La cobertura de la seguridad social en México solo creció 1% en 10 años: OIT
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La cobertura de la seguridad social en México solo creció 1% en 10 años: OIT

La Organización Internacional del Trabajo presentó un informe sobre la protección social en Latinoamérica en el que destaca el crecimiento en cobertura de 2005 a 2015: mientras algunos países crecieron 15 puntos porcentuales, México solo uno.
Cuartoscuro
Por Claudia Altamirano
26 de julio, 2018
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En Latinoamérica hay 145 millones de personas trabajando solo para sostenerse: su futuro es incierto porque no cotizan en ningún sistema de seguridad social que les permita asegurar el futuro, advierte la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el periodo 2005-2015, la cobertura creció 8 puntos porcentuales en la región pero México se quedó muy atrás: solo consiguió crecer uno por ciento.

La OIT presentó este miércoles un informe regional sobre Protección Social en América Latina y el Caribe, en el que señala que más de la mitad de los trabajadores latinos (55 %) está fuera de los sistemas de seguridad social, aunque el otro 44.6 % ha crecido 8 % desde 2005, cuando llegaba solo a 36 % de los trabajadores.

El reporte se basa en una evaluación a 16 países de la región, de los cuales seis tienen una cobertura menor al 31.6 % de México: El Salvador (30.8 %), Perú (25.6 %), Paraguay (21.4 %), Guatemala (19.9 %), Honduras (18 %) y Bolivia (17.4 %). Sin embargo, México cae hasta el último lugar en cuanto a crecimiento: únicamente 1 % en comparación con lo que crecieron Paraguay (8 %) o Perú (12 %) en la década que va de 2005 a 2015.

Los países con mayor crecimiento en ese periodo son República Dominicana (15.8 %) y Uruguay (14 %), nación que también cuenta con la mayor cobertura de los 16 países evaluados, llegando a 75.6 por ciento. El éxito uruguayo se puede explicar por la incorporación de sectores independientes a la formalidad, como los trabajadores del hogar, de acuerdo con los expertos de la OIT.

Asimismo, el estancamiento de México se debe, principalmente, a la falta de iniciativas y planes coordinados entre instancias de gobierno para insertar a más sectores al empleo formal, explicó a Animal Político Helmut Schwarzer, Especialista Principal en Protección Social y Desarrollo Económico para las Américas de la OIT.

“Para aumentar la cobertura, Uruguay tuvo reformas al sistema de seguridad social: incorporó a más personas. Allá es obligatorio afiliar a todas las categorías ocupacionales y en México no todas son obligatorias, como los trabajadores domésticos. Sería necesario transformar la ley para que estos grupos que hoy son afiliados voluntarios pasen a ser obligatorios”, sugirió el experto.

Pero los trabajadores independientes que sí pagan contribuciones son un sector tan olvidado en México, que este país ni siquiera aparece en el conteo de la OIT de esta categoría. En el ranking de ‘Patronos y cuentapropistas (trabajadores por cuenta propia) cotizantes’ no figura México porque no cuenta -como algunos países sudamericanos- con esquemas de prestaciones para independientes que paguen sus propias contribuciones. Fabio Bertranou, director de la OIT para el Cono Sur, menciona como ejemplo a Chile, que ofrece una cobertura por riesgos de trabajo a trabajadores del hogar a través del Instituto de Seguridad Laboral, equivalente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) mexicano.

“El trabajador que usa efectivo, que no tiene un local, puede condensar todos sus impuestos en un régimen y recibir seguridad social. Por eso México tiene una cobertura de 30 % y en otros países llegan a 70, porque dan algunas prestaciones a trabajadores independientes”, dijo Bertranou a este medio.

Otro de los problemas de México en cuanto a formalización del empleo, de acuerdo con Schwarzer, es que las pocas políticas públicas existentes para incorporar a los informales están inconexas, lo que impide crear un plan integral efectivo para este fin. “No hubo (en el periodo 2005-2015) un abordaje integrado de políticas en busca de la formalización, solo en los últimos dos años hemos visto un esfuerzo más coordinado de sinergia. Tenemos iniciativas en el área tributaria, otra en la legislación laboral, pero necesitan converger”, puntualizó.

Mencionó acciones implementadas en Sudamérica que pueden acelerar el crecimiento en la cobertura: inspección laboral; incentivos a las empresas para la formalización; difusión de las opciones y educación para la seguridad social como en Uruguay, que cuenta con un programa desde hace 10 años para enseñar a los niños de primaria cómo funciona la seguridad social a través de cuadernillos didácticos.

Cobertura desigual

El informe de la OIT da cuenta de una serie de desigualdades que padecen los latinoamericanos en cuanto a seguridad social e ingreso. El documento destaca como uno de los grandes progresos del Cono Sur la incorporación de los y las trabajadores del hogar al sector formal, ya que con ello redujo considerablemente la brecha de género, que prevalece en los países que no han reconocido este sector, como México.

