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Cuartoscuro

#AMLOmanía: ciudadanos cumplen lo que ofrecieron en campaña

Cientos de usuarios de Twitter a nivel nacional ofrecieron todo tipo de ayuda si Andrés Manuel López Obrador ganaba las elecciones. Ha llegado la hora de pagar.
Cuartoscuro
Por César Reveles
9 de julio, 2018
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Durante la campaña y el posterior triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial hubo distintas interacciones en redes sociales, pero una en particular destacó por su contenido social: #AMLOmanía.

Esta iniciativa -iniciada en Twitter- consistió en ofrecer un bien a la sociedad en caso de que López Obrador resultara triunfador.

Participaron profesionistas, estudiantes, amas de casa, trabajadores y ciudadanos en general con ofertas muy variadas: desde cursos de computación o idiomas, comida para quien no tuviera y alimento para perros y gatos, hasta abogados para llevar casos de pensión alimentaria y divorcios. Todo gratis y con el objetivo de “construir un mejor país”.

No hacía falta decir por quién votaste, cuál era el partido político de tu predilección o tener interés por la política, el único requisito era que se necesitara la ayuda.

El día de las elecciones llegó y con el triunfo del aspirante de Morena la hora de cumplir lo prometido.

Escuelas rurales de Veracruz “se iluminarán” de nuevo

Para Eduardo Rosales lo importante de la #AMLOmanía era poner su “granito de arena” como ciudadano para generar un cambio positivo en el país. Originario de Veracruz e ingeniero de profesión, Eduardo optó por donar pintura para remozar una escuela rural porque la educación en aquel estado “es un tema olvidado”.

“Surgió la idea tras leer una nota de Animal Político donde informaron que Aurelio Nuño, como secretario de Educación, gastó mil 90 millones de pesos en su imagen publicitaria, y todo porque buscaba la candidatura presidencial. Este señor cometió un crimen ocupando recursos que pudieron haberse usado en actividades dentro de las escuelas públicas”, comenta Eduardo.

Fue el enojo y la esperanza de tener un país mejor lo que motivó a Eduardo ofrecer la pintura necesaria para una escuela.

“Toda mi vida estudié en escuelas públicas, sé de las carencias que tienen. Actualmente soy project manager de una empresa que se dedica a la generación de energías renovables con dos proyectos a mi cargo”.

Eduardo cuenta que eligió la pintura porque es la parte más visible de una escuela, una mejora que a simple vista puede contagiar a más personas a sumarse al apoyo. “Hay quien dice que lo que haga tu mano derecha no lo sepa la izquierda, pero en este caso yo no creo así, hay que presumir lo que haremos para contagiar a más personas y esto se replique en muchos lados”.

Hasta el momento cuatro directoras de escuelas distintas lo han contactado. Un amigo suyo se sumó a la iniciativa, pero esperan donador para las otras dos escuelas.

La primera en ser atendida será la escuela primaria unitaria Cuauhtémoc, ubicada en el municipio de Yanga, en San Miguel el Grande muy cerca de Córdoba.

Eduardo comenta que además de donar, él y su amigo asistirán a las escuelas para pintarlas con ayuda de los padres de familia. Planea iniciar su labor en enero de 2019.

“Lo haremos hasta enero porque queremos que coincida con el cambio de gobierno y se empiece a dar un cambio generalizado de actitud y todo empecemos a jalar parejo”.

Para la maestra Natalia Calvario, directora de la escuela primaria Cuauhtémoc, el primer plantel que se verá beneficiado, la ayuda de Eduardo significa una gran motivación y la esperanza de que el país puede cambiar con la acción de los ciudadanos.

“Me enteré de la iniciativa del ingeniero gracias a una compañera, le escribí para decirle que estaba interesada y de inmediato aceptó. Llevó tres años como directora de esta escuela, es muy pequeña, tenemos 22 alumnos y del gobierno prácticamente no hemos recibido ayuda, por eso esta propuesta es muy importante para nosotros”, relata la maestra.

La fachada no es la única deficiencia de esta primaria, que al ser unitaria cuenta con un solo grupo de alumnos entre 6 y 12 años. Natalia dice que el techo se está cayendo, la cancha de deportes ya no puede utilizarse por las condiciones en las que se encuentra y ya no tienen ni pizarrones.

