Maternidad en las calles: mujeres luchan para evitar que las autoridades les quiten a sus hijos
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Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)

Maternidad en las calles: mujeres luchan para evitar que las autoridades les quiten a sus hijos

El gobierno de la CDMX separa a madres e hijos que viven en situación de calle utilizando criterios subjetivos, aseguran activistas; las autoridades señalan que es por el bien del menor.
Jesús Santamaría (@RE_Ilustrador)
Por Erendira Aquino
18 de junio, 2018
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Nota del editor: Este texto – publicado el 31 de julio de 2017 – ganó el primer lugar en la categoría de Reportaje Escrito del concurso “Género y Justicia” 2017, convocado por Suprema Corte de Justicia de la Nación; Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos; ONU Mujeres; Periodistas de a Pie, A.C.; Mujeres en el Cine y la Televisión, A.C.

Vivir en la calle fue el motivo para que Rocío, Dolores, María y Ana** fueran separadas de sus hijos. Las autoridades de la Ciudad de México determinaron que eran incapaces de cuidarlos y se los quitaron, en algunos casos, tan pronto como dieron a luz.

Esto, en vez de adoptar las medidas especiales de protección, determinadas para apoyarlas a ellas y sus hijos, como familia, para superar su situación, tal como el derecho internacional indica que debe realizarse en este tipo de casos.

De acuerdo con el gobierno de la Ciudad de México, antes de separar a un hijo de su madre (cuando ésta dijo vivir en la calle) se hace una “investigación exhaustiva” para ver si cuentan con redes de apoyo adecuadas que den seguridad al bebé, explicó el doctor Édgar Vinicio Mondragón, director general de Servicios Médicos y Urgencias de la Secretaría de Salud local.

Sin embargo, Animal Político, documentó cuatro casos en los que las autoridades incumplieron con dicha investigación exhaustiva y violaron los derechos humanos de las mujeres en situación de calle.

Separados al nacer

Una de las formas en las que las mujeres que viven en situación de calle son separadas de sus hijos, sucede cuando éstas acuden a parir en hospitales públicos.

Rocío vivía en la calle con su pareja, Carlos, cuando se embarazó. El 2 de febrero de 2013 acudieron al Hospital Balbuena, de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, para atender su parto.

Esa fue la única vez que pudo ver a su hija pues las autoridades capitalinas se la quitaron luego de que nació accidentalmente en un sanitario del hospital.

La directora del Hospital Balbuena denunció a Rocío y a su marido ante el Ministerio Público por “lesiones culposas” y “violencia familiar” contra su hija, ya que había nacido con desnutrición, y porque consideró que la bebé fue “potencialmente infectada al permitir su madre que cayera, durante el proceso de parto o nacimiento, en un inodoro”, aún cuando esto fue un accidente.

Vivir en la calle y haber sido consumidores de drogas fueron las condiciones por las que las autoridades decidieron quitarles definitivamente la custodia de la bebé, quien fue trasladada a una casa hogar en un estado al norte del país, por lo que no volvieron a verla.

Durante el proceso legal emprendido para intentar recuperarla, Rocío murió.

Las últimas personas que vieron a Rocío con vida, aseguraron que pasaba por una fuerte depresión. Luego fue encontrado su cadáver en la vía pública, la única certeza es que no se suicidó.

Después, Carlos perdió legalmente la custodia del bebé.

Por una situación similar pasaron María y Joaquín. Ambos viven con una enfermedad infecciosa, por lo que, cuando María se embarazó, acudieron con la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) para que solicitara al Hospital Gregorio Salas, donde atendería su parto, que, siendo del conocimiento de la madre que es común que separen a las mujeres que viven en la calle de sus hijos, se abstuvieran de hacerlo.

La CDHDF aceptó emitir esa solicitud al hospital. Pero fue ignorada.

A pesar de que una hermana de María (con vivienda e ingresos estables) solicitó la custodia del bebé, las autoridades rechazaron la petición y pusieron al menor bajo el cuidado de una casa hogar, donde permanece hasta el día de hoy.

Ahora, solo pueden visitar a su hijo una vez por semana, en la casa hogar en la que se encuentra desde que salió del hospital donde nació.

De enero de 2009 a abril de 2017, la CDHDF recibió 322 quejas por presuntas violaciones de derechos humanos contra de poblaciones callejeras o de personas en riesgo de vivir en la calle, según información proporcionada por el organismo a Animal Político mediante una solicitud de Transparencia.

De ellas, 51 denuncias fueron por la presunta vulneración de derechos de la niñez. En 14 de esos casos, la queja contra las autoridades se presentó por la separación de padres e hijos “sin causa o justificación legal” o por “separación injustificada”.

