Acusan a pareja de California de someter a sus 10 hijos a ahogamientos simulados y otros abusos
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DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE FAIRFIELD

Acusan a pareja de California de someter a sus 10 hijos a ahogamientos simulados y otros abusos

Este caso recuerda el siniestro hallazgo a finales de enero del matrimonio Turpin que mantenía a sus 13 hijos encadenados en casa.
DEPARTAMENTO DE POLICÍA DE FAIRFIELD
17 de mayo, 2018
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Otro caso de tortura, hacinamiento y abandono infantil ha hecho saltar las alarmas en Estados Unidos.

Los vecinos de Fairfield, una localidad aparentemente tranquila del norte de California, no salen de su asombro tras conocer que en uno de sus bonitos barrios había 10 menores que vivían en “condiciones horribles” de miseria.

Este miércoles, la fiscalía de distrito del condado de Solano, al que pertenece Fairfield, acusó formalmente a Jonathan Allen e Ina Rogers, de 29 y 30 años de edad respectivamente, de múltiples delitos de tortura y abuso infantil.

La pareja niega las acusaciones, pero el relato de la policía, que habla de pinchazos, quemaduras y moratones, entre otras cosas, es estremecedor.

Llamada de emergencia

El pasado 31 de marzo, Ina Rogers llamó a la policía para decir que su hijo de 12 años había desaparecido.

Los agentes lo encontraron poco después, durmiendo bajo un arbusto en un parque cercano.

Hasta ahí, la historia parecía encaminada a tener un final feliz.

Sin embargo, cuando la policía llevó al joven a casa, se encontró con un escenario desolador: había basura, comida podrida y excrementos humanos y de animales por todas partes.

Los agentes registraron la casa y hallaron otros nueve menores con edades comprendidas entre los 4 meses y los 11 años.

Rogers fue detenida, pero salió de prisión pocos días después tras pagar una fianza de US$10.000.

Investigación policial

Desde aquel primer descubrimiento hasta la imputación de cargos de esta semana, las autoridades se han dedicado a investigar el caso para intentar comprender lo que ocurría en la casa.

“Con la colaboración de los servicios de menores y de la fiscalía, los detectives de la unidad de violencia familiar de la policía iniciaron una investigación que reveló una larga y continua historia de abuso severo físico y emocional sobre los menores“, escribe el Departamento de Policía en un comunicado.

Como resultado de la investigación, la policía emitió una orden de arresto para Jonathan Allen, el padre de las criaturas, quien fue detenido el pasado viernes 11 de mayo.

Allen fue imputado con nueve cargos de tortura y seis de abuso infantil y quedó detenido bajo fianza de US$5,2 millones.

Por su parte, la fiscalía modificó la acusación contra la mujer, que estaba en libertad condicional, para añadir nueve cargos de abuso infantil.

Rogers compareció este miércoles ante el tribunal y quedó detenida bajo fianza de US$495.000.

Detalles de los abusos

Tras un breve paso por el departamento de bienestar infantil, los niños fueron trasladados a casas de familiares.

En entrevistas con los investigadores, los niños describieron situaciones de abuso extremo, según explicó ante la prensa el teniente del departamento de policía Greg Hurlbut.

“Encontramos heridas por pinchazos, quemaduras, moratones y lesiones consistentes con disparos hechos con pistolas de perdigones“, enumeró Hurlbut.

Para la fiscal de distrito Sharon Henry, “los niños fueron torturados por razones sádicas”.

Allen concedió una breve entrevista a una televisión local y negó tajantemente todas las acusaciones.

“Nunca he pegado a mis hijos, llevo una vida espiritual, pero no hago ofrendas ni actos satánicos, como se ha dicho”, le dijo Allen a la cadena KCRA.

Matrimonio Turpin

Reuters
El matrimonio Turpin está a la espera de juicio después de que las autoridades descubrieran que mantenían cautivos a sus 13 hijos.

Triste asociación

Este caso recuerda el siniestro hallazgo a finales de enero del matrimonio Turpin que mantenía a sus 13 hijos encadenados en casa, señala la corresponsal de BBC Mundo en la Costa Oeste, Beatriz Díez.

