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Cientos de cámaras, peticiones de la gente y empujones, lo que se vive en la casa de transición de AMLO

Aún restan cuatro meses para que asuma oficialmente como presidente, pero desde que Andrés Manuel López Obrador ganó la elección el pasado 1 de julio, medios nacionales e internacionales siguen sus pasos en una cobertura masiva sin precedentes.
AFP Archivo
Por Manu Ureste
31 de julio, 2018
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Faltan quince minutos para las ocho de la mañana del 11 de julio, y al fondo de la calle Chihuahua, colonia Roma, Ciudad de México, el coche de Andrés Manuel López Obrador asoma lentamente rodeado por cuatro motocicletas y un grupo de al menos 30 periodistas que se arremolinan sobre él para tomarle fotos y videos.

-¡Ya está aquí! –se escucha un grito a unos pocos metros de la escena, en la casa de transición, donde otro grupo de periodistas y al menos otro centenar de personas aguarda desde las siete de la mañana para realizar una cobertura informativa, dejar su currículum o pedirle algo a López Obrador.

Ante la escena de gente corriendo por la calle, el vehículo, un Jetta blanco, frena en seco para no atropellar al mar de periodistas que se agolpa sobre su carrocería abollada. López Obrador, que viaja en el lado del copiloto, baja la ventanilla y saluda visiblemente abrumado, al tiempo que pide calma para que dejen pasar al auto, con la promesa de que hablará una vez que entre al estacionamiento de la casa de transición.

Pero de nada sirve la promesa: las cientos de micrófonos, celulares, grabadoras, y objetivos de cámaras de televisión y de fotografía, compiten fieramente por colarse a través del reducido hueco de la ventanilla, mientras, en mitad de la escena, un admirador de López Obrador entra a empujones para hacerse una ‘selfie’ con el próximo presidente de México.

“No me apachurren”

La imagen anterior no es producto de un día extraordinario, o de una cobertura sobre un acontecimiento especial. En realidad, es la escena cotidiana desde que López Obrador ganó las elecciones el pasado 1 de julio y abrió su casa de transición a la colonia Roma, en la calle Chihuahua.

Una calle que, casi de la noche a la mañana, sus vecinos la han visto pasar de ser una más en la colonia, a convertirse en el epicentro informativo del país, con decenas de periodistas mexicanos, y otros tantos de países como China, Rusia, España, Colombia, o Estados Unidos, que reportan en vivo los siete días de la semana el más mínimo movimiento de López Obrador.

Toda una sobreexposición mediática que ha originado algunos incidentes entre la prensa y López Obrador.

Uno de los ejemplos más claros puede apreciarse a simple vista en el coche del tabasqueño, el cual tiene abolladuras y rayones repartidos por toda la carrocería, producto de los choques con las motocicletas que emisoras de radio y televisión envían para seguirlo.

De hecho, las prisas y la competencia de los medios por la foto de última hora, o por el video con el mejor ángulo, ha provocado que López Obrador pidiera a los periodistas que no lo “apachurraran”, para evitar golpes accidentales de las cámaras de televisión.

La última vez que lo hizo fue el pasado tres de julio, durante una visita a Palacio Nacional tras el triunfo electoral: “Me va a cuidar la gente, el pueblo, y me van a cuidar ustedes (los medios), porque no me van a apachurrar. Y estoy hablando de camarógrafos y fotógrafos, porque me he llevado algunos golpes con las cámaras”, dijo López Obrador.

Pero la persecución en moto y el asedio de las cámaras no son lo único. En los días posteriores a la victoria del 1 de julio, también era común ver helicópteros siguiendo el paso a paso del trayecto de López Obrador, en los apenas 20 kilómetros de distancia que hay desde su domicilio particular, en la delegación Tlalpan, hasta la casa de transición, en la colonia Roma.

“La verdad, era algo muy exagerado”, dice una reportera de una televisora nacional, que pide omitir su nombre y medio de comunicación. “Pero es que antes, López Obrador llegaba a su casa, le ponían el micro, y hablaba. O salía a comer, y hablaba. Se paraba en un semáforo… ¡y hablaba!”.