“Tuvimos que tomar clases en el patio por 4 meses por las condiciones del techo, pero con las lluvias tuvimos que regresar al salón y aunque es muy peligroso solo de esa forma podemos cubrirnos del agua”.

Por ello aunque la directora, y única profesora de esta primaria, agradece la ayuda de Eduardo, espera que la sociedad en general se sume al esfuerzo del ingeniero y puedan apoyarlos con las otras carencias de la escuela.

“Los niños ya saben que nos regalarán la pintura y están muy emocionados. Estas acciones son una gran motivación para todos los mexicanos, para nosotros como integrantes de esta escuela y para los padres de familia. No contamos con la ayuda del gobierno y apoyos como éste nos beneficia y nos motiva”, finaliza Natalia.

100 casos de divorcio y pensión alimenticia

El abogado Norberto Figueroa fue otro de los ciudadanos que se unió a la #AMLOmanía. Ofreció llevar, de manera gratuita, 100 casos de divorcio y/o pensión alimenticia.

“Mi iniciativa surgió por la euforia del momento y la necesidad de un cambio en la sociedad, para que la gente vea que no necesariamente los políticos o abogados se mueven por el dinero, sino también por el ánimo de dar a la sociedad algo de lo mucho que no ha recibido”, expresa.

Con apoyo de otros 6 abogados y tres pasantes, se enfocarán solo en esos casos porque los niños, “sin ser los culpables, padecen la separación de sus padres o en su defecto no gozan del derecho de una pensión alimenticia, pero nuestra principal razón son ellos, los niños”.

Hasta ahora ha recibido alrededor de 15 casos los cuales ya están contemplados pero aún no se ha reunido con ellos. Seguirán recibiendo correos a las direcciones que muestra el tuit durante todo el mes de julio para iniciar con los casos en los primeros días de agosto.

En caso de no completar los 100 casos lo antes posible, planean hacer mayor promoción en las últimas dos semanas de julio a través de redes sociales.

Un abogado puede llegar a cobrar desde 4 mil 500 hasta 15 mil pesos por un divorcio, dependiendo de las condiciones del caso. “Es importante que la gente tenga claro que no tenemos restricción alguna, atenderemos a todos sin importar la situación o estrato social; para todos el servicio será gratuito hasta que se acabe el juicio y se tenga una sentencia firme”.

El abogado comenta que la verdadera intención de la #AMLOmanía, más allá de simpatizar por un partido o candidato, es la de compartir sus conocimientos y capacidades con quien lo necesite.

“Somos varios abogados los que comulgamos con la idea de retribuir a la sociedad sin esperar algo a cambio. El poner tus conocimientos al servicio de la sociedad es una de nuestras obligaciones como seres humanos”, comenta.
Norberto seguirá en la espera de casos y desea que tanto su propuesta como todas aquellas de la iniciativa #AMLOmanía obtengan la mayor difusión posible.
“Ustedes ya están poniendo su granito de arena al hacer este reportaje, se han contagiado de ese amor y cariño por el prójimo. Espero que esto no solo se dé en el ámbito legal sino que se replique en muchas otras áreas. Ojalá que esto sirva para crear una nueva cultura de compartir”.

100 adultos mayores podrán aprender computación

La #AMLOmanía también hizo ruido en el norte del país. En Chihuahua, Tania Molina ofreció 100 cursos de computación para adultos mayores y mantenimiento a computadoras de forma gratuita si Andrés Manuel resultaba ganador.

“Me enteré de la #AMLOmanía en Youtube. Vi que mucha gente se estaba sumando regalando cosas u ofreciendo servicios sin esperar nada a cambio. Eso fue lo que me motivó, el hecho de ver a un México tan unido, y que no fuera por el mundial, me impulsó a ofrecer los 100 cursos”, comenta Tania.

Eligió la computación pues dice que se le facilita mucho, además de que sabe reparar equipos.

¿Y por qué las personas de la tercera edad? Tania argumenta que lo dirigió a este sector porque es el que menos atención tiene y los que menos acercamiento tienen a las nuevas tecnologías.

“Los niños ya vienen con el chip de la tecnología, los jóvenes han crecido con ella, pero a las personas de la tercera edad se les ha dificultado, incluso es muy difícil que alguien quiera ayudarles”, agrega.

