El Estado no busca a Cosme, ni a miles de niños, niñas y adolescentes desaparecidos en México

A sus 16 años, Cosme desapareció un día de 2011 cuando iba del trabajo a su casa. Nunca llegó. Su mamá es la única que lo busca, igual que sucede con más de 5 mil menores que han desaparecido durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, denuncian organizaciones.

El Estado no busca a Cosme, ni a miles de niños, niñas y adolescentes desaparecidos en México
Familiares de niños desaparecidos y miembros de la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos, se manifestaron frente al Ángel de la Independencia con el fin de sensibilizar a los ciudadanos sobre las desapariciones y pedir ayuda a las autoridades para localizarlos. Andrea Murcia / Cuartoscuro.com

La hermana de Cosme tenía ocho años cuando el adolescente desapareció. Era 5 de mayo de 2011, en Torreón, Coahuila. Desde entonces, la menor vive con miedo de salir sola a la calle y que le pase lo mismo que a su hermano y  ha tenido que enfrentar también la ausencia, a veces física y otras emocional, de Marcela Balderas, su madre, quien primero cayó en una depresión profunda por la desaparición de su hijo mayor y luego perdió su trabajo, a su pareja y el apoyo de familia y amigos, ante lo que para todos parece una necedad: seguir buscando a Cosme. Solo sus otros dos hijos la siguen apoyando en eso.

Cosme desapareció en la ruta del trabajo a su casa. Tenía 16 años. Trabajaba como “cerillito” por las tardes en un supermercado. En la mañana iba a la escuela, quería ser ingeniero en máquinas y herramientas. Su plan se truncó, lo truncaron. Aquel 5 de mayo por la noche, su madre recibió el habitual mensaje en el que el adolescente le avisaba que pronto llegaría a casa. Pero no llegó. Sus compañeros de trabajo lo vieron salir del supermercado. Sin embargo, entre las 7 y las 9 de la noche, el rastro de Cosme se perdió.

En entrevista con Animal Político, Marcela dice que no tiene una sola pista para explicar la desaparición de su hijo. El adolescente no tenía motivos para escapar de su casa, como aseguraron las autoridades al principio. “Era un niño con mamitis. Ya en prepa, todavía era capaz de cruzar el patio y volver a la puerta conmigo si se le había olvidado darme un beso de despedida. No, Cosme no se fue por su voluntad”.

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La mujer, madre también de una menor de entonces ocho años y otro adolescente de 13, cayó en una depresión profunda por la ausencia de su hijo. “Estuve en el hospital. Ya no quería nada. Me pasaba los días inconsciente, como dormida. Mi mamá me cuenta que los doctores le decían que no podían hacer nada para ayudarme porque yo ya no tenía voluntad. Entonces, en medio de esa inconsciencia, soñé a Cosme que me agarraba la mano y me decía “mamá, los mocosos”. Siempre se refería así a sus hermanos. Eso me sacó, a tiempo para salvar a mi hija pequeña”.

Marcela, madre de Cosme asegura que el menor no tenía motivos para dejar su hogar.

Marcela cuenta que cuando salió del hospital y llegó a su casa, la menor llevaba 10 días sin comer. Nadie podía hacerla ingerir bocado. Se la pasaba acostada, llorando. Su madre la sacó de la cama donde estaba y corrió con ella al hospital. “Si no la hubieras traído pronto, la hubieras perdido también”, le dijeron los médicos. La niña se salvó. Hoy tiene 15 años y vive con miedo de salir a la calle, pero también de perder a su madre en el afán de encontrar a su hermano, a quien el Estado no busca.

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Así como tampoco busca a miles de niños, niñas y adolescentes en México. Diversas organizaciones de derechos humanos señalan que este sexenio  ha sido el más alto en el número de casos que involucran a personas de menos de 18 años. De 2006 y hasta marzo de 2017, oficialmente, se reportaban 3 mil 217 niñas y 2 mil 235 niños de entre 0 y 17 años como desaparecidos. De ese total, cerca de 70% (3, 816) fueron vistos por última vez durante el periodo de gobierno de Enrique Peña Nieto. Los factores que han permitido esa incidencia son, dicen los activistas: el contexto de delincuencia e inseguridad, pero también la corrupción y la impunidad que impera en el país.