A criterio de las autoridades

En entrevista, Édgar Vinicio Mondragón Armijo, director general de Servicios Médicos y Urgencias de la Secretaría de Salud local, reconoció que las autoridades sanitarias aplican criterios discrecionales al determinar qué casos se deben presentar al Ministerio Público por el parto de una mujer perteneciente a poblaciones callejeras, y cuáles no.

“Nosotros somos los más preocupados por no separar al binomio. Créanos. Los principios y valores que seguimos en la Secretaría (de Salud de la Ciudad de México), y de la propia sociedad, nos conducen a que siempre tratemos de que estén unidos, pero cuando existen riesgos para el bebé, es cuando nosotros nos vemos obligados (a separarlos)”, finalizó Mondragón.

Sin embargo, reconoció que “no hay como tal una ley escrita (para determinar qué casos deben reportarse a las autoridades judiciales), pero son principios de derechos humanos, y este principio es el del interés superior del niño”.

Datos proporcionados a Animal Político por la Secretaría de Salud capitalina indicaron que sólo de junio de 2016 a julio de 2017, la dependencia atendió 16 partos de mujeres que pertenecen a poblaciones callejeras: 11 de los bebés fueron entregados a su madre y en cinco de los casos, los “binomios” fueron separados, pero no se detalló cuál fue el criterio para hacerlo.

La directora ejecutiva de la Procuraduría de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de México (PPDNNA), Mónica Ávila Torres, aseguró que  cada “responsable médico analiza el caso en particular, y de acuerdo a su criterio y al bagaje normativo determina si la madre con el bebé están en una situación de riesgo”.

El marco normativo en que se basan son: la Convención de los Derechos del Niño, la Ley General de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, así como la Ley de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y el Código Civil del DF, señaló Ávila.

Estas situaciones de riesgo, detalló, pueden determinarse “por la condición de salud de la madre o por las condiciones de vida, donde no necesariamente hablamos de la pobreza per sé, sino de cuestiones de salud por adicciones, donde se pone en riesgo al bebé”.

Sin embargo, Luis Enrique Hernández, de la organización civil El Caracol, dedicada a apoyar a poblaciones callejeras, señaló que no es así, pues las autoridades separan a las mujeres y sus hijos basados en el Artículo 492 del Código Civil del DF, que considera a los menores en desamparo “cuando éstos queden privados de la necesaria asistencia material o moral”.

De acuerdo con Hernández, ambos son criterios subjetivos, de percepción, “porque si yo veo que eres pobre, pero no eres mala, te dejo al niño. Pero si veo que eres pobre y tu moral es ‘dudosa’ o ‘cuestionable’, entonces yo decido qué hacer”.

Las autoridades de la Ciudad de México deciden si las familias de poblaciones callejeras permanecen juntas o son separadas con base en “estigmas y elementos que generan discriminación hacia las personas”, como su apariencia, su condición económica o su pasado, detalla Hernández.

Sobre esto, el doctor Mondragón afirmó que ese no es el motivo por el cuál separan a las madres de sus hijos, sino el que habiten en la calle y, en algunas ocasiones, manifiesten ser o haber sido consumidoras de algún tipo de droga. Pero, “si los papás se comprometen y se confirma que sí hay un trabajo adecuado de los mismos, no existe ningún problema”.

Estereotipos y criminalización

No en todos los casos la separación de madres pertenecientes a poblaciones callejeras suceden en el hospital, al momento en el que nacen sus hijos.

En 2015 y 2016, 249 niñas y niños fueron institucionalizados en casas hogar del DIF por encontrarse en situación de calle, en riesgo, abandono o por haber sido víctimas de algún delito, de acuerdo con información de la Procuraduría de Protección de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes local.

Ana fue convencida por personal del Sistema de Desarrollo Integral de la Familia del Distrito Federal (DIF-DF) para que ingresara voluntariamente a sus dos hijas (de 3 años, y de seis meses de edad, respectivamente) en una casa hogar, bajo la promesa de que vivirían en mejores condiciones que con ella, en la calle, y de que podría visitarlas.

Sin embargo, durante los siete meses que estuvieron sus dos hijas en la casa hogar, la mayor de ellas contrajo una enfermedad viral muy contagiosa y los trabajadores no quisieron cuidarla, por lo que Ana tuvo que cuidarla, contagiándose.

Tras recuperarse, Ana visitó a sus hijas en la casa hogar pero no le permitieron verlas. En un segundo intento le dijeron que luego de recuperarse de la enfermedad, su hija se había lastimado la barbilla por una caída, pero le aseguraron que había recibido la atención médica pertinente.

