¿Por qué lo mataron? La historia de José Remedios, candidato de Morena asesinado en Guanajuato
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¿Por qué lo mataron? La historia de José Remedios, candidato de Morena asesinado en Guanajuato

Una de las principales líneas de investigación, es que grupos de “huachicoleros” asesinaron al candidato de Morena en Apaseo el Alto, Guanajuato.
Cuartoscuro
14 de mayo, 2018
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José Remedios Aguirre, el candidato de Morena asesinado el pasado viernes, era integrante de la Unión Nacional de Trabajadores Agropecuarios (UNTA) de Guanajuato y, en 2017, se licenció en Criminología. Una de las principales líneas de investigación sobre su muerte es que grupos de “huachicoleros” lo asesinaron.

“Su fuerte eran los temas de seguridad”, dijo Alejandro Rojas, vicecoordinador de la segunda circunscripción de Morena en Guanajuato.

“Era una gente muy comprometida con la lucha de izquierda; un líder social y político en Apaseo el Alto y en toda la región”, agregó Rojas sobre su compañero de Morena y candidato a la alcaldía de esta localidad, asesinado a balazos cuando realizaba labores de campaña.

Leer: Matan a candidato de Morena a la alcaldía de Apaseo el Alto, Guanajuato

Apaseo El Alto es una localidad de Guanajuato ubicada en el llamado ‘Triángulo Dorado’ de los ‘huachicoleros’, entre Celaya, Salamanca e Irapuato.

En 2017, Guanajuato  quedó como el estado con el mayor número de tomas clandestinas de combustible con 1,852, seguido de Puebla con 1,443 y Tamaulipas con 1,100,  Hidalgo con 1,064 y Veracruz con 1,012; estas cinco entidades concentraron el 62% de los casos de todo el país.

Sobre su territorio corren cuatro ductos petroleros, todos conectados con la Refinería de Salamanca: uno va hacia Guadalajara, otro más hacia León, y otros dos trasladan combustible hacia la refinería de Tula.

Leer: Estrategia de Peña contra robo de combustible frena en 11.5% el fenómeno en sus primeros 2 meses

No sólo eso. Según las cifras oficiales del gobierno, en este 2018 Guanajuato está batiendo récords de homicidios: en solo tres meses, de enero a marzo, la entidad que gobierna el panista Miguel Ángel Márquez registró 552 asesinatos, superando por mucho a otros estados violentos como Tamaulipas (237), Chihuahua (346), y Veracruz (369).

En legítima defensa

Además de pertenecer a la UNTA y contar con una licenciatura en criminología, José Remedios fungió como secretario de seguridad pública de Apaseo El Alto de 2012 hasta 2015.  En el 2008, fue detenido e investigado por el delito de homicidio contra una persona. Sin embargo, de acuerdo con la Procuraduría de Guanajuato se acreditó que el homicidio fue “en legítima defensa y el caso se archivó”.

Aprovechando su experiencia en la Secretaría de Seguridad Pública municipal, una de las banderas en la candidatura que encabezaba era la seguridad.

Pero aun cuando públicamente José Remedios nunca habló de combatir a los grupos huachicoleros que operan en la región, de acuerdo con amigos del candidato que solicitaron el anonimato, la Procuraduría de Justicia de Guanajuato no descartó que su asesinato se encuentre vinculado con las bandas dedicadas a este delito.

El motivo que fundamenta esta hipótesis, explicó el viernes pasado en conferencia de prensa el secretario de Gobierno de Guanajuato, Gustavo Rodríguez, fue una denuncia que interpuso en abril pasado el propio candidato de Morena, quien acusó “a varias personas” de difamarle y calumniarle, luego de que éstas aseguraran que formaba parte de un grupo de ‘huachicoleros’.

“Las líneas de investigación que se tienen hasta este momento señalan posibles vínculos con grupos delictivos. Aguirre Sánchez denunció, él denunció, que fue señalado por formar parte de un grupo dedicado al robo y venta de hidrocarburos”, expresó por su parte el procurador de Guanajuato, Carlos Zamarripa.

Las presiones para no postularse”

Tras las declaraciones del procurador Zamarripa y el secretario Rodríguez, Antares Vázquez Alatorre, enlace en Guanajuato de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), candidato nacional de Morena, advirtió en entrevista con Animal Político que van a interponer una queja ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos “por la criminalización post-mortem” contra el candidato asesinado.

“Es falso que tuviera procesos legales abiertos”, recalcó Antares Vázquez.