Dado que muchas de estas personas no tienen cuenta de Twitter, Tania ofreció los cursos a través de grupos de Facebook, pues cree que esta red social es más popular y hay un uso más común entre los ciudadanos por lo que aquellos que se enteren pueden avisar a los adultos mayores que no tienen acceso a internet.

A unos días de su publicación, Tania ha sido contactada por 5 personas a través de Facebook lo cual atribuye a la falta de difusión. Espera tener a las 100 personas en los próximos días y en caso de que no sea así, está decidida a visitar asilos y allí dar las clases.

“Yo no tengo prisa alguna, pero con aquellos que ya me contactaron quisiera empezar este lunes, estoy decidida a cumplir con lo que dije. La invitación es al público de la tercera edad en general, no importa si no cuentan con computadora, yo puedo prestarles”, comenta.

Durante las próximas semanas estos hombres y mujeres trabajarán para cumplir sus compromisos. Muchos aún están en busca de beneficiarios y otros más a la espera de más personas que quieran unirse para apoyar sus compromisos y al mayor número de personas posibles.

Si quieres saber más sobre esta iniciativa búscala en Twitter con hashtag #AMLOmanía.

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#YoSoyAnimal

Llegada del Apolo 11 a la Luna: los 13 minutos en los que toda la misión estuvo a punto de fracasar

Los 13 minutos previos a que el Apolo 11 se posara sobre la Luna hace 50 años, las comunicaciones fallaron, la computadora disparó una alerta con un código extraño y la nave estuvo a 18 segundos de quedarse sin combustible.
20 de julio, 2019
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Se dice que Neil Armstrong es una de las pocas personas del siglo XX que todavía será recordada en el siglo XXX.

Pero antes de que el astronauta estadounidense pisara la Luna y diera “un gran paso para la humanidad” el 20 de julio de 1969, la misión Apolo 11 estuvo a punto de fracasar.

“Un mes antes del despegue del Apolo 11 decidimos que teníamos la confianza suficiente para intentar descender en la superficie”, contó Armstrong en mayo de 2012, tres meses antes de morir.

“Creía que teníamos 90% de posibilidades de volver sanos a la Tierra, pero solo 50% de aterrizar en un primer intento. Había muchas cosas desconocidas en ese descenso de la órbita a la superficie lunar que no se habían demostrado todavía”, recordó entonces.

Pero a medida que Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin comenzaron a recorrer los 15 kilómetros para el descenso a la Luna, las posibilidades de no lograrlo empezaron a crecer.

Los audios del centro de control de la misión de la NASA son una prueba de cómo la tensión atravesaba cada palabra y, sobre todo, cada silencio.

Como dijo Armstrong en otra entrevista, los 13 minutos previos a tocar la superficie lunar fueron un “desenfreno de incógnitas.

Sin miedo

Si bien unas 400.000 personas estuvieron involucradas en el Proyecto Apolo de la NASA, solo un reducido equipo de entre 20 y 30 personas estaban en el centro de control en el momento histórico.

Uno de los datos más sorprendentes de ese selecto equipo es que la edad promedio de los controladores de vuelo era 27 años.

“Si bien puede parecer extraño que una responsabilidad tan grande fuese volcada sobre un grupo de empleados nuevos que aún no habían salido de la universidad, su juventud fue mayormente considerada como un activo importante”, explica Kevin Fong, presentador del podcast “13 minutos a la Luna” de la BBC.

“No es que no entendieran los riesgos”, explicó el director de vuelo de Apolo, Gerry Griffin, a Fong. “Simplemente no tenían miedo“.

Esa audacia y compromiso con la misión terminarían siendo cruciales para el éxito del Apolo 11.

Como dijo ese día Gene Kranz, director de vuelo de la misión, a su equipo en el centro de control en Houston, Texas: “Estaremos aquí hasta que hayamos o bien alunizado, o bien abortado la misión, o la nave se haya estrellado“.

Incomunicados

Mientras la adrenalina crecía en la Tierra, a unos 400.000 kilómetros de distancia, el clima era relajado.

El módulo lunar o “Águila” con Armstrong y Aldrin a bordo ya se había desacoplado del módulo de comando o “Columbia”, piloteado por Michael Collins y que se mantuvo girando alrededor de la Luna.