“Nosotros conocimos el caso de una persona que desapareció cuando tenía 17 años. Lo secuestraron al salir de su trabajo, en Jalapa, Veracruz, y la familia lo terminó encontrando, ya mayor de edad, en el Penal Federal de Puente Grande, en Jalisco”, cuenta en entrevista Michael Chamberlain, del Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios.

Ha recibido el apoyo de organizaciones.

Y es que a él lo estaban utilizando como carne de cañón para trasladar a salvo a jefes de los carteles de la droga, explica. “Lo llevaban de una casa de seguridad a otra, en grupos grandes de personas y convoyes de varias camionetas”.

Los trasladaban por terracerías. Llegaban en la noche a una casa de seguridad y al otro día volvían a salir, pero eran personas distintas quienes los llevaban. Hasta que un día, en Zacatecas se toparon con un retén, al parecer del ejército. Los secuestradores huyeron. A muchos de los secuestrados los mataron en la confusión y el muchacho se quedó escondido, debajo de un arbusto. Así acabó en Puente Grande.

Hay muchos contextos y razones por las que desaparecen los niños, niñas y adolescentes en México, agrega Chamberlain. “La trata de personas, en el caso de las niñas y adolescentes, es un problema grave en el país; también hay casos en los que ellos no son el blanco directo del ataque sino el adulto o los adultos con los que van, pero también ellos acaban desaparecidos, o también desaparecen muchos menores que viajan solos en el país”.

En el caso de Cosme, dos meses después de su desaparición hubo movimiento en su cuenta de Facebook. Su portada cambió. Ahora se veía una calavera disparándole a otra. “Pedimos investigar quién había cambiado la portada, que se determinara desde qué dirección IP se hizo el cambio, que se solicitara información a Facebook, pero la Procuraduría o no sabe o no puede o no quiere hacerlo”, dice Chamberlain, quien acompaña a la familia en el proceso de búsqueda.

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Tampoco hubo una búsqueda en campo durante las primeras horas. “A Marcela, como a muchas otras madres, le dijeron: vengan después de tres días, seguramente llegará. Luego le dijeron que seguramente se había ido de su casa por problemas familiares. Después que había en la morgue un cuerpo que correspondía a las características de Cosme, pero cuando llegó al Servicio Médico Forense, le dijeron que no, que no había cuerpo, y “ella se quedó con la angustia de pensar si sí era”.

El activista subraya que las investigaciones no se hacen bien y no se hacen a fondo. “No hay una investigación, por ejemplo, de cuántas desapariciones como la de Cosme hubo en 2011, en Torreón, ni si otros casos pueden aportar información a éste. Ese cruce de información no se hace. Todas las investigaciones se llevan como si fueran únicas, sin buscar patrones, sin seguir contexto por regiones, ni por periodo, ni por actividad de grupo delictivo”.

No hay en el país en general, acusan activistas, claridad sobre la cifra total de personas desaparecidas. Existen deficiencias en la aplicación de programas de búsqueda como Alerta Amber y Protocolo Alba, que rara vez se aplican y cuando se activan, el procedimiento es demasiado lento y burocrático.

Es por eso que organizaciones ligadas a la defensa de los derechos humanos en general, y de niñas, niños y adolescentes (como la Red por los Derechos de la Infancia en México, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo y el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, entre otras) han formulado recomendaciones concretas para atender los casos de desaparición de menores.

Entre ellas se encuentra la efectiva implementación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Personas, Desaparición cometida por Particulares y del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas; fortalecer y garantizar el papel fundamental de la Procuraduría Federal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes; tener claridad en la cifra total de personas desaparecidas y fortalecer los mecanismos de alerta temprana y búsqueda urgente.

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Hace falta también instaurar mecanismos para apoyar a las familias de los desaparecidos. Marcela, por ejemplo, supo lo que es la falta de políticas públicas en esto. A ella la despidieron de su trabajo en Soriana por las ausencias para buscar a su hijo. La familia no tuvo respaldo psicológico. El esposo de Marcela se terminó separando de ella y decidió no volver a preguntar por Cosme, cansado de buscarlo, se rindió.

Marcela y sus dos hijos se quedaron solos, la familia, los amigos y el Estado los dejaron por su cuenta buscando a Cosme, pero en el camino Marcela encontró otro trabajo, cuidando a una persona enferma de cáncer, que justo fue profesora de su hijo ausente y encontró también, en el colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos (FUUNDEC), a otras madres, hermanas y esposas que buscan a sus familiares. Con ellas sigue andando el camino.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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