“Si bien hay diferencias en los detalles de cada caso”, dice Díez, “tanto los Turpin como Allen y Rogers mantuvieron a sus hijos aislados del exterior, los educaron en casa y, según los indicios, los sometieron a distintas situaciones de abuso sin que nadie diera la voz de alarma”.


 

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Cuartoscuro

Así es ser enfermera en un área de urgencias en tiempos de COVID-19

Aunque hay hospitales designados para atender COVID-19, los pacientes van al que les toca o les queda más cerca, donde el personal con menos equipo y poca instrucción oficial debe atenderlos.
Cuartoscuro
1 de abril, 2020
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Alrededor de las 10 de la noche del lunes 23 de marzo, llegó el primer paciente sospechoso de tener COVID-19 al Hospital General de Zona #47 del IMSS, en la Ciudad de México, donde Aurelia trabaja como enfermera. 

Aunque este no es un hospital de referencia para atender a esos pacientes, tienen la obligación de estabilizarlos para después solicitar el traslado a los que sí están designados para eso.

Podría pensarse que por no estar en un hospital de referencia, Aurelia y sus compañeros de trabajo no está en riesgo y no necesitan material especial ni capacitación, pero no es así.

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“Los pacientes empiezan con síntomas y vienen, tenemos la obligación de recibirlos. Yo, por ejemplo, soy una de las enfermeras que atendió al primer caso sospechoso que llegó aquí el lunes como a las 10 de la noche y que después supimos que salió positivo para COVID-19”, dice Aurelia, a quien llamaremos así para proteger su identidad. 

Ella y el resto del personal creen que atendieron a este paciente y a otros cuatro
más sospechosos de COVID sin ponerse en riesgo ni a nadie más en el hospital.

Pero si eso es verdad, dice la enfermera, “no será porque alguien nos haya capacitado o nos haya venido a decir cuál era el protocolo de atención, sino porque actuamos bajo nuestra lógica y de acuerdo a lo que sabemos después de haber enfrentado la epidemia de influenza, cuando, por cierto, tampoco nos dieron capacitación”. 

El IMSS informó que, hasta este martes 31 de marzo, tiene el registro de 39 trabajadores de Salud del Instituto que han dado positivo en las pruebas de COVID-19, y  tres de ellos murieron.

21 de los 39 casos son de trabajadores de una clínica en Monclova, Coahuila, donde se registró un brote. Uno de los médicos de esa unidad murió este martes. 

Basados en eso, en su lógica y sus conocimientos, el personal ya había estipulado que cuando ese tipo de pacientes llegaran al triage de urgencias generales se les enviaría a urgencias respiratorias. 

Ahí se les valoraría y se les tomaría la muestra para la prueba de COVID-19, que deben mandar al laboratorio central en el Hospital MacGregor del IMSS, donde se procesa y se emiten los resultados. 

Para atender al paciente, Aurelia se puso el equipo especial, escaso y reservado para los que estén en contacto con los casos sospechosos de COVID-19. “Me coloqué la mascarilla N95, los googles, y un uniforme quirúrgico, encima del mío que siempre uso”.

Al paciente se le colocó una N95 desde que lo identificaron como caso sospechoso en el área general de urgencias. A pesar de que ingresó al hospital alrededor de las 10 de la noche fue hasta las 3 de la mañana cuando el personal pudo dejarlo en un cuarto aislado. Fue necesario pasar antes por urgencias respiratorias, la valoración médica y la toma de muestra, tiempo que el personal aprovechó para terminar de acondicionar el lugar. 

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Después de ese primer paciente llegaron otros dos casos sospechosos. Para antes de la media noche ya había tres. Solo que a uno, una mujer, lo regresaron a su domicilio con indicaciones de aislamiento, por llevar sintomatología leve. 

El tercero entró como caso sospechoso de influenza y se le trasladó a un cuarto aislado en el área de observación general en urgencias.

