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Verónica Santamaría
Tepito, sede temporal del primer archivo histórico lésbico feminista
Este archivo alberga 9 mil documentos en 42 volúmenes dedicados a la historia del lesbianismo feminista en México y de países como Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
Verónica Santamaría
Por Verónica Santamaría
10 de junio, 2018
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Esta es la primera vez que se presenta públicamente el primer Archivo Histórico de Lesbianas Feministas en México. Mujeres que durante 42 años emprendieron la lucha por sus derechos y que, de acuerdo con Yan María Yaoyolotl, encargada de resguardar estas décadas de historia, “no incluye el movimiento gay, ni lesbogay, ni LGBT, ni LGBTTTI, ni queer, ni trans, ni nada. Es únicamente del movimiento de lesbianas en México”.

Entre calles inundadas de puestos ambulantes se encuentra la galería José María Velasco que pertenece al Instituto Nacional de Bellas Artes, la cual alberga la exposición Laberintos Inexplorados. Entre la Misoginia y la Lesbofobia en los alrededores del conocido barrio de Tepito.

Para Yan, hablar del movimiento lésbico feminista en México es hablar de sí misma. Ella fue parte de las mujeres que iniciaron este movimiento en la década de los setenta, un referente que forma parte de su vida, al considerarse protagonista de la historia y que, en el calor de la lucha fue recopilando los documentos.

“Cuando hablo de mi vida tengo que hablar del movimiento porque mi vida ha sido el movimiento. No puedo hablar de lo que he hecho y el movimiento por separado”, dijo en entrevista para Animal Político.

Un honor estar en Tepito

Cuando les propusieron que la exposición se presentaría en Tepito, para ellas resultó “un honor estar ahí, a pesar de ser un espacio popular muchas veces satanizado por las instituciones como un barrio bronco y peligroso, nosotras estamos encantadas de que los pobladores de Tepito vengan a la exhibición”.

Yan narró que en una exposición de lesbianas suele haber dos actitudes: por un lado está la lesbofóbia y por otro “la actitud de venir aquí con la intención de ver mujeres desnudas en la cama”, pero no es así. Lo que el público encontrará son posturas políticas que se contrapone con la ideología gay.

En México, esta es la primera exposición que muestra los orígenes del movimiento lésbico feminista en México sin referirse al tema homosexual. “Es importante porque el movimiento homosexual es un movimiento de los hombres. Y el movimiento lésbico es desde una perspectiva de mujeres. Entonces, hay una gran diferencia y las propuestas homosexuales son totalmente diferentes a las propuestas lésbicas feministas”, señaló.

“Las propuestas de los homosexuales se sustentan en el proceso de liberación sexual y los derechos civiles, nosotras nos sustentamos en la importancia de la emancipación de todas las mujeres del mundo y de la construcción de una nueva sociedad”.

Choque de posturas

En la exposición el público podrá apreciar a dos personajes importantes dentro de la historia lésbico feminista y gay  en México, por un lado está Nancy Cárdenas y por otro Marcela Olavarrieta. Ambas con posturas muy distintas lo que provocó una ruptura político-ideológica entre Nancy y Marcela.

Nancy Cárdenas fue dramaturga, poeta y defensora del derecho a la diversidad sexual, también conocida como la feminista que inició el movimiento de liberación homosexual en 1971. Mientras que, Marcela Olavarrieta “fue nuestra teórica, quien inició el movimiento (lésbico feminista) en 1976”.

La primera organización lésbica que existió en México fue Ákratas, en el año de 1976. La segunda surge de 1977 a 1980 con el nombre de Lesbos y, para 1978 Oikabeth, “desde mi punto de vista es la más importante”, apuntó Yan.

Oikabeth fue un pequeño grupo de conciencia, pero el primero que dio la cara a luz pública y que salió como grupo político, feminista y social. Abrió brecha, se enfrentó directamente con todas las instituciones sociales y el que hizo planteamientos políticos a la sociedad mexicana, nacional e internacional, explicó.

Perseguidas, hostigadas y obligadas al suicidio

Actualmente ninguna de las tres organizaciones anteriormente mencionadas continúa, pues se mantenían de las aportaciones de las integrantes; al no recibir dinero se desintegraron y cada quien se fue a trabajar a otros lugares.