Sin embargo, la caída le provocó una fractura mal atendida que le dejó secuelas de por vida.Ana exigió a las autoridades que le devolvieran a sus hijas y lo logró.

Una denuncia sin pruebas le quitó a Dolores a sus dos hijos. Una una mujer extranjera le propuso que le vendiera a su hija, Dolores la rechazó.

Días después, la mujer la denunció ante las autoridades por “violencia familiar”, y le quitaron a sus hijos, para enviarlos a un albergue del DIF.

Pero Dolores siempre rechazó que maltratara a sus hijos. En la declaración que hizo ante las autoridades subrayó que “al contrario, siempre procuraba que estuvieran sanos y tuvieran todo para cubrir sus necesidades”.

Después de año y medio de no poder ver a sus hijos, Dolores logró recuperarlos. Las autoridades no encontraron pruebas en su contra.

“Cuando se habla de poblaciones que viven y sobreviven en la calle, tanto los estereotipos de género, como la criminalización que se ha hecho de las mujeres que habitan en el espacio público se han convertido en una barrera más para el ejercicio de los derechos”, señala la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

De acuerdo con el organismo, estos obstáculos “materializan la exclusión en atención de mala calidad, tratos contrarios a la dignidad de las mujeres y, en ocasiones, la intervención para la obtención de la custodia de niños y niños”.

Una espera larga para madres y niños

Según la directora ejecutiva de la PPDNNA, el tiempo que los niños deben estar en casas hogar, en procesos de restitución familiar, es de hasta un año, aunque “la realidad rebasa estas circunstancias”, lo que provoca que el tiempo de acogimiento de menores se alargue.

El caso de Dolores es ejemplo de que la espera puede ser larga: antes de recuperar a sus hijos, tuvo que cumplir varios requisitos de las autoridades, como contar con una vivienda fija, tener un empleo, comprobar que los niños cuentan con educación escolar y extra escolar, que se atienden con un médico pediatra al que pueda contactar el DIF, así como la disponibilidad de someterse a más exámenes psicológicos y socioeconómicos.

Actualmente, Dolores y Ana se encuentran en el proceso de “vida independiente”, como llama El Caracol a la nueva etapa de estas mujeres y sus familias.

Por el contrario, María y Joaquín no tuvieron la misma suerte y no han podido recuperar a su bebé (actualmente de un año y ocho meses), pero no han perdido la esperanza, y aunque ya no son pareja, ambos continúan en el proceso legal para su custodia.

“Ya no vivo en la calle, ya no me drogo ni nada de eso, porque quiero estar con el niño. Siempre me dicen que no por alguna razón”, dijo Joaquín con frustración.

Debido a que él y María fueron notificados de haber perdido la custodia de su hijo, vive con temor de que la casa hogar donde se encuentra lo entregue en adopción.

“Lo que más deseo es tenerlo conmigo. Ya no seguir yendo a verlo y luego tener que dejarlo mientras llora, porque él quiere que lo siga cargando. Bueno… en realidad lloramos los dos, porque queremos estar juntos”, dijo Joaquín.

**Los casos que se presentan a continuación se narran de forma general omitiendo datos por seguridad de las víctimas. También se omitieron los nombres verdaderos de las denunciantes.

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COVID-19: qué es el distanciamiento social intermitente y por qué se habla de implementarlo hasta 2022

Con modelos matemáticos y datos de EU, investigadores de Harvard identificaron posibles trayectorias de la pandemia y analizaron varios escenarios.
23 de abril, 2020
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Salir y confinarse… Volver a salir y regresar al aislamiento.

Ese es sólo un escenario hipotético de lo que pudiesen ser los próximos años.

Frente a los grandes desafíos que está planteando la pandemia de coronavirus, expertos de distintas disciplinas evalúan diferentes estrategias para hacerle frente a corto, mediano y largo plazo.

Y es que una de las grandes incógnitas que existen es si el SARS Cov-2 se logrará erradicar como sucedió con la epidemia de SARS de 2002-2003 o si el microorganismo será parte de los tantos virus con los que la población tendrá que lidiar de ahora en adelante.

Dos de los frentes de batalla de la ciencia ante el coronavirus son: hallar los fármacos idóneos para tratar la enfermedad que provoca, covid-19, y la búsqueda de una vacuna.

Mientras eso se consigue, las medidas de distanciamiento social son claves para frenar la propagación del virus y reducir su impacto en los sistemas de salud.

Un modelo teórico de distanciamiento social lo analizó un grupo de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

Los autores exploran en el caso de Estados Unidos, uno de los países más golpeados por el coronavirus, varios escenarios, entre ellos el de establecer periodos de distanciamiento social intermitente que pudieran extenderse hasta 2022.

