Sentencia histórica para Valentina Rosendo: juez da 19 años de cárcel a militares que la violaron hace 16 años
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Sentencia histórica para Valentina Rosendo: juez da 19 años de cárcel a militares que la violaron hace 16 años

La CIDH juzgó culpables en 2010 a dos miembros del Ejército por haber abusado de Valentina Rosendo, entonces de 17 años. Ocho años después un juzgado mexicano emite un fallo que ratifica esa sentencia.
Cuartoscuro
Por Claudia Altamirano
18 de junio, 2018
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Valentina Rosendo ha pasado la mitad de su vida luchando por repararla, después del ataque sexual de dos militares que estaban en su pueblo para reforzar la seguridad de sus habitantes. En 2002, entonces con 17 años de edad, fue abusada y torturada sexualmente por miembros del Ejército y desde entonces ha luchado en instancias mexicanas e internacionales por que se castigue a sus agresores. Dieciséis años después, cuando ella ya cuenta con 33, México da el primer paso para hacerle justicia y repararle el daño: un juzgado local emitió una histórica sentencia de 19 años de cárcel para los culpables, que cumple con la emitida desde 2010 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

El 16 de febrero de 2002, Valentina salió de su casa en el municipio de Acatepec, del sureño estado de Guerrero. Pasaba el mediodía y ella fue hacia un río a lavar su ropa, cuando llegó un grupo de ocho hombres, algunos vestidos con prendas militares, otros civiles y uno de ellos estaba amarrado. Dos elementos del Ejército le pidieron información sobre unos “encapuchados” a los que pretendían que ella identificara. Al no conseguirlo, la golpearon y la violaron.

Días después, Valentina acudió al centro de salud de Caxitepec para recibir atención por el ataque, pero el médico se la negó “porque no quería problemas con los militares”, según consta en la demanda de la Comisión Interamericana. Durante su largo proceso judicial, las autoridades no le creyeron, la secretaría de la Defensa negó que siquiera hubiera un operativo en esa zona y, en primera instancia, un visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos declaró que no había pruebas de la violación.

La CIDH los encontró culpables desde hace ocho años pero el sistema penal mexicano no había hecho eco de este fallo, a pesar de tratarse de una organismo internacional. La sentencia emitida el pasado 1 de junio y notificada la semana pasada no sienta jurisprudencia por ser de primera instancia, y ya fue apelada por uno de los imputados, sin embargo, las organizaciones defensoras de Derechos Humanos aplaudieron este lunes ese paso histórico hacia la justicia en favor de las víctimas y especialmente de las mujeres.

“Se tiene que creer a la víctima, no tienen por qué creer que está mintiendo como me pasó a mí”, exigió Valentina Rosendo en una conferencia en la que relató cómo las autoridades mexicanas desacreditaron su testimonio, se burlaron de ella y le negaron el acceso a servicios de salud tras el ataque. “Nunca me imaginé tener que aprender a hablar español para buscar justicia, para que mi gobierno me creyera. Yo hoy puedo demostrar que siempre dije la verdad, los funcionarios siempre se burlaban de mí y nunca me pusieron un traductor”, denunció la indígena me’phaa.

El representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Jan Jarab aplaudió la sentencia como un ejemplo de que el poder judicial puede contribuir a cambiar las realidades en México, al reconocer las múltiples dimensiones de la discriminación en estos casos: hacia las mujeres, hacia los pueblos indígenas y hacia los pobres.

El funcionario recordó que se trata de la primera sentencia emitida en México en la que se determina responsabilidad penal sobre la base de un fallo previo de la Comisión Interamericana, ya que hasta ahora los fallos emitidos por esa instancia no han tenido seguimiento en el país.

Tanto Jarab como el resto de los activistas y abogados presentes en la conferencia destacaron la relevancia que esta sentencia otorga al testimonio de las víctimas, que suele desestimarse como prueba del delito pero que en este tipo de crímenes debe recibir otra consideración.

“Anteriormente se consideraba que el solo testimonio de la víctima no era suficiente para acreditar la violación, sin embargo, la sentencia de la CIDH señaló desde 2010 que debía darse valor preponderante a los dichos de Valentina, y que en este tipo de delitos al ser de comisión oculta han de tener relevancia los testimonios”, puntualizó el abogado Vidulfo Rosales, quien también ha sido defensor de los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala en 2014.

El activista, integrante del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan –que ha llevado la defensa de Rosendo Cantú junto con otras organizaciones-  precisó que el testimonio de la víctima debe ser considerado por sus particularidades, en su carácter de persona indígena y en su carácter de niña, pues al momento de la violación era menor de edad. “Esto aumenta el valor de su testimonio, sumado a los dictámenes psicovictimales y médicos como elementos de prueba”.

Respecto a esto, el representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas apuntó que este tipo de agresiones suelen ocurrir en entornos “cerrados” donde hay una disputa de narrativas, es decir, que queda la palabra de la víctima contra la del victimario ante la dificultad de probarlo. De acuerdo con la declaración ministerial de Valentina, asentada en la demanda de la CIDH, el poblado donde ocurrió la violación es de difícil acceso y poca comunicación con otros pueblos.