Fue hasta el martes, cuando ya habían atendido a tres pacientes sospechosos, y solo porque un grupo de alrededor de 40 trabajadores cerraron periférico oriente, que un representante de la delegación a nivel central del IMSS llegó a dialogar con los empleados que reclaman material de protección, capacitación y protocolos para enfrentarse al nuevo virus que tiene al mundo en alerta. 

En ese reunión, los trabajadores externaron todas sus inconformidades, como Animal Político pudo verificar gracias a un video proporcionado por los mismos empleados. 

El grupo de inconformes señaló, uno a uno las deficiencias, que el aislado estaba junto al área de urgencias de pediatría, lo que les parecía incorrecto; que pese a ser prioritaria la higiene para tratar a un paciente de ese tipo el lavado del área no servía; que no había una zona adecuada para cambiarse y dejar el uniforme especial para atenderlo; que los googles tenían orificios por donde podría entrar el virus hacia los ojos. 

“Se supone que debe haber un área habilitada para quitarte ese uniforme, afuera de donde está el paciente debe haber una zona con lo que se llama área limpia y área sucia, divididas por una línea. Por ejemplo, para quitarte una bota tienes que sentarte, retirarla y pasar el pie al área limpia, después quitarte la otra, dejarla en lo sucio y quedarte en lo limpio, yo me quité todo en una sola área y eché todo en una bolsa negra que se llevó higiene y limpieza, por ese tipo de cosas fue la protesta”, dice Aurelia. 

Las autoridades se retiraron de la reunión dejando la promesa de que todo iba mejorar, que habría material suficiente, capacitación y áreas adecuadas. 

Tanto el director del IMSS, Zoé Robledo, como Víctor Hugo Borja, director de Prestaciones Médicas, reconocieron públicamente que los empleados del Hospital Regional # 42, y de otros más de 10 donde también hubo protestas, tenían razón en quejarse y prometieron que habría material, capacitación y protocolos.

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Los cambios

A las 6 de la tarde del martes, se llevaron al paciente que estaba en él área de aislado a La Raza. Salió en una cápsula, de las que se están usando para trasladar a los casos COVID.

Al otro aislado se lo llevaron al MacGregor. “En los resultados de las muestras que se mandaron a analizar, ambos dieron positivo para COVID, como después se le informó a la directora de nuestro hospital”, afirma Aurelia. 

Para el miércoles llegaron los googles sin orificios, pero no han resultado funcionales. “Se nos empañan y tenemos que estar viendo cómo los limpiamos, lo que nos genera un problema adicional”, dice la enfermera. 

El jueves lo que llegó al hospital fueron otros dos casos sospechosos de COVID-19. Se decidió que no podían estar aislados junto al área de urgencias pediátricas, así que se trasladó a los niños a otra área y se dejó ahí a esos dos pacientes. 

Frente al arribo de esos casos sospechosos, el personal ya ha empezado a organizar sus propias estrategias. “Como los googles que nos mandaron, sin orificios, no son funcionales, estamos pensando usar los anteriores y hacernos caretas con acetatos y velcro, ya lo hemos hablado entre enfermeras, y vamos a ver cómo las hacemos”. 

Hay médicos, cuenta Aurelia, que se están comprando el overol blanco (traje de aislamiento), el que parece de astronauta, “porque los uniformes que tenemos no nos cubren todo y no son desechables, estamos considerando comprarlos nosotros también, cuestan alrededor de 700 pesos, pero es la salud de nuestras familias lo que nos jugamos”. 

Y por eso, por la salud de su familia, de su hija pequeña, es que Aurelia se ha autoimpuesto, porque de capacitación no le han dado nada, un ritual para llegar a casa después del trabajo. 

“En el hospital me cambio, dejó el informe quirúrgico que traigo encima en una bolsa, con una etiqueta que la identifica como contaminada. Me quito mi uniforme, lo meto en otra bolsa, le echo desinfectante, y me lo llevo yo para lavar. En la entrada de casa tengo gel alcohol, toallitas con cloralex y otro par de zapatos, me los cambio, desinfecto todo y hasta entonces entro”.

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