Pero la situación ha ido cambiando en las últimas dos semanas. Ante el caos de atender a diario a decenas de periodistas que buscan declaraciones sobre múltiples temas, el equipo de comunicación de López Obrador, que básicamente se reduce a César Yáñez, su vocero personal, pidió a los medios que cesaran los seguimientos hasta el domicilio privado del tabasqueño, y redujo sus declaraciones a una conferencia por día para que todos los medios tuvieran el mismo material.

Aún así, los fotógrafos y camarógrafos a bordo de motocicletas continúan persiguiéndolo, las unidades satelitales siguen estacionadas frente a la casa de transición, y equipos de reporteros se turnan las sillas, de esas que se usan para la pesca deportiva, para completar largas guardias.

“Con EPN nunca hubieras visto una cobertura tan cercana”

En cuanto a los motivos que explican a este ‘boom’ en la cobertura de un presidente que aún está a cuatro meses de que entre en funciones, pueden plantearse dos puntos.

El primero es la expectación tan alta que ha generado en buena parte de la sociedad mexicana el triunfo de López Obrador, luego de dos intentos fallidos; uno de ellos, el de 2006, tras una derrota ajustada muy polémica con Felipe Calderón, y con acusaciones de fraude por parte de López Obrador.

Y a esto se le une otro punto: el trabajo de ‘transición’ en gobiernos como el de Calderón, o el más reciente de Peña Nieto, también se daba durante los cinco meses que transcurren desde la votación, pero de manera privada y mucho más hermética para los medios. En cambio, López Obrador comenzó el 1 de julio a dar conferencias todos los días sobre múltiples temas: desde nombramientos en el nuevo gabinete de Gobierno, hasta dar respuesta a las primeras polémicas, como la multa por 197 millones de pesos que el INE impuso a su partido, Morena, por irregularidades en el fideicomiso para los damnificados del sismo.

Además de la expectación en México, Ricardo, periodista de una televisora de Hong Kong, China, recalca que el triunfo de Obrador ha despertado también el interés de los medios internacionales, que buscan explicar qué cambios afronta México en los próximos seis años.

“Claro que se conoce a López Obrador en China –asegura-. Desde la central en Hong Kong me piden muchas notas sobre él. Quieren saber en qué consisten sus propuestas de recortar salarios a funcionarios, y, sobre todo, cómo van a ser las relaciones con Trump, las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC), y el tema del muro en la frontera”.

El segundo punto obedece a que López Obrador renunció, desde el arranque de la campaña el 1 de abril, a que el Estado Mayor presidencial lo escolte.

“Con Peña Nieto nunca hubieras visto una cobertura mediática tan de cerca, porque llevaba escoltas desde que era candidato a la presidencia”, comenta otra reportera veterana, de una emisora de radio.

“Pero como López Obrador dice que el pueblo es el que lo cuida, pues todo el mundo se le acerca. Y es por eso que tenemos que estar encima de él todo el tiempo. Porque no sabemos qué puede pasar con la gente que se le acerca”, añade la periodista.

Empujones para entrar a la ‘casa de transición’

Otro de los motivos por los que se redujo las comparecencias de López Obrador ante los medios, es que la multitud de periodistas que lo sigue imposibilita que el tabasqueño pueda interactuar más con los cientos de personas que se agolpan frente a la casa de transición.

Una casa que también ha sido bautizada en crónicas periodísticas como ‘la casa de los deseos’, ante la cantidad de peticiones que la gente le pide a López Obrador: ayudas económicas, peticiones para que interceda por un familiar, o, incluso, hay quienes solo se acercan con la idea de tocarle la mano para luego santiguarse con la mirada puesta en el cielo.

Ante esta situación, el propio López Obrador designó, en una de las mañanas que encontró la entrada del inmueble abarrotada de personas, a Leticia Ramírez como “enlace de atención ciudadana”.

Sin embargo, el nombramiento no está siendo suficiente. Cada día, la fila de personas que esperan a ser atendidas va en aumento. Así como las escenas de tensión entre ciudadanos que esperan que López Obrador los atienda en persona, y los medios de comunicación que para acceder a las ruedas de prensa tienen que abrirse paso a empujones.