Esta sentencia da credibilidad al testimonio de las víctimas y coloca de nuevo a Rosendo como sujeto de derechos, subrayó por su parte Tania Reneaum, directora ejecutiva de Amnistía Internacional México, otra de las organizaciones que han denunciado estos hechos a lo largo de 16 años.

“Estoy demostrándole al gobierno que él nunca investigó, tuve que salir de México para buscar justicia en otro país donde fui escuchada, donde sí me creyeron porque yo siempre he dicho la verdad, no como los militares que, después que puse mi denuncia, fueron a mi pueblo a ofrecerme dinero para que dejara de señalar que ellos me agredieron. Y yo nunca quise dinero, siempre quise que castigaran a los responsables”, expresó Rosendo Cantú durante el evento.

Largo camino

La sentencia de la Corte Interamericana halló culpable al Estado mexicano por la violación de Valentina Rosendo, así como por el ataque a Inés Fernández, otra mujer indígena que también sufrió violencia sexual por parte de militares. En su demanda, la CIDH señala las omisiones del Estado mexicano que derivaron en esta agresión, y le demanda, entre otras cosas, una investigación imparcial sobre el caso y reparación de los daños para Valentina y su hija.

Año y medio después, a finales de 2011, el gobierno mexicano reconoció públicamente su responsabilidad en el caso y pidió disculpas a Valentina. Ese fue el único avance hasta ese momento en la reparación del daño a la víctima y el castigo a los responsables.

A finales de 2013, la Procuraduría General de la República capturó y presentó ante un juez federal a cuatro integrantes del Ejército por su presunta participación en estos ataques sexuales: el cabo de Infantería Armando Pérez Abarca y el cabo jardinero Nemesio Sierra –agresores de Valentina-, así como el sargento segundo Hugo Humberto García de León y el cabo de transmisiones Salvador Aguilar Otáñez -implicados en la violación sufrida por Inés-. Todos estaban asignados al 41 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano cuando, en 2002, este contingente fue desplegado en la sierra de Guerrero, como parte de la estrategia federal de combate al narcotráfico.

Este 18 de junio, cuando se cumplen dos años de la implementación del Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, los defensores de derechos humanos anunciaron la sentencia emitida recientemente por la jueza séptima de Distrito con sede en Chilpancingo, capital de Guerrero, en la que finalmente se condena a los responsables a 20 años de prisión por el ataque a Valentina. El subdirector del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez –otra de las organizaciones involucradas en el caso-, Santiago Aguirre, llamó a que el poder judicial confirme y ejecute esta sentencia para que la justicia realmente tenga efecto, además de reparar los daños que Valentina ha sufrido durante los 16 años de lucha.

“Los militares que agreden a las mujeres nunca se han castigado, yo pienso que esta sentencia va a favorecer que cambiemos, voy a regresar a mi comunidad con mi gente que un día me rechazaron, que un día se burlaron de mí. Aquí está mi verdad, casi media vida llevo con esta lucha de buscar justicia y ahora me siento con muchos ánimos para seguir y acompañar a otras mujeres que han sufrido violación”, dijo Valentina Rosendo.

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'Esto no parece una ola de COVID, parece un tsunami': la odisea de una mexicana en la India

El país reporta nuevos récords mundiales de contagios diarios y sufre por falta de camas de hospital y oxígeno. Nayelly Rodríguez, una mexicana que vive en ese país desde hace 6 años cuenta que ella y toda su familia tiene COVID.
3 de mayo, 2021
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“En India no hay mucha esperanza. El covid-19 parece imparable. La gente tiene miedo. Temen que sus seres queridos mueran porque no haya lo más básico para que los traten, como el oxígeno”, cuenta a BBC Mundo la mexicana Nayelly Rodríguez Cortés.

Rodríguez, de 29 años, se convirtió al Islam hace 11 años en su natal Guadalajara. Después conoció a su esposo Feroz Khan, con quien tiene 3 hijos, de 8, 6 y 3 años.

Viven desde hace 6 años en Ghaziabad, en el norte del país, a 45 kilómetros de Nueva Delhi.

El jueves pasado, después de presentar síntomas de covid-19 -entre ellos tos, dolor de cuerpo y fiebre-, su prueba dio positivo. Un par de días después ocurrió lo mismo con su esposo y sus hijos.

“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana, como es conocida de manera coloquial.

Escasez de camas y oxígeno-6543

Asegura que no tiene tanto miedo por ella y su familia, pero acepta que cuando camina para hacer algo en su casa le falta el aliento.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
“No se cómo me contagié, teníamos ya varios días encerrados, salía solo por comida para mis hijos, siempre con tapabocas y guardando distancia”, dice Nana.

“Esa es la gran incertidumbre que tenemos en nuestra casa y todos los enfermos en India. ¿Qué hacemos si empeoran nuestros síntomas? ¿Vamos a poder conseguir lo más básico, como oxígeno o una cama en el hospital?”.