Otra de las secciones que componen esta exhibición son las marchas, como la que ocurrió días después del sismo del 19 de septiembre de 1985, cuando se dio a conocer la situación de las costureras que quedaron atrapadas en un edificio clandestino.

No son todas las imágenes de las marchas que ocurrieron pero sí las más representativas porque las lesbianas a las que consultamos no quisieron que su imagen se expusiera aquí, debido a que todavía hay lesbofobia, sostuvo Yan.

Otro de los recursos visuales de los que se valen en la exposición son carteles y pancartas con la imagen de mujeres como la artista Frida Kahlo, además del rostro de una chica de la guerrilla nicaragüense.

De acuerdo con Yan, las lesbianas feministas de su tiempo fueron perseguidas, hostigadas y obligadas a suicidarse a causa de la presión social de la que fueron víctimas, por eso usaban capuchas durante las marchas.

“Esas son las capuchas que muchas compañeras usaban para poder estar presentes en las marchas sin dar la cara.  Según la curadora, el uso de estas máscaras también fue un tema de protección porque, en ese tiempo, después de las marchas la mayoría de las mujeres perdían su trabajo o eran expulsadas de casa por sus familias.

Y aunque no llegaron a asesinar a estas mujeres después de una manifestación social, “en todo ese lapso donde estuvimos luchando durante la década de los setenta u ochenta, sí hubo asesinatos y hubo muchas suicidios por la lesbofobia”.

Otro dato que llama la atención es que las lesbianas feministas no usan la bandera arcoiris, a decir de Yan, esto sucede porque para ellas es totalmente comercial. A este movimiento la bandera morada las identificó “y nuestro símbolo era la bris y el hacha, así como los gametos, entrelazados: un solo gameto es feminismo y ya cuando están juntos es lesbianismo”.

Si quieres conocer más del Archivo Histórico del Movimiento de Lesbianas Feministas 1976-2018, de Yan María Yaoyólotl ven a la Galería José María Velasco del INBA en la calle Peralvillo 55, colonia Morelos de martes a domingo de las 9:00 a las 18:00 horas. La entrada es libre y podrás visitar la exposición hasta el 1 de julio.

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BBC
"El trabajo está matando a la gente y a nadie le importa"
En su último libro, Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, argumenta que el exceso de trabajo y el estrés han provocado la muerte de miles de personas en Estados Unidos y el resto del mundo a causa de un sistema laboral que se ha vuelto "inhumano".
BBC
22 de marzo, 2019
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Cuando Jeffrey Pfeffer afirma que “el trabajo está matando a la gente y a nadie le importa”, no lo dice en un sentido metafórico.

Lo dice tal cual, con todas sus letras, basándose en las investigaciones que ha realizado durante décadas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

Pfeffer, profesor de la Escuela de Postgrado de Negocios de la Universidad de Stanford y autor o coautor de 15 libros en el campo de la teoría organizacional y el manejo de recursos humanos, argumenta en su último libro, “Muriendo por un salario” (Dying for a paycheck, en inglés), que el sistema de trabajo actual enferma e incluso termina con la vida de las personas.

En él relata el caso de Kenji Hamada, un hombre de 42 años que murió de un ataque al corazón en su escritorio en Tokio. Trabajaba 75 horas a la semana y demoraba cerca de dos horas en llegar a la oficina.

Justo antes de su muerte, había trabajado 40 días seguidos sin parar y su viuda declaró que Kenji estaba excesivamente estresado.

Ese es solo uno de muchos ejemplos incluidos en la publicación, donde el autor pone en contexto los efectos de un sistema de trabajo que en ocasiones se torna “inhumano” por la excesiva carga laboral.

fsdf

BBC

Según la evidencia recopilada por Pfeffer, en Estados Unidos, el 61% de los empleados considera que el estrés los ha enfermado y el 7% asegura haber sido hospitalizado por causas relacionadas con el trabajo.

De hecho, sus estimaciones apuntan a que el estrés está relacionado con la muerte anual de 120.000 trabajadores estadounidenses.

Y desde un punto de vista económico, destaca el académico, el estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en ese país.

En BBC Mundo hablamos con él.


En su libro usted menciona que existe un sistema laboral tóxico que está matando a la gente. ¿Qué evidencia tiene al respecto y cómo el trabajo moderno afecta a los empleados?

