¿Cómo convenció a sus integrantes? ¿Qué les pidió? La historia detrás del gabinete de AMLO
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¿Cómo convenció a sus integrantes? ¿Qué les pidió? La historia detrás del gabinete de AMLO

Cuatro personajes cuentan cómo fue que Andrés Manuel López Obrador los convenció para integrarse en su proyecto de gobierno.
AFP
Por Manuel Ureste y Agustín Salgado
9 de julio, 2018
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A algunos los reclutó a través de grupos de trabajo. A otros los destapó en entrevistas con medios. Y a los que ocuparían secretarias claves, como la de Gobernación, les habló personalmente de su propuesta de trabajo y lo que esperaba de ellos, y prácticamente los convenció.

De esa manera el virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, seleccionó a los integrantes de su gabinete, para que se sumen a su plan de “austeridad republicana” y dirijan al país durante los próximos seis años.

Así lo explican a Animal Político cuatro de los personajes que son proyectados como secretarios de estado del próximo gabinete de México, quienes además detallan cómo y desde cuándo se formaron las mesas de expertos que fueron construyendo este equipo, y cuáles fueron las consignas que López Obrador les instruyó en las reuniones de trabajo.

Ronda de invitaciones

El 14 de diciembre de 2017, a más de tres meses de que arrancaran formalmente las campañas, López Obrador presentó durante una conferencia en la Ciudad de México a ocho hombres y ocho mujeres que integrarían su gabinete de gobierno, entre los que figuraban Olga Sánchez Cordero, para la Secretaría de Gobernación (Segob), Carlos Urzúa, para Hacienda, y Alfonso Durazo, para Seguridad Pública.

Lee aquí el perfil completo de los integrantes del gabinete

Foto: Cuartoscuro

Las invitaciones a los integrantes del gabinete se produjeron en muchos casos a través del empresario Alfonso Romo, coordinador junto a Tatiana Clouthier de la campaña de López Obrador, y de llamadas telefónicas que posteriormente se concretaban en una plática en su casa, o en su oficina de la Colonia Roma.

Aunque hubo algún caso excepcional. Irma Sandoval, licenciada en Economía por la UNAM y doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de California, cuenta que se enteró de que su nombre ‘sonaba’ para el gabinete luego de que López Obrador lo deslizara en una entrevista con el diario Reforma.

“Fue una suerte de destape”, comenta Sandoval durante una plática en un restaurante de la colonia Coyoacán.

Tras las declaraciones de López Obrador, se produjo el encuentro formal en la oficina del líder de Morena, en la que le pide a Sandoval, que ha dedicado su carrera a investigar la corrupción en México, que encabece el proyecto para la Secretaría de la Función Pública; una dependencia clave en el combate a los malos manejos al interior de la administración pública.

Irma, que conoce desde “chiquilla” a López Obrador, y con quien ya trabajó en la campaña presidencial de 2012 como su enlace con sociedad civil, se muestra encantada con la invitación. Pero pide tiempo para analizar los pros y los contras de la propuesta, y consultarlo con su familia.

Así, hasta que días más tarde tienen una nueva conversación, de la que sale un “compromiso mutuo” que termina por convencer a Irma Sandoval: Andrés le ofrece trabajar “con autonomía y libertad” en la elaboración del proyecto para la nueva Secretaría de la Función Pública.

Quien también tardó en aceptar la propuesta de López Obrador fue Olga Sánchez Cordero, exministra de la Suprema Corte de Justicia, que tras 20 años como magistrada quería alcanzar un nuevo reto: ser senadora de la República.

Olga ya había aceptado la propuesta de Morena para ir en sus listas al Senado, cuando recibe un mensaje que cambia sus planes.

López Obrador quería verla en persona, decía el mensaje. Confundida, la exministra se traslada al lugar del encuentro que le indican, y una vez allí, tras el preámbulo de las cortesías habituales, López Obrador pasa directo al punto.

“Ministra, usted representa en este país la legalidad y el estado de derecho. Y quiero que me acompañe en mi proyecto”, le suelta a bote pronto.

Olga sonríe y le agradece la oportunidad de ir en la lista como senadora.

Pero López Obrador niega con la cabeza.

“No, ministra –la interrumpe-. Lo que quiero es que me acompañe en mi gobierno. Quiero que usted sea la primera mujer secretaria de Gobernación”.

Mientras narra la escena desde la sala de juntas de su notaría, Sánchez Cordero abre los ojos aún con expresión de sorpresa y ríe nerviosa.