Durante la preparación para el descenso final, Armstrong incluso bromeó con que había un cierto ruido en sus auriculares que parecía “viento soplando entre los árboles”.

Centro de control del Apolo 11.

NASA
Los audios del centro de control son una prueba de cómo la tensión atravesó cada palabra y cada silencio.

Pero en cuanto Aldrin dio la orden de activar P-63, el programa que controlaría los momentos exactos en los cuales los motores se encenderían y por cuánto tiempo, los problemas empezaron.

Kranz contó sobre ese momento: “Las comunicaciones con la nave espacial son absolutamente horribles: nosotros no nos podemos comunicar con ellos, ellos no se pueden comunicar con nosotros”.

El problema estaba en la llamada antena de alta ganancia, el enlace de radio que permitía al centro de control hablar con Armstrong y Aldrin, así como recibir datos de los sistemas del módulo lunar.

Y sin esa telemetría no podían aterrizar en la Luna.

El equipo de telecomunicaciones entonces decidió cambiar la orientación de Águila para así mejorar la señal de la antena con la Tierra.

Mientras tanto, los controladores debían transmitirle toda la información a Collins, quien a su vez se lo comunicaba a Armstrong y Aldrin.

A pesar del caos y la información fragmentada, los astronautas recibieron la orden de encender el motor y comenzar el estrepitoso descenso hacia la superficie lunar.

Steve Bales en el centro de control de la misión Apolo.

NASA
El guía de vuelo Steve Bales era uno de los jóvenes sentados en el centro de control de la misión Apolo 11 durante el momento histórico.

Demasiado rápido

Los problemas de comunicación se resolvieron, pero para el guía de vuelo, Steve Bales, los contratiempos recién empezaban.

“Estoy viendo mi monitor y estoy en grandes problemas, porque el vehículo está viajando hacia la Luna 20 pies por segundo (6 metros por segundo) más rápido de lo que debería”, contó Bales recordando ese momento.

“Oh, por dios”, pensó, “si crece otros 15 pies por segundo (4,5 m/s) tengo que abortar” la misión.

Es que llegar a los 35 pies por segundo (10,5 m/s) era indicador de que algo muy grave estaba pasando, probablemente con la computadora del módulo lunar.

Además, corrían riesgo de pasarse del área de aterrizaje establecida.

Armstrong también se dio cuenta de que estaban yendo demasiado rápido.

Como explica Fong en el podcast, desde que la superficie lunar apareció en su ventana, el comandante había estado cronometrando “la aparición de puntos de referencia, cráteres y montañas”, y comparando “con una lista de verificación que había preparado antes del lanzamiento”.

Foto de la Tierra y la Luna tomada por los astronautas del Apolo 11.

SSPL/Getty Images
Un retrato de la superficie lunar y, de fondo, la Tierra, tomada hace medio siglo.

Bales finalmente dijo: “Lo vamos a lograr creo“.

La frase no suena muy reconfortante, pero no hubo tiempo para pensar más al respecto porque, en cuanto la velocidad se mantuvo dentro del límite de seguridad, otro problema apareció.

Código 1202

Para aterrizar en la Luna, la tripulación dependía casi por completo de la computadora a bordo.

Lo que entonces era el dispositivo más complejo y sofisticado a bordo de la nave espacial, tenía la capacidad de procesamiento y memoria de una calculadora de bolsillo.

De hecho, la pantalla y teclado de la computadora se asemejaban a una calculadora gigante.

No obstante, “si se consideran las interconexiones, confiabilidad, resistencia y documentación, la computadora de guía Apolo es al menos tan impresionante como la PC en tu escritorio“, escribió el profesor en aeronáutica y astronáutica del MIT David A. Mindell en el libro “Apolo digital”.

“El software Apolo -agregó- es también un intrincado ballet producto del trabajo e ideas de muchas personas”.

El módulo lunar Águila.

Getty Images
Tras el dramático descenso, Armstrong y Aldrin pasaron 21 horas y 36 minutes en la superficie lunar.

En los hechos, esa rudimentaria pantalla solo podía mostrar una serie de números para arrojar información y ayudar a identificar problemas.

Cuando faltaban apenas 5 minutos para el alunizaje, un código apareció en la pantalla: “1202”, o como lo leyó entonces Armstrong, “doce-cero-dos”.