Yeidckol Polenvsky, presidenta del CEN de Morena a nivel nacional, rechazó  la hipótesis de las autoridades sobre el posible vínculo con grupos dedicados al robo de combustibles. Más bien, apuntó, en Morena están convencidos de que el móvil obedece a cuestiones políticas.

“José Refugio nos mandó en febrero un correo en el que decía que estaba recibiendo fuertes presiones para que no fuera candidato a la alcaldía, para que se bajara. Pero nunca nos mandó un comentario o información de que lo estuvieran amenazando de muerte”, puntualizó Polevnsky también en entrevista.

Ernesto Prieto, dirigente estatal de Morena en Guanajuato, admitió por separado que no tiene los elementos para acusar a nadie en particular de ser el autor intelectual, ni material, del homicidio de su compañero.

Pero sí apuntó con nombres y apellidos a Jaime Hernández Centeno, expresidente municipal por Movimiento Ciudadano de Apaseo El Alto, de haber iniciado una “guerra sucia terrible” en contra de José Remedios, quien fue su titular de seguridad pública hasta 2015.

“Jaime Hernández Centeno era el padre político de José Remedios, por así decirlo. Hasta que rompe políticamente con él, sale de la Secretaría de Seguridad, y se viene con nosotros a Morena en 2016. A partir de ese entonces, el señor se enoja con Remedios y hace todo lo posible para sabotear su campaña”.

En cuanto a la ‘guerra sucia’, Prieto explicó que esta se dio a través de cadenas de Whatsapp que recorrían a diario los celulares de los habitantes de Apaseo El Alto con “mensajes difamatorios” que lo vinculaban al crimen organizado y a los ‘huachicoleros’. Mientras que el nombre de Remedios y el logo de Morena eran borrados de manera frecuente de las paredes del pueblo.

“Remedios me comentó que habían iniciado una guerra sucia en contra de él, y que detrás de esa guerra estaban Jaime Hernández Centeno y sus adversarios de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Apaseo El Alto”, subrayó Prieto, quien anunció que también interpondrá una denuncia “contra quien resulte responsable” por el asesinato de su compañero de partido.

“La guerra sucia fue la que desencadenó esta situación –insistió Prieto-. Que sus adversarios lo vincularan a grupos criminales provocó que esa información llegara a algún mafioso, y éste pudo pensar que Remedios era un peligro y que lo mejor era deshacerse de él”.

“Siempre lo apoyé”

Animal Político buscó a Jaime Hernández Centeno, quien actualmente va por Movimiento Ciudadano como número 1 en la lista de diputados plurinominales al congreso local de Guanajuato. En entrevista, dijo que los señalamientos del dirigente estatal de Morena son “infundados y viscerales” y que “no abonan en nada a la paz que necesitamos”.

Se dijo “consternado” por el homicidio, “puesto que en su momento José Remedios fue mi colaborador y mi amigo”.

“Él tomó su decisión de separarse de Movimiento Ciudadano en diciembre de 2015, para iniciar su propio proyecto como independiente, y terminó en Morena. Nunca tuve ningún problema con él”, recalca el exalcalde de Apaseo El Alto, quien pide que sean las autoridades de investigación quienes determinen el móvil y los responsables del homicidio.

Hernández Centeno aseguró que en su administración José Remedios salió de la secretaría de Seguridad municipal porque no pasó los exámenes de confianza. Algo que Morena rechazó rotundamente.

“Remedios fue destituido porque hubo conflictos de corrupción en la alcaldía que él no quiso tolerar”, dijo Antares Vázquez.

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'Cuando Putin amenazó con armas nucleares, mis padres me dijeron que me fuera': ucranianos huyen por México a EU

BBC Mundo fue a la frontera entre Tijuana y San Ysidro, la más transitada del mundo. Allí conversó con ucranianos que llegaron a México con la intención de pasar a Estados Unidos aprovechando un "permiso temporal humanitario" de entrada.
1 de abril, 2022
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“Cuando Putin amenazó con usar armas nucleares, mis padres me dijeron: ‘¡Huye lo más lejos que puedas!”.

A Nataliya*, de 30 años, lo más alejado posible de su ciudad en Ucrania, Mykoláiv, le pareció entonces México.

Tenía amigos en el país y no exige visa de entrada a los ucranianos, solo una autorización que se puede solicitar online y que permite permanecer hasta 180 días en el territorio sin realizar actividades remuneradas.

Así que pensó que era la mejor opción para vivir segura, lejos de los ataques rusos, y seguir trabajando en lo suyo, como informática, de forma remota.

El 6 de marzo salió de Mykoláiv, a 65 kilómetros del mar Muerto, una urbe en la que los soldados ucranianos se mantienen firmes y están forzando a las tropas rusas a desplazarse hacia el este.