“Me quedé sin habla”, dice después de un trago de saliva. “No estaba en mis planes ser secretaria de Gobernación, para nada. Ni se me había pasado por la cabeza. De hecho, no quería formar parte del Gobierno”.

Por eso, su respuesta inicial fue también que necesitaba tiempo para pensar en el encargo de liderar la Segob, la Secretaría que dirige la política interna de un país de más de 140 millones de habitantes, y tal vez la de mayor peso e importancia política en México.

Después de aquella primera reunión vinieron otras dos más. Olga cuenta que a la última López Obrador llegó preparado con una propuesta final.

“López Obrador me dijo: Olga, vamos nuevamente a reencauzar la legalidad en nuestro país. Y pues, hombre –encoge los hombros la exministra con una sonrisa divertida-. ¡Qué más le podía pedir ya! Luego de dedicar toda mi vida a la legalidad, esas palabras fueron para mí maravillosas”.

Olga regresa a su casa, y con la propuesta en la mesa, tiene una última reflexión consigo misma antes de dar una respuesta.

“Después de platicar con López Obrador sobre su plan para combatir la corrupción y la impunidad, me dije: ¿quieres seguir viviendo en un país así? ¿o quieres cambiar? Tengo 70 años, es cierto. Y pude haberme jubilado tranquilamente. Pero me dije: tienes que dar el resto. Así que acepté la propuesta”.

Reclutamiento entre especialistas

Román Meyer, arquitecto por el Tec de Monterrey de 34 años y uno de los integrantes junto a Luisa Alcalde, de 30, más jóvenes del gabinete, explica que López Obrador lo invitó a reunirse con él en su casa, cuando una petición del tabasqueño también lo tomó por sorpresa.

“Pensaba que era una invitación para que viéramos temas de prevención del delito –cuenta con una leve sonrisa-. Yo iba a la reunión preparado con mis anotaciones, pero nunca las saqué. Andrés me ofreció un café, nos sentamos, y me dijo que quería que lo apoyara para desarrollar un plan de vivienda en la Secretaría de Desarrollo Agrario y Territorial (Sedatu)”.

En cualquier caso, aunque las designaciones tomaron por sorpresa a varios de los integrantes del gabinete, Meyer precisa que detrás de la foto del 14 de diciembre, donde aparecen los 16 integrantes del nuevo equipo de gobierno, hay más de medio año de trabajo previo.

En su oficina de la colonia Roma, Meyer dice que en el mes de mayo de 2017 López Obrador y su equipo de colaboradores comenzaron a convocar a expertos en cada una de las áreas de gobierno –economía, seguridad, desarrollo social, etcétera- para integrar mesas de trabajo.

“La primera reunión fue en un salón de la colonia Roma, éramos como 120 personas entre especialistas y técnicos. La gran mayoría no éramos del partido Morena”, señala.

Luego, esos 120 expertos se dividieron en equipos coordinados por uno de los especialistas. Por ejemplo, Meyer coordinó la mesa de Sedatu. Alfonso Durazo coordinó seguridad, junto a otros especialistas como Joel Ortega y el general Audomaro Martínez; Luisa Alcalde, coordinó Trabajo; Laura Esquivel, Cultura; y Claudia Sheinbaum, que el pasado 1 de julio ganó la jefatura de la Ciudad de México con Morena, lideró en aquel entonces la mesa de gobierno.

Y como coordinador general estaba Alfonso Romo, una de las manos ‘derechas’ de López Obrador junto a Tatiana Clouthier y Yeidckol Polenvsky, la actual lideresa de Morena.

“López Obrador nos pidió que primero nos enfocáramos en temas de diagnóstico de la situación nacional –indica Meyer-. En mi caso, que es desarrollo urbano, nos pidió analizar los principales problemas territoriales desde el sexenio de Fox a la fecha, y sobre eso plantear un panorama general”.

En un principio, los grupos de trabajo eran reducidos. En el caso de Meyer, cuenta que cinco personas se reunían en una oficina junto al Metro Viveros, en la delegación Coyoacán de la capital. Pero con el avance de la campaña, el equipo fue aumentando hasta reunir a 40 especialistas y técnicos en temas de urbanismo y vivienda.

“La idea que nos trasmitió López Obrador es que no íbamos a esperar al día después de las elecciones para empezar a trabajar –subraya el arquitecto-. Por eso ya llevamos meses dedicados a la conformación de las nuevas políticas públicas”.