Vigilancia permanente

Una científica procesa muestras de personas infectadas con coronavirus

Getty Images
Es importante desarrollar terapias efectivas contra el virus señala el estudio publicado en la revista especializada Science.

Stephen M. Kissler, Christine Tedijanto, Edward Goldstein, Yonatan H. Grad y Marc Lipsitch son los autores del estudio que fue publicado en la revista especializada Science.

“Es urgente poder entender el futuro de la transmisión del síndrome respiratorio agudo severo -coronavirus 2 (SARS-CoV-2)”, indican.

Teniendo en cuenta distintos factores (como estación del año, cierta inmunidad) y datos de Estados Unidos, los científicos analizan posibles escenarios de propagación del virus hasta 2025 y hacen varias estimaciones:

“Proyectamos que los brotes recurrentes de SARS-CoV-2 durante el invierno probablemente ocurrirán después de la onda pandémica inicial más grave”, señalan.

Para evitar que una segunda ola o resurgimiento del brote tenga un impacto dramático en los servicios hospitalarios -reflexionan- “el distanciamiento social prolongado o intermitente podría ser necesario” hasta 2022.

Un cartel en el piso lee: "Párate aquí"

Getty Images
Las medidas de confinamiento podrían mantenerse hasta 2024

El robustecimiento de los sistemas de atención médica así como también el desarrollo de terapias efectivas contra el virus, “mejorarían el éxito del distanciamiento intermitente y acelerarían la adquisición de la inmunidad colectiva”.

Así mismo, los autores plantean la necesidad de realizar “”con urgencia estudios serológicos longitudinales para determinar el alcance y la duración de la inmunidad al SARS-CoV-2″.

“Incluso en el caso de una eliminación aparente, la vigilancia del SARS-CoV-2 debe mantenerse ya que un resurgimiento del contagio podría ser posible hasta 2024”.

¿En qué consiste?

Uno de los planteamientos claves de los autores es qué pasará cuando las cuarentenas o medidas de distanciamiento social se empiecen a levantar.

Un edificio de apartamentos con personas en cuarentena asomadas al balcón

Getty Images
¿Qué pasará cuando las cuarentenas o medidas de distanciamiento social se empiecen a levantar?

“Cuando el distanciamiento social se relaje y al aumentar la transmisibilidad del virus en otoño, puede producirse un intenso brote invernal, que se superponga a la temporada de gripe y supere la capacidad de atención de los hospitales”, explican.

Para el doctor Fernando Rodríguez, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), es importante tener en cuenta que el planteamiento de los investigadores de la Universidad de Harvard es un ejercicio de “modelización teórica, (…) no hay evidencia directa”.

Hacen un análisis, no una propuesta. De hecho, ellos mismos hacen énfasis en que no respaldan una medida o política en particular, sino que su objetivo es identificar posibles trayectorias de la pandemia.

“(Lo que plantean) es que la forma más práctica de controlar la epidemia, de hacerlo lo antes posible, con los menores costes para la sociedad y, sobre todo, protegiendo los sistemas sanitarios, es confinarnos durante un tiempo, abrir la mano para que aumenten las infecciones y eso permitiría que las personas fueran poco a poco desarrollando la inmunidad del rebaño y cuando los contagios fueran muy altos, volvernos a confinar y así sucesivamente”, señala Rodríguez en diálogo con BBC Mundo.

De acuerdo con el académico, el argumento que los científicos utilizan es que ese método permitiría que la gente llevase una vida relativamente normal y que la actividad económica se reanudase, al tiempo que se generaría la inmunidad colectiva, también llamada inmunidad de rebaño.

Inmunidad del rebaño

Ese concepto hace referencia a cuando un número suficiente de individuos de una población adquiere inmunidad contra una infección y, al desarrollarla, detiene eficazmente su propagación.

Personas en la calle, algunas con mascarillas, durante el brote de coronavirus en Londres, antes de la orden de confinamiento

Getty Images
La teoría es que un considerable número de personas se infecten y desarrollen inmunidad.

Y con esa lógica y en el contexto actual, la inmunidad no se daría a través de una vacuna sino de tener la enfermedad: más gente se infecta, más gente se recupera y se vuelve inmune. Eso ayudaría a crear una resistencia y los brotes irían disminuyendo. Eso dicen quienes apoyan esta teoría.

“Poco a poco nos iríamos contagiando y con 60%, 70% de la población infectada, recobraríamos rápidamente la normalidad”, explica el profesor de la institución española.

