía con sus padres”, cuenta.

Para ella el aborto de su producto, de 10 semanas de gestación, “fue algo fuerte ver la cantidad de sangre y coágulos que salían de mi cuerpo”. Además, cuenta, no tuvo apoyo emocional más que de su novio, que fue quien la llevó a la clínica en la que le dieron las pastillas de misoprostol para que se lo autoinduciera.

Sin embargo, cuenta, “no fue aquella carnicería que me contaron, o lo que la gente propagaba como leyendas urbanas; nunca vi un feto salir de mi vagina”, narra.

Luego de eso, Annie dice que conoció el feminismo y tuvo reflexiones sobre la maternidad libre, elegida y no como una imposición, lo que la llevó a promoverse como voluntaria para acompañar a otras mujeres.

A nueve años de comenzar con esta labor, Oriana señala que continúa siendo frustrante “el contexto político que implica que llevamos todo este tiempo trabajando, y que seguramente tendrán que ser otros más, porque los estados no han logrado reconocer que están fallándole a las mujeres”.

Por ello, dice, es necesario que se continúe trabajando para posicionar el tema como parte de una agenda política que reconozca “que las mujeres pueden decidir sobre su propio cuerpo, que son ciudadanas completas y que no somos incubadoras humanas sin decisión sobre nosotras. Tenemos que luchar porque la autonomía de  las mujeres sea una realidad en todo el país”.

Para conocer más sobre la labor de Fondo MARIA y apoyar al proyecto visita su página web, o llama al 01 800 83 27 311.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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