Así sucedió, por ejemplo, el pasado miércoles 25 de julio, cuando el equipo de López Obrador recibió a una delegación de funcionarios canadienses. Ese día, tras retirar los agentes de tránsito unas vallas que cortaban el tráfico de la calle Chihuahua, una avalancha de personas salió corriendo hacia la puerta de la casa de transición, colisionando con reporteros y camarógrafos.

La tensión se elevó hasta los insultos. Parte de los ciudadanos consideraban injusto que no tuvieran prioridad para entrar al inmueble, máxime cuando habían gastado dinero en pasajes para viajar desde estados como Veracruz o Chiapas, solo para ver a López Obrador. Mientras que entre los reporteros hubo reclamos por trabajar en esas condiciones.

Precisamente, otro de los reclamos habituales es que en la casa de transición no haya una sala de prensa, para que los medios puedan enviar sus notas, y sus reportes para radio o televisión.

Por ello, también son habituales las imágenes de periodistas escribiendo notas sobre sus celulares en una banqueta aledaña a la casa. O de reporteros que salen corriendo rumbo a la modesta cafetería de la esquina, que alterna el servicio de desayunos con ejercer de sala de prensa no oficial del próximo gobierno de México.

Cuestionado sobre este asunto, López Obrador pidió comprensión a los medios que le pedían poder trabajar en unas instalaciones con acceso a servicios básicos, como agua y un baño.

“Ya estamos viendo eso –dijo al término de una rueda de prensa el pasado viernes 27 de julio-. Y lo vamos a solucionar poco a poco”.

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Getty Images

Por qué en Los Ángeles hay gente que paga por caminar

El estadounidense Chuck McCarthy empezó a caminar con extraños a cambio de dinero hace tres años. Su iniciativa ha crecido hasta convertirse en una app, lanzada en marzo, con más de 200 "paseadores de personas". ¿Cómo se le ocurrió y por qué la usan?
Getty Images
6 de junio, 2019
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Pagarle a alguien por caminar contigo suena como un servicio que sería viable en Japón o China, países acostumbrados al alquiler de “amigos” o de “padres”.

Pero al otro lado del Pacífico, en el estado de California, hay un hombre al que un día se le ocurrió pasear gente. Y está probando ser exitoso.

Chuck McCarthy tuvo la idea en 2016. Mandó hacer una camiseta, creó una página de Facebook y pegó afiches por todo Los Ángeles promocionando sus servicios como The People Walker (“El paseador de personas”, en español).

Tres años después, McCarthy atrajo a inversionistas que el pasado marzo le ayudaron a lanzar una app móvil del servicio, que cuenta actualmente con más de 200 proveedores, es decir, personas que cobran por caminar con extraños.

Chuck McCarthy
BBC

Chuck McCarthy o, como le conocen en Los Ángeles, “The People Walker”.

La app funciona de forma parecida a Uber o Lyft: creas un perfil, permites que la herramienta utilice tu ubicación geográfica y solicitas la caminata a una hora y en un día específicos. A continuación, aparece un listado de personas que cobran entre US$7 y US$21 por cada media hora de trayecto.

Como es de esperar en la ciudad sede de la industria del entretenimiento y el cultivo a la imagen, muchos de los proveedores son también actores, entrenadores físicos o profesores de yoga.

Aunque también hay psicólogos, profesionales de otras áreas y personas que hablan diferentes idiomas.

Ni McCarthy ni su socio deciden cuánto va a cobrar cada proveedor, sino que establecieron un rango de precios y cada quien elige cuánto vale. Lo que sí es requerido para todos es un chequeo de antecedentes penales.

“Mis amigos están ocupados”

Bob Nankin lleva dos años y medio caminando con McCarthy, aunque aclara que no lo hace porque se sienta solo.

“Mis amigos están ocupados, tienen sus vidas y es difícil coordinar para vernos”, dice.

“Mi motivación es el ejercicio, aunque entiendo que alguien camine por un tema de salud mental o por soledad“, agrega.

No es extraño que este servicio se ofrezca en en una ciudad como Los Ángeles, en la que los centros urbanos están dispersos, el tráfico es infernal y mucha gente trabaja desde casa o con horarios irregulares.