“No hagan planes fantásticos”

Graciela Márquez, doctora por la Universidad de Harvard y propuesta para la Secretaría de Economía, narra que López Obrador reunió a todo el gabinete desde el mismo día de la presentación para pedirles que trabajaran en puntos específicos del plan de gobierno. También acordaron que el gabinete se reuniera  una vez al mes en la Ciudad de México, para analizar avances, e intercambiar posturas y propuestas.

“En las reuniones Andrés nos transmite mensajes clave, como cuáles son los objetivos de los programas que vamos a desarrollar, considerando siempre dos cosas: que no va a haber aumento de impuestos en todo el sexenio, y que vamos a tener los recursos que hoy ya tienen las secretarías”, expone Márquez, que recalca que López Obrador ha sido muy insistente en que deben ajustarse al plan de “austeridad republicana” propuesto durante la campaña.

“Seguramente, cada secretario podría tener planes para hacer cosas más allá de lo que se puede financiar. Pero Andrés ha sido muy claro: no podemos hacer planes fantásticos. Y por eso hay una reiteración constante de la necesidad de apegarnos a programas que sean efectivos y viables financieramente”.

“No desperdiciar un minuto”

Otra clave en la que insiste López Obrador en las reuniones del gabinete, plantea Irma Sandoval, es que comiencen a trabajar sin esperar grandes cambios legislativos, aunque esta instrucción se dio antes de la votación del 1 de julio, en la que consiguió la presidencia y su partido mayoría en el Congreso.

“Nos pide que trabajemos con lo que se tiene. Es decir, que no esperemos grandes reformas y que empecemos a trabajar con las normas que hay para no desperdiciar ni un minuto”, subraya Sandoval.

Las reuniones que mantiene con su gabinete desde el mes de diciembre, tres meses antes del arranque de campaña el 1 de abril, han servido para que los 16 integrantes del próximo Ejecutivo conozcan las políticas públicas que desarrollará cada dependencia, agrega Graciela Márquez.

“El que López Obrador anunciara el gabinete nos permitió conocernos muy bien y que hubiera una integración más cercana, puesto que muchos de los que formamos el equipo no estábamos dedicados a la política”, plantea la doctora de Harvard.

“Y al mismo tiempo –añade para rematar la argumentación-, eso permitió diseñar políticas transversales, que creo que es la característica más importante de este gabinete. Es decir, hay una comunicación estrecha entre nosotros. Sabemos los cruces y los entrecruces de cada una de las políticas de gobierno, y esto puede ayudar a evitar algo muy común en la administración pública federal en México, que es la reiteración de políticas públicas”.

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Vacuna contra COVID: por qué algunas dosis acaban en la basura y qué se puede hacer para evitarlo

El mundo vive una carrera por hacerse con las escasas vacunas disponibles contra la COVID. ¿Por qué algunas acaban en la basura o se vacuna a personas no prioritarias?
5 de febrero, 2021
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Enfermeras cargan dosis de la vacuna en Nantes, Francia.

Reuters
Muchos países se enfrentan al reto de administrar las vacunas antes de que se estropeen.

Golpeado por la pandemia de covid, el mundo se enfrentó primero al reto de desarrollar en tiempo récord una vacuna. Ahora, al de distribuirla a escala planetaria sin malgastar una sola de las preciadas dosis.

Con la oferta de vacunas disponibles lejos aún de cubrir la ingente demanda mundial, los gobiernos han establecido rigurosos planes de vacunación que establecen los colectivos que deben ser vacunados primero: generalmente, personas mayores, enfermos crónicos y trabajadores de los servicios de salud.

Sin embargo, no han tardado en aparecer las noticias de personas no pertenecientes a estos grupos prioritarios que recibían la vacuna, o, algo más sorprendente aún, de dosis que acababan en el cubo de la basura.

En la ciudad de Trelew, en la Patagonia argentina, la prensa local informó de que hubo que desechar 140 dosis de la vacuna rusa Sputnik-V porque se había roto la cadena de frío en su conservación.

En España, el general al mando de las Fuerzas Armadas tuvo que dimitir después de que se hiciera público que había recibido la vacuna, pese a que algunos de sus colaboradores les dijeron a los medios españoles que lo había hecho precisamente para evitar que se echaran a perder las dosis sobrantes en su departamento tras vacunar a las personas prioritarias.

En México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, condenó por “inmoral” al médico que vacunó a dos familiares después de un error en el sistema de citas del hospital en el que trabaja.

Son solo algunos ejemplos de noticias que han provocado malestar y críticas en muchos países cuando la mayoría de la gente sigue a la espera y en muchos casos aún sujeta a distintos grados de confinamiento.