India ha registrado nuevos récords mundiales de nuevas infecciones de covid-19, alcanzando casi 400.000 en un día y está enfrentando una severa escasez de camas de hospital, así como tanques de oxígeno medicinal.

“Es muy difícil conseguir un tanque. Y algunos están lucrando: los están vendiendo hasta en 1.000 dólares, una cifra que es inaccesible para la mayoría, sobre todo después de que las personas se han quedado sin empleo y sin forma de tener dinero”.

Familias enteras

Cuenta que en el conjunto de edificios donde vive, y por lo que oye en las noticias, lo que pasó con su familia es lo que está pasando en el país: se enferman familias enteras.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
El esposo y los hijos de Nana también dieron positivo por covid-19.

“Hay muchísimos contagiados, los casos aumentan exponencialmente. Cada día nos enteramos de más y más personas. Esto no parece una ola, parece un tsunami”.

Nana dice que cada vez se sabe también de más muertos por covid, entre ellos los papás de un vecino.

“Y un caso que me impactó mucho, es que en los edificios donde vivo, hace dos semanas, un niño de apenas 8 años se desmayó en el parque y murió antes de llegar al hospital. Ahí les dijeron a sus padres que fue por el virus”.

Con más de 19 millones de casos registrados, India es el segundo país con más infecciones, solo después de Estados Unidos.

Hasta el momento ha reportado casi 212.000 muertes, pero se cree que esta cifra va a aumentar mucho en los próximos días debido a este nuevo fuerte embate del virus y por sospechas de los medios que no todas las muertes han sido reportadas.

Exceso de muertes

Nana dice que en febrero se oían pocos casos, que la gente empezó a relajarse y hacer una vida más normal, incluso a asistir a festivales religiosos masivos, y que en parte eso ayudó a la propagación del virus. En el país circula una variante del covid-19 de la que todavía no se conoce mucho.

Nayelly Rodríguez

Cortesía
Nana y su esposo tienen tres hijos, de 8, 6 y 3 años.

Por todo el mundo circulan fotografías y videos en los que se ven crematorios con muchas piras que no dejan de arder y filas de cuerpos que esperan por hasta 20 horas a ser incinerados.

El diario The Hindu causó conmoción con una noticia de que el cuerpo de un hombre esperando turno fue parcialmente comido por un perro callejero.

También se han acondicionado lugares como parques y estacionamientos para hacer las cremaciones.

En Delhi, un crematorio que había sido creado para incinerar mascotas, pero que todavía no había entrado en operación, se está usando para personas.

“Los musulmanes cuando morimos no podemos ser cremados, sino enterrados. Pero los panteones también están ya llenos”, cuenta.

Calles de India

Cortesía
La única conexión de Nana con el exterior por ahora es la ventana de su casa.

Nana dice que ella ha visto un gran aumento de contagios comparados con la primera ola de coronavirus en 2021.

En ese tiempo ella documentó en su canal de Youtube cómo salió a ayudar al éxodo de migrantes trabajadores que volvían a sus pueblos y aldeas. Les daban agua y alimento para que pudieran continuar caminando ya que se cancelaron los trenes y los autobuses.

“Muchísimas personas viven al día y han perdido sus trabajos. Están en una situación desesperada. Así que los migrantes de otros estados otra vez dejaron la ciudad y se fueron a sus lugares de origen, para no morir de hambre. Aunque, también allá pueden morir porque hay menos infraestructura médica”.

Restricciones

Por ahora Delhi y otras ciudades están en confinamiento. Los únicos negocios abiertos son de comida o de medicamentos. Ella vive en el piso 26 de un edificio y su única conexión con el exterior es su ventana. “Desde allí veo la carretera y las calles. Están desiertas. No hay gente. Pasan muy pocos automóviles”, cuenta.

Su familia en México está preocupada por ella y por la situación en India. “Tienen miedo de que nos lleguemos a poner graves. Quisieran venir a ayudarnos, pero no se puede, estamos a más de un día en avión de distancia y ahorita es casi imposible viajar”.

Estados Unidos anunció que restringirá los viajes a India a partir de la próxima semana. Australia ha prohibido todos los vuelos a India y ha prohibido a sus ciudadanos regresar desde ese país, anunciando que serían castigados con multas y hasta 5 años de cárcel.

En India se tenía esperanza en las vacunas, por ser el primer productor a nivel mundial. Sin embargo, varios estados -algunos de los más afectados por la covid- han reportado falta de vacunas.

Hasta ahora solo se han aplicado 150 millones de dosis en una población de 1.300 millones. Por ahora, India ha detenido las exportaciones de AstraZeneca para vacunar a sus ciudadanos.

“Por ahora nuestra esperanza es que llegue ayuda de otros países. La gente está muriendo no sólo del virus, sino por falta de lo esencial para tratarlo. No sabemos cómo puede parar esto”, lamenta Nana.


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