Hizo una parada inicial en la capital Kiev, siguió a Jmelnitski, en la región occidental, y de allí a Chernivtsí, en el sureste.

Cruzó la frontera hacia Rumanía y el 10 de marzo, en Bucarest, tomó un vuelo a Ciudad de México.

Tras dos semanas de vivir en Monterrey, la ciudad industrial del norte mexicano, supo que Estados Unidos no estaba expulsando a los ucranianos que ingresaban por tierra sin visa y que les estaba permitiendo permanecer hasta un año en el país.

“No es un estatus migratorio”, aclara Andrey Plaksin, un abogado estadounidense de origen ruso especializado en inmigración, visas y centrado en casos de familias. “Es un permiso temporal humanitario“.

Efectivamente, en un memorándum de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. (CBP, por sus siglas en inglés) fechado el 11 de marzo se habla de “excepción para ciudadanos ucranianos del Título 42”.

Es así como se conoce a una política instaurada por la Administración de Donald Trump (2017-2021) y mantenida por la de Joe Biden y que permite expulsar rápidamente a migrantes por la pandemia de covid-19 sin que puedan solicitar asilo.

“El Departamento de Seguridad Nacional reconoce que la injustificada guerra de agresión de Rusia en Ucrania ha creado una crisis humanitaria”, se lee en el documento.

Ante ello, “la CBP está autorizada, en conformidad con la orden del Título 42, caso por caso y en función de la totalidad de las circunstancias, incluidas las consideradas de interés humanitario, a exceptuar del Título 42 a los ciudadanos ucranianos en los puertos de entrada fronterizos terrestres”.

La excepción no se aplica a los centroamericanos, venezolanos, haitianos y migrantes de otras nacionalidades que tratan de acceder a diario al país por la frontera sur, lo que organizaciones que trabajan con migrantes están denunciando como doble estándar.

El jueves pasado el presidente Biden anunció que Estados Unidos acogerá a 100.000 refugiados ucranianos.

Y la Casa Blanca aclaró que serán recibidos a través de “una gama completa de vías legales”, incluido el programa de admisión de refugiados, que puede conllevar el otorgamiento de una residencia permanente, y que otros recibirán el “permiso humanitario”.

Hasta 800 al día

A uno de esos pasos fronterizos que menciona el memorándum acudió Natalyia el pasado viernes, a la garita de San Ysidro.

Situado entre Tijuana, en el estado mexicano de Baja California, y el condado de San Diego, en EE.UU., es el cruce fronterizo más transitado del mundo. Lo atraviesan al año unos 6 millones a pie y 13 millones con vehículo.

Coches en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La garita de San Ysidro es el paso fronterizo más transitado del mundo.

La encontramos allí, del lado mexicano, poco antes de las 10 de la mañana, con una maleta y su gato metido en una caja rosada. Una vez en EE.UU., su plan era dirigirse a Sacramento, en California, donde dijo tiene familia.

Con ella, junto a la puerta giratoria custodiada por agentes de la CBP, al costado de una cola que crecía por momentos, había una treintena de ucranianos.

Eran madres con niños, parejas, padres solos, familias enteras que huyeron tras la invasión o a quienes lo que el presidente Vladimir Putin llama “operación militar especial” los agarró en el extranjero y decidieron no regresar hasta que acabe.

“Es así todos los días”, le contó a BBC Mundo el abogado Alex Tovarian, de origen ruso y que ejerce en San Francisco. “Un grupo grande acaba de pasar, de familias con hasta cinco niños”.

Él y otros voluntarios que hablan ruso o ucraniano les asisten, explicándoles en qué consiste la medida que adoptó EE.UU. y qué documentación deben presentar cuando los retienen para interrogarles durante hasta dos horas.

Otros les ofrecen mandarinas, agua y barritas de cereal.

Son hasta 800 al día, apuntó Tovarian.

Fila en la garita de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los ucranianos esperan a un costado de la fila para cruzar el paso fronterizo de San Ysidro.

De octubre de 2021 a febrero, la CBP interceptó a poco más de 1.300 ucranianos a lo largo de la frontera entre México y EE.UU., de acuerdo a los datos públicos de la agencia. Pero la información no está actualizada en su página web con los números de este mes.

BBC Mundo solicitó a la CBP la cifra de los ucranianos a los que se les garantizó el “permiso temporal humanitario de ingreso” —un sello que dice parole en su pasaporte—, pero al momento de publicar esta nota sigue sin respuesta.

Sello del "permiso temporal humanitario" de estancia en EE.UU. para ciudadanos Ucranianos.