El desafío de optimizar las vacunas

Lo cierto es que los sanitarios se pueden ver a veces ante un incómodo dilema, ya que las vacunas requieren condiciones especiales de conservación y, en algunos casos, sobre todo en pequeñas localidades o lugares alejados, no pueden cumplirse a rajatabla los estrictos criterios fijados por los gobiernos.

La vacuna fabricada por Pfizer, por ejemplo, debe conservarse a temperaturas muy bajas y, una vez descongelada, ha de usarse antes de 5 días.

La Sputnik-V se comercializa en ampollas de cinco dosis, por lo que si se quiere evitar malgastar ninguna, debe haber un número igual de pacientes listos para recibir el pinchazo.

Una profesional de la salud recibe la vacuna en un hospital de Ciudad Juárez, México.

Reuters
Los trabajadores sanitarios figuran entre los colectivos prioritarios en la mayoría de países.

Como explicó en conversación con BBC Mundo el doctor Pablo Bonvehí, jefe de la sección Infectología y Control de Infecciones del CEMIC, un centro de investigación médica de Buenos Aires, “la prioridad es no desperdiciar la vacuna“.

“Una campaña de vacunación, y más una como esta, es siempre un gran desafío de ingeniería”, indica el experto. Y no siempre es posible acomodar la disponibilidad de vacunas con el número de pacientes dispuestos a ponérsela, su disponibilidad para acercarse a los centros de vacunación a recibirla y las necesidades de espacio para mantener la distancia social en ellos.

A esto se suma el problema de los pacientes que no acuden a las citas programadas, sea porque no pueden desplazarse o porque, como los seguidores del movimiento antivacunas, rechazan la inmunización o desconfían de los gobiernos y los fabricantes de medicamentos.

¿Qué hacer entonces con la dosis sobrante cuando ya se ha cubierto el cupo de pacientes prioritarios agendados para el día?

Contenedores de residuos sanitarios en Manchester, Inglaterra.

Getty Images
En algunos países ya ha habido noticias de vacunas que acaban en la basura.

En Estados Unidos ya ha habido centros sanitarios que han empezado a convocar por la emisora de emergencias a los paramédicos que quieran vacunarse una vez cubierto el cupo diario para evitar que se echen a perder las dosis sobrantes.

Y un equipo médico del estado de Oregón que quedó atrapado en una congestión de tráfico comenzó a vacunar a otros automovilistas retenidos ante la imposibilidad de volver a refrigerar a tiempo las dosis que llevaban consigo.

Mejor en un brazo que en el cubo de la basura

Ante la emergencia sanitaria global, los centros médicos a nivel local se enfrentan al desafío de vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible, conservando adecuadamente las vacunas y priorizando a los grupos de población de riesgo establecidos por las autoridades nacionales.

En esa tarea titánica, han encontrado una inesperada colaboración en los grupos de espontáneos que hacen fila junto a las clínicas y los centros de vacunación a la espera de que se les administre alguna de las dosis no utilizadas, una imagen cada vez más frecuente en Estados Unidos y en Israel, el país que lidera la frenética carrera global por la vacunación.

“A todas las dificultades se suma la de la incertidumbre acerca de las dosis que se van recibir y cuándo”, señala el doctor Bonvehí.

Para los dispensarios locales se complica aún más llevar una planificación adecuada de la vacunación ya que en muchos casos los gobiernos tampoco han podido ofrecer un calendario claro de vacunación y son ellos quienes centralizan la adquisición de los medicamentos.

Un hombre carga una bombona de oxígeno en Manaos, Brasil.

Reuters
América Latina es una de las regiones más golpeadas por la pandemia y muchos países aún no han podido comenzar a vacunar.

Para los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, que se encuentran detrás de los más ricos en la lista de espera global por recibir la vacuna en la cantidad y con la regularidad suficientes, hacer un uso óptimo de las que llegan se hace más crítico si cabe.

Bonvehí propone que “en las citas se llame a pacientes suplentes, para que, si alguien no se presenta, no haya que desperdiciar ninguna dosis”.

Y la Organización Mundial de la Salud ha pedido que los países más prósperos, que han comprado muchas más dosis de las necesarias para vacunar a toda su población, envíen las que no usen a los países en desarrollo.

Todo, porque, como le dijo Amesh Adalja, especialista en enfermedades infecciosas de la Johns Hopkins University, a la cadena NPR, “una vacuna en un brazo siempre va a ser mejor que una vacuna en el cubo de la basura”.


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