También hay diferencias entre los trabajadores del sector privado y del público, siendo estos últimos los que cuentan con la mayor cobertura (en tres países es de 100 %, en cinco es de 90 % y en ningún país de los 16 analizados la cobertura entre los burócratas es menor a 70 por ciento). En cambio, en el sector privado ocho países de la región no alcanzan el 50 % de cobertura en seguridad social.

Otra desigualdad que revela el Informe es la del ingreso entre los trabajadores cotizantes de la región: los que ganan más tienen más cobertura que los que reciben un salario menor. “Siendo una región con una desigualdad exacerbada, América Latina traslada las importantes desigualdades de sus mercados laborales a la seguridad social”, puntualiza el reporte, aunque admite que la región en su conjunto logró reducir estas brechas salariales en alguna medida. Sin embargo, “México y Paraguay se apartan del patrón de mejoras en la distribución del ingreso”, advierte el documento.

El panorama es sombrío para los mayores de 65 años en toda la región. Solo cuatro países (todos del Cono Sur) tienen a la mayoría de sus adultos mayores en un esquema de pensión, el resto no rebasa el 30 por ciento, según el Informe. El porcentaje de ellos que cuenta con salario y pensión no rebasa el 8% en promedio, los que sólo tienen salario apenas llegan a 15 % y hasta 33 % no tiene salario ni pensión. Esta última categoría alcanza 55.3 % en México.

Y entre los adultos mayores que no reciben salario ni pensión, las mujeres están aún más desprotegidas. El 17 % de los varones mayores de 65 años cabe en esta categoría, contra el 46.7 % de las mujeres. En el caso de México, los hombres son el 29.1 % y las mujeres alcanzan un abrumador 77.3 por ciento.

De continuar a este ritmo, advierten los expertos laborales, América Latina y el Caribe tardará otros 70 años en llegar a una cobertura casi total, mientras se enfrenta a una mayor longevidad de la población y una tendencia laboral cada vez mayor a la informalidad y los empleos independientes. Para mejorar esta perspectiva, la OIT recomienda una serie de medidas que incluyen: incrementar el espacio fiscal y mejorar la tendencia distributiva; mejorar la formalización de la economía; reducir la fragmentación y segmentación interna de los esquemas de prestaciones; mejorar la coordinación interna de las políticas de protección social y adaptar estas políticas a los cambios tecnológicos, demográficos y climáticos actuales, entre otras.

 

Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Fundación Kellogg.

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Coronavirus; ¿Qué produce una respuesta inmunitaria más fuerte: la infección natural o la vacuna?

Si bien ambas producen una respuesta inmunitaria, te explicamos por qué es mejor la protección que te puede ofrecer una vacuna contra el SARS-CoV-2.
16 de diciembre, 2020
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Reino y Estados Unidos iniciaron ya su programa de vacunación masiva contra el coronavirus con la vacuna de Pfizer/BioNTech.

La inmunización, producida en Bélgica, es un nuevo tipo de vacuna llamada ARN que utiliza un pequeño fragmento del código genético del virus para enseñarle al cuerpo a combatir la COVID-19 y generar inmunidad.

El resto de las vacunas —incluidas la rusa Sputnik V, que comenzó a suministrarse de forma masiva en Moscú, la china Sinovac, la estadounidense Moderna o la británica Oxford-AstraZeneca— continúan en la carrera y la aprobación de algunas de ellas se espera de forma inminente.

En Reino Unido, los primeros en recibir la dosis inicial de las dos necesarias para alcanzar la inmunidad completa son las personas mayores de 80 años, los profesionales de la salud en primera línea, así como los trabajadores de las residencias de ancianos.

Y mientras que la mayoría de la población espera con ansias que le llegue su turno, hay quienes miran a la vacuna con recelo por las incógnitas que todavía no tienen respuesta.

Una de las preguntas que se repite (aunque no necesariamente entre quienes están en desacuerdo con la vacunación) es, ¿Qué genera una respuesta inmune más fuerte: la infección natural o la vacuna?

BBC Mundo conversó con tres expertos en el tema en busca de una respuesta.

Según el caso

En pocas palabras: aún no se sabe.

“Hay algunas enfermedades donde la vacuna protege más que la enfermedad y otros casos donde la enfermedad brinda más protección que la vacuna”, le explica a BBC Mundo Carlos Rodrigo, vacunólogo y Director Clínico de Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, en Barcelona.

Paciente de covid-19

Getty Images
Mientras que a algunas personas el virus les provoca pocos o ningún síntoma otros deben ser hospitalizados o conectados a un respirador.

Rodrigo da como ejemplo enfermedades clásicas como el sarampión, la varicela o las paperas, donde la infección natural es la que otorga una inmunidad más prolongada, donde lo habitual es que una vez que la pasas no te vuelvas a enfermar.