BBC Mundo
El sello que garantiza a los ucranianos permanecer durante un año en Estados Unidos.

“Suelen llegar por su cuenta, en vuelos a Cancún o Ciudad de México”, le confirmó a BBC Mundo el cónsul honorario de Ucrania en Baja California, Pedro Ramírez Campuzano.

“No suelen acudir a nosotros, no se registran en el Consulado y no tenemos cómo saber cuántos están llegando”.

“No quería que mi hija oyera las bombas”

Del radar del Consulado escaparon, por ejemplo, una mujer de 31 años, delgada y rubia, que nos encontramos en el cruce de San Ysidro y no dejaba de acariciar la cabeza de su hija de 9.

Hablaba algo de inglés y, mientras apretaba a la menor contra ella y sin despegarse del abogado Plaksin, contó escuetamente su odisea.

“Somos de Donetsk”.

La ciudad pertenece a la región del Donbás y fue, como la vecina Lugansk, tomada por separatistas prorrusos en 2014 y el pasado 22 de febrero Putin reconoció a ambos como estados independientes de Ucrania.

“Salimos cuando se anunció la invasión y cruzamos cinco países antes de llegar aquí”.

Así lo hizo también la familia formada por Federik, un joven rubio que en Ucrania tenía una empresa que minaba bitcoins, su esposa, la pelirroja Viktoriia, y la hija de 4 años de ambos, Monika.

“Encendí el celular y me entraron de golpe decenas de mensajes de amigos diciéndome que había empezado la guerra. Empacamos nuestras cosas en 20 minutos y nos fuimos“, recordó Federik. “No quería que mi hija oyera las bombas”.

Federik, Viktoriia y su hija Monika en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Federik, Viktoriia y su hija Monika viajaron durante seis días en coche de su ciudad en Ucrania hasta Estambul.

Se metieron cinco personas en un auto y condujeron durante seis días desde Vyshneve, a dos kilómetros al sur de Kiev, hasta Estambul, donde vive la hermana mayor de Viktoriia. “Tratamos de hacer una media de 500 km al día”.

Desde la capital de Turquía volaron a Cancún, en el Caribe mexicano, y luego a Tijuana.

“Llegamos anoche, en el vuelo de las 11 de la noche. Dormimos, desayunamos y nos vinimos a hacer fila”.

Se sienten privilegiados. “Son muchos los que se quedaron en Ucrania. Algunos de nuestros amigos, luchando. Hay mucha destrucción, ciudades enteras”.

Viktoriia, quien apenas habla inglés, asentía, mientras Monika se agarraba a sus piernas.

“¿Y a su hija le hablan de la invasión?”, les preguntamos.

“Sí, le contamos la verdad”.

“¿Y ella qué dice?”.

Pregunta sobre su guardería: “¿Van a destruirla?”. Dice que echa de menos a los abuelos y cuando vemos imágenes de la guerra en la televisión quiere saber si es en nuestra ciudad. Le decimos que sí”.

Estamos en ‘shock’

Contando eso estaba Federik cuando se unieron a la espera dos mujeres con tres menores, de 9, 11 y 12 años, uno de ellos con parálisis cerebral, postrado en un coche para niños.

Cargaban bolsas, algo de comida, uno de los niños lleva un oso de peluche bajo el brazo.

Oso de peluche en el paso fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Las familias cargan con bolsas con comida, maletas, juguetes de niños.

Ukraine“, nos dijo una de las dos mujeres, que prefirió reservarse el nombre, nada más nos dirigimos a ella.

Con la ayuda de una voluntaria que se ofreció a hacer de traductora, supimos que salieron de Odesa, la tercera ciudad de Ucrania y el puerto marítimo más importante del país, al segundo día de la invasión, el 25 de febrero.

Se dirigieron a Moldavia y de allí a Rumanía. Viajaron en autobuses y trenes, con los niños, el coche, las bolsas.

Tras su paso por México, el objetivo es llegar a Nueva York, donde una de ellas tiene familia.

“¿Creen que los rusos atacarán Odesa?”, les preguntamos.

“Sí”, respondieron sin dudar, aunque estos días su ciudad trata de recuperar la cotidianeidad, en parte como desafío a las tropas rusas, en parte por necesidad.

Dijeron estar “en shock, sin poder creer lo que está pasando. “No entendemos nada. Ambos países somos hermanos, una familia“.

“Somos dos países iguales”, concordó Federik, atento a la conversación. “Escuchamos la misma música, vemos los mismos programas en la tele, compartimos problemas, la corrupción. Nos entendemos”.