Fong, quien entrevistó a decenas de personas para el podcast, dice que todos coincidieron en que fue la primera y única vez en que el astronauta mostró estar urgido.

“En el control de la misión, nadie entendió lo que estaba sucediendo. ¿Estaba la computadora a punto de fallar? ¿Tendrían que abortar el aterrizaje? ¿Estaban en peligro las vidas de Armstrong y Aldrin?”, narra Fong.

Bales consulta al equipo de apoyo sobre la extraña alarma que no sonó una sino cinco veces durante el descenso del Águila.

Tras unos eternos 15 segundos, finalmente la respuesta llegó: el código 1202 quería decir que la computadora estaba sobrecargada de tareas.

Pero, como no era una computadora cualquiera, tampoco se colgó como lo haría una PC cualquiera.

La máquina había sido programada de tal forma que, en caso de estar sobrecargada, pasaba a priorizar las tareas críticas para la misión, como mantener al módulo volando a la velocidad y en la dirección correctas.

“Esta fue una característica de seguridad brillante diseñada por programadores del MIT”, dice Fong, quien explica que parte del equipo en la Tierra pasó a ocuparse de las tareas que la computadora ya no podía procesar.

“Esta capacidad de compartir una tarea compleja entre personas y máquinas”, afirma, “es emblemática de cómo la NASA operó durante el Proyecto Apolo y una razón clave de su éxito“.

Rocas y combustible

Pero antes de aterrizar, todavía faltarían otros dos grandes problemas. El primero fue el lugar.

La computadora estaba guiando automáticamente al Águila a la zona de alunizaje, cuando Armstrong logró verla por la ventana: “Área bastante rocosa”, dijo.

La nave se estaba dirigiendo al Mar de la Tranquilidad, el punto elegido, pero sobre el cráter oeste, un agujero gigante de unos 30 metros de diámetro con rocas del tamaño de autos.

“No era para nada un buen lugar”, recordó Armstrong en 2012. “Tomé el control manual y lo volé como un helicóptero en dirección oeste”.

Su decisión tuvo una consecuencia inesperada: la nave comenzó a quemar combustible mucho más rápido de lo esperado.

“Saber cuánto combustible quedaba en los tanques del Águila estaba lejos de ser sencillo”, cuenta Fong. “La cantidad de combustible consumido cambiaba segundo a segundo a medida que Armstrong aumentaba y disminuía el empuje del motor”.

Entonces desde control de misión, el controlador de vuelo Bob Carlton informó que restaban “120 segundos” de combustible. Luego, “60 segundos”.

“Y aún no estamos ni cerca de la superficie”, recordó Kranz.

Apolo 11 en la Luna

NASA
El módulo lunar aterrizó en el Mar de Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

“Durante todo el tiempo, Aldrin está haciendo su trabajo, que es estar calmado, ser claro, leer los números, ayudar a su comandante a saber que están en buena forma”, dijo Paul Fjeld, historiador del Programa Apolo, a Fong.

“Sé, por haber hablado con él después, que lo que está pensando es: ‘¡Vamos, aterriza! ¡Aterriza! ¡Aterriza!'”, agregó.

Entonces, entre medio de los números que va leyendo, Aldrin afirmó: “Estamos levantando un poco de polvo“.

Armstrong se había quedado ya sin visibilidad por el polvo, cuando desde el control se escuchó un nuevo ultimátum por el combustible: “30 segundos”.

Pasaron otros 12 segundos. “Luz de contacto”, dijo Aldrin, refiriéndose a la luz azul en el tablero que indicaba que estaban a un metro de la superficie lunar y debían apagar el motor.

“Fueron 10 eternidades”, contó luego Carlton. “Estuvimos a 18 segundos de abortar. Tuvimos suerte de lograrlo”.

El módulo lunar aterrizó en el Mar de la Tranquilidad el 20 de julio de 1969 a las 20:17:39 UT.

Armstrong entonces dijo: “Houston, aquí base Tranquilidad: el Águila ha aterrizado“.

El resto es historia.


Esta nota está basada en el programa “13 minutos a la Luna”, conducido por Kevin Fong y producido por Andrew Luck-Baker. Puedes escucharlo (en inglés) en la página del Servicio Mundial de la BBC, en la BBC Sounds o en las principales plataformas de podcasts.


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