El confinamiento como el que se está llevando a cabo en muchos países reduce las infecciones y frena nuevas oleadas de casos.

“Los investigadores de Harvard lo que argumentan es que de esa forma tendríamos muy poco contagios pero tendríamos que estar así por mucho tiempo porque la gente al no infectarse, no se inmunizaría”, indica el docente de la UAM.

Un hombre cerca de un automóvil que pide fin del confinamiento

Getty Images
La longitud del confinamiento obligado ha provocado la reacción de la gente en ciertas partes de Estados Unidos.

Uno de los aspectos que contempla la estrategia del distanciamiento social intermitente es que “en el momento en que estuviésemos acercándonos a la saturación de los hospitales, nos volvamos a confinar para evitar llegar a ese punto”.

Ese escenario tiene problemas de factibilidad política, reflexiona Rodríguez.

“Es jugar un poquito con fuego porque en la medida en que el nivel de contagios se eleva, si no actuamos rápidamente confinando a la gente o si el sistema de vigilancia epidemiológica no funciona bien, podemos llegar tarde y provocar que (los centros de salud) se saturen”.

De hecho, en su análisis, los autores hacen hincapié en que en ese escenario se debe aumentar la capacidad del sistema sanitario, especialmente de cuidados intensivos, para que haya un control eficaz de la situación.

Rodríguez así como otros expertos insisten en que el estudio de Harvard es un modelo teórico, basado en simulaciones matemáticas, y que ponerlo en práctica puede llegar a ser muy complicado.

Aunque se elogia no sólo su excelencia, sino como una herramienta para las autoridades.

Aprendiendo

Cartel afuera de una tienda

Getty Images
Es posible que estemos viendo un futuro con confinamientos intermitentes.

La idea de que, tras flexibilizar las medidas de confinamiento por una epidemia, haya la necesidad de dar marcha atrás y volver a una cuarentena estricta no es nueva.

“Lo que es moderno es diseñar el desescalamiento para que hayan confinamientos intermitentes (en el futuro)”.

Debido a que el coronavirus y todas las secuelas que ha provocado es un fenómenos nuevo, “estamos haciendo experimentos naturales, estamos evaluando, sólo cuando implementamos las medidas nos damos cuenta de cuán eficaces son”.

“Sabemos que el confinamiento es eficaz, pero en ningún país se ha sabido cuántas semanas de confinamiento son necesarias para que prácticamente no hayan infecciones. Eso lo vamos aprendiendo en cada lugar”.

Y es que hay muchas incertidumbres aún de cara al coronavirus.

Pensando en el salto

De acuerdo con la doctora Rebeca Cordero, profesora de Sociología de la Universidad Europea, los escenarios que plantean que los individuos deben estar confinados durante ciertos periodos de tiempo y que puedan salir a hacer determinadas actividades en otros momentos, también tratan de responder a una necesidad de explorar formas de transición.

Hombre leyendo el periódico en una estación de trenes

Getty Images
Las personas podrían estar confinadas en ciertos períodos y salir en otros.

“No se supone que se pueda llegar a producir un salto definitivo del confinamiento al modelo de vida que teníamos anteriormente”, le indica a BBC Mundo.

Parte del equilibrio que tienen muchas personas que están encerradas reposa en sus expectativas de que eventualmente volverán a salir y “tendrán una vida plena como antes”, dice.

“Pero cuando nos dejen salir (inicialmente a los grupos sin riesgos), vamos a encontrarnos con una sociedad con gran distanciamiento social”, regida por la higiene sanitaria.

“En España se usa el término de ‘desescalada’, de ir poco a poco. Así se está haciendo en países de Europa y, en su momento, se implementó en China”.

La experta explica que se trata de ir abriendo la sociedad poco a poco a un hábitat social diferente al que teníamos.

“El distanciamiento social como una política que consiste fundamentalmente en que los individuos mantengan las distancias en público y dentro de los espacios de relación social, se va a tener que llevar a cabo una vez que se produzca la ‘desescalada’”, señala Cordero.

Y es que la mirada siempre va a estar puesta en la evolución de la pandemia.

Por ejemplo, si hay evidencia científica de que en verano el virus se pudiese desactivar un poco en España, reflexiona la socióloga, quizás se les pudiese permitir a miembros de los grupos de riesgo salir.

Pero en otoño, quizás deberán volver a la fase de confinamiento.

Y esos ciclos de confinamiento seguirán dependiendo de los avances que se consigan en tratamientos y vacunas.

En lo que parecen coincidir los expertos como los investigadores de Harvard, Rodríguez y Cordero es que es muy poco probable que pronto volvamos a la vida que llevábamos antes del surgimiento del SAR Cov-2.

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