Existe evidencia de sus efectos sobre la salud. Las largas jornadas laborales, los despidos, la falta de seguro médico, el estrés provocan una enorme inseguridad económica, conflictos familiares y enfermedades.

El trabajo se ha vuelto inhumano. Por una lado las empresas, de una manera fundamental, se han desentendido de la responsabilidad que tienen con sus empleados.

Pero también ocurre que así como crece la “economía gig” (de trabajadores independendientes), también crece la inseguridad laboral.

¿Quién es responsable de este fenómeno?

Si piensas en los años 50 o los 60, los directivos decían que era necesario equilibrar los intereses de los empleados, los clientes, los accionistas. Ahora todo está centrado en los accionistas.

Esqueleto

Getty Images
Pfeffer dice que el estrés está relacionado con la muerte de 120.000 trabajadores estadounidenses al año.

En los bancos de inversión, por ejemplo, hay una práctica muy generalizada bajo la cual trabajas, vas a tu casa a darte una ducha y regresas a la oficina.

Bajo ese sistema, muchos empleados se vuelven drogadictos, porque terminan consumiendo cocaína y otras drogas para mantenerse despiertos.

Aunque el fenómeno que usted describe sería transversal, ¿hay ciertos sectores más afectados?

Un empleado de una fábrica, un piloto de avión, un conductor de camión, tiene un límite máximo de horas que puede trabajar.

Pero irónicamente, en muchas de las profesiones no hay límites.

En el caso de Estados Unidos, usted ha escrito que el lugar de trabajo es la quinta causa de muerte en Estados Unidos

Al menos la quinta causa, quizás más.

¿Y quién se hace cargo de esas muertes?

Los empleadores son responsables y los gobiernos son responsables por no hacer nada al respecto.

Enfermera

Getty Images
El 61% de los empleados en Estados Unidos considera que el estrés los ha enfermado.

¿Entonces qué papel juega la política en todo esto?

Tiene un rol enorme. Tenemos que hacer algo para detener esto. Pero no seremos capaces de hacer nada a un nivel individual.

Si quieres resolver el problema de manera sistémica, se requiere una intervención sistémica que debe provenir de algún tipo de regulación.

¿Cómo reaccionan los directivos de empresas cuando usted conversa con ellos?

Nadie argumenta que los datos no son correctos, porque los datos son bastante abrumadores. Pero esto es como el juego de la “papa caliente”: la gente ve el problema, pero nadie quiere hacerse cargo.

De hecho, los costos de salud son enormes. Las condiciones de trabajo causan enfermedades crónicas como diabetes o problemas cardiovasculares.

Pero también hablando de costos, las empresas pueden replicar que hacer cambios al sistema de trabajo afectará las ganancias corporativas

Es que eso no es verdad. Sabemos que la gente estresada tiene una mayor probabilidad de renunciar. Sabemos que los empleados enfermos -psicológica o físicamente enfermos- son menos productivos.

Sabemos, por estudios realizados en Estados Unidos y en el Reino Unido, que sobre el 50% de todos los días laborales perdidos por ausentismo están relacionados con el estrés laboral.

Hombre abrumado

Getty Images
El estrés tiene un costo para los empleadores de más de US$300.000 millones al año en Estados Unidos, según Pfeffer.

El Instituto Estadounidense del Estrés calcula que el costo anual es de US$300.000 millones al año.

Entonces es muy caro tener trabajadores enfermos o empleados que van a trabajar, pero con bajo rendimiento. Esto le cuesta a las empresas una fortuna.

Desde el lado de los trabajadores, usted ha escrito que las personas deberían cuidarse a sí mismas. Pero si un empleado reclama por mejores condiciones laborales, es muy probable que termine despedido. ¿Cómo se pueden cambiar las condiciones de trabajo?

Primero, los empleados tienen que asumir la responsabilidad de cuidar su propia salud.

Si vas a trabajar a un lugar donde no te permiten equilibrar tu vida laboral y tu vida familiar, tienes que irte.

Entonces la gente contesta: “No me puedo ir”. Y yo digo: “Si estás en una sala y esa sala está llena de humo, intentarás salir de ahí, porque las consecuencias para tu salud serán muy severas”.

Lo otro es que la gente tiene que presionar para que existan leyes y actuar colectivamente para protegerse, porque también hay costos para la sociedad.


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