Chuck McCarthy junto a Bob Nankin, uno de sus clientes más antiguos.

Cortesia Chuck McCarthy
Chuck McCarthy junto a Bob Nankin, uno de sus clientes más antiguos.

De hecho, en el condado de Los Ángeles el 24% de las viviendas, casi 785.000, están habitadas por una sola persona, según datos del censo citados en la web Suburban Stats.

En el caso de Nankin, quien está retirado de su empleo en el sector de la salud, caminar es una prioridad a sus 71 años.

“Con Chuck intercambio historias, hablamos de nuestros planes y he conocido diferentes vecindarios gracias a él”, dice.

Los adultos mayores constituyen uno de los públicos más atraídos al servicio, pero no son los únicos.

“No es una broma”

McCarthy dice que ha caminado hasta con adolescentes de 18 años, curiosos de saber si su servicio “era real o una broma”.

Esa percepción ha sido una de sus luchas. “La gente comenta cosas como: ‘¿quién va a pagar por caminar?‘ Y yo les respondo que por qué no, si ya pagamos por estar sentados”.

Dos jóvenes caminando

Facebook People Walker
“The People Walker” tiene más de 200 “caminantes de personas” que prestan el servicio.

Lo dice en referencia a servicios de streaming como Netflix, que popularizaron el llamado binge-watching, es decir, invertir horas en ver toda una serie de una sola sentada.

“Incluso las apps de entrenamiento físico quieren que te sientes lo más rápido posible. Promocionan rutinas de solo 15 minutos o menos”, añade.

Pasar muchas horas sentado fue justamente lo que motivó a McCarthy, quien vive en Los Ángeles desde hace 11 años, para crear The People Walker.

Había decidido abandonar el trabajo de producción de comerciales para convertirse en actor, un oficio que puede llegar a ser bastante solitario.

Una tarjeta de "The People Walker" fijada en una cartelera de un vecindario de Hollywood.

BBC
Por todo Hollywood se pueden ver pósters y anuncios como estos fijados en carteleras.

“Pasaba horas en internet postulándome a trabajos de actuación. Incluso a veces cuando iba a un café a trabajar, no hablaba con nadie“, recuerda.

Así que pensó que podía cobrar por caminar, como un ejercicio físico, para que fuese más seguro y para tener más experiencias humanas.

“Pensé en pasear perros, pero no me gusta recoger caca”, bromea.

Los pósters caseros que fue pegando en varios vecindarios llamaron la atención de más de un medio local. Uno incluso metió a McCarthy en la categoría de “gente con trabajos extraños”.

Pero, según él, “hay gente en esta ciudad que paga US$100 la hora por caminar con entrenadores físicos o con guías turísticos, así que no entiendo qué tiene de raro”.

Así se ve la app de The People Walker

App The People Walker
La app funciona de forma parecida a Uber o Lyft.

McCarthy insiste también en que el servicio no es solo para gente solitaria. “Muchos de nuestros clientes tienen amigos y vida social”, aclara.

Sobre si la app ha sido un éxito, McCarthy se limita a decir que “no nos vamos a hacer multimillonarios con esto”.

“Veo a los extraños como amigos que no he conocido todavía”

Con un trabajo como editora en línea que la mantiene en casa todo el día, CJ Arabia decidió trabajar como “paseadora”.

CJ Arabia

Cortesia CJ Arabia
CJ Arabia se unió a la app como proveedora de caminatas.

La primera vez que lo hizo, recuerda, el cliente le pidió que acelerara el ritmo.

“Estaba muy nerviosa, pero terminó siendo una maravilla”, dice.

Arabia cuenta que el comentario que más recibe de los usuarios es que, de no haber reservado una caminata, se hubiesen quedado encerrados en casa.

“Es ese compromiso de tener una cita, de no fallar, que sirve mucho de motivación”, añade.

Tanto Arabia como McCarthy tienen claro que no son amigos de sus clientes, aunque las caminatas a veces los lleven a compartir información muy personal.

Es un rasgo que parece ser el denominador común de las apps de relaciones sociales: conocerse, pasar un buen rato y mas no profundizar.


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