3 días en un búnker, 16 personas en total

Recién casados en el cruce fronterizo de Tijuana-San Ysidro, entre México y Estados Unidos, el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Los recién casados Artem y Kate, de 23 años, estaban de luna de miel en Madrid cuando supieron que Rusia invadió su país.

Artem y Kate, de 23 años, hacían fila con las mascarillas puestas. Desarrollador inmobiliario él, cuidadora de niños ella, también son de Odesa.

Pero a ellos la invasión los agarró fuera del país: en Madrid, de luna de miel. Y optaron por no volver.

También a Alex, un hombre de mediana edad con los ojos claros y el pelo muy corto. Él estaba trabajando en Pensilvania, EE.UU.

Su esposa y sus dos hijos, de 9 y 15 años —que ahora hacían cola junto él—, estaban en ese entonces en Glevakha, a 15 kilómetros de la base aérea de Vasilkov que Rusia atacó con misiles.

Y se decidió a sacarlos de allí.

“Salieron el 26 de febrero y pasaron una semana en distintos lugares de Ucrania. Permanecieron tres días en un búnker, un garaje, 16 personas en total“.

Luego cruzaron la frontera hacia Rumanía. Allí les esperaba Alex.

Ya reunida, la familia viajó a Polonia.

Alquilaron un apartamento en Gdansk por unos días que pagaron “a un precio como de Nueva York”, y cuando supo de la excepción al Título 42, vio que la solución pasaba por viajar a México.

“Yo tengo pasaporte estadounidense, pero ellos no. Como no estamos casados, hasta ahora no podía traerlos, pero con el permiso humanitario se nos abrió una oportunidad”.

Viacheslav en el cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
Viacheslav viaja solo. Su mujer y su hija de 2 años se quedaron en Haití, con la familia materna.

A eso aspira también Viacheslav.

Casado con una haitiana a la que conoció en su ciudad Kropyvnitskyy, a donde ella había llegado a estudiar medicina, la guerra los agarró de viaje.

Tras dos años de pandemia sin poder salir del país, habían ido a visitar a la familia de su esposa a Haití y a presentarle a la hija que tuvieron en Ucrania. De allí, fueron a las islas Turcas y Caicos, y fue donde los agarró la invasión.

Decididos a no regresar a su país, él tomó rumbo a México, para aprovechar la coyuntura y probar a establecerse en EE.UU.

Su esposa y la niña se quedaron en Haití, ya que México exige visa de entrada a los haitianos.

Fue la última historia que escuchamos del lado mexicano de la frontera.

Nos avisaron que pronto iban a dejar pasar a otro grupo de ucranianos, así que nosotras también nos dispusimos a hacer fila.

Tres banderas

Era larga pero iba rápido. En menos de media hora cruzamos la puerta giratoria, mostramos la visa y el pasaporte a los agentes migratorios y nos vimos fuera del edificio del CBP, observando la bandera de EE.UU., la de California y la de McDonald’s ondear una al lado de la otra.

La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald's junto al cruce fronterizo de San Ysidro el 25 de marzo de 2022.

BBC Mundo
La bandera estadounidense ondea junto a la de California y la de McDonald’s.

Al poco rato cruzó Alex, con dos maletas, pero sin familia.

Su esposa y sus dos hijos tardarían dos horas en salir por la puerta, con sendos sellos que les permiten quedarse hasta un año en territorio estadounidense.

Junto a ellos salieron también la madre e hija de Donetsk, acompañadas siempre del abogado, y las dos mujeres con tres niños originarios de Odesa.

Natalie Moores, una abogada estadounidense de origen ucraniano esperaba allí para echarles una mano y ponerlos en contacto con la Jewish Family Service de San Diego, una de las organizaciones que asisten con el alojamiento y el transporte.

“Empecé a hacerlo el 7 de marzo, de forma voluntaria, y desde entonces vengo todos los días, como si fuera un trabajo”, le contó a BBC Mundo.

“Veía imágenes de la guerra en la televisión y pensé que, como hablo ucraniano, ruso e inglés, les podía ayudar. Ahora a veces les acompaño en el cruce, otras les espero de este lado”.

Viacheslav también logró cruzar. Lo encontramos sentado, con frío, comiéndose un sándwich.

“Quiero quedarme y tratar de traerlas. Buscar trabajo”. Lo intentará en Miami, donde vive una tía de su mujer.

Posó para la foto bajo la bandera estadounidense, sosteniendo su pasaporte ucraniano.

Nos preguntó si los tranvías iban hacia San Diego y se marchó.


*Texto y fotos: Leyre Ventas. Con el reporteo de Liliet Heredero.

*Nombre ficticio.


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