En otro tipo de infecciones, como las provocadas por neumococos o meningococos (dos tipos de bacterias) en niños o por el virus del papiloma humano (VPH) —un grupo de virus que puede causar verrugas y varios tipos de cáncer— la situación es exactamente opuesta.

En el caso del VPH, por ejemplo, la vacuna genera una respuesta inmune más potente que la inmunidad natural, ya que esta última es particularmente débil.

Esto se debe a que, entre otra cosas, el virus emplea varias tácticas para evadir al sistema inmune, le explica a BBC Mundo Maitreyi Shivkumar, profesora de Biología Molecular en la Facultad de Farmacia de la Universidad De Montfort, en Reino Unido.

“Muchos virus, entre los que se incluye el VPH tienen proteínas que bloquean la repuesta inmune o simplemente mantienen un perfil bajo para no ser detectadas”.

En cambio la vacuna, “contiene una concentración alta de una sola proteína —la que sobresale de la superficie del virus y la que detecta el sistema inmune— en su forma más pura”.

Al suministrar una gran cantidad de esta proteína, la respuesta que se genera es mucho más fuerte, señala Shivkumar.

Y, además, la vacuna permite que, “de cierta forma, el sistema inmune no se distraiga con otros trozos del virus (como ocurriría en una infección natural)”, añade la experta, aunque aclara que son pocos los casos donde la inmunidad generada por la vacuna es mayor a la que suscita la infección natural.

“Por lo general las vacunas son tan buenas como la infección (en este sentido), o brindan suficiente inmunidad y eso es lo que se quiere lograr”.

¿Cómo se posiciona la covid-19 en este sentido?

Dado que se trata de una enfermedad nueva y de que los estudios sobre la vacuna fueron diseñados para determinar su seguridad y eficacia más que para evaluar la longevidad de la inmunidad, no sabemos con exactitud por cuánto tiempo se extiende el efecto protector de ninguna de las dos.

HPV

Getty Images
En el caso del VPH, la vacuna genera una respuesta inmune más fuerte que el virus mismo.

Lo que sí sabemos es que, a diferencia de la infección natural, de la que podemos recibir una dosis viral variable (alta, mediana o baja) que produce diferentes niveles de inmunidad, “cuando te suministran una vacuna, recibes una dosis predeterminada que sabemos provoca una respuesta inmune fuerte y apropiada, capaz de prevenir la infección en un gran porcentaje de los casos”, le dice a BBC Mundo Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto, Canadá.

“Hay muchas similitudes: las dos cosas —la infección natural y la vacuna— generan anticuerpos neutralizantes e inmunidad celular (el proceso que activa entre otras cosas a las células T)”.

“Pero una de las grandes diferencias es que las vacunas no provocan el daño colateral de una respuesta inmune extremadamente robusta, que en mucha gente puede ser perjudicial y causar daño en los pulmones”, explica la experta.

Sin vacuna, dice Carlos Rodrigo, atravesar la enfermedad es “una aventura, un azar, una ruleta rusa: mientras que a algunas personas no les ocasiona ningún problema, a otras les causa problemas gravísimos. Y a otras no tan graves pero persistentes en el tiempo, e incapacitantes”.

Por último otra de las ventajas de la vacuna es que al suministrar una dosis fija, “se garantiza una respuesta imunitaria estandarizada en toda la población. Es una forma de controlar la respuesta y no dejarla al azar”, añade Shivkumar.

Y si tuve covid-19, ¿es necesario vacunarme?

En opinión de Gommerman, deberías dejar que vacunen a otros primero porque tu cuerpo todavía debería tener memoria del virus y por lo tanto capacidad para combatirlo, pero luego es importante que lo hagas.

Vacunación

Getty Images
Aunque hayas tenido covid-19, es aconsejable recibir la vacuna.

“Primero que mucha gente nunca tuvo confirmación de haber tenido el virus”, dice. “Cuando nos llega gente que piensa que ha tenido covid-19 y se les hace la prueba de anticuerpos, no siempre dan positivo porque en realidad no han estado expuestos al virus”.

Esa ya es una buena razón para darse la vacuna. Pero por otro lado, “hasta donde sabemos, no hay consecuencias negativas de darse la vacuna después de haber tenido el virus. Es como reforzar tu respuesta inmunitaria”, señala la experta.

Y, tercero, “tu respuesta inmune pudo haber sido muy buena o no, dependiendo de a cuánto virus estuviste expuesto, y como esa carga es variable, no sabrás en que parte del espectro te encuentras, por lo tanto, es mejor darse la vacuna”.

Rodrigo tiene una visión similar, aunque recomienda hacer un test primero para verificar si la persona aún tiene anticuerpos.

Estas personas “no serían prioritarias, pero es posible que al cabo de unos cuantos meses, la inmunidad natural no sea suficiente”.

“Habrá que evaluar si todavía tiene anticuerpos, porque en casos que los haya, la vacuna es inútil”.


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